F. Engels (1850) - La Guerra de los Campesinos en Alemania

 

 

III.

LOS MOVIMIENTOS PRECURSORES DE LA GRAN GUERRA CAMPESINA ENTRE 1476 Y 1517

 

 

A los cincuenta anos de haber sido aplastado el movimiento husita empezaron a manifestarse los primeros síntomas del naciente espíritu revolucionario de los campesinos alemanes. La primera conspiración de campesinos se originó en 1476, en el obispado de Witsburgo, país empobrecido a consecuencia de las guerras husitas y “por el mal gobierno, los numerosos tributos y prestaciones, las enemistades, guerras, incendios, matanzas, prisiones, etc.” y que continuaba siendo victima del pillaje más vergonzoso por parte de los obispos, curas y nobles.

Un joven pastor y músico, Juan Boheim de Niklashausen llamado también “timbalero” y Pfeiferhanshlein[1] se hizo profeta en el valle del Tauber. Contaba que la virgen María se le había aparecido y que le había ordenado quemase el timbal y dejase el baile y los placeres sensuales para exhortar al pueblo a la penitencia. Cada cual debía renunciar a sus pecados y al vano placer de este mundo, deshacerse de joyas y adornos y emprender una peregrinación a la virgen de Niklashausen para obtener el perdón de sus pecados.

En este primer precursor del movimiento nos encontramos con el mismo ascetismo que caracteriza todas las insurrecciones medievales de tipo religioso, como también en tiempos recientes el comienzo de todo movimiento proletario. Esta austeridad ascética, este postulado del renunciamiento de todos los placeres y diversiones, establece frente a las clases dominantes el principio de la igualdad espartana y constituye una etapa de transición necesaria, sin la cual la capa inferior de la sociedad nunca se podrá poner en marcha. Para desplazar su energía revolucionaria, para tener la conciencia de su posición hostil frente a los demás elementos de la sociedad, para concentrarse como tal clase, debe empezar por deshacerse de todo lo que pudiera reconciliarla con el orden establecido y renunciar a los pocos placeres que todavía le hacen soportable su vida mísera y que ni la presión más fuerte le podrá arrebatar. Por su forma fanática y violenta así como por su contenido, este ascetismo plebeyo y proletario se distingue fundamentalmente del ascetismo burgués, tal como lo predicaban la moral burguesa, luterana y los puritanos ingleses (que difieren de los Independientes y otras sectas mas avanzadas) y que en el fondo no es más que la parsimonia burguesa. Claro está que este ascetismo plebeyo y proletario pierde su carácter revolucionario en la medida en que el desarrollo de las fuerzas productivas modernas incremente —hasta el infinito— el material disfrutable haciendo innecesaria la igualdad espartana, y al mismo tiempo la posición del proletariado en la vida social así como su carácter será más y más revolucionario. El ascetismo desaparece de entre las masas para refugiarse entre los sectarios que se transformaron ya sea directamente en avaricia burguesa, ya sea en una batería hipócrita que en la practica no será más que la mezquina avaricia de los artesanos gremiales y burguesotes pedantes. No hace falta predicar el desprendimiento a la masa proletaria pues ya no le queda casi nada de que desprenderse.

La exhortación a la penitencia que hizo Pfeiferhänslein logró grandes aplausos; todos los profetas de la insurrección empezaban recitándola y en efecto, únicamente el esfuerzo violento, la renunciación repentina y total al genero de vida acostumbrado eran capaces de galvanizar; esta masa campesina dividida y dispersa que había crecido en un ambiente de obediencia ciega. Empezaron las peregrinaciones a Niklasuhausen y aumentaron rápidamente. Mientras mas acudía el pueblo, más abiertamente el joven rebelde se pronunciaba sobre sus proyectos. La madre de Dios le había anunciado que desde entonces en adelante no debía haber emperador ni príncipe ni papa, ni otra autoridad espiritual o secular. Todos los hombres debían considerarse como hermanos, ganarse el pan con el trabajo de sus propias manos y nadie debía poseer más que el otro. Había que suprimir radicalmente los censos, pechos, servicios, peajes y otros tributos y garantizar en todas partes el libre disfrute de los bosques, del agua y de los pastos.

