Indice de Obras
Nahuel Moreno

UN DOCUMENTO ESCANDALOSO
(en respuesta a “En defensa del leninismo, en defensa de la Cuarta Internacional” de Ernest Germain)

Capítulo I
Bolivia, clave de la actual discusión

 

Las previsiones de la mayoría

Cuando Trotsky dijo que “dirigir es prever” estaba afirmando que sin pronósticos correctos sobre el futuro inmediato de la lucha de clases, es imposible elaborar una política revolucionaria. Para lograrlo el marxista hace un análisis objetivo de la situación de la lucha de clases, basándose en ese arsenal teórico acumulado por el movimiento obrero en más de 100 años de lucha, que es el marxismo-leninismo-trotskismo.

Cuando alguien abandona esa tradición teórica y práctica cae, inevitablemente, en análisis, previsiones y líneas políticas incorrectas. Esto es lo que les ha sucedido, con respecto a Bolivia, a los compañeros de la mayoría. Todos ellos, en especial Germain, han echado por la borda los conocimientos anteriores para adherir casi incondicionalmente a una teoría, la guevarista. ¿Qué dice esa teoría? Simplemente, que en América Latina hay una unidad monolítica del imperialismo con las burguesías nacionales y sus ejércitos. El imperialismo es quien decide los cambios de régimen, optando por los “fascistas” o los “democráticos” según le convenga, pero la tendencia general es hacia los regímenes fascistas, los cuales, al liquidar toda posibilidad de lucha o movimientos legales, llevan inevitablemente a que todas las protestas se tengan que hacer armas en mano. Lo opuesto ocurre cuando se instauran regímenes de democracia burguesa: en esos casos, la perspectiva de lucha armada se aleja hasta desaparecer.

En otra parte veremos que este razonamiento no tiene nada que ver con el trotskismo. Lo que veremos aquí es cómo los compañeros de la mayoría adhirieron a estas concepciones, y cómo esa adhesión los llevó a hacer previsiones totalmente incorrectas y a formular líneas políticas absolutamente equivocadas en Bolivia, en los años que van desde el Noveno Congreso Mundial hasta la fecha.

El “Che” Maitán

Ya antes del Noveno Congreso, el compañero Maitán comenzó a aplicar para Bolivia el análisis guevarista:

“Dada la situación económica y social del país, el régimen capitalista —sea a través de Barrientos o cualquiera de sus posibles sucesores— sólo podrá sobrevivir empleando la violencia más sistemática. Esto implica que el trabajo preparatorio y organizativo más o menos legal será imposible para el movimiento obrero y ] campesino. Y, en el actual contexto, esto también excluye cualquier perspectiva de que la lucha tome la forma de insurrección urbana en su comienzo. Las contradicciones explosivas aún se dan en el campo y todavía hay posibilidades de que se den drama* ticos conflictos armados”. [1]

Para que no quedaran dudas, Maitán, en otra parte del] mismo artículo, aclaraba:

“Esto significa, más concretamente, que el método de la guerrilla, comenzando en zonas rurales, sigue siendo el método correcto.” [2]

Para sorpresa de los compañeros de la mayoría, vino primero el gobierno de Ovando y luego el de Torres, un gobierno burgués que permitió amplios márgenes democráticos al movimiento de masas y a los partidos de izquierda. El desconcierto que provocó entre ellos este acontecimiento inesperado se evidenció en dos pronósticos, aparentemente contrapuestos, de los compañeros Germain y Frank.

El laboratorio Frank-Germain

El compañero Frank, fiel a una parte del razonamiento guevarista (gobiernos democráticos = no hay perspectivas de lucha armada), vaticinó lo siguiente:

“Por el momento, y nadie sabe por cuánto tiempo será, la lucha armada no está a la orden del día en Chile y Bolivia.” [3]

El compañero Germain también fue fiel a una parte —distinta de la que tomó el compañero Frank— del razonamiento guevarista (unidad monolítica entre el imperialismo y las burguesías nacionales y sus ejércitos = tendencia a regímenes totalitarios). De allí dedujo que:

“Aquellos que piensan que, porque el general Torres subió al poder «con el apoyo de la izquierda», será más «tolerante», sufrirán unas cuantas sorpresas desagradables tan pronto como aquél logre restablecer la unidad del ejército, que es su objetivo primordial.” [4]

Como vemos, hubo entre Frank y Germain una verdadera división del trabajo y una apasionada competencia para aplicar lo mejor posible la concepción guevarista. Para uno, como el gobierno de Torres (y el de Allende) daban libertades democráticas, desaparecían las perspectivas de lucha armada en Bolivia (y en Chile). Para el otro, el “objetivo principal” de Torres era “restaurar la unidad el ejército” para después reprimir a las masas y a la izquierda, o sea que Torres era sólo una variante de esa unidad monolítica de los militares y burgueses nacionalistas con el imperialismo. Aparentemente contradictorios, ambos pronósticos se unían en un todo superior: el esquema guevarista de la lucha de clases en América Latina.

Los “aportes” del SU

Después de Torres vino Banzer. Seguro que los compañeros de la mayoría respiraron aliviados. ¡Por fin Bolivia volvía a la “normalidad” guevarista! Nuevamente estábamos frente a un régimen de unidad monolítica con el imperialismo. Nuevamente la represión volvía a abatirse sobre los trabajadores y la izquierda bolivianos, con lo que la lucha armada estaba nuevamente a la orden del día.

“La victoria del golpe de estado pro-imperialista —teleguiado y coordinado por representantes directos del imperialismo americano y dirigida por sus principales agentes sobre el terreno— representa una derrota táctica de las masas trabajadoras de Bolivia. Pero no es el fin de la guerra civil, no es más que el comienzo abierto. De una guerra civil larvada e intermitente, Bolivia pasa ahora a la guerra civil abierta y permanente.” [5]

Mientras la mayoría hacía estos vaticinios, la minoría sacaba conclusiones totalmente opuestas, que veremos al final de este capítulo. Ha llegado el momento de hacer el balance echando un vistazo a lo que realmente ocurrió en la lucha de clases boliviana.

Un equipo coherente de elaboración: ninguno acertó

Todos los hechos se encargaron de desmentir los pronósticos de la mayoría. En vez de “sobrevivir a través de la violencia sistemática” como decía Maitán en la época de Barrientos, el régimen sobrevivió a través de las concesiones de Ovando y Torres a las masas. El trabajo legal, que según Maitán sería “imposible para el movimiento obrero y campesino”, se hizo cada vez más posible bajo Ovando y plenamente abierto bajo Torres. La lucha armada no se dio en el campo, como preveía Maitán, sino en la ciudad (perspectiva expresamente “excluida” por él), y no tomó la forma de guerrilla rural, sino la de insurrección urbana. Tampoco se dio bajo el régimen más reaccionario (Barrientos), sino bajo el más democrático (Torres).

A los compañeros Germain y Frank no les fue mejor que a Maitán con sus previsiones. Los primeros ejemplos de lucha armada después de los de Santo Domingo, no aparecieron en ningún país con régimen dictatorial, sino que se dieron en Bolivia y Chile, países donde, según el compañero Frank, “no estaba a la orden del día”. El gobierno de Torres no tuvo ninguna posibilidad de “restaurar la unidad del ejército” como preveía Germain, ni tampoco dio ninguna “sorpresa” represiva a las masas y a la izquierda. Por el contrario, el ejército boliviano nunca estuvo más dividido desde la revolución de 1952 hasta la fecha que bajo el gobierno de Torres; y fue necesario un golpe militar que liquidara a Torres para “restaurar la unidad del ejército” y lanzar la represión.

Finalmente, no hemos visto todavía el famoso “comienzo abierto” de una “guerra civil abierta y permanente” que según los compañeros de la mayoría iba a venir como resultado inmediato del golpe de Banzer.

Hemos visto, eso sí, que el movimiento obrero boliviano tardó relativamente poco en recuperarse de la derrota que significó la caída de Torres, y que está desarrollando importantes luchas defensivas. Hemos visto también cómo en una de esas batallas hubo grandes enfrentamientos callejeros en La Paz. Y, finalmente, podemos prever que, si el ascenso del movimiento obrero y de las masas bolivianas sigue haciendo crecer estas luchas defensivas, desembocará en un nuevo régimen “democrático”, que volverá a dar libertades y concesiones al movimiento de masas y volverá a poner a la lucha armada a la orden del día.

Las previsiones de los compañeros de la mayoría sólo sirven si las invertimos, es decir, si basamos nuestra política en que sucederá exactamente lo contrario de lo que ellos vaticinan. Con semejantes asesores, sería un gran error echar sobre las espaldas de la sección boliviana la responsabilidad de todas —o incluso de la mayoría— de las equivocaciones cometidas.

Ultraizquierdismo y trotskismo frente al peligro fascista

El ultraizquierdismo no es un fenómeno nuevo en el movimiento revolucionario mundial. Junto al oportunismo ha sido un peligro permanente para la construcción del partido revolucionario, y el eje de algunas de las más violentas batallas políticas de Lenin y Trotsky. Dos de esas batallas, fundamentalmente, han dejado una rica experiencia teórica y práctica: la de Lenin en la Internacional Comunista (cuando escribió “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”) y la de Trotsky contra el stalinismo del “tercer periodo”.

Actualmente, ha surgido una nueva versión del ultraizquierdismo: el guevarismo. Estos tres tipos de ultraizquierdismo tienen orígenes históricos y contenidos sociales distintos.

El primero, combatido por Lenin en la Internacional Comunista, era el ultraizquierdismo que reflejaba a sectores radicalizados impactados por la Revolución Rusa que estaban impacientes por repetir la misma experiencia en todos los países. Era un ultraizquierdismo de la joven generación.

El segundo tipo de ultraizquierdismo, combatido por Trotsky, era diametralmente opuesto. Era nada más que un momento, un viraje a la ultraizquierda del centrismo stalinista. Expresaba la política circunstancial de una casta contrarrevolucionaria, que llevaría al movimiento obrero mundial a la peor derrota de su historia: el triunfo del nazismo.

El tercer tipo de ultraizquierdismo, el guevarista, se parece más al primero por su origen histórico y su contenido social. Es el de la juventud izquierdizada repelida por el stalinismo. Por su origen histórico y su contenido, no tiene nada que ver con el ultraizquierdismo stalinista del “tercer periodo”, pero sí se parece a él en sus postulados teóricos y en la mecánica con que se mueve su razonamiento político.

Comenzaremos por describir cuál fue la política stalinista del “tercer periodo” que Trotsky combatió y cuál fue su posición. Luego veremos en qué se asemeja la concepción guevarista a la del tercer período y si ésta fue realmente la que los ca maradas de la mayoría aplicaron al formular su política para Bolivia.

El ultraizquierdismo stalinista del “tercer período”

Antes que Hitler tomara el poder, el stalinismo se dio una política ultraizquierdista, denominada del “tercer periodo”: Al no querer luchar por el frente obrero antifascista en Alemania, permitió el ascenso de Hitler al poder. Esta política abarcó los años que corrieron entre 1928 y 1933.

En la lucha a muerte contra el ultraizquierdismo del tercer periodo nació el trotskismo como tendencia internacional bien organizada. La ruptura con la III Internacional y el plan de que era necesaria una nueva organización internacional revolucionaria fueron una consecuencia de esa catastrófica política stalinista.

Los cinco aspectos fundamentales en los que Trotsky la atacó son los siguientes:

a) No saber distinguir el gobierno fascista —o el peligro de gobierno fascista o ultrarreaccionario— de las otras formas burguesas de gobierno.

Trotsky no se cansó de señalar que todos los gobiernos burgueses no son iguales. Que hay que saber distinguir cuidadosamente los distintos tipos que existen y establecer si hay luchas entre bandos de la burguesía. Insistió en que, cuando hay síntomas de avance fascista se debe señalar a los trabajadores que la tarea más urgente es combatirlo a muerte, por todos los medios. Para ello, es necesario medir conscientemente si hay fuerzas suficientes para voltear al gobierno burgués de turno y tomar el poder, o si, en cambio, hay que unir a los trabajadores en luchas defensivas contra el fascismo.

El stalinismo, por el contrario, definía como igualmente peligrosos a los dos campos burgueses (el reaccionario o el “democrático”). Caracterizaba como fascistas a todos los gobiernos y partidos políticos, especialmente a los partidos obreros (“socialfascistas”, etc. ). Al final, cuando el agua les llegó al cuello, los stalinistas se vieron obligados a luchar por el régimen burgués democrático y terminaron capitulando ante él con los “frentes populares”.

b) No aplicar la política del frente único obrero contra el peligro de gobiernos fascistas o ultrarreaccionrios.

En tiempos de Lenin, la Internacional Comunista —especialmente a partir de su tercer congreso— había formulado la política del frente único obrero, principalmente para tareas defensivas. Trotsky decía que en Alemania había que llamar a la dirección y a las bases de todas las organizaciones que se reclamaban del proletariado a enfrentar unidas la tarea más urgente y sentida por los obreros: defenderse del fascismo.

El stalinismo, en cambio, aplicaba su propia versión ultraizquierdista del frente único: llamaba a la unidad para la acción revolucionaria y no para la acción defensiva antifascista. Y este llamado lo hacía sólo a las bases de las organizaciones obreras reformistas, ignorando a sus direcciones. A esto lo llamaba “frente único por la base”. En los hechos, quería decir que el Partido Comunista Alemán no hacía frente único con nadie, o a lo sumo hacía una parodia de frente único con su periferia de simpatizantes y los escasos obreros reformistas que ya casi habían roto con sus líderes y organizaciones.

Trotsky insistió hasta el cansancio en que la política del frente único obrero está basada en proponer tareas sentidas por todos los trabajadores, principalmente por los trabajadores reformistas. También insistió en que el planteamiento de frente único debía hacerse a las organizaciones reformistas, empezando por sus direcciones. Las razones que daba Trotsky eran concluyentes: “si hay amplios sectores obreros que siguen dentro de las organizaciones reformistas, es porque creen en ellas y en sus Líderes”.

Por lo tanto, el solo hecho de pretender ignorar a los dirigentes reformistas arruina toda posibilidad de acción común con los obreros de esas organizaciones. Lo mismo ocurre si, en vez de plantear acciones comunes defensivas contra el fascismo, se plantean acciones revolucionarias, de derrocamiento de los gobiernos burgueses democráticos, a los obreros reformistas. Concretamente: un obrero socialdemócrata que odiaba a Hitler, podía aceptar la unidad de su partido con el Partido Comunista para defenderse de él. Ese obrero era socialdemócrata justamente porque aún no quería derribar al gobierno burgués democrático. Todo llamado a la acción común para esta última tarea, caía en el vacío entre los obreros socialdemócratas, porque estaba mucho más allá de lo que sentían y comprendían que debían hacer.

Finalmente, al plantear el frente único en esa forma sectaria y ultraizquierdista, el Partido Comunista no tenía ninguna oportunidad de desenmascarar a las direcciones reformistas y ganarles su base obrera para una política revolucionaria.

c) Crear organizaciones de masas artificiales, paralelas a las tradicionales (que estaban dirigidas por los reformistas).

Estas invenciones organizativas (sindicatos “rojos”, soviets por encargo), imaginadas por el stalinismo para desarrollar el proceso revolucionario, eran la consecuencia de haber abandonado la política del frente único obrero. Toda organización de masas es —de hecho— un frente único obrero, dado que allí se agrupan los trabajadores de todas las tendencias.

Contra esta línea de crear organismos artificiales, Trotsky reiteró la posición leninista de permanecer y trabajar en las organizaciones tradicionales del movimiento obrero (sindicatos, comités de fábricas, soviets del movimiento de masas, etc. ) cualquiera que fuere su dirección. Estar allí era doblemente imprescindible: en primer lugar, para enfrentar al peligro de la ultraderecha en forma unida, en segundo lugar, para disputar la dirección del movimiento de masas a los reformistas.

d) Plantear el armamento del proletariado como una tarea en sí.

El stalinismo veía esta actividad como algo independiente de la situación política de conjunto. Para citar un caso, veamos el de España en 1931, del cual Trotsky hizo un magnífico análisis. El problema político central, y el que más interesaba a las masas en ese momento, eran las elecciones a las Cortes (Parlamento). El stalinismo, al mismo tiempo que mantenía silencio sobre las elecciones, agitaba la consigna de “armamento de los obreros”. Trotsky señalaba con razón que “lanzar la consigna de armamento de los obreros en contra de las realidades de la vida política que alcanzan en lo más profundo a las masas, es aislarse a sí mismo de las masas, y, al mismo tiempo, alejarlas del empleo de las armas”. Y proponía, en cambio, que la consigna de armamento formara parte de un programa político estructurado; es decir, un programa que tomara en cuenta la situación de la lucha de clases, y especialmente la intervención en las elecciones de las Cortes.

e) Sostener que el triunfo del nazismo abría nuevas y mejores perspectivas de luchas revolucionarias y de desarrollo del partido que las que se daban bajo el régimen democrático-burgués.

Esto ya no era para Trotsky un “error”. Era un suicidio y una traición incalificable, porque el triunfo reaccionario habría de retrasar, hasta límites incalculables, el proceso revolucionario.

El ultraizquierdismo guevarista

Como concepción, el guerrillerismo guevarista es una repetición y ampliación de estos trágicos errores ultraizquierdistas que acabamos de resumir. Veamos las similitudes.

a) El stalinismo no halló diferencias entre el fascismo y la social democracia reformista. El guevarismo no hace diferencias entre los diversos regímenes que se dan en América Latina. Para él, el nacionalismo burgués y el régimen ultrarreaccionario proimperialista no son más que distintas formas de gobierno que asume el acuerdo monolítico entre burguesías nacionales e imperialismo, cuya tendencia es hacia el monolitismo total, fascista o semifascista.

b) El stalinismo se negaba de hecho a plantear el frente único obrero contra el fascismo (al plantear el “frente único por la base”). El guevarismo no plantea el frente único en ningún sentido y, más aún, abandona todo intento de trabajar en el movimiento de masas. Comete un error similar, pero más grave.

c) El guevarismo intenta crear organismos artificiales para la toma del poder, despreciando a los que se dan las masas. Pero también agudiza este error porque el stalinismo intentaba, al menos, copiar las organizaciones del movimiento de masas (soviets y sindicatos), en tanto que el guevarismo plantea como órgano de poder al “ejército guerrillero”.

d) El guevarismo siempre plantea el “armamento en sí”, pero profundiza el error porque ni siquiera se lo plantea a las masas, como los stalinistas, sino a una vanguardia.

e) Finalmente, como el stalinismo, sostiene que los regímenes fascistas son la mejor base objetiva para el desarrollo de la lucha armada.

