OBRAS COMPLETAS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI

FIGURAS Y ASPECTOS DE LA VIDA MUNDIAL III

 

       

LAS RELACIONES ANGLO-RUSAS

 

La Cámara de los Comunes ha aprobado por 234 votos contra 199 la reanudación de las rela­ciones anglo-rusas, conforme al convenio cele­brado por Henderson con el representante de los Soviets, desechando una enmienda de Baldwin quien pretendía que no se restableciesen dichas relaciones hasta que las "condiciones prelimina­res" no fuesen satisfechas. Se sabe cuáles son las "condiciones preliminares". Henderson mis­mo ha tratado de imponerlas a los Soviets en la primera etapa de las negociaciones. La suspen­sión de éstas tuvo, precisamente, su origen en la insistencia británica en que antes de la reanuda­ción de las relaciones, el gobierno soviético arreglara con el de la Gran Bretaña la cuestión de las deudas, etc. Baldwin no ignora por consiguiente, que a ningún gabinete británico le seria posible obtener de Rusia, en los actuales momentos, un convenio mejor. Pero el partido conservador ha agitado ante el electorado en las dos últimas elecciones la cuestión rusa en términos de los que no puede retractarse tan pronto. Su líder tenía que oponerse al arreglo pactado por el gobierno laborista, aunque no fuera sino por coherencia con su propio programa.

De toda suerte, sin embargo, resulta excesivo en un estadista tan devoto de los clásicos, decla­rar que "era humillante rendirse a Rusia" en los momentos en que se consideraba también, en la Cámara, con su asentimiento, el informe del Pri­mer Ministro de la Gran Bretaña sobre su viaje a Washington. El signo más importante de la disminución del Imperio Británico no es, por cierto, el envío de un encargado de negocios a la capital de los Soviets, después de algún tiempo de entredicho y ruptura. Es, más bien, la afirmación de la hegemonía norteamericana implícita en la negociación de un acuerdo para la paridad de armamentos navales de los Estados Unidos y la Gran Bretaña.

La Gran Bretaña necesita estar representada en Moscú. La agitación anti-imperialista la acu­sa de dirigir la conspiración internacional contra el Estado soviético. A esta acusación un gabine­te laborista estaba obligado a dar la respuesta mínima del restablecimiento de las relaciones di­plomáticas. El Labour Party estaba comprome­tido a esta política por sus promesas electo­rales.