El pueblo acogió con simpatía este nuevo evangelio, la fama del profeta del “mensaje de Nuestra Señora” se extendió rápidamente. Los peregrinos afluyeron del Odenwald, del Mein, del Kocher y del Jaxt y hasta de Baviera, de Suabia y del Rin. Relataban los milagros que decían habían hecho, se arrodillaban ante el y lo veneraban como a un canto; peleaban para obtener las franjas arrancadas de su gorro, como si fueran reliquias y amuletos. Los curas se volvieron en balde contra e1 calificando su historia como un embeleso diabólico y sus milagros como un engaño infernal. La masa de los creyentes aumentaba rápidamente, la secta revolucionaria empezó a formarse, los sermones dominicales del pastor rebelde congregaban 40000 personas y aun más.

Durante varios meses Pfeiferhänslein adoctrinó a las masas. Pero no pensaba limitarse a predicar. Tenía relaciones secretes con el cura de Niklashausen y con dos caballeros, Kunz de Thunfeld y su hijo, partidarios de la nueva doctrina y futuros jefes militares de la insurrección proyectada. Por fin, el domingo que precedió a la fiesta de San Kilíano y cuando creía tener las fuerzas suficientes dio la señal esperada. “Y ahora, terminó su sermón, id a vuestras casas y pensad en lo que os anunció la santísima madre de Dios: el próximo domingo dejad que mujeres, niños y ancianos permanezcan en casa, pero vosotros, los hombres, vendréis a Niklashausen el día de Santa Margarita que es el próximo sábado, trayendo a vuestros hermanos y amigos, cualquiera que sea su número. Pero no vengáis con el bastón de los peregrinos, sino con las armas, la vela de los peregrinos en una mano, en la otra la espada o la alabarda: entonces la Santa Virgen os comunicará su voluntad”.

Pero antes de que llegasen las masas de campesinos, los jinetes del obispado fueron de noche a buscar al profeta insurrecto y lo llevaron al castillo de Witsburgo. El día convenido llegaron cerca de 34000 campesinos armados, pero la prisión de su jefe, les desanimo. La mayor parte se dispersó; los iniciados, capitaneados por Kunz de Thunfeld y su hijo Miguel, se reunieron cerca de 16000 hombres y con ellos marcharon al castillo. El obispo les intimó a retirarse haciéndoles grandes promesas; pero apenas empezaron a separarse cuando les sorprendieron los jinetes del obispo, haciendo varios prisioneros. Dos de ellos fueron decapitados y Pfeiferhänslein fue quemado en hoguera. Kunz de Thunfeld huyó y no fue readmitido en el país hasta después de haber cedido todos sus bienes al obispado. Las peregrinaciones a Niklashausen continuaron durante algún tiempo hasta que finalmente desaparecieron.

Después de este primer intento Alemania permaneció tranquila durante largo tiempo. Únicamente al final del siglo empezaron otra vez las conspiraciones e insurrecciones campesinas.

No hablaremos aquí de la insurrección de los campesinos holandeses en 1491 y 1492 que finalmente fueron aplastados por el duque Alberto de Sajonia en la batalla de Heemskerk, tampoco nos ocuparemos de la sublevación de los campesinos en la abadia de Kempten en la alta Suabia, ni de la insurrección de 1497 en Frisia encabezada por Syaard y que fue reprimida por el mismo Alberto de Sajonia. Estas sublevaciones ya se producen en regiones muy apartadas del teatro de la verdadera guerra campesina, ya no son sino luchas de campesinos libres que resisten al intento de imponerles la dominación feudal. Pasaremos directamente a las dos grandes conspiraciones que fueron el preludio de la guerra campesina: el Bundschuh[2] y el pobre Conrado. La misma carestía que había provocado la insurrección de los campesinos en los Países Bajos fue el motivo para que en 1493 se formara en Alsacia una liga secreta de campesinos y plebeyos a la que perteneció también gente de la oposición burguesa y que fue vista con simpatía hasta por una parte de la pequeña nobleza. El centro de la conspiración estaba en la región de Selestado, Sulz, Dambach Rosheim, Scherweiler, etc. Los conjurados planearon tomar por sorpresa la fortaleza del Selestado en cuanto tuvieran la fuerza suficiente y pensaban incautarse de los caudales de los municipios y de los conventos organizando desde allí la insurrección en Alsacia entera. La bandera que iban a desplegar en el momento de la insurrección llevaba bordada una bota de campesino con correas largas, el “Bundschuh” que durante los siguientes 20 años iba a ser el símbolo de las conspiraciones campesinas.