Nuestros camaradas de la mayoría son dignos discípulos del ultraizquierdismo guevarista, y, como veremos a continuación, estos criterios fueron, y son, los ejes de la política mayoritaria en Bolivia.

¿Todos los gobiernos son iguales?

Hemos visto que uno de los errores que Trotsky criticaba al ultraizquierdismo era el poner un signo igual entre todos los gobiernos burgueses. Para los ultraizquierdistas, todos los gobiernos eran “fascistas” por la sola razón de ser burgueses.

Los compañeros del POR(C) no barajan la posibilidad de regímenes distintos, provocados por las contradicciones generales con el imperialismo y el movimiento de masas en ascenso. Así caen en una peligrosa confusión

Una cosa es no confiar en ningún gobierno burgués ni apoyarlo, aunque sea de “izquierda” o “nacionalista”; otra cosa es no distinguirlos de los gobiernos ultrarreaccionarios, y no darse una política apropiada ante cada uno de ellos. No apoyar a Torres o al primer gobierno de Perón, es correcto. No distinguirlos de los regímenes de Banzer u Onganía es suicida.

Barrientos - Ovando - Torres

De que el régimen de Barrientos era reaccionario y agente del imperialismo no cabe ninguna duda. Pero luego de Barrientos vino Ovando, y el régimen cambió. Sin embargo, para el el gobierno de Ovando era el gobierno “del capitalismo imperialista moribundo, que ha asumido una máscara ‘revolucionaria’ para salvarse a sí mismo”. [6]

Compañeros del POR(C), ¿la diferencia entre Barrientos y Ovando era sólo una “máscara”?

La realidad siguió cambiando: el régimen de Ovando fue sustituido por el de Torres. Pero las caracterizaciones se conservaron. Para el POR(C):

“La tendencia del ‘nacionalismo revolucionario’ que emergió con Ovando es la que continúa en el poder con Torres” (Torres está ubicado) “dentro de la política económica llamada ‘desarrollismo’ que el imperialismo lleva adelante para los países semicoloniales...” “Los oportunistas confunden este nuevo papel de los militares que cae en el campo de la táctica moderna del imperialismo, con el proceso revolucionario, que es cosa muy distinta”. “Por consiguiente, el Alto Mando Militar asesorado por la embajada yanqui, llegó a la conclusión de que había que sustituir al gobierno Ovando”. [7]

Para cerrar con un broche de oro la caracterización del régimen de Torres, “Combate,”, órgano oficial del POR(C) decía:

“En la crisis militar y política de octubre no triunfaron las masas. La victoria del general Torres es más bien una derrota de las masas revolucionarias y un triunfo del ejército como partido de la burguesía”. [8]

Como vemos, de Barrientos a Torres, pasando por Ovando, nada había cambiado en Bolivia, según los compañeros del POR(C). Todas eran derrotas de las masas. Todo se reducía a diferentes combinaciones tácticas, lucubradas por el imperialismo y los jefes militares bolivianos, en el aséptico laboratorio de la embajada yanqui, totalmente aislado de los efectos de la lucha de clases.

Trotsky contra el POR(C)

Sin embargo, Trotsky ya había señalado —en la época del “tercer periodo”— que: “la desgracia de la burocracia stalinista es que no ve mejor en España que en Alemania las contradicciones reales que existen en el interior del campo enemigo,...” “En teoría (si está permitido emplear aquí esta palabra) se asegura contra las desviaciones oportunistas rechazando de forma general efectuar cualquier diferenciación política o de clase: Hoover, Papen, Vandervelde, Gandhi, Racovsky, todos son ‘contrarrevolucionarios’, ‘fascistas’, ‘agentes del imperialismo’. Pero todo vuelco brusco en el curso de los acontecimientos, todo nuevo peligro, obliga en la práctica a los stalinistas a luchar contra uno de estos enemigos y a arrodillarse ante los otros ‘contrarrevolucionarios’ o ‘fascistas’”. [9]

Esta trayectoria que señala Trotsky nos sugiere un paralelo con nuestra sección boliviana: ¿acaso el POR(C) no comenzó por caracterizar a Torres como ejecutor “de la moderna táctica imperialista”, para verse luego obligado a combatir a su lado y, después, terminar “hincado de rodillas” ante él, en el FRA?

Sin dar ninguna importancia a las enseñanzas de Trotsky, los compañeros del POR(C) siguieron diciendo, bajo el gobierno de Torres, que “Los trabajadores y sus vanguardias revolucionarias no tienen que escoger entre dos bandos militares en pugna”. [10]

Mientras Trotsky en una situación igual decía exactamente lo contrario: “Los bolcheviques no permanecieron neutrales entre el campo de Kerensky y el de Kornilov. [Lucharon en el primero contra el segundo]. Aceptaron la autoridad oficial mientras no eran lo suficientemente fuertes como para derrocarla.” [11]

Para demostrar que esta ceguera política no fue un encandilamiento momentáneo, los compañeros del POR(C), dos meses antes del segundo golpe de Miranda lanzaron su célebre vaticinio:

“El Ejército, partido armado de la burguesía, sigue controlando el poder. Las discrepancias y roces entre los jefes militares, si bien es cierto que no han desaparecido, no son todavía lo bastante profundas como para enfrentar a unos sectores con otros y romper la estructura castrense”. [12]

Desde el punto de vista de los compañeros del POR(C), esto no podía ser de otra manera: ¿cómo iba a haber un “conflicto entre los distintos sectores”, o una ruptura de los altos mandos, si todos ellos obedecían como títeres a los mandatos del imperialismo, y los militares formaban una eterna unidad monolítica con el Departamento de Estado yanqui?

Unos meses después — ¡por fin!—, luego de un año de abiertos preparativos golpistas, con ruptura de los altos mandos en mil pedazos, y acontecidos dos golpes “fascistas”, el compañero González descubrió, asombrado, que “las grietas en el ejército son demasiado anchas”. [13]

Lamentablemente, ese cambio saludable no llevó al compañero González a distinguir entre Kerensky y Kornilov, entre Torres y Miranda-Banzer; siguió luchando contra los dos al mismo nivel, como si ambos fueran sus enemigos inmediatos. La cita que da el propio Germain (para demostrar lo contrario) nos da la razón a nosotros:

“Por esto decimos que el proceso revolucionario en Bolivia se enfrenta a dos peligros. Por una parte el golpe fascista que es alimentado desde la embajada yanqui y el gorilismo argentino y brasileño, golpe que se incuba en las divisiones de las FF.AA. bolivianas y por el otro lado está el reformismo militar y civil que busca adormecer la conciencia de las masas, que de hecho se ha convertido en un obstáculo para el triunfo de la revolución”. [14]

Aquí se dice claramente, que hay “dos peligros”: el “fascismo” y el “reformismo”, pero se pone un signo igual entre ambos, y no se dice que el peligro inmediato, cierto, objetivo, para el movimiento de masas, es el “fascismo”. Menos aún se señala el papel contradictorio del reformismo, el que, según Trotsky, no es sólo una valla hacia la revolución, sino también una valla hacia el fascismo. Esta diferencia, que es justamente la que había entre Kerensky y Kornilov, es la que nunca planteó el POR(C). La mejor demostración de que no se distinguió cuál era el peligro inmediato y puso en el mismo saco a todos los sectores y regímenes burgueses, se sintetiza en esta afirmación referida a la política de los “sectores más avanzados y combativos de la clase obrera”, semanas antes del golpe de Banzer:

“En realidad, ellos luchan por... un gobierno obrero y campesino que sea definitiva y concretamente antiimperialista y socialista”. [15]

Los compañeros del POR(C) hicieron caracterizaciones parecidas a los stalinistas del “tercer periodo”: igualaron reformistas con “fascistas”, nacionalistas burgueses con “agentes del imperialismo”, a Barrientos con Ovando, a Ovando con Torres y a Torres con los oficiales que preparaban el golpe. Y, después de todo, ¿para qué molestarse en buscar diferencias, si los cambios de gobierno no son más que un cambio de “máscaras” y a los presidentes los saca y los pone el embajador yanqui, apretando un timbre, después de hablar con los militares?

Nuestra sección frente a los golpes

No hacer la distinción entre los diferentes tipos de regímenes, llevó a los compañeros del POR(C) a darse una misma política frente a todos ellos. Al no plantear el frente único obrero para enfrentar a los golpes “fascistas”, los compañeros del POR(C) cayeron en el tipo de modelo del “tercer período” que criticó Trotsky.

Para refrescar un poco la memoria, recordaremos algunas fechas: Barrientos murió en un extraño “accidente de aviación” el 27 de abril de 1969: el 29 de septiembre del mismo año subió al poder el general Ovando. También en 1969 se reiniciaron las actividades guerrilleras, que terminarían sin pena ni gloria, en Teoponte, en octubre de 1970. El 6 de octubre de 1970 se produjo el primer intento de golpe “fascista”, el golpe del general Miranda, de cuyo fracaso surgió el gobierno de Torres. En enero de 1971, se sublevó nuevamente el general Miranda, de quien era segundo el general Banzer. Este último, finalmente, derribó a Torres el 21 de agosto de 1971, y sigue aún en el poder.

Como vemos, en el corto periodo que va de octubre de 1970 a agosto de 1971, hubo tres golpes “fascistas”. ¿Cómo preparó el POR(C) políticamente a las masas bolivianas, a la clase obrera y a su vanguardia para enfrentarlos? En nuestra opinión no los preparó en absoluto.

El primer golpe

De entre los materiales del POR(C) inmediatamente anteriores al golpe de Miranda, hemos buscado cuidadosamente alguna mención al peligro de golpe y algún llamado a la unidad de todos los partidos y comentes obreras para enfrentarlo. No hemos encontrado ninguna.

En cambio, sí encontramos pasajes como éste: “¿Qué pasa con el gobierno? Prepotente y temerario para hablarle al pueblo, pero incapaz de enfrentar a la derecha antinacional que él mismo denuncia. ¿O es que esa derecha actúa por encargo oficial?” “Si es necesario hablar de conjura antinacional, esa es la única que existe, colocarse un cuero de oveja para ocultar el hocico del lobo e hincar sus colmillos en el pueblo”. [16]

Los camaradas del POR(C) no sólo les decían a los trabajadores que tenían dudas de que existiera una conspiración de la derecha, sino que insinuaban que dicha conspiración actuaba “por encargo” del propio gobierno, que se colocaba “un cuero de oveja” para “hincar sus colmillos en el pueblo”.

Pero hay más aún. En el número siguiente de Combate leemos:

“Con ese criterio para nosotros la crisis militar no excede los límites de la ideología de esa institución que se llama Ejército y cuyo fundamento es el anticomunismo”. “Entonces, ¿dónde están las divergencias entre los generales? ¿Existen esas diferencias? Evidentemente sí. ¡Pero cuidado! El desacuerdo es táctico y se refiere a cómo derrotar al comunismo y cómo impedir el acceso de las masas al poder”. [17]

Para los camaradas del POR(C), las diferencias entre los militares bolivianos, tres meses antes del golpe de Miranda, eran “ideológicas”, eran desacuerdos “tácticos”, y alertaban: “¡Cuidado!” con confundirse dándole importancia a esas diferencias. Esto es lo opuesto a alertar sobre el peligro de un golpe de derecha.

Esto nos plantea algunas preguntas muy importantes: ¿Por qué los compañeros del POR(C) no aconsejaban, como Trotsky:

“Asumir una posición defensiva significa estrechar filas con la mayoría de la clase obrera alemana y la formación de un frente único con los trabajadores socialdemócratas e independientes, contra la amenaza fascista”? [18]

Es cierto que los compañeros del POR(C) tiraron un volante en el Congreso Minero de Siglo XX. Pero, ¿por qué, como nos enseñó Trotsky, no llevaron al Congreso Minero y a todos los sindicatos y partidos obreros “un programa concreto, cuidadosamente detallado y práctico para una lucha común contra el fascismo, exigiendo sesiones comunes de los ejecutivos de los partidos con la participación de las direcciones de los sindicatos y simultáneamente haber bajado este mismo programa enérgicamente a todos los sectores de los partidos y de las masas”? [19]

Cuando una organización trotskista detecta el peligro de golpe “fascista”, sabe que se abre en dicho país una etapa de la lucha de clases en la cual lo primero es el combate contra el golpe, a través de la estrategia del frente único con las organizaciones reformistas. Proponer a los mineros que se armen, no fiara enfrentar el golpe, sino para “... revivir los piquetes armados y valientemente proclamar la solidaridad militante con aquellos que en este momento luchan en la guerrilla... “ fue, y es un crimen político. Decir a los mineros que se armen para ir a la guerrilla contra Ovando, y no para enfrentar el golpe que estaba preparando Miranda contra Ovando, era romper de entrada con todo obrero antigolpista que no fuera partidario de la guerrilla. Era llamar al movimiento obrero a que se divida entre proguerrilleros y antiguerrilleros, cuando había una gran tarea en común para todos ellos: luchar contra la derecha mirandista (incluso en forma armada). La necesidad de esta tarea la veían todos los obreros de Bolivia: la de hacer guerrillas, casi nadie. Y esto se demostró en los hechos: la clase obrera se movilizó contra el golpe mirandista y provocó la crisis del ejército y las instituciones burguesas durante dos o tres días, pero de ninguna manera respondió a los llamados del POR(C).

Nuestra política debió haber sido frente único y no guerrilla. Debíamos haber dicho a los mineros lo siguiente:

“Camaradas: aunque muchos de ustedes y las organizaciones a las que ustedes pertenecen no se hayan dado cuenta, nosotros —los trotskistas— les hacemos un alerta y un llamado: estamos ante el grave peligro de un golpe ultrarreaccionario. Debemos defendernos unidos. Para eso, debemos formar piquetes armados y proponerles a todos los sindicatos del país y a la COB que también los organicen para enfrentar el inevitable golpe de estado que prepara la reacción. Los militares —al igual que la burguesía— están divididos como consecuencia del ascenso de nuestras luchas. Un sector de la burguesía y del ejército quiere emplear métodos duros contra nosotros; otros sectores —en cambio— quieren emplear métodos más blandos y dominarnos mediante negociaciones. Nosotros estamos contra las concepciones de Lechín y de los Partidos Comunistas, en quienes muchos de ustedes confían, y queremos convencerlos de que nuestras concepciones revolucionarias son las mejores. Es decir, queremos convencerlos de que no hay que depositar confianza en ningún sector burgués y luchar intransigentemente contra todos los explotadores, los blandos y duros. Pero para eso hay tiempo; para enfrentar al golpe fascista, no: Nosotros sabemos que ustedes odian tanto como nosotros al fascismo. Por eso les proponemos que nos organicemos contra él, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Hemos comenzado por invitar al frente único a Lechín y a los Partidos Comunistas. A este frente único obrero de lucha contra el golpe “fascista”, invitamos también a los guerrilleros siempre que se unan a la acción común y no rompan el frente o lo saboteen con acciones aisladas o aventureras. Si no nos organizamos unidos contra el golpe, si no hacemos los piquetes, no será culpa de los trotskistas, sino de vuestras direcciones. Porque nosotros estamos dispuestos a hacer cualquier cosa, menos abandonar nuestra independencia política y el derecho a defender nuestras posiciones, con tal de lograr la unidad de los trabajadores para luchar contra el golpe reaccionario. Si nos unimos nosotros, es decir los sindicatos y los partidos que se reclaman de la clase obrera, a corto plazo podremos arrastrar a los campesinos y a los estudiantes”.

Esta hubiera sido una posición trotskista. Pero, lo que es más importante, hubiera permitido que nuestra organización se consagrara como la dirección política indiscutida de todo el proletariado boliviano.

Nada de esto hizo el POR(C). Podríamos admitir que se equivocó, pero entonces hay que agregar que no aprendió nada de sus errores. Durante Torres, se siguieron manejando las mismas caracterizaciones y la misma política que bajo Ovando. Para el POR(C), pasó completamente inadvertido el hecho de que la clase obrera boliviana se había movilizado, había creado un frente único de hecho y había derrotado al golpe reaccionario imponiendo un régimen nacionalista burgués. Este régimen, débil, que cedía constantemente a la presión de las masas, que acentuaba día a día sus características kerenskistas, fue un gran triunfo de la clase obrera boliviana. ¿Que las masas no impusieron un gobierno obrero y campesino? Eso es totalmente cierto, pero, ¿de quién fue la responsabilidad? La culpa fue de sus direcciones burocráticas y reformistas, y, desde el punto de vista revolucionario, de los compañeros del POR(C). Si ellos hubiesen disputado la dirección de la lucha contra el golpe “fascista”, si hubiesen sido los primeros y más consecuentes en denunciar ese golpe, si hubiesen sido los campeones del frente único para enfrentarlo, habrían impuesto tarde o temprano su dirección e impulsado la lucha hacia la toma del poder.

De los documentos del POR(C) se puede deducir que el no haber llegado al gobierno obrero y campesino fue culpa de las masas, y el haber impuesto a Torres fue una derrota del movimiento de masas y no de la reacción “fascista”. Y así lo dijeron:

“En la crisis militar y política de octubre no triunfaron las masas. La victoria del General Torres es más bien una derrota de las masas revolucionarias y un triunfo del ejército como partido de la burguesía. La crisis de octubre demuestra las limitaciones de la acción directa de las masas”. [20]

El segundo golpe

Esta caracterización será la base de la política del POR(C) bajo Torres. Ya hemos visto que en los diez meses de gobierno torrista, hubo dos golpes “fascistas”: el segundo de Miranda (primero de Banzer) y el golpe definitivo de Banzer en agosto de 1971. Pero la lucha contra ellos, a través del frente único obrero, jamás fue la principal tarea de nuestra sección boliviana.

