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Publicado por vez primera: En Mundo obrero, 5
de noviembre de 1987.
Fuente del texto usado para esta edicion: "Palabras
de Dolores", Boletín de Información: Documentos de los partidos comunistas y
obreros, artículos e intervenciones, 1 (593)/1988, págs. 3 y 4.
Esta edición: Marxists Internet Archive, marzo de 2026.
Hay fechas, queridos amigos soviéticos, que ni las vicisitudes ni los años —y yo voy a cumplir noventa y dos— pueden borrar de nuestra memoria. Y aquel día de noviembre de 1917, cuando el vendedor de periódicos de mi pueblo minero de Vizcaya gritaba que en Rusia había estallado la revolución socialista dirigida por Lenin, ha quedado grabado indeleblemente en mi conciencia como el acontecimiento de mayor trascendencia universal de nuestro siglo.
A pesar de la lejanía geográfica de Rusia, la ola expansiva de la revolución de octubre llegó también a España. El clima revolucionario se iba extendiendo por mi país según llegaban las noticias de las victorias de los trabajadores rusos, del partido de los bolcheviques: Tomaban nuevo cuerpo las luchas en las regiones Industriales, en las agrarias, en los movimientos nacionales vasco y catalán.
La revolución socialista de octubre dio a la clase obrera y a todos los oprimidos confianza en su fuerza, conciencia del papel que estaban llamados a desempeñar en la transformación de la sociedad. La influencia de la revolución de octubre fue decisiva para el nacimiento del Partido Comunista de España en abril de 1920.
En el transcurrir de la larga, difícil y dramática lucha de los comunistas, de los revolucionarios españoles, siempre hemos sentido la solidaridad internacionalista de la Unión Soviética. Jamás olvidaremos la generosa ayuda que el país nacido de la revolución de octubre prestó a la República española agredida por el fascismo interior y foráneo en los trágicos y heroicos días en que los combatientes republicanos libraban, en condiciones increíblemente difíciles, las primeras batallas de la segunda guerra mundial.
Los azares de la lucha quisieron que yo me encontrara a vuestro lado, queridos amigos soviéticos, viviendo y luchando hombro con hombro con vosotros, a través de todos los sufrimientos y sacrificios que la desgarradora segunda guerra mundial imponía y que vosotros, entonces jóvenes combatientes, hombres y mujeres, librasteis heroicamente en una contienda en la que se decidía la libertad o la esclavitud de todos los pueblos. La Unión Soviética fue la fuerza determinante en la derrota de los agresores hitlerianos.
Hoy tomo la pluma, queridos camaradas y amigos soviéticos, para felicitaros y expresaros ml honda emoción y esperanza al conocer las grandes transformaciones, el proceso de renovación, que está viviendo vuestro país. La palabra «perestroika» se ha hecho popular entre los españoles. Viejos y jóvenes conocen el nombre del secretarlo general del PCUS, Mijaíl Gorbachov, que repiten con simpatía y admiración. Para muchos, su nombre significa la lucha incansable, audaz, con ideas nuevas, apasionantes, por la paz, por la supervivencia de la Humanidad, por un mundo sin armas nucleares, sin armas de exterminio masivo. Por que sea una realidad que la juventud de toda la Tierra pueda vivir en el año 2000 sin la amenaza aterradora, de un holocausto nuclear.
El proceso de profundos cambios económicos, la política de reestructuración y la lucha contra lo caduco, emprendida por los dirigentes del PCUS, están abriendo nuevas expectativas, nuevos caminos que conducen al fortalecimiento y desarrollo de la democracia socialista, del bienestar de los pueblos soviéticos.
En estos días, vísperas del setenta aniversario de la gran revolución de octubre, os envío ml más calurosa felicitación. A los jóvenes, que tantas esperanzas despiertan en nosotros, a los veteranos que consagraron su vida a la construcción del socialismo y a defenderlo contra brutales agresiones. Mi felicitación muy entrañable, mi decidido apoyo y solidaridad a los dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética, al camarada Gorbachov, en su magna empresa, cuyas raíces están en las ideas y en la obra de Lenin, y que con toda el alma deseo sean coronadas por nuevos avances en el camino de la paz y del entendimiento fraternal entre los pueblos.
DOLORES IBARRURI
(Mundo obrero, 5.XI.1987)