Los conspiradores celebraban sus reuniones de noche, sobre el monte Hungerberg desierto. La admisión de nuevos miembros se acompañaba de ceremonias misteriosas, amenazando a los traidores con penas severísimas. Sin embargo, el plan fue descubierto precisamente cuando se iba a dar el golpe contra el Selestado, en la semana santa de 1493. Las autoridades intervinieron rápidamente deteniendo a muchos conjurados que fueron torturados y descuartizados o decapitados, los restantes fueron desterrados del territorio después de cortarles los dedos o las manos. Muchos huyeron a Suiza.

Pero esta primera dispersión no había liquidado al Bundschuh. Al contrario, siguió existiendo en secreto y los numerosos fugitivos que corrían a través de Suiza y Alemania del sur fueron otros tantos emisarios que hallando en todas partes la misma opresión y el mismo afán de sublevarse popularizaron el Bundschuh en todo el actual país de Baden.

La fortaleza y perseverancia que mostraron los campesinos de la Alemania del sur conspirando desde 1493 durante cerca de 30 años y removiendo todos los obstáculos que la vida de los campos oponía a una mayor centralización, la constancia que los movió a seguir conspirando después de tantas dispersiones, derrotas y ejecuciones de sus jefes, hasta que por fin llegó el momento de la insurrección general, verdaderamente admirables.

En 1502 hubo indicios de agitación secreta entre los campesinos del obispado de Espira que entonces comprendía también la región de Bruchsal. Allí el Bundschuh se había reorganizado con notable éxito. Había 7000 hombres en la liga cuyo centro se hallaba en Untergrombach, entre Bruchsal y Weingarten y cuyas ramificaciones se extendían hasta orillas del Mein y del Rin, por todo el margravisto de Baden. Exigían que no se pagara censo ni diezmo, ni tributo ni peaje a los príncipes, nobles y curas; que se suprimiera la servidumbre; que se confiscaran los conventos y otros bienes eclesiásticos para repartirlos entre el pueblo y que no se reconociera a otro señor que al emperador.

Por primera vez los campesinos exigen la secularización de los bienes eclesiásticos en beneficio del pueblo y el establecimiento de una monarquía alemana única e indivisible; las reivindicaciones que la fracción avanzada de los campesinos y plebeyos reproducirá periódicamente desde aquel momento, hasta que Tomas Munzer transforme el reparto de los bienes eclesiásticos en su incautación en beneficio de la comunidad y la monarquía alemana en republica única e indivisible.

Igual que el antiguo Bundschuh el nuevo tenía su sitio para celebrar las reuniones clandestinas, su juramento de guardar el secreto, su ceremonial de admisión y su bandera donde al lado de la bota figuraba la inscripción: ¡No pedimos sino la justicia de Dios! El plan de acción se parecía al de los Alsacianos; en un golpe de sorpresa se iba a tomar la ciudad de Bruchsal donde la mayoría de los habitantes pertenecía a la liga; allí se organizaría un ejército ligero que se enviaría a los principados vecinos formando un centro de reclutamiento ambulante.

El plan fue denunciado por un sacerdote al que uno de los conspiradores le había revelado en secreto de confesión. Inmediatamente los gobiernos tomaron sus medidas. Se concentraron tropas y se procedió a efectuar detenciones en masa. El emperador Maximilíano, el “ultimo caballero” dictó los decretos más sanguinarios contra los “manejos criminales” de los campesinos. En algunos sitios hubo alborotos y conatos de resistencia armada; pero los grupos aislados de campesinos no resistieron mucho tiempo. Algunos  conspiradores fueron ejecutados, otros huyeron; pero el secreto fue guardado con tanto celo que la mayoría hasta de los mismos jefes pudo con toda tranquilidad permanecer en sus propias aldeas o por lo menos en los territorios vecinos.