La línea votada por el Comité Ejecutivo del POR(C), ni bien sube Torres al poder, y cuyas consideraciones ya hemos citado, se basa en tres reivindicaciones claves (que tienen muy poco que ver con el programa que le atribuye Germain):

“a) La organización de un Comando Revolucionario Obrero y Popular, con todas las tendencias políticas que admitían la salida socialista para la situación actual del país y que apoyen la lucha armada por el Poder, superando el reformismo y economicismo, la capitulación y el colaboracionismo clasista, causante de las sucesivas derrotas y frustraciones del pueblo boliviano.

“b) La creación de un Ejército Revolucionario Obrero y Popular, instrumento indispensable para tomar el Poder.

“c) Surgimiento de un organismo representativo de las masas, donde ellas lleguen con toda su fuerza revolucionaria, sus iniciativas, inquietudes y voluntad transformativa”. [21]

Como vemos, exceptuando esta última consigna (que tiene algo que ver, pero muy poco, con el frente único obrero y la posterior Asamblea Popular), las tareas esenciales que plantea el programa se oponen por el vértice al frente único obrero para luchar contra el golpe “fascista”. Por otro lado, ni en este programa del POR (C), ni en ningún otro, figura como eje central la lucha contra un Banzer o los otros militares golpistas.

Es cierto que en el programa van incluidas varias consignas económicas y democráticas correctas, y seguramente sentidas por el movimiento de masas. Pero Trotsky se cansó de criticar programas parecidos de los ultraizquierdistas. Para España, por ejemplo, el Pravda del 14 de mayo de 1933 daba el siguiente programa: “organizar a los obreros para el desarme de la reacción, para el armamento del proletariado, para las elecciones de comités de fábrica, para el logro de las siete horas diarias de trabajo.”

Este programa mereció la siguiente crítica de Trotsky: “Las consignas enumeradas son indiscutibles aunque se den sin ninguna conexión interna, carentes de la lógica consecuente que reclama el desarrollo de las masas... Pravda habla únicamente de la jornada de 7 horas, de los comités de fábrica y del armamento de los obreros; ignora deliberadamente la ‘política’ y en todos sus artículos no encuentra nada que decir sobre las elecciones a Cortes: así Pravda se acerca al anarcosindicalismo... “ “Lanzar la consigna de armamento de los obreros en contra de las realidades de la vida política que alcanza en lo más profundo a las masas, es aislarse a sí mismo de las masas y, al mismo tiempo, alejarlas del empleo de las armas.” [22]

El programa del POR(C), tiene todos los defectos que ve Trotsky en el del “Pravda”; no tiene cohesión interna y sus consignas no giran alrededor de ningún problema político central y real. ¿No existía en ese momento en Bolivia, ningún problema político central que nos permitiera concretar una o varias consignas decisivas? Nosotros creemos que sí, que ese eje era el golpe y algunas de las consignas podían haber sido: ¡armémonos desde las organizaciones obreras para frenar el inevitable golpe de derecha! o ¡hagamos un frente único con todas las organizaciones obreras que quieran luchar contra el golpe “fascista”!

El programa del POR(C) era opuesto al del frente obrero y de la lucha contra el golpe “fascista”. Planteaba formar un “Comando Revolucionario”, para luchar contra el “reformismo” y el “economicismo”, cuando al reformismo se lo debía llamar al frente único para luchar contra el golpe “fascista”. Planteaba la unidad con todos los que están de acuerdo con el “socialismo” y la “lucha armada”, cuando debía plantear la unidad de todos los sectores obreros dispuestos a luchar contra el golpe, en primer lugar con Lechín y los PC, vale decir con el “economicismo y reformismo”.

Pero todo esto es disculpable, partiendo de la base de que el peligro del golpe “fascista” fue sistemáticamente ignorado por el POR(C). Lo que no es disculpable es justamente esa ignorancia, porque después del primer golpe de Miranda, se dio bajo Torres el segundo golpe (o primero de Banzer), y el POR(C), como quien oye llover, siguió sin darse una política frente al peligro “fascista”. Mejor dicho, sin decir ni una sola palabra sobre él.

Y llegó el tercer golpe

Apenas a partir de abril de 1971 —a seis meses de asumir Torres y después de dos golpes “fascistas”— o sea, cuando el agua le «llegaba al cuello, el POR(C), muy a la pasada, comienza a hablar de la inevitabilidad del golpe.

Para ver esto más en detalle, examinemos algunas de las cinco recomendaciones resueltas en un CC ampliado, realizado en abril de 1971. Lo primero que se ve es que en ninguna de ellas se llama a luchar contra el golpe.

La primera de las recomendaciones votadas a la dirección del partido por el CC fue la siguiente:

“1. Intensificar el trabajo político hacia las masas para arrancarlas de la influencia del reformismo haciendo surgir direcciones verdaderamente revolucionarias”. [23]

La segunda recomendación es intervenir “con este criterio” en todas las organizaciones obreras; la tercera, la cuarta y la quinta, que veremos más adelante, se refieren a la actividad militar del partido.

¡Ni una palabra sobre nuestra política de frente único hacia las organizaciones reformistas para luchar contra el golpe “fascista”! Al contrario, si algo se desprende de estas recomendaciones es que plantean como fundamental trabajo político la lucha contra el reformismo, y no el frente único con él para enfrentar el peligro “fascista”.

Nosotros también opinamos que la lucha contra el reformismo era, y es, un problema de vida o muerte para la revolución boliviana. Pero el problema es cómo luchar contra él. Las masas bolivianas presenciaron el siguiente espectáculo: el golpe se avecinaba, y esto era claro para todo el mundo; Lechín y los partidos comunistas alertaban sobre ese peligro y llamaban a mantener la paz y a frenar la movilizaciones obreras para evitarlo; el POR(C) no le daba la menor importancia, y hablaba de la necesidad del gobierno obrero y campesino impuesto por la guerra revolucionaria. ¿Cómo convencer a los trabajadores de que el POR(C) fue una dirección que ellos debían reconocer, si fue el único que no hizo del enfrentamiento al golpe el eje de su política, que era la única manera de derrotar al reformismo en ese momento? Dentro de ese frente único, con ese objetivo común, venía la lucha por la dirección. El reformismo y la burocracia decían “no movilizar”; el POR(C) debía responder: “La única manera de derrotar al golpe es con el armamento de los trabajadores”. ¡Así habríamos derrotado al reformismo! ¡Si hubiéramos planteado realizar la tarea más sentida por las masas, podríamos haber gritado ante ellas: mirad las vacilaciones y traición de los reformistas!

El camarada Germain insiste, pese a la evidencia de los hechos, en que el POR(C) tuvo una política correcta frente al golpe. Hace hincapié fundamentalmente en el número de Combate previo al l s de mayo de 1971. Nosotros no conocemos este número completo, pero sí tenemos la fotografía de su primera página. Realmente, con lo que allí se ve, basta y sobra para que todas las pruebas del camarada Germain se derrumben. Hay dos artículos; el primero de ellos tiene un titular a toda página que es un símbolo: “Marchemos al asalto final del poder para el socialismo”.

Evidentemente no se está llamando al luchar contra el golpe de estado reaccionario sino a lanzarse a tomar el poder. Pero ¿no era acaso el General Torres quien estaba en el poder en ese momento? Nuevamente, el POR(C) estaba llamando a las masas, que confiaban en Torres, a derribarlo y tomar el poder, y no a prepararse para luchar contra el golpe reaccionario.

En la parte del artículo que cae bajo este título que tenemos a nuestra disposición, y que es de donde saca su cita el camarada Germain, se vaticina que habrá un golpe de estado. Esto no es un gran mérito porque ya hacía un buen rato que los preparativos golpistas eran públicos y notorios. ¿Pero acaso se llama a luchar contra él como el peligro más inmediato y fundamental para los trabajadores bolivianos? Nuevamente, no. Hay un subtítulo que es otro símbolo: “Ni con el fascismo ni con el reformismo: con la revolución socialista”.

Quizás en otra parte de este artículo, que no esté a nuestra disposición, podamos encontrar el subtítulo correcto: “Junto al reformismo en un frente único contra el fascismo”. Lo dudamos mucho. Si así fuera, le rogaríamos al camarada Germain que nos indique dónde está.

El segundo artículo de la primera plana lo tenemos completo. En él sí que podemos comprobar cuál era la verdadera política del POR(C). Su título dice que la Asamblea Popular debe nacer de la bases y plantea la elección democrática de los delegados a la misma. No se dice nada sobre el golpe, ni sobre la necesidad de que la Asamblea Popular lo enfrente movilizando y armando a las masas, ni sobre la imperiosa necesidad de construir un frente único contra él. Termina con tres consignas que, suponemos, deberían de ser las fundamentales del POR(C) en ese momento: “Reformismo no, socialismo sí; el ejército burgués no, el ejército revolucionario del pueblo sí; parlamento burgués no, asamblea popular sí”.

Es evidente que, para los camaradas del POR(C) el peligro más importante para el “socialismo” (vale decir, para las masas bolivianas), era el reformismo, no el golpe de estado reaccionario, ya que ni lo nombran en sus consignas.

El último periódico del POR(C) que conocemos es de dos meses antes del golpe. Lleva el número 6, y corresponde a la primera quincena de junio. Allí se vaticina que “los días de Torres están contados”.

También se habla de la contrarrevolución fascista. Se habla de la “responsabilidad de la izquierda”, pero no se llama a los partidos de izquierda a unirse contra el golpe y, lo que es más grave, ni siquiera nombra a la Asamblea Popular. La posición del POR(C) está resumida de la siguiente forma:

“Saliendo de las abstracciones es indispensable sobre la marcha crear las fuerzas armadas universitarias, mineras, fabriles, campesinas, etc. Hay que armarse y entrenarse para el combate que viene. Al mismo tiempo ni un paso atrás en las ocupaciones e intervenciones de la propiedad capitalista e imperialista. Hay que golpear el poder económico, los centros nerviosos del imperialismo y la burguesía nativa.

“Hay que fortalecer al Partido Obrero Revolucionario, herramienta indispensable para soldar las corrientes revolucionarias en un sólido frente. ¡Adelante con las ocupaciones y el armamento obrero! ¡Muerte al imperialismo!” [24]

Una vez más, a dos meses del golpe, el POR(C) vuelve a llamar al frente de las “corrientes revolucionarias” (no de los partidos obreros, incluidos en primer término los reformistas), con el objetivo de dar “muerte al imperialismo y capitalismo” (es decir, una vez más, a Torres y no al golpe reaccionario que se preparaba).

¿Para qué seguir? El POR(C) nunca planteó como su política ante el golpe “fascista” el frente único o la movilización obrera desde la Asamblea Popular. Si desde el punto de vista de la lucha de clases, los culpables de la derrota frente a Banzer fueron la reacción y el imperialismo, si desde el punto de vista del movimiento obrero, los culpables fueron los reformistas y los burócratas, desde el punto de vista del movimiento revolucionario, la culpable de esa derrota fue nuestra sección boliviana, el POR(C).

La verdadera política del POR(C)

Hemos descrito los hechos, que no dejan dudas sobre los errores políticos de nuestra sección boliviana. Pero si tuviéramos que sintetizar, definiéndola, cuál fue la verdadera política del POR(C), deberíamos decir que fue y es el armamento de las masas como una tarea “en sí”, para cualquier momento de la lucha de clases. La misma política de los ultraizquierdistas españoles que criticaba Trotsky.

Nadie discute que el POR(C) tomó como tarea central la guerrilla rural bajo el régimen de Barrientos. Nadie puede discutir, tampoco, que dicha guerrilla no tuvo nada que ver con el cambio que se dio con Ovando, ni tampoco con las conquistas que el movimiento de masas obtuvo durante el gobierno de este último, como ser el funcionamiento legal del movimiento sindical, y la semilegalidad de la izquierda.

Hemos sostenido y seguimos sosteniendo que, con distintas variantes, la línea de “armamento en sí” y de construcción de un “ejército revolucionario popular” que tuvo el POR(C) bajo Barrientos, la siguió teniendo bajo Ovando, bajo Torres y bajo Banzer. Bajo Barrientos, Ovando y los primeros momentos de Torres, se expresó como guerrilla rural. Luego cambió de forma, llegando incluso a plantear algo aparentemente correcto: los piquetes armados de los sindicatos. Siempre se hizo bajo el rótulo de la “construcción de un ejército revolucionario”. Y siempre fue planteada totalmente al margen de la situación de la lucha de clases y de las necesidades de las masas: ¡Nunca jamás, para no dar más de un ejemplo, se planteó el armamento para luchar contra los golpes “fascistas”!

El compañero Germain afirma lo contrario. Formula una pregunta:

“¿Falló la sección boliviana en hacer la distinción entre Kornilov y Kerensky, entre Torres y Barrientos o Banzer?” Y contesta: “La afirmación de que ‘el POR(C) siguió esencialmente la misma línea bajo Torres que bajo Barrientos o Banzer’ es completamente infundada”. [25]

Tanto en la pregunta como en la respuesta, el compañero Germain se “olvida” del gobierno de Ovando, durante el cual se dio el primer golpe de estado “fascista”, el del general Miranda. Para los marxistas, la memoria es política. No es una casualidad que Germain se olvide del gobierno de Ovando y del golpe de Miranda. El golpe de Miranda tuvo una importancia extraordinaria. Según informó Hugo González, provocó nada menos que una... “pelea de los jefes militares (que) paralizó la fuerza represiva del ejército; durante dos días había un vacío de poder, con abandono del Palacio de Gobierno y los ministerios. En ese momento, había que actuar con las masas en la calle, había que derrotar a los mirandistas en la acción y la lucha”. [26]

Vemos que, para González, hubo dos días de “vacío de poder”, durante las cuales la tarea central era “derrotar a los mirandistas” (y no luchar contra Ovando y Miranda al mismo tiempo), Y esa lucha había que darla “con las masas en la calle” (y no con un grupo guerrillero en el campo). Coincidimos con esta caracterización y esa tarea tal como la plantea González, pero ¿fue esa la política del POR(C)?

Nosotros sostenemos, mal que le pese a Germain, que bajo Ovando la sección boliviana se dedicó a hacer exactamente lo mismo que había hecho bajo Barrientos, prepararse para la guerrilla rural. Sostenemos también que no utilizó los resquicios legales que dejaba el régimen de Ovando para trabajar sobre el movimiento de masas. Finalmente sostenemos que no hizo de la lucha contra el golpe de estado el eje de su actividad ni, mucho menos, planteó el frente único obrero para “derrotar al mirandismo”. En síntesis, y esto se demostró cuando el golpe vino: el POR(C) no estaba en condiciones de luchar “con las masas en la calle” para “derrotar a los mirandistas”, porque jamás se dio tal línea política.

Esto es, por otra parte, lo que afirman los propios compañeros del POR(C). Hugo González dice que:

“Bajo el régimen de Ovando, el partido operaba en condiciones de completa clandestinidad y estaba totalmente absorbido por la lucha armada”. [27]

Es evidente que un partido que operó en la “completa clandestinidad” poco o nada pudo aprovechar los márgenes legales que dejaba el régimen para penetrar en el movimiento de masas. Por otro lado, ese no era su propósito, ya que “estaba totalmente absorbido por la lucha armada”.

¿De qué lucha armada se trata? De la guerrilla rural, como claramente expresan las propias publicaciones del POR(C). Veamos:

Diciembre de 1969, el camarada Vallejos, director de “Combate” asegura:

“En este contexto (del nuevo ascenso) la guerrilla no es otra cosa que la continuación del movimiento revolucionario de masas, cuyo desarrollo fue frenado y truncado por las masacres y la represión de los círculos militares”. “Mientras que en la época del Che, en 1967, el movimiento guerrillero ya contaba con amplio apoyo popular, su reaparición en 1969, con Inti Peredo, ocurrió en una situación mucho más madura...” [28]

Febrero de 1970: el POR(C) dice oficialmente lo mismo que había dicho Vallejos sobre la guerrilla del Inti. Y agrega:

“Este criterio popular que admite y hace suya la vía guerrillera, es el que sostiene y alienta la guerrilla”. “Nuestra posición es clara. El atraso y subdesarrollo de Bolivia no serán resueltos con medidas parciales de un programa burgués, sino por la revolución socialista, dirigida por un Ejército de Liberación Nacional y Social, partiendo de la guerrilla...” “La guerrilla sigue estando vigente. No importan los golpes recibidos y las pérdidas de hombres y pertrechos. Todo eso, aunque doloroso, se puede reponer. Lo importante es constatar que no hay otra vía para los revolucionarios de verdad”. [29]

Abril de 1970: en su mensaje al Congreso Minero (¡el primero que se realizaba legalmente en muchos años!), el POR(C) llama a los mineros a seguir el ejemplo del Che, apoyar al Inti y... “rearmar a los sindicatos mineros y crear una gran fuerza armada de mineros que será parte del gran Ejército de Liberación Nacional y Social, cuya construcción comenzó en Ñancahuazú. Este es el camino de la victoria”. [30]

Mayo de 1970: “Por otro lado, ante los revolucionarios de América Latina, aparecen los métodos revolucionarios empleados (se refiere al secuestro del embajador alemán Von Lolleven en Brasil) y la tortura a los patriotas antiimperialistas que caen en las garras de la tenebrosa CIA”. “En nuestro país, a partir de Ñancahuazú, se ha valorizado una estrategia de poder concreta y real, surgida de nuestra misma realidad político-social”. [31]

Julio de 1970: “Por consiguiente, lejos de ser arbitraria, la guerrilla es la salida natural a la situación actual”, “... la política de masas, a partir de cierto momento, se convierte en lucha armada; la guerrilla, por eso, es la continuación por otros medios, del movimiento de masas. “ “Por eso, para tomar el poder el socialismo es vital construir un verdadero ejército del pueblo, surgido de sus entrañas, que se levante alternativamente frente al Ejército profesional burgués. En Bolivia tal ejército popular de liberación nacional, ha iniciado su marcha en Ñancahuazú con el comandante Che Guevara.” “La Tesis del IV Congreso de la COB, como antes del Congreso Minero de Siglo XX, ignoró una de las adquisiciones más importantes de las masas bolivianas, que es la experiencia sobre la guerra revolucionaria y la guerrilla. Un documento que no tenga en cuenta la guerrilla del Che Guevara, del Inti y la que ahora propician el ELN y el POR, es un documento que no tiene en cuenta la realidad concreta del país. Las masas en su enfrentamiento con la dictadura militar, llegaron a sentir la necesidad de nuevos métodos de lucha, que la guerrilla del Che supo dar expresión; por eso le dieron su simpatía y apoyo, que los mismos guerrilleros por una serie de circunstancias no supieron aprovechar. Pero independientemente de esto, las masas vieron y ven ahora, que la guerra revolucionaria es la vía para derrotar a un ejército que las masacraba y amordazaba”. [32]

¿Para qué seguir? Palabras y más palabras sobre guerrillas, ejércitos populares, apoyo incondicional a la guerrilla del Inti, afirmaciones categóricas de que esa era la única vía para los revolucionarios. ¿Qué objeto tenía toda esta verborragia guerrillera? Derribar a Ovando y hacer la “revolución socialista”. Ni una sola palabra de alerta sobre el peligro de un golpe de derecha; ni un solo llamado al frente único obrero contra el golpe. Y cuando se llama a los mineros a armarse no es bajo la disciplina de sus sindicatos y para luchar en frente único contra la derecha: Se Jes pide que se armen desde sus sindicatos para formar parte (!!) de la guerrilla rural (el “ejército que se comenzó a construir en Ñancahuazú”).

