Salvador Allende

Palabras a su llegada al Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México


Pronunciado: El 30 de noviembre de 1972.
Versión digital: Eduardo Rivas, 2015.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 5 de febrero de 2016.


Señor Presidente de México, Licenciado Luis Echeverría;

Señora María Ester Zuño de Echeverría;

Autoridades civiles y militares:

Pueblo de México:

Traigo el saludo fraterno que mi pueblo me entregara para el pueblo de México.

He venido a reanudar el diálogo nunca interrumpido de nuestros países, que vuestro señor Presidente reanudara con la visita con que honró a mi Patria, y que la señora Ester Zuño de Echeverría le diera el acento de una madre y de una mujer, al llegar en horas duras, para darnos con su presencia el tibio afecto de su pueblo.

Chile y su pueblo, deben a México el aporte de su cultura señera y creadora, que emerge con el vigor de lo permanente; que nace del ayer, que está hoy y que se proyectará mañana, señalando la fuerza de nuestras razas aborígenes, de nuestra cultura autóctona, que no podrá desaparecer.

Le debemos los chilenos también a México, el ejemplo pujante de su pueblo y de los hombres que hicieron posible, con vocación patriótica, la emancipación y que dieron lecciones de fe en el pueblo, y de confianza en el silencioso campesino que enarboló, con decisión victoriosa, su derecho a ser un auténtico ciudadano.

Señor Presidente: cuando Ud. estuvo en nuestro país, elevó la palabra de México, no sólo en las tribunas de mi pueblo sino que además en la III UNCTAD, y señaló con fuerte y decidida actitud de Gobernante moderno, como hombre sensible a la realidad que viven los pueblos en esta hora del mundo, lo que debería ser el entendimiento entre los poderosos países industriales y los pueblos en vías de desarrollo.

Usted entregó las ideas que plasmará en realidad, hoy día la Carta de los Deberes y Derechos de los Pueblos que termine con la explotación y la desigualdad; para señalar que los pueblos pequeños, débiles, económicamente acosados, ‐ya que son ricos potencialmente‐ productores de materias primas e importadores de artículos manufacturados, reclaman.

Pueblos como los nuestros, reclaman, y en el caso de América Latina, con voz de continente, están hermanablemente, junto a otros, para hacer posible un mundo de paz y de respeto, basado en valores que detienen el espíritu de la explotación y de la dominación.

No queremos vasallaje ni colonialismo, sino independencia. ¡Queremos paz y no violencia! ¡Queremos paz y no guerra!

Por eso, señor Presidente, al llegar aquí expreso mi profundo reconocimiento por la forma como se nos recibe. En sus palabras se afianza su vocación de hombre de Latinoamérica y yo traigo para México, la palabra que viene desde el extremo sur, y que se proyecta para afianzar en este continente, el camino de nuestra independencia económica, de nuestra dignidad y de nuestra plena soberanía. (Aplausos).