Después de esta nueva derrota hubo otro espacio de tranquilidad aparente en la lucha de clases. En los primeros años del siglo XVI se forma en Suabia la liga del “pobre Conrado” probablemente en relación con los dispersos miembros del Bundschuh; en la Selva Negra el Bundschuh subsistió en algunos círculos pequeños; pasaron diez años hasta que un jefe campesino enérgico logró reunir los hilos dispersos en una gran conspiración. Ambos movimientos se produjeron sucesivamente durante los años 1513 a 1515, tan agitados, al mismo tiempo que la serie de las grandes insurrecciones de los campesinos suizos, húngaros y eslovenos.

Fue Joss Fritz de Untergrombach, fugitivo de la conspiración de 1502, antiguo soldado y carácter a todas luces eminente, quien restableció el Bundschuh en la región del alto Rin.

Después de su fuga había vivido en varios lugares entre el lago de Constanza y la Selva Negra y finalmente se había establecido en Lehen cerca de Friburgo en Brisgovia, donde se había hecho guarda forestal. Las actas de la instrucción contienen detalles interesantísimos sobre la actividad que desarrollo reorganizando la liga desde allí, obrando con gran acierto para hacer ingresar la gente más diversa. Gracias a los dones diplomáticos y a la extraordinaria perseverancia de este conspirador ejemplar le fue posible ganar a un sinnúmero de gentes de todas clases; caballeros, curas, burgueses, plebeyos y campesinos; y parece seguro que organizó al mismo tiempo varias conspiraciones.

A todos los elementos aprovechables los utilizaba con gran habilidad y acierto. Además de los emisarios iniciados empleaba a los vagabundos y mendigos para las misiones de menor importancia. Joss Fritz estaba en relación directa con los reyes de los mendigos y a través de ellos era dueño de toda la masa de vagabundos. Estos reyes de los mendigos desempeñan un papel importante en su conspiración. Fueron tipos sumamente originales; el uno corría por el país acompañándole una muchacha que decía tener heridas en los pies; pedía limosnas para ella. En su sombrero llevaba más de ocho medallas, los “catorce apotropeanos”, “Santa Odilia”, “Nuestra Señora”, etc.; tenia gran barba roja y un enorme bastón con puñal y puntilla. Otro que pedía en nombre de San Valentín, vendía especias y sanguijuelas y llevaba un gabán largo, color de hierro, boina roja con el “Niño de Trento”, una espada y en el cinturón gran número de navajas y un puñal. Otros tenían heridas que conservaban abiertas artificialmente y vestían las correspondientes prendas extravagantes. Había por lo menos diez de ellos; por una remuneración de 2000 florines iban a encender las llamas de la insurrección simultáneamente en Alsacia, en el margraviato de Baden y en Brisgovia. El día de la feria de Saverna se iban a encontrar en Rosen con 2000 hombres de los suyos, para colocarse bajo el mando de Jorge Schneider, ex capitán de lansquenetes que iba a dirigir la toma de la ciudad. Entre los verdaderos miembros de la liga se organizó un servicio de estafetas de un lugar a otro: Joss Fritz y Cristóbal de Friburgo, su principal emisario, iban a caballo de un sitio a otro y de noche pasaban revista a los nuevos reclutas. Las actas de instrucción dan una prueba más que suficiente de la enorme difusión de la liga a orillas del Rin superior y en la Selva Negra; contienen un sinnúmero de los lugares más diversos de aquella región. En su mayoría son oficiales artesanos; los demás son campesinos y también hay taberneros, algunos nobles, curas como el de Lehen y lansquenetes sin trabajo. Esta composición muestra el gran desarrollo que había adquirido el Bundschuh bajo la dirección de Joss Fritz; el elemento plebeyo de las ciudades empezaba a imponerse más y más. Las ramificaciones de la conspiración se extendía por toda Alsacia y Baden hasta Wurtemberg y hasta orillas del Mein. De vez en cuando se convocaban grandes asambleas sobre los montes apartados como el Kniebis, etc., para deliberar sobre los asuntos de la liga. Los jefes se reunían en el campo de Hartmatte cerca de Lehen asistiendo a la reunión los afiliados del lugar así como los delegados de otras aldeas; allí se aprobaron los diez artículos de la liga. No se reconocería a ningún soberano fuera del emperador y (según querían algunos) del Papa; la supresión de la justicia imperial, la limitación de la jurisdicción eclesiástica a los asuntos eclesiásticos: la suspensión del pago de todos los intereses, cuando los pagos efectuados llegaran a cubrir el capital; la limitación del interés al cinco por ciento; la libertad de caza, pesca, pasto y corte de leña; la prohibición a los curas de tener más de una prebenda; la incautación de los bienes eclesiásticos y tesoros de los monasterios en beneficio de la caja militar de la liga; la supresión de todos los tributos y tasas injustas; la paz eterna en toda la cristiandad; la intervención enérgica contra todos los adversarios de la liga; el establecimiento de un impuesto en favor de la liga; la conquista do la plaza fuerte de Friburgo —para servir de centro a la liga—; la iniciación de negociaciones con el emperador tan pronto como estuvieran reunidas las tropas de la liga y negociaciones con Suiza en caso de negarse a escucharles el emperador. Estos fueron los puntos convenidos. En ellos se manifiesta claramente la forma cada vez más precisa y concreta de las reivindicaciones campesinas y plebeyas y se nota como al mismo tiempo fue necesario hacer concesiones de igual importancia a los moderados y a los tímidos.

