Publicado por vez primera: En K. Kautsky,
Parlamentarisme et Socialisme, Bibliothèque d'Études Socialistes I,
Librairie G. Jacques, París (1900).
Fuente del texto en castellano:
K. Kautsky,
Parlamentarismo y socialismo. F. Granada y Cia, Barcelona / Maucci
Hermnanos, México (1906).
Transcripción: Juan Fajardo, febrero 2026.
No es necesario presentar al público francés el autor de este libro, Kautsky, que representa con una tan grande fuerza de doctrina y una información tan extensa, el ideal socialista alemán. Me limitaré á señalar rápidamente el interés muy particular que la traducción de su libro ofrece para nosotros, franceses, en las presentes circunstancias. Es el libro, en suma, una defensa del parlamentarismo, desde el punto de vista socialista. No es ciertamente contra las teorías plebiscitarias y cesarianas contra lo que defiende Kautsky al parlamentarismo; es por el contrario contra los partidarios de la legislación directa, contra Rittinghausen y los grupos democrático-socialistas que han heredado algo de sus ideas. Pero como los plebiscitarios, turnan prestadas de los partidarios de la legislación directa, una parte de sus críticas contra el régimen parlamentario, como tratan hasta de sorprender la confianza de una parte de la clase obrera, alejando la contradicción absoluta entre el parlamentarismo y el socialismo, ofrece el mayor interés, someter á las meditaciones de los lectores franceses y en particular de los proletarios, el claro y profundo estudio de Kautsky.
Y ¡nada de equívocos! Kautsky es partidario del referendum del derecho de iniciativa ampliamente practicado. Pero lo que le parece imposible es ¡la supresión de la acción central de un Parlamento que elabore las leyes y ejerza sobre el gobierno una fiscalización rigurosa! No se limita Kautsky á hacer resaltar la imposibilidad práctica de la legislación directa si el Parlamento estuviese abolido. Demuestra (y este es para nuestros socialistas el punto ardiente del debate) que es falso que el régimen representativo, y más precisamente, el régimen parlamentario, sean la forma natural de la dominación burguesa. La verdad es que este régimen, puede adaptarse tan bien al gobierno de la democracia como al de la oligarquía burguesa. El parlamentarismo no resuelve en favor de tal ó cual clase el conflicto directo entre el proletariado y la burguesía capitalista; es, mejor, el campo en donde las fuerzas de unos y de otros chocan y se miden. Si la democracia ha sufrido terribles crisis, si en 1848 ha venido á parar, después de agitaciones deplorables, al golpe del Estado cesariano, ó á la contrarevolución, no ha sido porque el mecanismo parlamentario la haya servido mal; es porque ha sido sorprendida y desconcertada por el antagonismo de ambos elementos, el elemento proletario y el elemento burgués, que ha estallado sólo en medio de nuestro siglo. Hay en esta parte del libro de Kautsky ojeadas históricas muy penetrantes.
Pero el punto que más ha de interesar quizás á los socialistas franceses es el capítulo en que Kautsky parece prever hasta la necesidad de un Parlamento, es decir, de un régimen de transacción, hasta en la Revolución socialista. Si no he comprendido mal esta parte del libro de Kautsky, se hace presente, que aún cuando el proletariado como partido de clases, fuese soberano, no podría resolver la cuestión social más que por decisiones infinitamente complejas y variadas. Este capítulo, escrito hace años, me parece que arroja una viva luz sobre la reciente polémica de Bernstein y de Kautsky. Kautsky está tan convencido como Bernstein de la complejidad de los problemas. La socialización de la propiedad, la indemnización de los propietarios, pueden ser comprendidas de los modos más diversos, y realizadas de las más variadas maneras. — El vicio principal de la legislación directa por el pueblo, aún en el régimen socialista, podríamos decir, sobre todo en el régimen socialista, es, según Kautsky, el de reducir á una simplicidad excesiva y abstracta la complicación de las cosas. «En realidad, dice Kautsky, las formas de explotación (social) ¡serian aún más diversas! ¡Y este organismo de formas múltiples hasta el infinito, es el que se quiere acomodar en el apocado lecho de Procrustes cercenándole todos los miembros que le hacían capaz de vida!, ¡y á esto llama Rittinghausen hacer á la legislación más clara y más sencilla! ¡Tanto valiera sostener que la sierra de hacer tablones, da más claridad á las formas pintorescas de un viejo roble!»
Lo que distingue á Kautsky de Bernstein, no es, pues, que Kautsky desconozca la extrema complejidad de las cosas; sino que hace resaltar de un modo más limpio y vivo que el de Bernstein, que el proletariado organizado, con su fuerza de clase, es el que debe desatar todos los nudos. Es cierto que quizás conviniese añadir que si es un Parlamento el que debe organizar el régimen socialista, si la Revolución social no puede ser obra de un día, relámpago que rasgue bruscamente las nubes, los Parlamentos socialistas, aún cuando representen exclusivamente el proletariado, serán conducidos á negociar con la sociedad burguesa, á transigir con sus costumbres, sus prejuicios, sus egoísmos. Así, el carácter de clase de la Revolución social, no tendrá la claridad decisiva que imaginen ciertos marxistas. Sea lo que sea de estas inducciones, ó aunque me extralimite del pensamiento expresado por Kautsky, es interesante notar que no sólo no reconoce el gran teórico socialista la incompatibilidad del -parlamentarismo y del socialismo, sino que prevé, en plena victoria socialista, en plena revolución social, el funcionamiento necesario del parlamentarismo.
Sólo he podido, en este corto prefacio, tocar alguno de los puntos tratados en el libro. Pocos hay tan sustanciales y tan sugestivos en la literatura socialista de todos los países.
JUAN JAURÈS.