Pese al POR(C) las masas se movilizan

Vino el golpe de Miranda; la burguesía y el ejército entraron en crisis; hubo un vacío de poder de dos días que, finalmente, fue cubierto por Torres. Las masas “salieron a la calle”, con sus direcciones reformistas y burocráticas. “Derrotaron a a los mirandistas” e impusieron a un presidente nacionalista burgués. Vale decir que las masas cumplieron las dos tareas que señalaba el compañero González. Pero, como consecuencia lógica de su política, el POR(C) nada tuvo que ver con ello.

Las masas salieron a la calle desarmadas, pero los responsables son aquellos que nos les dijeron que se aproximaba un golpe de estado, y debían armarse para enfrentarlo. Los culpables son los que les plantearon armarse para ir a hacer la guerrilla, los que les plantearon el “armamento en sí”, no para derrotar al mirandismo. Los responsables de que las masas no impusieran un gobierno obrero y campesino, son aquellos que se aislaron de ellas porque estaban “totalmente absorbidos por la lucha armada” y las dejaron a merced de sus direcciones burocráticas y reformistas.

Derrotar a la derecha mirandista por medio de la movilización es una inmensa tarea que realizaron las masas, más aún, un triunfo heroico, considerando que el POR(C) —la única esperanza de partido revolucionario— no les había alertado ni sobre el peligro de golpe.

Octubre de 1970, ¿una “derrota de las masas”?

Pero ésta no fue la conclusión que extrajo el POR (C) de la crisis de octubre. Como ya vimos, para nuestra sección boliviana, la subida de Torres significó “una derrota de las masas” y “un triunfo del ejército”. Más aún:

“Hay quienes sostienen todavía que frente a la lucha armada ha triunfado la acción directa de las masas, llamando triunfo al gobierno de Torres.” “La crisis de octubre demuestra las limitaciones de la acción directa de las masas. La huelga general sólo puede conducir al Poder Obrero si al mismo tiempo existe un Ejército Revolucionario, que precisamente surge mediante la lucha armada. Cuando este ejército obrero no existe, la movilización de las masas sólo sirve para encumbrar a un sector de la burguesía cuando no concluye en una sangrienta masacre.” [33]

Así enfrentó el POR(C) la nueva etapa, la del gobierno de Torres. Y siguió, mal que le pese al compañero Germain, dentro de su política constante de “armamento en sí”, levantando nuevamente la guerrilla rural: “A pesar de las derrotas la guerrilla sigue siendo la vía de la liberación nacional y social”. “Como en octubre de 1967, han reaparecido hoy los teóricos sobre el fracaso de la guerrilla como método para tomar el poder.” “Independientemente de las contingencias de cada frente guerrillero, por encima de las cualidades personales de los combatientes, no obstante la pérdida de vidas valiosas, la guerrilla sigue siendo la vía para tomar el poder.” [34]

Que no se nos diga aquí que no se ríos está hablando de la guerrilla rural. Los únicos “frentes guerrilleros” que se conocieron en Bolivia, fueron rurales, y Combate es bien claro cuando dice que “independientemente de las contingencias de cada frente guerrillero... la guerrilla sigue siendo la vía para tomar el poder”.

De la guerrilla rural al... “armamento de las masas”

El kerenskismo cada día más acentuado del régimen de Torres, sus constantes concesiones al movimiento de masas, el surgimiento de embriones de organismos de poder dual, la casi absoluta legalidad para las tendencias de izquierda y revolucionarias, dejó a la guerrilla cada vez más aislada, condenada a cocinarse en su propia salsa. Esto provocó un reajuste formal en la política de “armamento en sí” del POR(C). La sacrosanta guerrilla fue desapareciendo de la propaganda de nuestra sección boliviana y fue reemplazada, como ya dijimos antes, por llamados generales al armamento de las masas. Estos llamados llegaron a tomar la forma, aparentemente correcta, de los destacamentos armados de los sindicatos. Pero estos cambios, insistimos, fueron formales: la nueva manera de plantear el problema del armamento seguía en la línea ultraizquierdista del “armamento en sí”. ¡Jamás! ¡jamás! se planteó el armamento como una necesidad ligada a la lucha de clases real y concreta.

En el CC ampliado del POR(C) de abril de 1971, cerca ya del golpe de estado, se discutió el siguiente orden del día:

“a) Informe sobre la Internacional. Situación del proceso revolucionario en América Latina y el rol que cumplen las secciones de la Cuarta Internacional. Situación de la Argentina y la lucha que desarrollan nuestros camaradas del PRT y ERP.

“b) La situación nacional; caracterización del gobierno Torres, la situación del ejército y su entroncamiento con la derecha civil. El movimiento de masas y sus limitaciones. La izquierda y sus desviaciones. El peligro permanente de golpe. Perspectivas.

“c) La guerrilla. Balance y experiencias. La concepción del POR(C) sobre la guerra revolucionaria”. [35]

En el subcapítulo anterior hemos visto las dos primeras recomendaciones de las cinco que votó este CC ampliado a la dirección del POR(C). En ellas se daba el eje político de lucha contra el reformismo, sin hablar para nada del golpe de estado y de la necesidad del frente único obrero para enfrentarlos. Veamos ahora las restantes tres recomendaciones:

“3) Impulsar el armamento obrero, tomando la iniciativa para la formación de destacamentos armados a nivel sindical.

“4) Intensificar al mismo tiempo el trabajo militar del partido y el fortalecimiento de su aparato militar, para las próximas acciones, íntimamente unidos a las masas revolucionarias.

“5) El trabajo político hacia las masas y la actividad militar del partido, se reajustan equilibradamente, todo, bajo la dirección única y centralizada del mismo”. [36]

Como vemos, sobre cinco resoluciones, tres están referidas a la cuestión militar, pero en ninguna de ellas se hace referencia a que el llamado al armamento de los trabajadores, debe hacerse sobre la base de que es necesario luchar contra el golpe de estado “fascista”. ¿Para qué les proponía el POR(C) a los trabajadores que organizaran “destacamentos armados a nivel de sindicatos”? Si somos consecuentes con los dos puntos políticos de estas recomendaciones, debía ser para la tarea central y única, de “luchar contra el reformismo”. Pero no creemos que el POR(C) haya llevado hasta tal punto su torpeza política. Simplemente planteaba el armamento por el armamento “en sí”, sin ningún objetivo político concreto, salvo la lucha por “la liberación nacional”, el “socialismo” y la “construcción del ejército revolucionario”.

Temario y recomendaciones verdaderamente trotskistas

¿Cuál debía haber sido el temario y las recomendaciones del CC ampliado de un partido trotskista en Bolivia en esos momentos? Muy sencillo:

I) El peligro de golpe de estado de derecha contra el gobierno de Torres como máximo peligro para el movimiento obrero y de masas. La política de frente único obrero contra el golpe como nuestra política central. El trabajo del partido en las organizaciones de masas: sindicatos y Asamblea Popular.

II) El armamento de los trabajadores a partir de la lucha contra el golpe y de las organizaciones de masas (sindicatos y Asamblea Popular).

Recomendaciones: 1) Lanzar ya mismo un llamado a todas las organizaciones obreras, especialmente a las reformistas y a la burocracia sindical, a formar un frente único contra el peligro “fascista”.

2) Lanzar ya mismo una campaña de denuncia ante todas y cada una de las vacilaciones o traiciones de las direcciones reformistas o burocráticas alrededor de esta tarea central.

3) Plantear en los sindicatos y la Asamblea Popular la necesidad de organizar destacamentos armados para luchar contra el golpe de estado.

4) Tomar la iniciativa en la construcción de esos destacamentos en los lugares (sindicatos o barrios obreros) donde nuestro partido ya ha ganado el apoyo de los trabajadores para esta tarea.

5) Iniciar ya mismo el trabajo político sobre la base del ejército, con la consigna de democratización interna, elección de delegados de los soldados y suboficiales para la Asamblea Popular. Mantener dentro de sus regimientos a todos los soldados o suboficiales que simpaticen con nosotros y darles la orientación de que formen grupos del partido dentro de sus regimientos.

Esta era la única forma correcta de plantear el armamento. Esta era, también, la única manera de lograrlo. Pero el POR(C), desgraciadamente, no tuvo esta política.

El armamento “en sí” a pocos días del golpe de Banzer

Volvamos al número de Combate preferido por el camarada Germain, el No. 5 del lo. de Mayo de 1971. Ya hemos visto que una de las tres consignas fundamentales era: “Ejército burgués no, ejército revolucionario del pueblo sí”.

Nuevamente aparece aquí el famoso “Ejército Revolucionario del Pueblo” cuya construcción según el camarada Germain, no fue la tarea y política centrales de la sección boliviana. Nuevamente, la estrategia del “armamento en sí” se despliega aquí en todo su esplendor. Ese esplendor es aún más refulgente en el último periódico del POR(C) antes del golpe, el No. 6, que ya hemos citado. En él, se comenta la multitudinaria movilización obrera del lo. de Mayo con el título, a toda página, de: “Socialismo y armas, grito de guerra del 1 de Mayo”.

Nuevamente, las armas serán para lograr el “socialismo” y no para enfrentar el peligro del golpe, que no es mencionado ni una sola vez en el artículo. Sólo hay ponderaciones, elogios a la política y los carteles de la manifestación, principalmente referidos a la columna del sindicato controlado por el partido:

“Ante el júbilo y el ruidoso aplauso, desfiló la Federación de Trabajadores Harineros con un gran cartel que decía: ‘Necesitamos un Ejército Revolucionario del Pueblo’ y detrás de él grupos seleccionados de obreros uniformados de guerrilleros, con la boina y la estrella del Che, portando algunas armas. Es el Ejército Obrero que nace para llevar al socialismo a través de la única vía realista: la guerra revolucionaria”. “Las masas están inscritas en la línea de la lucha armada, de la guerra revolucionaria, y de su seno están haciendo surgir los embriones del futuro Ejército Popular Revolucionario”. [37]

Una vez más vuelve a aparecer el ejército revolucionario del pueblo, los uniformes “de guerrilleros” y el “Ejército Obrero” para hacer “la guerra revolucionaria” y llegar “al socialismo”. Para el POR(C) la política de estos manifestantes de no mencionar el peligro de golpe es correctísima. Más adelante el POR(C) resume toda su posición diciendo que se debe:

“Impulsar el surgimiento de los instrumentos políticos militares populares”. “Hay que hacer surgir en cada sindicato, en las universidades, en el campo, destacamentos armados como embriones de la futura fuerza militar revolucionaria indispensable para vencer sobre los militares fascistas y lacayos del imperialismo. En el enfrentamiento de clases que se aproxima serán las armas las que decidan el destino de la revolución”. [38]

¿Cuál es el objetivo de estos “instrumentos políticos militares populares”, de esa “futura fuerza revolucionaria” a la que deberían incorporarse los destacamentos armados de los sindicatos, las universidades y el campo? Por primera y única vez parecería que el POR(C) plantea el armamento de una forma adecuada, con el objetivo de derrotar a los “militares fascistas y lacayos del imperialismo”. Pero, desgraciadamente, éste es sólo un desliz, un punto luminoso en medio de un artículo donde el armamento se plantea, permanentemente, para “hacer la guerra revolucionaria” por el “socialismo”. ¿Cuál de los dos objetivos era el que realmente planteaba el POR(C) a los trabajadores cuando los llamaba a armarse? Eso para el POR(C) no tiene ninguna importancia; cualquiera de los dos sirve. Es lo mismo llamar a armarse para el socialismo que contra Banzer; es lo mismo llamar a armarse para la guerra revolucionaria que para vencer a los militares fascistas. El problema es llamar a armarse. Y esta política, nítido ejemplo del “armamento en sí” es la que sigue planteando el POR(C) en su último periódico antes del golpe “fascista”.

Por más que el camarada Germain intente ocultar la realidad, todos los llamados a las armas del POR(C) efectuados permanentemente como tarea central bajo Barrientos, Ovando, Torres y Banzer, tenían el único objetivo organizativo de construcción del “Ejército Revolucionario”. Algunas veces fue la guerrilla rural, otras un “Ejército Obrero”; otras un “Ejército Obrero y Campesino”, otras un “Ejército Revolucionario del Pueblo”, otras la “Fuerza Militar Revolucionaria”. Si esto no es tener una única y misma política (o estrategia) para cualquier situación, si esto no es la línea ultraizquierdista del “armamento en sí”, le pedimos a los compañeros de la mayoría, en especial a Germain, que nos explique qué es.

Cómo amasar el propio fracaso

Hemos visto cómo nunca —ni aun ante los golpes fascistas— el POR(C) centró su política en el frente único contra los golpes. Bajo todos los gobiernos y frente a todos los golpes, tuvo una sola y única política: la “construcción del Ejército Revolucionario”.

La razón profunda de esta política es la total subestimación de las posibilidades del movimiento de masas. El camarada González nos dice:

“Una movilización insurreccional de masas, por más amplia que sea, acabará siendo derrotada por los ejércitos modernos en función de partidos de la burguesía. Ejemplo: Méjico, Córdoba... Las insurrecciones masivas de Méjico, Córdoba, la COB en Bolivia, fueron derrotadas porque le faltaban dos elementos fundamentales... b) el instrumento armado y organización militar, preparado, entrenado, capaz de responder en el nivel de las armas al ejército capitalista”. [39]

Aunque no claramente formulado, aquí se esconde un conocido argumento guerrillerista: a los viejos ejércitos se los podía enfrentar con el movimiento de masas y una política correcta, a los modernos, no. Este argumento es falso por la base. Los nuevos ejércitos imperialistas se diferencian de los viejos por tener aviación, tanques, armas atómicas y cohetes. Hoy día es más difícil que en los viejos tiempos oponer y construir un ejército popular que enfrente militarmente al ejército burgués. Por eso, todo intento de querer oponer un ejército al ejército reaccionario, en lugar del movimiento de masas con una política correcta, está condenado al fracaso. Sin embargo, para los compañeros de la mayoría:

“Si falta el ejército revolucionario, no se lo puede construir solamente por el heroísmo de las masas”. [40]

Este tremendo pesimismo de los compañeros del POR(C) sobre las posibilidades del movimiento de masas explica su línea permanente de “construcción del Ejército Revolucionario”. Esa impotencia de las masas es constante, eterna, permanente, bajo cualquier tipo de gobierno, Barrientos, Ovando, Torres o Banzer. Así quedan diluidas las diferencias entre los gobiernos, los avances o retrocesos del movimiento obrero, los problemas políticos candentes que enfrentan y sufren los trabajadores —por ejemplo, la amenaza de golpes “fascistas”. Y, después de todo, ¿para qué molestarse en precisar etapas, hacer caracterizaciones, buscar consignas, etcétera, si todo se simplifica con la panacea universal: el ejército revolucionario? Se aclara aquí el planteo del POR(C), mediante el cual llamaba al Congreso Minero a tomar las armas para “solidarizarse con la guerrilla”. También se aclara la posición, al comienzo del gobierno de Torres de “un Ejército Revolucionario Obrero y Popular, instrumento indispensable para tomar el poder”. [41]

¿Quién debe tomar el poder?

En resumen, el silogismo ultraizquierdista se nos presenta otra vez perfecto, aunque inútil y falso: premisa mayor, las grandes luchas de masas siempre culminan en lucha armada contra el ejército, premisa menor: a un ejército moderno sólo se lo puede vencer con otro ejército. Conclusión: empecemos a construir enseguida el ejército revolucionario, ya que lleva años hacerlo. La conclusión final moral y —no política— es obvia:

“Toma el poder quien tiene las armas y quien está decidido a tomarlo confiando en sus propias fuerzas”. [42]

La toma del poder ya no es un problema de política justa; de situación objetiva, de relaciones entre las clases, de lucha y “confianza” en el movimiento de masas; se convierte, en cambio, en un problema moral-militar: tener armas y estar dispuesto a usarlas.

La conclusión organizativa de la política del POR(C) tiene dos caras: primera, la invención por parte del partido de organismos artificiales (una vez más la crítica de Trotsky al ultraizquierdismo, en este caso al “Ejército Revolucionario”); segunda, el desprecio por los organismos naturales del movimiento de masas, en este caso, por los sindicatos y la Asamblea Popular. Sobre esta segunda cuestión nos detendremos en el próximo capítulo. Entremos ahora al organismo artificial inventado por el POR(C), el famoso “Ejército Revolucionario”.