La ofensiva estaba anunciada para el otoño de 1513. No faltaba más que la bandera y para encargarla Joss Fritz marchó a Heilbronn. Al lado de toda clase de emblemas e imágenes la bandera mostraba el Bundschuh y una inscripción que decía: “Señor, ayuda a tu justicia divina”. Pero durante su ausencia se intentó prematuramente tomar por sorpresa la ciudad de Friburgo; el intento se descubrió a tiempo; algunos indiscreciones en la propaganda ayudaron al ayuntamiento de Friburgo y al margrave de Baden a descubrir la trama y la traición de dos de los conspiradores completó la serie de las revelaciones. El margrave, el ayuntamiento y el gobierno imperial de Ensisheim movilizaron a sus esbirros y soldados; se detuvo a varios miembros del Bundschuh que fueron sometidos al tormento y ejecutados; pero también esta vez escaparon los demás, entre ellos Joss Fritz. Los gobiernos suizos ahora persiguieron con gran violencia a los fugitivos y hasta ejecutaron a algunos; pero les sucedió lo que a sus vecinos; no pudieron impedir que la mayoría de los fugitivos permaneciese cerca de su antigua residencia y volviese a ella pasado algún tiempo. El que más se ensañó fue el gobierno alsacíano de Ensisheim, que mando degollar, torturar en la rueda y descuartizar a un gran numero de fugitivos. Joss Fritz se estableció en la orilla suiza del Rin, haciendo frecuentes incursiones a la Selva Negra sin que fuese posible capturarlo.

Los suizos tuvieron razones serias para aliarse esta vez con los gobiernos vecinos en contra de los miembros del Bundschuh; lo demuestra la sublevación campesina que estalló el año siguiente —en 1514— en Berna, Solura y Lucerna y que tuvo como consecuencia la depuración de los gobiernos aristocráticos y del patriciado. Los campesinos lograron conquistar bastantes derechos. El éxito de estas insurrecciones locales fue debido únicamente a la falta de centralización que en Suiza era aún más absoluta que en Alemania. También en 1525 los campesinos pudieron liquidar a sus señores locales, pero sucumbieron ante los grandes ejércitos organizados de los príncipes que no existían en Suiza.

