Archivo Marx/Engels | Indice de la Correspondencia


F. ENGELS

CARTA A A. BEBEL



Primera edición: La colección de la correspondencia de Marx y Engels se publicó por vez primera en alemán en 1934 a cargo del Instituto Marx-Engels-Lenin de Leningrado. La segunda edición, ampliada, se realizó en inglés en 1936.
Fuente  de la versión castellana de la presente carta: C. Marx & F. Engels, Correspondencia, Ediciones Política, La Habana, s.f.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2010.


 

 

Londres, 24 de octubre de 1891

COMO considero necesario decirle a los franceses la verdad desnuda sobre nuestra posición en caso de guerra —tarea condenadamente difícil, por cierto— escribí un artículo en francés y se lo envié a Laura [1]. Me escribe que ella y Paul [2] están encantados con el artículo, que es justamente lo que necesitan los franceses, etc. Si Guesde comparte su opinión —está todavía en Lille, donde representa a Lafargue ante los electores— el artículo se publicará. Fue originalmente escrito para Almanaque socialista francés, pero posiblemente (debiera decir probablemente) es demasiado fuerte para la gente que tiene que ver con eso, en cuyo caso aparecerá en el Socialiste, y espero que usted lo vea. Digo lo siguiente: Tenemos la certidumbre casi absoluta de llegar al poder dentro de los próximos diez años; no podríamos tomar ni conservar el poder sin resarcir por los crímenes cometidos por nuestros predecesores para con otras nacionalidades, y por ello sin 1) facilitar la reconstitución de Polonia, y 2) poner a la población del norte de Schleswig y a la de Alsacia-Lorena en situación de decidir libremente a quién ha de pertenecer. Entre una Francia socialista y una Alemania socialista no existiría el problema de Alsacia-Lorena. Por lo tanto, no hay razón para una guerra por causa de Alsacia-Lorena. Pero si la burguesía francesa desencadena una guerra con este motivo, y a este fin, se pone al servicio del zar ruso, que es también enemigo de la burguesía de toda Europa occidental, esto comportará una renuncia a la misión revolucionaria de Francia. Por otra parte, los socialistas alemanes, que si se conserva la paz tomaremos el poder en el término de diez años, tenemos el deber de mantener la posición que hemos ganado en la vanguardia del movimiento obrero, no sólo contra el enemigo interno sino también contra el externo. Si vence Rusia seremos aplastados. Si por consiguiente, Rusia empieza la guerra, ¡acometámosla!, acometamos a los rusos y a sus aliados, sean quienes sean. Entonces tendremos que cuidar que la guerra sea conducida por todos los métodos revolucionarios y que se le hagan las cosas imposibles a cualquier gobierno que rehuse adoptar tales métodos; y también deberemos prever que, en un momento dado, nosotros mismos tomemos las riendas. Todavía no hemos olvidado el glorioso ejemplo de los franceses de 1793 y, si nos vemos obligado, podrá resultar que celebremos el centenario de 1793 mostrando que los obreros alemanes de 1893 no son tan indignos de los saculottes de aquéllos días, y que si los soldados franceses cruzan nuestra frontera serán recibidos con el grito:

Quoi ces cohortes étrangeres

Feraient le loi dans nos foyers? (La Marsellesa)[3]

Esta es la sucesión general de pensamientos. Apenas esté compuesto el texto (estoy, desde luego, a la espera de pequeños cambios de detalles) y se ponga en máquinas, traduciré el artículo al alemán y veré lo que pueda hacerse con él. No estoy seguro de si la situación de la prensa entre vosotros permitirá que sea impreso en Alemania; quizá pueda salir si ustedes hacen algunas reservas; esto se verá. Mis artículos no atan en ningún caso al partido; afortunadamente para ambos, aunque Liebknecht se imagina que yo lo considero desafortunado para mí, lo que nunca me ocurre.

Según las informaciones, usted dijo que yo había profetizado el colapso de la burguesía para 1898. Hay un pequeño error en alguna parte. Todo lo que dije fue que posiblemente podríamos alcanzar el poder en 1898. Si esto no ocurre, la vieja sociedad burguesa podrá seguir vegetando por un tiempo, siempre que un empujón de afuera no derrumbe a todo el desvencijado y viejo edificio. Una envoltura vieja y podrida como esta pueda sobrevivir durante algunas décadas a su muerte interna, esencial, si la atmósfera es serena. De modo que me cuidaría mucho de profetizar cosa parecida. Nuestra llegada a la posibilidad del poder es, en cambio, un puro cálculo de probabilidades de acuerdo a leyes matemáticas.

Por todo ello, deseo que la paz persista. En nuestra posición actual no necesitamos arriesgarlo todo; pero la guerra nos obligaría a ello. Y además, dentro de otros diez años estaremos preparados en forma muy diferente. Y por la razón siguiente.

Para tomar posesión y poner en movimiento a los medios de producción, necesitamos gentes con instrucción técnica, y en masa. No las hemos logrado, y hasta ahora incluso hemos estado bastante contentos de habérsenos ahorrado la gente “culta”. Ahora las cosas son diferentes. Ahora somos los suficientemente fuertes como para soportar y asimilar cualquier cantidad de cultos Quarcks, y preveo que en los próximos ocho o diez años reclutaremos bastantes jóvenes técnicos, médicos, abogados y maestros para que podamos administrar las fábricas y las grandes fincas en nombre de la nación y por medio de camaradas del partido. Entonces, por lo tanto, nuestro acceso al poder será muy natural y se llevará a cabo con rapidez relativamente. En cambio, si una guerra nos llevase prematuramente al poder, los técnicos serían nuestros principales enemigos: nos engañarán y traicionarán en lo que puedan, y tendremos que emplear el terror contra ellos, pero con todo no jugarán sucio. Es lo que siempre les ocurrió, en pequeña escala, a los revolucionarios franceses; aun en la administración ordinaria tuvieron que dejar los cargos subordinados, en los que se hace el trabajo de verdad, en poder de viejos reaccionarios que lo obstaculizaban y paralizaban todo.

Por ello espero y deseo que nuestro espléndido y seguro desarrollo, que está avanzando con la calma e inevitabilidad de un proceso natural, pueda seguir su camino natural.

 

______________

[1] Se refiere a  Laura Marx (1845 - 1911), su segunda hija, tambien conocida como Laura Lafargue por su matrimonio a Paul Lafargue. (N. de marxists.org)

[2] Se refiere al socialista francés y yerno suyo, Paul Lafargue (1842 - 1911). (N. de marxists.org)

[3] ¿Qué? ¿Esas cohortes extranjeras han de hacer las leyes en nuestros hogares? (N. de Ediciones Politica)