La concepción de que para América Latina en esta etapa nuestra tarea central es la construcción de esos “Ejércitos Revolucionarios”, modifica todo nuestro programa de transición y nuestra concepción marxista, porque significa que nuestra tarea central ha dejado de ser la construcción de partidos revolucionarios bolcheviques y trotskistas. El camarada Germain hace un juego de palabras alrededor de todo esto: dice que el partido se hace construyendo el ejército o planteando a las masas la lucha armada. El compañero González es más preciso cuando dice que la única forma de construir el ejército revolucionario es “a través de la lucha armada”. Pero no es eso lo que nosotros discutimos, sino si el ejército revolucionario “es el instrumento esencial para tomar el poder”.

Esta discusión es mucho más profunda de lo que parece: hace al poderío de la clase obrera, sus debilidades y carencias. Para el POR(C), la carencia esencial es el “Ejército Revolucionario”; para nosotros, es el partido revolucionario y una política revolucionaria correcta.

Esto es lo que plantearon, permanentemente, nuestros maestros. Así es como la Internacional Comunista, en su III Congreso votaba lo siguiente:

“Puede suceder que se vea obligado en un intervalo de algunos días a movilizar al partido para una lucha armada, a movilizar no sólo al partido sino también a sus reservas, a organizar a los simpatizantes y toda la retaguardia, es decir a las masas revolucionarias no organizadas. En ese momento, no se tratará de formar un ejército rojo regular. Debemos vencer sin ejército construido de antemano, solamente con las masas colocadas bajo la dirección del partido”. [43]

Para Lenin y Trotsky, y para nosotros, los trabajadores son capaces de todo —¡sí! de todo—, inclusive de derrotar al ejército burgués sin haber construido previamente un ejército propio, siempre que sigan una política correcta, tengan a su frente un partido bolchevique y se hayan sacado de encima a las direcciones reformistas, burocráticas y traidoras. La derrota de los trabajadores bolivianos no se debe a que no hayan logrado formar un ejército, sino a algo mucho más sencillo: a que los trotskistas no hemos logrado sacarles de encima a esas direcciones y construir nuestro partido con influencia de masas.

Trotsky y la lucha armada

Esta es la concepción de Trotsky de la lucha armada. Jamás planteó construir “Ejércitos Revolucionarios”, pese a que fue el máximo organizador del Ejército Rojo. Trotsky señaló ante todo, la necesidad de armar a las masas con una política correcta. Sólo de esa manera se las podría armar con las armas propiamente dichas, construyendo las milicias obreras. Y sólo se podía asegurar el triunfo destruyendo, nuevamente por medio de una política correcta, a las fuerzas armadas del régimen desde adentro, llevando la lucha de clases a su seno, ganando políticamente y organizando a los obreros, estudiantes y campesinos que visten uniforme.

Así como Trotsky nunca planteó, antes del estallido de la revolución, como tarea central y permanente la construcción de ninguna clase de ejército, tampoco planteó que la política correcta fuera llamar constantemente a las masas a prepararse para la lucha armada. Para el trotskismo, la política correcta es levantar las consignas adecuadas a cada momento de la lucha de clases. Así como nadie puede levantar la huelga general como con signa permanente (excepto el posadismo), porque a nadie se le ocurre que la huelga general sea la tarea cotidiana de las masas de acá al triunfo de la revolución socialista, nadie puede plantear la lucha armada en esa forma, porque la lucha armada es la respuesta a una cierta etapa de la lucha de clases, y no una tarea permanente de las masas explotadas ni de su partido revolucionario. Y así como la huelga general planteada en un momento en que no tiene razón de ser, nos aisla de las masas y perjudica la posibilidad de que éstas se lancen a la huelga en el momento preciso, el planteo permanente y “en sí” de la lucha armada —o de la preparación para ella construyendo “Ejércitos Revolucionarios”— “significa” —insistimos con Trotsky— “aislarse de las masas y a las masas de las armas”.

Ese fue el trágico error del POR(C) en Bolivia: porque si había allí un camino para armar a las masas, ese camino era el de convencerlas de que hicieran un frente único y se armaran para combatir el golpe. El POR(C) eligió el otro camino, el de juntarse al pequeño grupo de militantes del ELN y dedicarse a fabricar un organismo artificial, el famoso “Ejército”. Hace ya ocho años que están en eso y el tal “Ejército” no se ha visto por ninguna lado. Salvo que se quiera hacer pasar por “Ejército” a los puñados de militantes que cada tanto, como en Teoponte, se hacen masacrar por las Fuerzas Armadas Bolivianas. Mientras tanto, se desperdició una situación revolucionaria colosal.

Nuestro Programa de Transición dice justamente lo contrario de lo que sostiene el camarada González;

“Cuando el proletariado lo quiera, hallará los caminos y los medios para armarse. En este dominio, también la dirección incumbe naturalmente a las secciones de la Cuarta Internacional”. [44]

Aunque los compañeros de la mayoría sostengan que ellos dicen lo mismo, que el proletariado tiene que quererlo y darse esa tarea, lo que verdaderamente significa esta frase es que la clase obrera puede armarse en cualquier momento, cuando se den las condiciones. Exactamente lo opuesto a afirmar que sea una tarea permanente de las masas, ni del partido.

Es Trotsky quien afirma que:

“No son cerraduras ni muros los que separan las armas del proletariado, sino el hábito de la sumisión, la hipnosis de la dominación de clase, el veneno nacionalista. Bastará con destruir esos muros psicológicos, y ningún muro de piedra resistirá. Bastará que el proletariado quiera tener las armas, y las encontrará. La tarea del partido revolucionario es la de despertar en el proletariado esa voluntad y facilitar su realización”. [45]

El trabajo sobre el ejército

Esta tarea propagandística —”despertar ese deseo y facilitar su realización”— se complementa con otra, la de destruir por dentro el ejército burgués. Los oportunistas, y sus mellizos de la “ultra” consideran que esta última tarea es imposible, porque contra los ejércitos modernos no se puede hacer nada.

“Respondemos: detrás de cada máquina hay hombres, ligados por relaciones no sólo técnicas, sino también sociales y políticas. Cuando el desarrollo histórico pone ante una sociedad una tarea revolucionaria impostergable, como cuestión de vida o muerte, cuando existe una clase progresiva a cuya victoria se encuentra ligada la salvación de la sociedad, la propia marcha de la lucha política abre ante la clase revolucionaria las posibilidades más diversas: tan pronto, paralizar la fuerza del enemigo, tan pronto, apoderarse de ella, al menos parcialmente”. [46]

Cuando nosotros acusamos al POR(C) y al PRT(C) de no trabajar sobre los ejércitos burgueses, el compañero Germain elude elegantemente la cuestión, diciendo que lo primero que hay que hacer son las milicias obreras. Esto nadie lo discute, aunque dejamos sentada la diferencia que hay entre “milicias obreras” y los fantasmales “Ejércitos Revolucionarios”. Pero esto no invalida el hecho de que el POR(C) y el PRT(C) no hayan trabajado sobre los ejércitos burgueses. Han aplicado la típica política anarquista guerrillerista, una posición incompatible con la permanencia en nuestras filas. Su mejor expositor es, nuevamente, el POR(C): “En este nuevo ejército podrán tener un sitio los oficiales y militares de las Fuerzas Armadas burguesas que rompan con ellas y quieran luchar efectivamente por la liberación de Bolivia”. [47]

¿Desde cuándo la deserción individual es una posición marxista y trotskista? ¿Es una casualidad que la sostengan, tanto el POR(C) como el PRT(C), las dos secciones oficiales de nuestra Internacional? ¿O es, por el contrario, la consecuencia lógica de la política ultraizquierdista y guerrillerista votada en el IX Congreso?

Nunca entendieron los compañeros del POR(C) que no se pueden construir organismos artificiales para la lucha armada (ni para ningún otro tipo de lucha); nunca comprendieron que la lucha armada (como cualquier otra) debe plantearse a partir de las necesidades inmediatas y concretas del movimiento de masas, provocadas por la situación momentánea de la lucha de clases; así llegó el POR(C) al golpe sin entender que:

“La organización armada del proletariado, que en ese momento coincide casi por completo con la defensa contra el fascismo, es una nueva rama de la lucha de clases”. [48]

Seis años guerrilleros contra un día de las masas

¿Y qué ocurrió con el famoso “Ejército Revolucionario” artificial inventado por el POR(C) cuando vino el golpe? Veamos lo que nos dice el propio compañero González:

“La lucha fue feroz y heroica: más de 5. 000 combatientes pero el 90°/o de ellos sin armas. A último momento, el asalto a un depósito de armas nos proporcionó 1. 300 rifles de la guerra del Chaco...”. [49]

Nadie, nunca, jamás, podrá enterrar a los “Ejércitos Revolucionarios” y con ellos a la política del POR(C) (y de la mayoría), en forma tan definitiva como lo hace el camarada González en estas pocas líneas. Desde el año 1965, con la entusiasta adhesión y el apoyo financiero y moral de los camaradas de la mayoría, el POR(C) se viene preparando para la lucha armada inevitable, para la “guerra prolongada”. Además, está el ELN (Ejército de Liberación Nacional) que viene haciendo lo mismo desde la guerrilla de Ñancahuazú, y con el apoyo, por lo menos al principio, de los cubanos. Ambos, el POR(C) y el ELN, han tomado como tarea estratégica la construcción del “Ejército Revolucionario”. Y cuando llega el momento culminante, después de tantos años de “preparación” intensa para la “lucha armada”, construyendo día tras día el ejército que iba a enfrentar y derrotar al ejército burgués, entre el POR(C), el ELN y todas las organizaciones de izquierda solamente juntan 500 armas (el 10°/o de 5.000 combatientes). Mientras tanto, las masas lograron, en un solo día 1.300.

Aquí algo anda mal. El camarada Germain afirma que la línea política del POR(C) fue un modelo y la resolución sobre Bolivia del CEI asegura que sólo existieron fallas organizativas. Nosotros preguntamos: ¿consideran satisfactorios, los compañeros de la mayoría, los resultados de esa “correcta” línea política? ¿No creen que es un poco mezquino, después de tantos años de aplicar una línea “correcta”, conseguir tan pocas armas?

La mayoría le echa la culpa a las masas

En lugar de asumir las culpas, la mayoría del SU —tal cual Trotsky decía que haría el ultraizquierdismo— le echa el fardo a la incomprensión del movimiento de masas o a los reformistas. No dice una palabra acerca de que, desde 1965, nuestra sección supuestamente se estaba preparando para la lucha armada y que, por la tanto, tiene responsabilidad en su resultado: “La experiencia boliviana muestra el carácter ilusorio de todas las concepciones que esperan que un vigoroso levantamiento de masas, sólo por su aliento y fuerza, pueda poner bajo control los apetitos de los ‘gorilas’ latinoamericanos. Si tal movimiento de masas no comprende la imperiosa necesidad de prepararse a sí mismo para el enfrentamiento armado con la burguesía, de armarse a sí mismo y. desarmar a la reacción, será rechazado y liquidado por la violencia, como ha sucedido una vez más con las masas en Bolivia”. [50]

Esto ya es un insulto a las masas trabajadoras. Aquí se dice que “si no comprenden” la necesidad de armarse están destinadas a la masacre. ¿Y qué hicimos nosotros para que “comprendieran”? ¿Acaso les explicamos que nuestro mayor enemigo era el golpe de estado “fascista”, y que había que unirse para derrotarlo? ¿Acaso les planteamos que debían armarse desde sus propias organizaciones? Nada de eso. Les planteamos que no había diferencias entre un Torres y un golpe proimperialista y que no debían “escoger entre dos bandos militares en pugna”. Les dijimos, que se armaran, no para enfrentar al golpe, sino para enfrentar al régimen burgués (que en ese momento estaba representado por Torres). Vale decir, les dijimos que se armaran contra Torres y contra el golpe al mismo tiempo. Les dijimos que formaran un organismo artificial, el “Ejército Revolucionario” y no que construyeran los brazos armados de sus organismos, los sindicatos y la Asamblea Popular.

¿Y encima tenemos la desfachatez de echarles en cara a los trabajadores bolivianos que no hayan comprendido la necesidad de armarse? Quien no comprendió la necesidad de armar a los trabajadores, por más propaganda que haya hecho sobre “lucha armada”, más “preparación técnica” del partido que haya concretado y más “Ejército Revolucionario” que haya imaginado, fue el POR(C), la sección oficial de la IV Internacional.

Organismos artificiales contra organismos de las masas

Así como la otra cara de la política del armamento “en sí” del POR(C) era su esfuerzo impotente por construir un organismo artificial (el “Ejército Revolucionario”), la otra cara de su negativa a aplicar la política de frente único obrero es su desconocimiento de los organismos naturales del movimiento obrero. Esto es así porque en esos organismos se da, de hecho, el frente único de los trabajadores de todas las tendencias políticas. Así ocurre permanentemente en los sindicatos, y así ocurrió en la Asamblea Popular.

El marxismo se caracteriza por luchar contra las tendencias sectarias, reivindicando la necesidad del trabajo sobre los organismos de las masas y desechando los artificiales. Uno de los objetivos fundamentales de este trabajo es poder disputarle la dirección del movimiento obrero y de masas a las direcciones oportunistas de esos organismos, postulándolos como dirección revolucionaria de alternativa. Allí estamos y permaneceremos para que las masas puedan corroborar todos los días que nuestra política y nuestra dirección son las únicas correctas.

El POR(C) y la Asamblea Popular

Fruto de su política, el POR(C) fue incapaz de darse una línea consecuente respecto a la Asamblea Popular. Empezó por no integrar el Comando Político que luchó contra el primer golpe de Miranda, que provocó “dos días de vacío de poder”. El camarada Germain ha dicho que fue correcto no integrar ese Comando ya que participaban en él algunos sectores burgueses. Esta es una confusión inaceptable entre un comité para la acción conjunta por un objetivo preciso (la lucha contra el golpe de Miranda) y un frente único. Fue Trotsky quien señaló que, para la acción —en el momento de lucha contra los golpes reaccionarios— había que unirse aun con el diablo. Se trata de acuerdos momentáneos y circunstanciales que —contra lo que opinaba el ultraizquierdismo del “tercer periodo” que los veía como claudicaciones a la burguesía— para Trotsky eran no solamente lícitos sino obligatorios. Y el POR(C), al no intervenir en el Comando Político, se cerró un camino muy importante para influir en el movimiento de masas, ya que ese Comando Político habría de ser el futuro organizador de la Asamblea Popular.

El POR(C) no le dio ninguna importancia a la Asamblea Popular como organismo de masas. Siguió demostrando su ultraizquierdismo de esta manera: (La Asamblea Popular) “debería ser un organismo que discutiese los problemas nacionales y sus soluciones, pero dejase el poder en manos de las organizaciones de masas (sindicatos y milicia popular o ejército del pueblo)”. “En la actual situación, sus perspectivas son muy limitadas. Una aguda crisis política podría revitalizarlas pero eso no es seguro. Los compañeros del POR que están en la Asamblea... no se hacen ilusiones. Usan la Asamblea como un foro, como una plataforma, eso es todo”. [51]

La caracterización es pésima, crear organismos artificiales en lugar de participar en los que las masas han creado y reconocen, es peor. Poner la “milicia popular o ejército del pueblo” —inexistentes— como órganos de poder al mismo nivel que los sindicatos y a un nivel superior a la Asamblea Popular (grandiosas conquistas del movimiento de masas), es una típica barbaridad ultraizquierdista. El POR(C) quiere utilizar un organismo existente, —lleno de deficiencias pero existente— la Asamblea Popular, como un “foro” y no como un organizador de las masas y, al mismo tiempo, quiere utilizar un organismo inexistente —o existente sólo en su imaginación guerrillerista—, el “Ejército del Pueblo”, como órgano de poder.

Pasan unas semanas, y el POR(C), sin solución de continuidad, se atreve a asegurar que:

“La Asamblea Popular no puede tener otro rol que el de órgano de poder dual... Debe convertirse en un gobierno de los obreros y los campesinos y debemos luchar dentro y fuera de ella para lograrlo”. [52]

De un “foro” sin posibilidades ha pasado a ser un organismo dentro y fuera del cual debemos luchar para que sea el “gobierno de los obreros y campesinos”.

Pero el virus ultraizquierdista y guerrillerista del IX Congreso es demasiado fuerte como para no esterilizar esta afirmación correcta:

“En este proceso, un instrumento político-militar crecerá paralelamente a la Asamblea, que puede servir como el poder que aún falta para reforzar sus decisiones”. [53]

Es decir que el “instrumento político-militar” (¿el “Ejército Revolucionario”?) corre “paralelo” a la Asamblea Popular, no es un brazo dependiente de la misma. Las milicias no deben ser dependientes de los sindicatos y de la Asamblea Popular, sino paralelas a ellos.

Este paralelismo es típico de las concepciones de los guerrilleristas, que siempre creen que es un organismo militar y no las organizaciones de masas, las que deciden la lucha. Las milicias armadas que definieron la Revolución Rusa no eran paralelas al soviet, sino dependientes de él. No fueron organismos político-militares independientes de un organismo político. Fueron el brazo armado del soviet.

Lo que dijimos nosotros

Para la misma época nosotros planteábamos una política que reproduciremos textualmente, pues no necesita agregados.

“La Asamblea Popular es una conquista, un fruto del ascenso de las masas. Que carezca de una dirección revolucionaria no nos debe confundir. Aparte de las apasionantes perspectivas, sólo podemos decir que es un esbozo de poder dual. Nada más. Si las masas y la vanguardia boliviana toman este órgano como propio, lo instalan a nivel regional y zonal, y, a través de él centralizan y desarrollan sus luchas, reivindican para las Asambleas todo el poder político nacional y regional, llaman a integrarse a los soldados, suboficiales y oficiales revolucionarios, dirigen la formación de milicias obreras y populares, estaremos ante el poder soviético boliviano”. [54]

Esto es lo que el POR(C) no hizo ni se planteó hacer ante la Asamblea Popular. Debió haberse esforzado por hacer todo eso en los barrios y pueblos campesinos y mineros donde tuviera influencia. Una sola Asamblea Popular realmente democrática en cualquier lugar de Bolivia, unida y dispuesta para la acción con piquetes armados dependientes de ella y de los sindicatos obreros y campesinos, habría sido un ejemplo explosivo para el resto de Bolivia. El POR(C), pese a su influencia limitada, pudo y debió haberlo hecho. Y si no podía, debió haberlo intentado. La única política para encarar esta tarea era haber plantado la necesidad de armarse para enfrentar el golpe, denunciando sistemáticamente la incapacidad del gobierno de Torres para hacerlo. Debimos y pudimos ser los campeones en el desarrollo de la Asamblea Popular como órgano del frente único obrero. Pero el POR(C) nunca olvidó su famoso “Ejército Revolucionario”. El fracasado intento de construir un organismo imaginario le impidió desarrollar una política correcta en el más avanzado organismo de las masas bolivianas, la Asamblea Popular. Y esa buena memoria del POR(C) en relación a su “Ejército” (que no es más que buena memoria en relación a las resoluciones del IX Congreso) le produjo una amnesia completa en cuanto a una de las definiciones claves del marxismo: “Con las masas todo, sin las masas nada”.