Al mismo tiempo que se organizaba el Bundschuh de Baden —y según parece en relación directa con e1— se había tramado otra conspiración en Wurtemberg. Según las actas existió desde 1503. Como al disolverse el Bundschuh de Untergrembach este nombre se había hecho demasiado peligroso, tomaron el de pobre Conrado, Su sede central era el valle del Rems en la falda del monte Hohenstufen. Su existencia ya no era un secreto, por lo menos para el pueblo. Gracias a la opresión vergonzosa que ejercía el gobierno del duque Ulrico y con motivo de los altos de hambre que provocaron el estallido de 1513 y 1514 el número de miembros del Bunschuh había crecido rápidamente; las nuevas contribuciones sobre el vino, la carne y el pan y el impuesto sobre el capital que era de un pfenning anual por cada florín, hicieron estallar la revuelta. En primer lugar se iba a tomar la ciudad de Schorndorf donde los cabecillas del complot solían reunirse en casa del cuchillero Gaspar Pregizer. La insurrección estalló durante la primavera de 1514. 3000 campesinos (5000 según algunos) cercaron la ciudad, pero los servidores del duque les hicieron toda clase de promesas y los movieron a retirarse otra vez. El duque Ulrico acudió con 80 jinetes y como había prometido suprimir los nuevos impuestos encontró tranquilidad absoluta. Prometió asimismo convocar la dieta para que examinase todas las reclamaciones. Pero los jefes de la liga sabían perfectamente que Ulrico no quería sino aprovecharse de la tranquilidad momentánea para levantar y concentrar las tropas suficientes para poder faltar a su palabra y recaudar los impuestos por la fuerza. En vista de esto los jefes cursaron desde la casa de Gaspar Pregizer —la “cancillería del pobre Conrado”— las invitaciones a un congreso de la liga, encontrando en todas partes el apoyo de los emisarios. El éxito de la primera sublevación en el valle del Rems había contribuido a popularizar todavía mas el movimiento; las invitaciones y los emisarios encontraron un terreno favorable y al congreso que se celebro el 28 de mayo en Untertürkheim acudieron numerosos delegados de todo Wurtemberg. Decidieron activar la agitación y en la primera ocasión, dar la batalla en el valle del Rems para desde allí propagar la insurrección. Mientras tanto Juan Bantel de Dettingen, antiguo soldado, y Juan Singer, de Würtingen, cultivador, muy estimado entre los suyos, llevaron a la liga la representación de la montaña de Suabia. La sublevación se desencadeno en todas partes. Si bien Juan Singer fue sorprendido y capturado, las ciudades Backnang, Winnenden y Markgronningen cayeron entre las manos de los campesinos aliados con los plebeyos y el país entero de Weinsberg hasta

Blaubeuren y de allí hasta la frontera de Baden se encontró en plena insurrección; Ulrico tuvo que ceder. Pero al mismo tiempo que convocó a la dieta para el día 25 de junio y escribió a las ciudades libres y príncipes vecinos pidiendo auxilio contra la insurrección que ponía en peligro a todos los príncipes, autoridades y patricios del imperio y que tenia “tan extraña semejanza con el Bundschuh”.

Entre tanto la dieta, es decir, los representantes de las ciudades y un gran número de campesinos que a su vez exigían una representación en ella, se fueron reuniendo en Stuttgart desde el día 18 de junio. Los prelados aun no habían llegado, los caballeros ni siquiera habían sido convocados. Los grupos de la oposición en la ciudad de Stuttgart y dos bandas de campesinos que amenazaban desde Loenberg y el valle del Rems apoyaron las reivindicaciones campesinas. Sus delegados fueron admitidos; se acordó destituir y castigar a los odiados consejeros del duque, Lamparter, Thumb y Lorcher y se decidió poner al lado del duque un consejo compuesto por cuatro caballeros, cuatro ciudadanos y cuatro campesinos, concediéndose un presupuesto fijo a la casa ducal e incautándose la dieta de los conventos y monasterios en beneficio del erario publico.

A estos acuerdos revolucionarios el duque Ulrico opuso un golpe de estado. El día 21 de junio marchó a Tübingen con sus caballeros y consejeros, le siguieron los prelados; ordenó a los ciudadanos le siguieran igualmente, lo que hicieron. Allí continuaron las sesiones de la dieta pero sin los campesinos. Bajo la presión del terrorismo militar los burgueses traicionaron a sus aliados los campesinos. El día 8 de julio se firmó el tratado de Tübingen que impuso al país el pago de cerca de un millón de deudas ducales y al duque unas cuantas restricciones de las que nunca hizo caso, mientras los campesinos debieron contentarse con unas cuantas promesas imprecisas y platónicas y una ley contra las asociaciones y rebeldía que —estas si— era bastante positiva. Naturalmente ya no se volvió a hablar de la representación campesina en la dieta. Las masas rurales se agitaron indignadísimas a causa de la traición. Pero el duque había reconquistado su crédito al encargarse los estados del pago de sus deudas; ya pudo levantar tropas y también sus vecinos, sobre todo el elector del Palatinado, le enviaron cuerpos auxiliares; antes de finalizar el mes de julio el tratado de Tübingen fue aceptado por el país entero que no tardó en prestar juramento. Sólo en el valle del Rems resistió el “pobre Conrado” estando a punto de matar al duque que había acudido otra vez personalmente; los campesinos continuando su oposición establecieron su campo sobre el monte Kappelberg.

