OBRAS COMPLETAS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI

DEFENSA DEL MARXISMO

 

   IV

 

EL CASO Y LA TEORÍA DE FORD[1]

 

Una buena parte de la confianza de Maeztu en el porvenir del capitalismo norteamericano, y en sus recursos contra el socialismo, reposa en el experimento de Mr. Ford y en los resultados que este célebre fabricante de automóviles ha obtenido en una rama de la industria, en el sentido de "racionalizar" la producción. Esto indica, entre otras cosas, que sin la práctica de Ford no habría sido posible la teoría de Maeztu. Ya hemos visto que lo mismo le pasa a Maeztu con Primo de Rivera. Pero sobre este hecho no vale la pena insistir, porque después de todo no viene más que a confirmar el concepto marxista sobre el trabajo de los intelectuales, tan propensos a suponerse más o menos independientes de la historia.

Ford, por otra parte, es mucho más importante y sustantivo que Maeztu para el capitalismo y, en consecuencia, también para el socialismo. No, ciertamente, porque Ford haya escrito dos libros (Mi Vida y Mi Obra y El Judío Internacional) que literariamente son sin duda inferiores a cualquiera de los libros de Maeztu, sino porque, como capitán de industria, representa en forma mucho más específica y considerable el genio del capitalismo. Mientras la acción de Ford puede inspirar los principios de muchos Maeztu, los principios del ilustre autor de La Crisis del Humanismo no puede inspirar la acción de ningún Ford.

El experimento de Ford demuestra, entre otras cosas, que Maeztu se equivoca gravemente cuando, dando por probada la tesis de los revisionistas alemanes, pretende que Marx se engañó al predecir la concentración del capital. La tesis de los revisionistas ha sufrido, a su vez, una revisión mucho más seria que la que impusieron a su tiempo al marxismo. Algún tiempo después de que Bernstein y sus secuaces consideraron desmentido a Marx por las compañías anónimas y demás sistemas de asociar al capital una masa social cada vez más numerosa, Hilferding analizó el carácter y la función del "capital financiero", fatalmente destinado a someter a su imperio todas las demás formas del capitalismo. Rudolf Hilferding no es prácticamente menos reformista que Bernstein. Como Bernstein militó en el Partido Socialista Independiente, reabsorbido, después de la revolución alemana, por la vieja y gorda social-democracia. Pero su tesis, expuesta en un libro ya famoso Das Finanzkapital, además de ser un buen arsenal del socialismo revolucionario, interesa a los economistas de hoy mucho más que la caduca tesis de Bernstein, en la cual se abastece todavía, con sensible retraso, don Ramiro de Maeztu. Ya no es necesario ser un economista, y ni siquiera haber leído a Hilferding, para estar enterado que los trusts, los carteles, los consorcios, constituyen la expresión característica del capitalismo contemporáneo. Y que, por consiguiente, lo esencial de la previsión de Marx la concentración del capital y la industria se ha cumplido. El capitalismo no encuentra sino a través de la cartelización, de la trustificación, esto es del monopolio, el medio de organizar o "racionalizar", como ahora se dice, la producción. Pero importa, por ende, que una parte del capital de las empresas esté en poder de pequeños y medianos rentistas. Lo sustancial radica en que la cartelización coloca en pocas manos el manejo de las principales ramas de la producción. El capital financiero, en este período que, con la ruina del principio de libre concurrencia, se define como un período de decadencia capitalista domina y subyuga al capital industrial, transfiriendo el comando de la producción los banqueros, con la inevitable consecuencia de un retorno de la economía a formas usurarias, opuestas a la ley que, condenando todo parasitismo, exige que la producción sea gobernada por sus propios factores.

En una nación de capitalismo vigoroso y progresivo aún, como los Estados Unidos, Ford representa precisamente al capitalismo industrial, fuerte todavía frente al capital financiero. Pero, aunque Ford no dependa de los bancos de Wall Street, ante los cuales se conserva en cierto estado de rebelión tácita, y a pesar de que continúa siendo el jefe absoluto de su empresa, ésta se presenta vaciada en los moldes del trust, por sus métodos de producción en gran escala. Ford que es un vehemente propugnador de la unidad del comando, no sólo considera exclusiva de la gran industria la capacidad de subordinar la producción misma, sino que se pronuncia abiertamente contra el espíritu de concurrencia. Uno de sus principios es el siguiente: "Desdeñar el espíritu de concurrencia. Quienquiera que hace una cosa mejor que los otros debe ser el único que la haga".

Los métodos que han permitido a Ford el colosal desarrollo de su empresa son dos: estandarización y taylorismo. Y ambos son aplicables sólo por la gran industria, por los carteles o trusts, cuya irresistible y arrolladora fuerza proviene de su aptitud para la producción en serie, que consiente a la industria perfeccionar al extremo sus medios técnicos, conseguir la máxima economía de tiempo y mano de obra, disponer de los equipos de obreros capaces de los más altos rendimientos, ofrecer a éstos los más altos salarios y garantías y. obtener en su aprovisionamiento de materias primas los mejores precios. Ford anuncia la adquisición, en el Brasil, de tierras que dedicará al cultivo del caucho, para sacudirse de una onerosa dependencia de los magnates ingleses que dominan el comercio de este producto. Esta nueva expansión de su empresa, indica su tendencia a asumir el carácter más avanzado de la gran industria: el del trust vertical.

Ford ataca, en nombre del capital industrial, al capital financiero. Su antisemitismo procede, fundamentalmente, de una empírica corriente de identificación del banquero y el judío. Pero ya se ha anunciado su retractación de los ataques al "judío internacional" escritos en su último libro, el de este nombre. Y su actitud es posible sólo en países como Norteamérica donde el capitalismo, por no haber terminado aún su proceso de crecimiento, no ha llegado todavía al período de absoluto y absorbente predominio del capital bancario, La banca yanqui, además, ha tenido una formación distinta de la banca europea: el tipo financista aparece menos diferenciado del tipo industrial.

El éxito de Ford del cual el recordman de la fabricación de automóviles se imagina deducir principios generales de felicidad y organi­zación de la sociedad, basados simplemente en la estandarización, el taylorismo, etc. se explica, como penetrantes economistas lo observan, por el hecho de haber efectuado. Ford su experimento en una rama naciente de la industria, destinada a la producción de un articulo de consumo corriente, cada día más extendido. La democratización del automóvil, he ahí el secreto de su fortuna y de su obra.

 


NOTA:

1 Publicado en Variedades: Lima, 24 de Diciembre de 1927.