Con las masas nada, con la burocracia y el reformismo unas cuantas cosas

Toda política ultraizquierdista presenta, tarde o temprano, su cara oportunista. Así ocurrió con nuestra sección boliviana, que no dio la batalla en los organismos de masas contra las direcciones burocráticas y reformistas del movimiento obrero boliviano.

El camarada Germain ha utilizado como argumento la cantidad de delegados que tenía el POR(C) en la Asamblea Popular. El dice que fueron doce, nosotros y el camarada de la sección francesa que visitó América Latina decimos que fueron seis. Pero no es cuestión de números sino de política. Los trotskistas intervenimos en las organizaciones de masas con tres objetivos: el primero es movilizarlas, el segundo, ganar a las masas para nuestra política por medio de la educación más paciente; el tercero, expulsar de la dirección de esos organismos a las direcciones traidoras y oportunistas denunciándolas implacablemente y postulándonos para ocupar su lugar.

Para realizar esas tres tareas, es necesario dar la consigna precisa, plantear la tarea correcta en cada momento de la lucha de clases y denunciar a las direcciones reformistas por no ser capaces de cumplirlas.

Desgraciadamente el tipo de tareas y de discusiones que plantearon los compañeros del POR(C) en las organizaciones obreras de masas, no siguieron este método:

“La tesis de la COB guarda silencio sobre este problema. En el congreso mediante artimañas de la Presidencia, se impidió a los universitarios y a otros delegados obreros desarrollar este punto. Una confabulación entre el oportunismo, los agentes del gobierno y los partidos del pacifismo impidió que se discutiera la Estrategia de Poder para el socialismo, que en las actuales condiciones concretas de Bolivia, es la lucha armada y la guerrilla. Pero la vanguardia combatiente, con las armas en la mano, en las montañas, las ciudades y las minas, superará este vacío del Programa Obrero”. [55]

¡Así que la batalla del POR(C) contra la dirección de la COB tres meses antes del primer golpe de Miranda se centró en discutir la “Estrategia de poder para el socialismo, que... es la lucha armada y la guerrilla!” ¡Y encima se quejan de que la presidencia haya utilizado “artimañas” para impedir esa discusión! ¿Alguna vez, se preguntaron los compañeros del POR(C) por qué no pudieron impedir que las “artimañas” de la presidencia tuvieran un éxito aplastante?

¿No será acaso porque estaban planteando cuestiones alejadas de la lucha de clases, no sentidas por el movimiento obrero boliviano y absolutamente generales y abstractas? ¿No les parece que si hubieran planteado la discusión sobre el peligro de golpe de estado, la necesidad de unirse para combatirlo, la necesidad de armarse a partir de los sindicatos y de la propia COB, la presidencia habría tenido muchas más dificultades para responder con “artimañas” a estos problemas sentidos por el proletariado boliviano?

Pero esto es sólo un antecedente. Volvamos a la Asamblea Popular. El camarada Germain critica al POR de Lora por confiar en que el General Torres combatiera el golpe reaccionario. Que no le tiemble la voz al camarada Germain cuando critique, con el mismo tono y violencia, la autocrítica del camarada González que dice que se retrasaron las acciones armadas:

“Perdiendo tiempo a la espera de que las direcciones de la COB y la Asamblea Popular se decidieran a combatir, sabiendo como sabíamos que no podrían vencer sus vacilaciones y falsas concepciones”. [56]

Exactamente la misma posición del POR(masas) con la diferencia de que Lora confía en el General Torres y el camarada González en “las direcciones de la Asamblea Popular y la COB”. ¡Y lo hace sabiendo que “no podrían vencer sus vacilaciones y falsas concepciones”!

¿Cuándo y dónde se postuló el POR(C) como dirección revolucionaria de alternativa en las organizaciones de masas y atacó implacablemente a la dirección burocrática? Nunca y en ninguna parte. ¿Qué política tuvo el POR(C) para desenmascarar a Lechín y a la siniestra burocracia del PRIN y el PC en los sindicatos y la Asamblea Popular? Ninguna.

Para, el Congreso Minero de abril de 1970, el POR(C) manda un volante con todo un programa político, donde no se critica a Lechín ni se propone una dirección de alternativa revolucionaria, ni siquiera clasista, contra la dirección reformista y burocrática.

Según todos los informes de la Asamblea Popular, el POR(C) votó por Lechín para presidente, y Lora por el candidato del PC. Supongamos que éstos sean datos falsos, suministrados por los enemigos del camarada González. Todos los testigos, y los propios compañeros del POR(C) dicen que no levantaron candidaturas propias contra Lechín y el PC. ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué no insistió en que esa dirección llevaba al desastre al movimiento obrero y al triunfo casi inevitable de la reacción?

Ni en la Asamblea Popular, ni en los sindicatos, el POR(C) presentó y luchó por un programa de armamento y movilización de la clase obrera, el campesinado y el estudiantado contra el golpe, en su carácter de única dirección capaz de llevarlo a cabo. Al no proceder así, cometió un error histórico. Tiene razón González al afirmar que cayó enredado “en las discusiones bizantinas en torno a la Asamblea Popular”.

Debió haber discutido propuestas claras, por el armamento y la unidad de la clase obrera, contra el golpe de estado y, alrededor de estas tareas debía haber levantado la gran consigna de lucha contra la dirección burocrática: ¡fuera Lechín y su política de la dirección de la COB y de la Asamblea Popular, porque son incapaces de cumplir este programa!

Germain falsifica la política del POR(C)

Hasta ahora no hemos polemizado mayormente con el compañero Germain. No lo hicimos por dos motivos: en primer lugar porque la política que se aplicó en Bolivia es la del POR(C), y a ella debemos referirnos; en segundo lugar, porque el compañero Germain falsifica repetidas veces la política del POR(C) para reubicarse en la discusión internacional ante su evidente fracaso. Veremos algunas de esas falsificaciones.

El compañero Germain falsifica la política del POR(C) bajo Ovando cuando dice: “La sección boliviana de la IV Internacional, que había comenzado a preparar sus cuadros para la lucha armada durante el periodo de la dictadura de Barrientos, centrando su orientación hacia el desarrollo de la guerrilla contra la dictadura, comprendió la necesidad de realizar un giro en cuanto la dictadura de Ovando permitió algún margen semilegal para las actividades de la clase obrera”. [57]

La resolución de la mayoría del CEI sobre Bolivia exagera aún más el supuesto cambio de orientación del POR(C) bajo Ovando, al insinuar que estuvieron de hecho contra la orientación guerrillera de Peredo. ¡Hermoso cuadro! pero... nada más falso.

Ya vimos que el compañero González decía la verdad cuando afirmó que bajo Ovando operaban “en condiciones de completa clandestinidad” y “totalmente absorbidos por la lucha armada”. Más aún, agregamos nosotros, absorbidos por la preparación de la guerrilla rural, tal cual lo demostramos en multitud de citas en el subcapítulo 5. Salvo aspectos formales (la publicación del periódico y el volante del Congreso Minero) esa fue la orientación del POR(C).

El periódico es nuestro principal instrumento de relación con el movimiento de masas, y más aún en épocas de semilegalidad como la de Ovando o de legalidad plena, como la que había bajo Torres. Sin embargo, desde junio de 1970, cuando se publicó el número 1 de Combate (Nueva Época) hasta junio de 1971, en que se publicó el número 6, transcurrieron doce meses. Es decir, que se publicó un número cada dos meses. No sabemos cuándo se publicaron los números 7 y 8, pues no los tenemos, pero sabemos que el número 9 se publicó en enero de 1972, es decir que el ritmo decreció aún más. En este punto, la mayoría hace la crítica de que el periódico no aparecía regularmente, lo que constituye una mera crítica organizativa. Nosotros pensamos que lo que hay que preguntarse es si Germain considera que la forma de realizar un giro hacia las masas, es publicar un periódico bimestral. Suponemos que dirá que no, pero entonces tendrá que encontrar algún justificativo. Que no nos diga que no había dinero para publicarlo más seguido, puesto que en Europa se realizaron importantes colectas con destino a la sección boliviana. Si el dinero no fue a la publicación del periódico, suponemos que habrá sido destinado a la compra de armas, puesto que el POR(C) no realizó las “expropiaciones” de sus colegas argentinos del PRT(C). Y dedicar el grueso de las finanzas y la organización del partido a ese tipo de tareas, ¿le parece a Germain que puede llamarse, sin caer en una falsificación, un “giro” del POR(C) hacia el trabajo sobre las masas? La verdad es otra: el POR(C) bajo Ovando siguió con su línea guerrillera y para justificar esa orientación comenzó a publicar a desgano un periódico aprovechando la legalidad. No hubo tal giro hacia las masas, tal cual nos hemos cansado de demostrar.

En lo que se refiere a su no participación en la aventura guerrillera del Inti Peredo, baste con recordar que en el volante dirigido al Congreso Minero se llamaba a los trabajadores a seguir el ejemplo del Che y apoyar al Inti, así como en Combate del 15 de julio de 1970 se habla de “la guerrilla del Che Guevara, del Inti y la que ahora propician el ELN y el POR”.

Germain también falsifica la política del POR(C) cuando dice que bajo Torres nunca planteó la guerrilla rural. Ya hemos reproducido la cita de Combate, en la que se insiste en que “independientemente de las contingencias de los frentes guerrilleros (y los únicos que habían existido en Bolivia eran rurales)... la guerrilla sigue siendo la vía para tomar el poder”. [58]

En lo que tiene razón el compañero Germain es en que, bajo Torres, el POR(C) fue alejándose de la guerrilla rural, pero para seguir planteando como siempre, como ya hemos demostrado, una política de “armamento en sí” y de construcción de un ejército popular, tan alejada de la lucha de clases boliviana como antes había sido la guerrilla.

Finalmente, el compañero Germain sostiene que el POR(C) denunció sistemáticamente el golpe de Banzer y supo darse una línea que “al tiempo que armonizaba toda una serie de reivindicaciones inmediatas y transitorias (incluyendo un programa concreto de revolución agraria) estaba centrada en tres reivindicaciones claves:

“I) Transformación de la Asamblea Popular en un verdadero organismo de poder de los obreros y del pueblo trabajador, a través del establecimiento de asambleas locales (por ejemplo soviets) que eligieran delegados a la Asamblea Nacional, conservando el derecho a renovar sus mandatos. “II) Inmediato armamento de los obreros y campesinos. “III) Extensión al campo del proceso revolucionario”. [59]

No sabemos si ésta es una nueva falsificación, puesto que el camarada Germain no dice dónde ni cuándo publicó el POR(C) semejante programa. Pero ya vimos que el verdadero programa del POR(C) se basa también en tres reivindicaciones: 1) crear un Comando revolucionario de los que proclaman el socialismo y adhieren a la lucha armada, para luchar contra el reformismo; 2) crear el Ejército Revolucionario; 3) desarrollar “un cuerpo representativo de las masas, a través del cual puedan expresar todo su poder revolucionario...”

Esta última consigna es la única que tiene algo que ver con la Asamblea Popular, y mucho menos de lo que pueda sostener Germain, ya que el POR(C) no participó en el Comando Político que sería su organizador. La primera reivindicación de Germain es totalmente falsa ya que el organismo encargado de tomar el poder sería el “Ejército Revolucionario”, y no la Asamblea Popular.

Ya hemos visto que el POR(C) fue variando su posición y algunas de las consignas que le atribuye Germain como una política consecuente bajo Torres no pasaron de los papeles y de planteos esporádicos, ya que nunca el POR(C) abandonó la construcción del “ejército popular revolucionario”, sino que la mantuvo como la tarea central bajo todos los regímenes. Ese fue el verdadero eje político de su acción.

De cualquier manera, el programa que Germain le atribuye al POR(C), no es mucho mejor que el programa que en realidad tuvo.

Lo que ocurre, es que Germain apoya en general y en particular la política del POR(C), y en eso hay que reconocer que es consecuente con lo votado en el IX Congreso. Allí se votó la guerrilla rural y la “estrategia de lucha armada” (de armamento “en sí” diría Trotsky) para toda una etapa en América Latina.

Sólo queda una cuestión por aclarar. El compañero Germain, como último argumento para rebatir la acusación de que el POR(C) y la mayoría no supieron ver las diferencias entre los regímenes que se sucedieron en Bolivia, dice que la gran demostración de que sí lo hicieron es que los compañeros del POR(C) lucharon junto a Torres y contra Banzer. Este es un argumento infantil. Aquí estamos examinando una política y no de qué lado pelearon los militantes cuando la marea de los acontecimientos los arrojó, fatalmente, junto a Torres.

Con el criterio del compañero Germain, el stalinismo tuvo una política correcta cuando capituló ante Chiang Kai shek en China, ya que sus militantes terminaron peleando y muriendo en la lucha armada contra el golpe de Chiang. Ese trágico final no disminuye, sino que confirma el crimen stalinista. Imaginemos a Stalin diciendo: “¿Cómo se atreven los trotskistas a decir que capitulamos ante Chiang, si nosotros luchamos y morimos en primera fila peleando contra él?”.

Este no es un argumento político sino sentimental. En estos momentos, tras la caída de Allende, los stalinistas argentinos también exhiben sus muertos en Chile para esconder que su política de confianza en las Fuerzas Armadas chilenas llevó al desastre a todo el movimiento obrero, y a ellos junto con él.

Pero quizás el ejemplo más parecido sea el del Partido Comunista Alemán. ¿Se imagina el compañero Germain al stalinismo alemán sosteniendo que tuvo una política correcta frente al peligro hitlerista con el solo argumento de que sus militantes fueron masacrados en la lucha contra el régimen fascista?

Se lo puede imaginar, porque así fue. ¿No le parece al compañero Germain que esta argumentación tiene una curiosa similitud con la suya?

El argumento de Germain no es mejor que los del stalinismo para justificar los desastres en China, Alemania y Chile. De lo que se trata es de la línea general adoptada, y no de sus inevitables reajustes, provocados por el choque arrollador contra una realidad que no había sido prevista en las caracterizaciones. Llegado el momento del golpe, para luchar contra Banzer ya no era necesario tener línea política sino simple instinto de conservación.

El FRA: un frente con la policía y el ejército bolivianos

Para el camarada Germain, el gobierno de Banzer es “reaccionario”; para el POR(C) es “fascista”. ¿Cómo puede entonces la mayoría coincidir con la política del POR(C) y defenderla? Es uno de los tantos misterios de la mayoría, en cuyas filas coexisten toda clase de caracterizaciones y políticas. Es así como, en lugar de la política que nuestro Programa de Transición plantea para los países fascistas (hacer esencialmente propaganda, dado que hay retroceso), Germain aprueba la política del POR(C) para los regímenes “fascistas” de Barrientos y Banzer, que resume de este modo: “Los camaradas del POR(C) actúan ilegalmente bajo Barrientos y Banzer, siguiendo una orientación de preparar la -lucha armada por contingentes mucho más pequeños”. [60]

Esta cita resume admirablemente la concepción antimarxista y guerrillerista de Germain: en una etapa de retroceso de las masas hay que enfrentar a todo un régimen solamente con la vanguardia (“contingentes mucho más pequeños”). También considera que la actual etapa (régimen de Banzer) es una etapa de mayor lucha que bajo Torres, puesto que, con el golpe de estado proimperialista, “de guerra civil larvada e intermitente, Bolivia pasa ahora a la guerra civil abierta y permanente”. Todo esto se dice pese a que Trotsky ya alertó que:

“Es cierto que no está en manos de cualquier grupo armado de revólveres modificar en cualquier momento la orientación política de un país. Únicamente las bandas que son órganos de una clase determinada pueden, en ciertas circunstancias, jugar un papel decisivo”. [61]

La posición de Germain fue expresada y adoptada por la mayoría del SU en la declaración sobre el golpe de Banzer:

“Y ya la vanguardia revolucionaria, especialmente nuestros camaradas del POR, el ELN, el ala Zamora del PC prochino y otros, continúan la lucha organizando la guerra de guerrillas”. [62]

Por su parte, el POR(C), como si nada hubiera pasado, como si no hubiera posibilidades de nuevos regímenes kerenskistas como el de Torres, afirma:

“El pueblo no tiene otra alternativa que tomar el poder político del estado por medio de la lucha armada en una guerra larga y prolongada, en la que participará el pueblo armado y organizado en un ejército popular, como la más alta expresión de la lucha política de las masas explotadas”. [63] El POR(C) y Germain siguen siendo consecuentes; la gran tarea continúa siendo la misma: desarrollar una “guerra prolongada” a través de un “Ejército Popular”.

Para ser un revolucionario basta con estar por la lucha armada. Como sabemos, para Germain la vanguardia latinoamericana se divide, no por los diversos programas políticos, sino entre los que están a favor y los que están en contra de la lucha armada. Si combinamos esta concepción con la anterior (una vanguardia luchando sola, armas en mano, contra el régimen “fascista”) nos encontramos con el FRA. Como el general Torres, el mayor Sánchez y todos los militares y policías que los siguen están a favor de la “lucha armada” y nosotros nos definimos junto a los que están a favor, nosotros también estamos en el FRA, junto a los militares y policías bolivianos y a la vanguardia guerrillera.

