Pepita Gherra

 

¡Asombraos!

 


Publicado: “¡Asombraos!”, en La Voz de la Mujer Nº 3, 20 de febrero de 1896, Buenos Aires.
Esta Edición: Marxists Internet Archive, febrero 2020.
Fuente de la edición: Pepita Gherra, “¡Asombraos!”, en La Voz de la Mujer Nº 3, 20 de febrero de 1896, facsímil en nuestros archivos.  Transcripción y HTML por Juan Fajardo.


 

 

Del caos gigante levantándose entre inmenso y brumosos cendales fulguran como antorchas, esplendentes, las inmortales sombras de los que llevando tras sí las descompuestas muchedumbres vivieron.

Las cerúleas ondas en cuyas cabrillean los pálidos rayos de la argentada y melancólica antorcha del espacio, que rasga con sus millones de rayos las lóbregas tinieblas nocturnales, ruedan y ruedan y ruedan sin cesar arrullando en sus profundos senos misteriosos, las innúmeras poblaciones que en ellos se nutren al cadencioso compás del susurrar rítmico y armónico de las nereidas, tritones, náyades y algas que su mansión tienen en alcázares de millones de estalactitas construidos, cuyas cúpulas jamás imaginadas componen perlas, nácares y millones de millones de burbujas!

¡Siempre inmutable, siempre asombroso en su inmensa y aterradora extensión, en tanto que a sus riberas, majestuosos y serenos pasan los bardos, a cuyos la Caliopea musa del Pindo, como don sublime concedió el Laúd o la Lira de inmortales cantos, que con plectro de oro tañen!

¡Allá va! ¡la pléyade de las Camoens, Schiller, Hugo, Wagner, Verdi, Goya, Murillo, Lord Byron, Milton, Juvenal, Virgilio, Tasso, Leopardi!

¡Allá van, los de las inmortales creaciones!

¡Oh! y de allá del Oriente, los fantásticos recuerdos de los muslínicos palacios de sultanas garridas pulsando con níveas y róseas manos la Guzla de nácares incrustada y cuerdas de oro, entonando con voz sólo comparable a la de las Uries, que en el excelso trono a Alá están, mil garridas canciones de amor!

¡Y cuan hermosos, el blando y armónico ondular de la música que por célicas manos, arrancada de la cítara, en las mezquitas do recitando, dulces versículos del Alcorán, prosternados para mejor adorar a Alá, están los visires y valies!

Puesto no me entiendes, tenme por sabio, asómbrate y adorame, ¡oh¡ ¡Pueblo!