Pero al prolongarse esta situación la mayoría de los insurgentes se disperso por falta de víveres y los restantes también terminaron por marcharse a sus aldeas, engañados por un convenio ambiguo que firmaron con algunos delegados de la dieta. A despecho del convenio, Ulrico a cuyo ejército se habían incorporado las compañías voluntarias puestas a su disposición por las ciudades —que ahora después de conseguidas sus reivindicaciones se volvían fanáticamente contra los campesinos— atacó el valle del Rems saqueando ciudades y aldeas. Fueron detenidos 1600 campesinos. 16 fueron decapitados inmediatamente, a los demás se les impusieron grandes multas en beneficio de la hacienda ducal. Muchos tuvieron que permanecer en la cárcel durante largo tiempo. Se dictaron leyes severísimas para impedir la reorganización de la liga y toda reunión de campesinos; la nobleza de Suavia formó una liga con el solo fin de reprimir todo intento de sublevación Sin embargo, los caudillos del “pobre Conrado” habían podido refugiarse en Suiza de donde volvieron uno a uno, pasados algunos años.

Simultáneamente con el movimiento de Wartemberg se mostraron síntomas de nuevas perturbaciones debidas al Bundschuh en Brisgovia y en el margraviato de Baden. En el mes de junio se intentó una sublevación cerca de Bühl que fue sofocada en el acto por el margrave Felipe: el jefe Sebastiánn Cubel fue detenido en Friburgo y decapitado.

En la misma primavera de 1514 estalló la guerra de los campesinos en toda Hungría. Se habían hecho llamamientos a la cruzada contra los turcos, como siempre, prometiendo la libertad de los siervos y vasallos que se ofrecieran. Se reunieron 60000 poniéndose bajo las Ordenes de Jorge Dózsas que se había distinguido en las guerras anteriores contra los turcos y al que se concedió un título de nobleza. Pero los caballeros y magnates húngaros vieron con muy malos ojos esta cruzada que los iba a despojar de su propiedad, es decir, de sus servidores. Persiguieron a las bandas de campesinos e hicieron volver a sus siervos a la fuerza, maltratándolos. Al enterarse los cruzados de lo sucedido, estalló la rabia de los campesinos oprimidos. Lorenzo y Bernabé, los más ardientes predicadores de la cruzada encendieron con sus discursos revolucionarios el odio del ejército contra la nobleza. El mismo Dózsas se dejó llevar de la ira de sus tropas contra la nobleza traidora: los cruzados se constituyeron en ejército de la revolución y Dózsas se colocó a la cabeza de este nuevo movimiento.

Los campesinos acamparon en el campo de Rakos cerca de Pest. Comenzaron las hostilidades produciéndose escaramuzas con los partidarios de la nobleza en las aldeas cercanas y en los suburbios de Pest; pronto se trabaron combates y finalmente sobrevino la matanza general de todos los nobles que cayeron en manos de los campesinos, quemándose gran número de castillos. La corte amenazó en balde. Después de haberse ejecutado los primeros fallos de la justicia popular contra los nobles al pie de las murallas de la misma capital, Dózsas procedió a nuevas operaciones. Dividió su ejército en cinco columnas. Dos fueron enviadas a las montañas de la alta Hungría para sublevar al pueblo y exterminar a la nobleza. La tercera columna bajo las órdenes del ciudadano de Pest, Ambrosio de Szalepesi se quedó en Rakos para vigilar la capital: la cuarta y quinta columnas marcharon contra Szegedin conducidas por Dózsas y su hermano Gregorio.

Entre tanto, la nobleza se reunió en Pest y pidió auxilio a Juan Zapotya, voivoda de Transsilvania.

Unida a los ciudadanos de Budapest, la nobleza derrotó y aniquiló al cuerpo que acampaba sobre el Rakos después de que Szalepesi se había pasado al enemigo con los elementos burgueses del ejército campesino. Un sinnúmero de prisioneros fue ejecutado de la manera más cruel, los restantes fueron enviados a sus pueblos después de cortarles las narices y las orejas.