Así se degrada el trotskismo hasta la abyección. Así termina nuestra sección boliviana “hincada de rodillas” ante un sector de la burguesía y los militares bolivianos. Aunque nos indigne no nos debe sorprender. Esto nos recuerda lo que Trotsky previo cuando dijo que el ultraizquierdismo, después de su política del “tercer periodo”, después de poner un signo igual entre fascistas y reformistas, después de renegar de la política de frente único obrero contra el peligro reaccionario, terminaría claudicando ante los sectores “democráticos” de la burguesía. El stalinismo así lo hizo con los “frentes populares”; el POR(C) lo hizo entrando al FRA, y con esto no queremos ni siquiera insinuar que nuestra sección boliviana tenga algún rasgo de stalinismo.

El piso se mueve bajo los pies de Germain quien, para defenderse, recurre a su artillería pesada: esconder hechos políticos de la mayor gravedad a la base de nuestro movimiento.

El POR(C) se disciplinó al FRA

Germain ha dicho, muy suelto de cuerpo, que los compañeros de la IV Internacional tienen derecho a discutir la historia pasada. Pero lo que quiso decir, en realidad, es que tienen derecho a hacer la polémica como les parezca, y él da el ejemplo: toma una revista, International Socialist Review, lee sólo un artículo, el que le sirve para atacar a Camejo, e ignora otro aparecido en el mismo número en el cual Moreno aporta la documentación para demostrar que el POR(C) ha hecho un entrismo incondicional al FRA. No se lo vamos a permitir; le exigimos que lo lea y conteste, también aportando pruebas si cree que los hechos son diferentes. Allí recordábamos que “La dirección del FRA es la alta comisión político-sindical-estudiantil, y los partidos políticos y organizaciones, deben subordinarse a ella en la ejecución de la línea votada en el Frente”. “El FRA actuará como entidad unitaria en todos los frentes de la vida social... “. “El frente presentará listas únicas en los eventos electorales de todo tipo...”. [64]

Recordemos quiénes forman el FRA: los dos PC, un grupo de oficiales de las fuerzas armadas, Lora, el PRIN de Lechín, el POR(C) y un partido socialista. Como nuestra sección boliviana se supeditará al FRA, quiere decir que se supeditará a todos esos partidos. Quiere decir, por ejemplo, que si hay elecciones en los sindicatos iremos en una lista unitaria con el burócrata Lechín. O que si hay elecciones nacionales iremos en una lista unitaria con el burgués reformista General Torres, a quien hasta ayer denunciábamos como un peligro equivalente a Banzer para las masas bolivianas. Esto significa, lisa y llanamente, la liquidación del trotskismo en Bolivia. Así lo reconoce el POR(C) quien, a diferencia de Germain, afirma honestamente que “... debemos olvidar nuestras siglas partidarias para actuar en un frente sólido”. [65]

¿Qué es este “frente sólido”? ¿Un frente antiimperialista o, acaso, un frente obrero? Para el POR(C), y para Lora, es un frente antiimperialista. Tanto en ese caso como en el otro, no podemos perder nuestra independencia política en ese organismo. El IV Congreso de la III Internacional fue categórico al respecto. Por otra parte, si el objetivo es independizar a la clase obrera de todo sector burgués, no entendemos cómo podremos lograrlo olvidando “nuestras siglas partidarias”.

Para nosotros, el FRA sería un frente antiimperialista si, como ocurre en cualquier frente, todas las organizaciones que participan en él mantuvieran su independencia política y organizativa. Como no ocurre así, sino a la inversa, el FRA no es un frente, sino un nuevo “partido”, con un programa más o menos antiimperialista. Por su parte, Germain es muy cuidadoso, lo define por la negativa: el FRA no es un frente popular por tres razones:

1) El programa (no el manifiesto) es “explícitamente socialista en su carácter y en sus propósitos...”. “La línea de esta carta es sustancialmente la de la teoría de la revolución permanente”.

2) Las “Fuerzas Armadas Revolucionarias dirigidas por el mayor Sánchez, han declarado que están a favor de la Revolución socialista y adhieren al marxismo leninismo”.

3) “Que el FRA, en oposición al Comando Político, no es una coalición con la burguesía, ya que ni un solo partido burgués participa en él”. [66]

Examinaremos cada uno de estos argumentos para descubrir los grandes engaños. Las cuatro frases que hacen decir a Germain que se trata de un programa de revolución permanente son las siguientes:

1) “El pueblo... está preparado para luchar por el socialismo como su objetivo político”;

2) “Todos los sectores revolucionarios se unieron bajo la bandera de la lucha contra el fascismo, la liberación nacional y la construcción del socialismo”;

3) “Nuestra posición patriótica, abierta públicamente a una alianza con los sectores progresistas, no implica valla alguna para nuestra posición de clase, ya que la alianza que nosotros establecimos y al frente de la cual nos colocamos en su lucha por la liberación y el socialismo, expresa la ideología de la clase obrera”;

4) “Solivia tiene que lograr la culminación del histórico proceso de liberación y construcción del socialismo, dentro de la estructura del desarrollo revolucionario a una escala latinoamericana”. [67]

La III Internacional alertó a los partidos comunistas contra el peligro que significaban los movimientos nacionalistas burgueses que acoplaban frases y consignas comunistas para mejor engañar a las masas. Las frases que hemos citado entran dentro de esta categoría. Si ese es el programa de la revolución permanente, todos los grandes partidos y personalidades burgueses argentinos son “socialistas” y “trotskistas”, y ni qué hablar del stalinismo criollo. Perón está, incluso, más a la izquierda. Dijo una vez que había que destruir “el ejército burgués y crear milicias obreras”; todos los. días decía que había que luchar por el socialismo. El stalinismo repite todos los días que el objetivo histórico es construir el socialismo en la Argentina.

Un programa de revolución permanente no son dos o tres frases para agitar los días de fiesta, sino las consignas políticas extraidas de la realidad de la lucha de clases del país. En Bolivia no puede haber ningún programa de revolución permanente que no plantee claramente el problema del gobierno y de las fuerzas armadas: debe decir categóricamente que gobiernos como Torres nunca más deberán gobernar Bolivia, que se debe imponer un gobierno de las organizaciones obreras, apoyado en el campesinado sobre la base de la liquidación de las Fuerzas Armadas burguesas. Debe ser así porque esa es la experiencia inmediata y más reciente de las masas. Un programa de revolución permanente debe decir que la “crisis de la revolución boliviana es la crisis de su dirección”, de los Lechín, los PC de ambos signos, el socialismo, Torres, Lora, Sánchez, y debe plantear que lo que se impone es la construcción de un auténtico partido trotskista. Si no lo dice sólo hará demagogia ante las masas, embelleciendo la imagen de esos traidores.

Además, el programa debe expresarse en la política concreta que se aplica en la acción. Que nosotros sepamos, el FRA jamás propagandizó este programa. El folleto donde el FRA hace conocer oficialmente sus posiciones, no lo incluye, pero sí incluye el manifiesto, donde aclara que está por un gobierno popular.

¿Son necesarias más pruebas de que estas frases “trotskistas” son un caso típico del anzuelo que tiende un movimiento nacionalista burgués para que se lo traguen las masas? Germain, al caracterizarlas como un “programa de revolución permanentemente”, ¿no está demostrando que él se tragó el anzuelo?

El segundo argumento de Germain es el de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias del mayor Sánchez “están a favor del socialismo y adhieren al marxismo leninismo”. El folleto del FRA de que hablábamos incluye una carta abierta de las FAR y otra del mayor Sánchez, que cuentan con la aprobación del POR(C), dado que éste las publicó en un lugar destacado de su periódico Combate. (A menos que se trate de una publicación impuesta por la disciplina del FRA). Esto significa que el compañero Germain también debe conocerlas. Escuchemos al mayor Sánchez:

“Se me atribuyen calumniosamente declaraciones o propósitos que me son ajenos. Unas veces se dice que soy miembro del ELN o que he pedido mi incorporación a esa organización, sostienen que patrocino la disolución de las Fuerzas Armadas y su reemplazo por milicias armadas, afirman que tengo el propósito de vietnamizar el país... Nada más falso”. [68]

¿Escuchó, camarada Germain? ¡Nada más falso! El mayor Sánchez está por mantener las fuerzas armadas y en contra de las milicias. ¡Qué extraño ejemplar de “marxista leninista”! Pero hay más:

“Jamás, antes de ahora, los cuarteles, templo del civismo de la juventud boliviana, habían sido convertidos en cárceles, donde se tortura y se fusila. Jamás el ejército nacional se había prestado...”. [69]

Ahora nuestro “marxista leninista” se olvidó del asesinato de un prisionero desarmado y herido, el Che Guevara, en ese “templo de civismo”. ¿No le da náuseas mentir tanto a los nuevos cuadros, compañero Germain? ¿Usted les ha mostrado esto que dijo Sánchez?; “Mi lucha no tiene otro objetivo que el de lograr la integración de las fuerzas armadas con su pueblo”. “Estamos viviendo un momento histórico y quiero en esta oportunidad anunciarles que, por decisión espontánea y patriótica, se ha organizado el instrumento político de unidad que nos llevará a la victoria, integrado por todas las fuerzas políticas de izquierda, movimientos sindicales, universitarios y populares, las FAR y la Policía Boliviana”. “Nuestra lucha no es antimilitarista, es esencialmente antiimperialista. Ninguna revolución podrá marchar sin el concurso y el esfuerzo de las fuerzas armadas, institución nacida de la entraña misma del pueblo para el servicio del pueblo”. [70]

Como vemos, nuestro “marxista leninista” descubre ahora que las fuerzas armadas son una “institución nacida de las entrañas del pueblo” (y no el brazo armado del régimen burgués), y que “ninguna revolución podrá marchar sin su concurso”. Y menos aún, agregamos nosotros, si se propone destruirlas.

En esta clarísima exposición del “marxista leninista” mayor Sánchez está también la respuesta al argumento de Germain de que el FRA no es un frente popular porque en él no hay partidos burgueses. El mayor Sánchez ha dicho que en el FRA está la “Policía Boliviana”, y las FAR no son menos explícitas:

“Se está con los que traicionan las instituciones armadas, aliándose con el MNR que está vetado por las Fuerzas Armadas, o se está con las mayorías nacionales; se está, en fin, con los que cometen crímenes comprometiendo el prestigio y el honor de las Fuerzas Armadas y la Policía bolivianas, o se está con la patria”. [71]

Y más aún, “como todos los hombres y mujeres que luchan contra los sanguinarios y antipatriotas que están manchando con sangre a nuestras instituciones cada uno de nosotros, militares y policías, debe tomar su propia decisión”. “Por nuestro pueblo, por nuestras instituciones, debemos cumplir con este deber de boliviano: ¡Morir, antes que esclavos vivir!” [72]

Mal que le pese a Germain, estos neófitos del marxismo leninismo” nos dicen sin tapujos cuáles son sus intenciones. En Bolivia las masacres de Banzer están “manchando de sangre” a sus “instituciones” (las Fuerzas Armadas y la Policía) y “comprometiendo su prestigio y honor”, por lo tanto, ellos tienen la misión de salvar dicho prestigio y honor y, con ellos, a sus “instituciones”. Dicho de otra manera: con las barbaridades que está haciendo Banzer, las masas bolivianas nunca volverán a tener confianza en las fuerzas armadas y la policía como la tuvieron bajo Torres, las FAR están luchando para evitar semejante peligro para el régimen burgués.

Luego, los altos militares y policías que están en las FAR nos informan que están dentro del FRA. Alguien que crea en Germain debe suponer que sus “marxistas leninistas” están dentro del FRA como mínimo, en nombre de la clase obrera. Nada de eso:

“Desde la clandestinidad y el exilio, informamos a todos los camaradas de las fuerzas armadas y la Policía Boliviana que, en forma conjunta, y en representación de ambas instituciones nos hemos integrado al FRA”. [73]

Esta es la verdad y hay que reconocer la honestidad burguesa del mayor Sánchez y sus camaradas. No sólo son el reaseguro político burgués, sino el reaseguro de la casta militar y la policial: son la garantía que el FRA necesita para imponer, tal cual lo indica la declaración, un nuevo bonapartismo burgués en Bolivia.

Con su caracterización de que en el FRA no hay ningún sector burgués, los compañeros de la mayoría, como siempre, olvidan lo que dijeron ayer. Han venido insistiendo desde hace años en que los partidos burgueses casi han dejado de existir en América Latina, y que su lugar lo ocupa el partido militar, o sea las Fuerzas Armadas.

Para nosotros es relativamente cierto que las fuerzas armadas tienden a jugar el papel de gran partido de reserva de los regímenes burgueses latinoamericanos. Esto tiene que ver con la poca tradición democrática de nuestros países. Pero de lo dicho sobre su “unidad monolítica con el imperialismo” no es cierta ni una palabra. Los roces de las burguesías nacionales con el imperialismo son los que explican el surgimiento de gobiernos bonapartistas “sui generis” de izquierda, como el primero de Perón, el de Ovando, o el de Torres al comienzo.

Para los compañeros de la mayoría, los militares que responden al FRA, aparentemente han dejado de ser militares, puesto que ya no están en su famosa “unidad monolítica”. Para nosotros, las fuerzas armadas siempre defenderán políticamente al régimen, aun cuando se vuelquen hacia el nacionalismo, con la única condición de que se les permita seguir existiendo como institución, y los militares que están en el FRA son sólo el ala “nacionalista” de las fuerzas armadas burguesas de Bolivia, el ala “izquierda” del partido militar. El hecho de que, circunstancialmente, estén en la oposición y el exilio no invalida ese carácter.

Los propios militares y policías que están en el FRA nos dan la razón, cuando dicen que están allí, justamente, para preservar a las fuerzas armadas y la policía como “instituciones”.

Por eso, cuando el camarada Germain afirma que no hay partidos burgueses en el FRA, algo de razón tiene. En el FRA no están los partidos burgueses, sino el ejército y la policía bolivianos, a través de sus representantes políticos de izquierda. Pero en definitiva, son la representación —o sombra de representación— de las fuerzas armadas burguesas de Bolivia.

Nos queda por hacer unas preguntas al compañero Germain: Si es cierto que en el FRA no hay sectores burgueses, si es cierto que los militares y policías que están allí han, adherido al marxismo-leninismo, si es cierto que el FRA tiene un programa de revolución permanente, si es cierto (como lo hemos demostrado) que tiene una dirección centralizada y una férrea disciplina interna, si todo eso es cierto, ¿por qué no le proponemos al FRA que se incorpore como sección oficial de la IV Internacional? ¿Cuál es el requisito que les falta llenar para estar en condiciones de ingresar?

A partir de esto, nadie puede llamarse a engaño en la discusión internacional. Se está con el programa trotskista de la minoría (lucha a muerte contra el régimen imperialista y capitalista, contra todas las instituciones, contra todas las burocracias reformistas y burguesías nacionales que dirigen los movimientos de masas o los estados obreros), o se está con el programa de la mayoría, (frente monolítico con los representantes políticos de la policía y el ejército bolivianos, “olvidando nuestras siglas partidarias”). En esta disyuntiva no entran sólo los principios, sino también el estómago y el olfato: para estar con la mayoría hay que estar con el oportunismo y a favor de la unidad con las más podridas instituciones del régimen burgués.

Moreno, consejero del POR

El subcapítulo intitulado, “Moreno, consejero del POR” debe ser una de las “bombas” de las que Germain espera mayor efecto. Sólo así se explica que malgaste tanto espacio en él (es uno de los más largos del documento). Pero en tantas líneas no responde a la pregunta esencial: ¿Moreno estuvo bien o mal? ¿Había o no había que entrar a la OLAS?

La resolución del Noveno Congreso dice exactamente lo mismo que Moreno: “trabajar como parte integrante de la OLAS”. Si Moreno se equivocó, también la resolución del Noveno Congreso estuvo mal, muy mal. Si Moreno estuvo bien, si su análisis fue correcto, en líneas generales, hay que reconocerle ese mérito, y luego criticarlo por haber cambiado su posición sin que hubiera un cambio en la realidad. Pero Germain no hace nada de esto.

Moreno se equivocó; el IX Congreso también

Nosotros no andamos con vueltas: sostenemos que Moreno se equivocó en la política general que da en el documento que cita el compañero Germain, y también sostenemos que el Noveno Congreso se equivocó al votar la resolución sobre América Latina. Más aún, sostenemos que Germain sabe perfectamente que Moreno estuvo en contra de que nuestra sección boliviana se embarcara en preparar la guerra de guerrillas bajo Barrientos. El documento que cita Germain es un documento interno, que tuvo vigencia durante cinco meses, de noviembre de 1967 hasta mayo de 1968; en cambio la posición de Moreno sobre la política que debíamos darnos bajo Barrientos fue dada por él mismo en una carta fechada el 20 de noviembre de 1965.

No le daremos el gusto a Germain de empezar la polémica al revés. No vamos a partir de una línea que se mantuvo durante cinco meses, sino de todos los otros trabajos de Moreno y la minoría referidos a la Bolivia de Barrientos en adelante. Sólo después de haber mostrado cuál fue la política propuesta para Bolivia en todos esos años, nos abocaremos a la tarea de explicar el porqué del documento citado por el camarada Germain; una tarea que se podía haber obviado si el camarada hubiera obrado de buena fe, es decir ubicando dicho documento en el contexto de la vida de nuestra Internacional.