Dózsas fracaso en Szegedin y marchó hacia Csanád ocupando la ciudad después de haber derrotado a un ejército de la nobleza bajo el mando de Batory Istvan y el obispo Csaky. Por las crueldades de Rakos, tomó represalias sangrientas en los prisioneros entre los cuales se hallaban el obispo y el tesorero real Teleki. En Csanád proclamó la republica, la supresión de la nobleza, la igualdad ciudadana y la soberanía del pueblo; luego marchó a Temesvar donde Batory se había hecho fuerte. Pero mientras sitiaba esta fortaleza durante dos meses, recibiendo como refuerzo un nuevo ejército mandado por Antonio Hosszu, las dos columnas que operaban en la alta Hungría sucumbieron ante la nobleza en varias batallas y Juan Zapolya se aproximaba con las tropas de Transilvania. Zapolya atacó y dispersó a los campesinos; Dozsas fue apresado y asado en un trono de hierro candente, sus propios hombres tuvieron que comerlo vivo; sólo bajo esta condición se les perdonó la vida. Los campesinos dispersos se rehicieron bajo el mando de Lorenzo y Hossozu, pero sufrieron otra derrota y todos los que cayeron en manos de los enemigos fueron empalados o ahorcados. Millares de cadáveres de campesinos colgaban al lado de las carreteras y a la entrada de las aldeas quemadas. Se dice que fueron cerca de 60000 los que cayeron en la lucha y más tarde en las matanzas. En la siguiente reunión de la dicta la nobleza tuvo especial cuidado en hacer reconocer una vez más la esclavitud de los campesinos como ley básica del país.

En el origen de la insurrección campesina de Carintia y Estiria que estallo al mismo tiempo, estaba una conspiración parecida a la del Bundschuh que nació en el año 1503. Entonces ya se había provocado una insurrección en esta tierra expoliada por la nobleza y los funcionarios imperiales, devastada por las invasiones de los turcos y atormentada por el hambre. En 1513, los campesinos eslovenos unidos a los alemanes de la región, levantaron otra vez la bandera de la Stara prava (de los derechos antiguos) pero en este año aún fue posible apaciguarlos; en 1514 se congregaron ya grandes masas, pero la promesa del emperador Maximiliano de restablecer los antiguos privilegios los movió a dispersarse otra vez. Más violento fue el estallido en la primavera de 1515, cuando el pueblo, tantas veces engañado, busco su venganza por las arenas. Como en Hungría, destruyeron todos los castillos y conventos y los jurados de campesinos juzgaron y ejecutaron a los nobles capturados. En Estiria y Carintia el capitán imperial Dietrichstein logró apaciguar a los sublevados pero en Cacniola no fue posible dominarlos, hasta la conquista de la Rain (otoño de 1516), tomada por sorpresa y las numerosas atrocidades que luego cometieron los austriacos y que fueron el digno complemento de las infamias de la nobleza húngara.

Bien se comprende que después de una serie de derrotas decisivas y en vista de tantas atrocidades cometidas por la nobleza, los campesinos alemanes permanecieron tranquilos durante largo tiempo. Sin embargo no cesaron las conspiraciones y las sublevaciones locales. En 1516 volvió a Suabia y a los territorios del alto Rin la mayoría de los fugitivos afiliados al Bundschuh y al “pobre Conrado” y en 1517 el Bundschuh se había extendido otra vez por la Selva Negra. El propio Joss Fritz que aún llevaba la vieja bandera de 1513 escondida sobre su pecho, corría por la Selva Negra desarrollando una gran actividad. La conspiración se organizó otra vez. Se volvieron a convocar las asambleas en el monte Kniebis. Pero no se guardó el secreto, se enteraron los gobiernos e intervinieron. Algunos, fueron capturados y ejecutados; los miembros más activos e inteligentes tuvieron que huir, entre ellos, Joss Fritz que logró escapar una vez más pero que según parece murió en Suiza poco tiempo después, ya que su nombre no vuelve a aparecer posteriormente.

 

 

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[1] Juanito de la flauta.

[2] Bota con correas.