La verdadera posición de la minoría

Comenzaremos, pues, con la carta del 20 de noviembre de 1965, que fue publicada varias veces (por eso decimos que Germain no puede ignorarla), con ligeras modificaciones de forma. En ella Moreno le decía a González: “Ustedes repetidamente definen en ‘Lucha Obrera’ al gobierno como fascista. Como se desprende de nuestra resolución nosotros discrepamos con vuestra caracterización. Creemos que es un gobierno bonapartista reaccionario, agente del Pentágono, producto de una semicontrarrevolución, pero no creemos que sea fascista”. “Dicho de una sola vez: en Bolivia no se ha cerrado la etapa prerrevolucionaria con el triunfo del fascismo, sino que se ha agudizado con el triunfo de un gobierno ultrarreaccionario, bonapartista, que no ha logrado aplastar todavía al movimiento de masas, y al que le resulta por el momento imposible lograr una base de masas para aplastar al movimiento obrero”. [74]

Como para esa fecha el gobierno de Barrientos todavía no había aplastado al movimiento de los obreros mineros, dábamos allí una línea esencialmente correcta:

“Esta es la clave de la actual situación boliviana y de ella surgen con nitidez toda una política, que no puede ser otra que: impedir una lucha aislada de los mineros y organizar al resto de los trabajadores para que den una batalla junto con los mineros. Si logramos esto, la derrota de la junta militar es segura”. “¿Desde qué organizaciones ayudaremos a los mineros?” y respondíamos: “... nosotros estamos especialmente por la reorganización de la COB a través de los comités de defensa sindical clandestinos y concentraremos todos nuestros esfuerzos en propagandizar y llevar a cabo esta colosal tarea”.

El frente único obrero

Por aquella época, González sostenía que no era necesario luchar por el frente único con los partidos obreros y populares, porque la clase obrera comenzaba a seguirlo a él y a su partido. Nosotros discrepábamos, porque pensábamos que los partidos reformistas seguirían teniendo influencia en el movimiento obrero. Sosteníamos que nuestra obligación era, por lo tanto, levantar una política de frente único con ellos para tareas concretas. Dicho frente único estaba ligado, para nosotros, al problema del poder:

“Creemos que la primera consigna que responde al problema del poder es ‘Abajo la Junta Militar’. Sobre esta consigna todos estamos de acuerdo. Y al decir todos, me refiero a toda la base popular y a todos los partidos con influencia popular, desde sectores de la Falange al MNR, los dos PC, el PRIN, el POR y la COB en la clandestinidad. El problema surge cuando debemos responder a las preguntas siguientes: ¿cómo voltear a la Junta Militar? ¿Quiénes deben voltearla? y ¿para qué voltear a la Junta Militar? Vamos a empezar por la respuesta a la última pregunta: ¿para qué voltearla? Si hemos de guiarnos por vuestro periódico debemos voltearla para implantar el socialismo, ‘la única alternativa real que es el socialismo’, ‘se trata del enfrentamiento del programa burgués con el programa socialista’. Creemos que ustedes cometen aquí un grave error de método, que es confundir vuestras aspiraciones con las de las masas y la dinámica de clase, los métodos, con las grandes tareas que tienen planteadas las masas que son tres aspectos de la realidad íntimamente relacionados, pero no idénticos. Por ejemplo, las grandes tareas de la Revolución Rusa eran democráticas, aunque sus métodos y su dinámica de clase fueran proletarios. Estamos convencidos de que la gran tarea actual que unifica a todos los trabajadores bolivianos, al proletariado con el campesinado y la clase media de las ciudades es voltear al gobierno para llamar a elecciones libres y democráticas. Y no voltearlo para inaugurar el socialismo como plantean ustedes. Esta tarea mucho más modesta que la de instaurar el socialismo exige que el proletariado la dirija y métodos insurreccionales para poder lograrla. Este es el cómo lograrlo. Tenemos que responder ahora quiénes o a quiénes debemos plantearles el logro de este objetivo, o dicho de otra forma, qué fórmula de poder propugnamos como reemplazante de la Junta Militar que queremos voltear. Creemos que corresponde que llamemos a la constitución de un frente cuya base de sustentación sea la COB, en frente único con las centrales de estudiantes, maestros y campesinos, con el apoyo de todos los partidos que están contra el gobierno, tienen base popular y están por el llamado en 60 días a elecciones absolutamente libres y democráticas. Es decir, nosotros creemos que el golpe militar de mayo ha ampliado la necesidad del llamado a frente único y no lo ha parcializado. Que los partidos pequeño burgueses van a sabotear este frente único lo mismo que la burocracia sindical y no van a aceptar la jefatura de la COB y del movimiento obrero, no nos queda ninguna duda. Pero que esto servirá para desenmascararlos ante el movimiento de masas, si nosotros efectuamos este llamado al frente único de acuerdo a los lineamientos generales del trotskismo, no sólo por la base sino también a las direcciones con base de masas, tampoco nos queda ninguna duda.”

Las milicias armadas de la COB y los sindicatos

Previendo que se masacraría a los mineros —que fue lo que ocurrió— planteamos una tarea precisa de lucha armada:

“Coincidimos plenamente con ustedes en que el gran problema es prepararse para la inevitable lucha armada que se dará contra la Junta Militar. Este problema tiene distintas facetas. Antes que nada, la relación con los heroicos luchadores que quieran organizar guerrillas, siguiendo las enseñanzas del castrismo.

A estos camaradas hay que tratar de ligarlos a nuestra estrategia y táctica fundamental de lograr el apoyo armado e inevitable del movimiento minero. En ese sentido hay que exigirles que coordinen su acción con las organizaciones sindicales en la clandestinidad y principalmente la COB. Sin esperar mucho de estos camaradas, la gran tarea para prepararnos para la lucha armada pasa por la organización de un aparato de defensa armado de la COB y sus organizaciones sindicales y paralelo a ello de las organizaciones unitarias del frente, que serán barriales, campesinas o urbanas. Nuestro partido debe comenzar, donde puede, a llevar a la práctica esta política. Hay que reorganizar comités unitarios armados de defensa de tres o cuatro camaradas y donde sea posible centralizarlos y disciplinarlos. Esta tarea, que es la fundamental, va íntimamente ligada a otra que es tan importante como ella, que es el trabajo sobre la base del ejército. Si combinamos y organizamos todas estas tareas, aceleraremos la crisis del régimen y su derrota será cuestión de poco tiempo. Si, por el contrario, dejamos que las masas actúen por su cuenta y riesgo, muy posiblemente el régimen puede ir derrotando a cada uno de sus sectores”.

“De nuestra caracterización del régimen surge la posibilidad de que en determinados momentos se abran resquicios legales. Nuestro odio justificado a la dictadura militar no debe hacernos olvidar que tenemos la obligación de utilizar esos resquicios legales. Debemos utilizarlos para plantear aumentos de salarios o consignas mínimas, en lo posible unificadas, que aceleren la crisis del régimen. Lo mismo que decimos de los aumentos de salario podríamos decirlo de todo resquicio dentro de los sindicatos amarillos reconocidos o una futura elección nacional amañada. Antes de declarar el boicot a estos resquicios debemos tomarle muy bien el pulso a la situación de la lucha de clases y sólo si hay condiciones óptimas declararlo”. [75]

Esta línea tenía el objetivo inmediato de evitar que los mineros fueran aplastados. Salió en una carta polémica contra los intentos de los camaradas bolivianos, especialmente del camarada González, de largarse a la guerrilla. Como vemos, ya en esa carta se expresan todas las diferencias actuales.

Lo que decía “La Verdad” en marzo de 1971

Esta misma línea prosiguió posteriormente. Cuando se empezaron a filtrar las primeras noticias de la guerrilla del Che, nuestro periódico (La Verdad) señaló que la apoyábamos en la perspectiva de que fuera una guerrilla masiva, dentro de la estrategia insurreccional y no guerrillera. En pleno año 1967, La Verdad insistía en que la perspectiva para la revolución boliviana era la insurrección y no la guerrilla.

Es el mismo método de análisis y de elaboración de la línea política que nuevamente nos hizo discrepar con los compañeros del POR(C) acerca del gobierno de Torres. Recordemos que, para ellos, Torres era un agente del imperialismo, la variante táctica resuelta entre los militares bolivianos y la embajada yanqui, y su subida al gobierno una derrota de las masas ante el ejército. Para nosotros, en cambio:

“La huelga del 6 de octubre de 1970 permitió la derrota del ala más reaccionaria del ejército y la ascensión de Torres al poder, no liquidó las fuerzas proimperialistas ni mucho menos”. “Es un hecho que siguen existiendo sectores de derecha dentro y fuera del ejército”. “A Torres lo hemos definido como el Kerensky boliviano, oscilante entre el movimiento obrero y las fuerzas burguesas e imperialistas”. “... el grupo Lora cae en el mismo pecado oportunista (actúa como si el gobierno de Torres fuera el gobierno de la clase obrera, con la excusa de que la COB está burocratizada), no exige que la COB tome el poder, ni que sean los sindicatos quienes se armen para luchar contra el peligro de la reacción”, Y viendo el peligro que se cernía sobre el proletariado boliviano como consecuencia de la política “trotskista” de Lora y González, decíamos: “Desgraciadamente, no vemos en Bolivia ningún partido que se dé la estrategia de los revolucionarios rusos”. [76]

No vamos a abundar en citas, sólo queremos demostrar que desde Barrientos, hasta ahora siempre mantuvimos nuestra estrategia de formar “un partido que se dé la estrategia de los revolucionarios rusos”. Siempre estuvimos contra la política guerrillera, siempre planteamos el armamento de las organizaciones de masas, siempre nos opusimos a los famosos “Ejércitos Revolucionarios” y siempre dijimos que eran las organizaciones de masas las que debían armarse y tomar el poder, bajo la dirección de un partido revolucionario y que para ello era esencial el trabajo sobre la base del ejército.

El porqué de nuestro “guerrillerismo”

Recién ahora podemos entrar en el documento citado por el camarada Germain que, repetimos, era un documento interno que sólo tuvo validez entre noviembre de 1967 y mayo de 1968.

¿Qué ocurrió hacia fines de 1967 para hacernos cambiar de opinión y volvernos guerrilleristas y procubanos? ¿Por qué nos volcamos con todo a favor de la entrada a la OLAS? ¿Toda una dirección y todo un partido se habían vuelto locos? Estas explicaciones sicológicas se las dejamos a Livio y a Germain, que son especialistas. Nosotros nos mantenemos en el terreno de la política revolucionaria y de la lucha de clases. Excepto Germain, que sufre de amnesia, todos conocen y recuerdan lo que pasó: los cubanos entraron en una polémica muy dura con los partidos comunistas latinoamericanos. Su posición pública era extender la revolución socialista por medio de la guerra de guerrillas a todo nuestro continente. Es verdad que los cubanos, desde su triunfo, habían apoyado material y moralmente a todo tipo de grupos guerrilleros pero sin intervenir directamente. La diferencia era ahora cualitativa: estábamos ante el programa de la intervención directa del estado y la dirección cubanos en este nuevo curso. Del otro lado, el imperialismo yanqui se embarcaba más y más en su escalada en Vietnam. Era lógico pensar que esa escalada se extendiera a Cuba a corto plazo. Así lo pensaba la dirección cubana. Su política de desarrollar la revolución en el continente era la mejor forma de paralizar al imperialismo y, llegado el caso, derrotarlo. Dos acontecimientos promovidos por la dirección cubana nos demostraban la seriedad del nuevo curso: el alejamiento de Cuba del Che Guevara para iniciar la guerra de guerrillas en el continente y la fundación de la OLAS. Para toda la IV Internacional, este nuevo curso de la dirección cubana era progresivo, y merecía nuestro apoyo. Esto no significaba apoyar la estrategia guerrillera, sino el curso hacia el desarrollo de la revolución socialista en el continente. Para toda nuestra Internacional, incluidas las actuales mayoría y minoría, se trataba de apoyar el nuevo curso para orientarlo hacia nuestras posiciones en el desarrollo de la lucha que estaban emprendiendo.

Cuba, la OLAS y la guerra civil continental

Dicho en forma aún más categórica: en 1967 toda nuestra Internacional creyó que la dirección cubana, con el Estado detrás, se lanzaba a desarrollar con todas sus fuerzas la guerra de guerrillas en América Latina como defensa al muy posible ataque imperialista. Si esta era la orientación de Fidel y el Che, se abría en nuestro continente una etapa de guerra civil continental semejante a la existente entonces en la península indochina. La guerrilla del Che era el comienzo de esa guerra civil continental. Y, como toda la Internacional, nosotros creímos que teníamos que participar activamente y en primera línea en esa guerra civil promovida por los cubanos, para combatir su orientación meramente guerrillera.

Pero el camarada Germain, en su extensa cita, se olvida de dar las citas del mismo documento donde criticamos la orientación política de los cubanos con respecto a la OLAS, y principalmente se olvida de señalar que nuestra entrada a las OLAS no significaba en modo alguno un acatamiento o apoyo a su política, sino simplemente que nos poníamos bajo su disciplina militar. “Nuestro ‘entrismo’ a la OLAS no debe ser esencialmente a su organización política, sino a su aparato militar. Nuestro partido tiene la obligación de inscribir como su tarea militante número uno el formar un aparato técnico rígidamente disciplinado a la OLAS para las tareas técnicas que la OLAS le ordene dentro de su estrategia armada de lucha por el poder. Otro significado de nuestro ingreso a la OLAS no puede haber”. [77]

Esta posición era la de nuestra Internacional. Nada lo demuestra mejor que una carta del camarada Maitán del mismo año crucial de 1967, donde decía: “He visto que La Verdad ha subrayado la evolución positiva de la actitud cubana. Nosotros sabemos de una forma segura, actualmente, que los dirigentes fidelistas consideran un error el ataque contra nosotros al fin de la Tricontinental”. “Nosotros pensamos que actualmente deberemos poner el acento sobre aquello que nos une a los cubanos. No ignoramos que todavía hay entre ellos la tendencia a generalizar abusivamente la táctica de guerrillas y el libro de Debray que ellos propagandizan es bastante malo (estoy en tren de escribir una respuesta). Pero hoy día es más importante discutir sobre los casos concretos que se plantean en esta etapa, a saber, Venezuela, Guatemala, Colombia y Bolivia, y en esto yo creo que estamos de acuerdo con los cubanos”. [78]

La visita de Maitán a fines de 1967 robusteció este acuerdo general y originó el documento que cita Germain. Era nuestra forma de preparar a nuestro partido para la línea que toda nuestra Internacional sostenía en ese momento.

Concretamente: nosotros sostuvimos la posición de la Internacional, y preparamos al partido para la guerra civil que Cuba, con su OLAS, se aprestaba a comenzar en todo el continente en forma inmediata.

El hecho de que Cuba desatara una guerra civil continental merecía nuestro apoyo, aunque lo consideráramos equivocado desde el punto de vista táctico. Era un hecho independiente de nuestra voluntad; algo parecido a una huelga obrera, que puede haber sido lanzada en un momento preciso o inadecuado, con una preparación suficiente o sin ella, pero en la que debemos participar (disciplinándonos a la tarea que fije su dirección, no a su orientación política), porque en ella se enfrenta nuestra clase con la clase enemiga.

El informe del camarada del SU indicaba que se abría en América Latina un proceso parecido a la guerra en la península indochina. Allí se iban a enfrentar nuestra clase (el estado cubano) y el ejército de nuestra clase, con su organismo paramilitar (la OLAS), contra el imperialismo, las burguesías nacionales y sus ejércitos. No se trataba de una aventura guerrillera de un puñado de pequeño burgueses radicalizados y desesperados o de militantes desmoralizados y decepcionados del trabajo sobre el movimiento de masas. Había una sola política posible: luchar junto a los cubanos y bajo la “disciplina militar” de la OLAS. Si Cuba, por intermedio de su Estado y de su Ejército, se lanzaba a una guerra civil continental contra el imperialismo yanqui, la guerrilla en Bolivia podía ser o no correcta. Pero, aunque nos pareciera un error, teníamos el deber de apoyarla. Pero entonces, y solamente entonces. Algo parecido al apoyo a las guerrillas francesas contra el nazismo durante la segunda guerra mundial.

Nuestra posición, aunque equivocada, demuestra mejor que diez tomos que, cuando decimos que estamos a favor de la guerrilla en momentos determinados de la lucha de clases, y en contra de transformarla en un método absoluto o una estrategia, decimos la verdad.

Fue suficiente que el camarada Maitán volviera a visitarnos en 1968 para que nos diéramos cuenta de que él tenía la concepción guerrillerista de la lucha armada. Si Cuba se lanzaba o no a la guerra civil continental, no significaba nada esencial para su estrategia. Al mismo tiempo, veíamos que los cubanos no se lanzaban a la guerra civil continental. Para nosotros, éste era el hecho objetivo, el que podía transformar la guerrilla en Bolivia en un hecho objetivo de la lucha de clases, no en una aventura voluntarista de un puñado de valientes.

Por eso, nuestra posición de apoyo incondicional a la guerrilla boliviana, con su corolario organizativo de entrada a la OLAS (y por lo tanto de incorporación del POR(C) al ELN), como central militar de la guerra civil en América Latina duró el mismo tiempo que transcurrió entre los dos viajes de Livio. Uno abrió la etapa; otro la cerró. Fueron unos pocos meses de apoyo a la guerrilla boliviana como aspecto táctico de la guerra civil que el estado cubano, suponíamos, iba a desatar en América Latina.

A partir de ese momento, comienza la actual división de nuestra Internacional. Por razones parecidas a las nuestras, el SWP comienza a cuestionar la línea de toda nuestra dirección y movimiento con relación a la OLAS, a la que también había apoyado entusiastamente. Este cambio de nuestros dos partidos se debió a un hecho objetivo de fundamental importancia: los cubanos, impactados por el fracaso del Che, cambiaron completamente su estrategia de impulsar la revolución en América Latina, sea con la estrategia que fuere. Empezaron a aproximarse a la URSS y a su política de coexistencia pacífica. Dejaron a la OLAS librada a su suerte.

Mientras nosotros sacamos la conclusión lógica de que no había ninguna posibilidad cierta de guerra civil continental a corto plazo, debido a ese cambio de los cubanos, la mayoría siguió adelante con la estrategia y los análisis cubanos, pero sin cubanos, tratando de reemplazar a Cuba con nuestra Internacional. Este error metodológico de querer reemplazar un factor político objetivo (la política del estado cubano) con uno subjetivo (nuestra voluntad y nuestro partido), se fue extendiendo del escenario latinoamericano a todos los otros escenarios de la política mundial, ampliando la brecha entre la mayoría y la minoría. Pese a esta explicación, el nuestro no dejó de ser un error. Lógicamente nos autocriticarnos públicamente por él, como lo hemos hecho por tantos otros. Errores, todos estos, que casi siempre se originaron en una mala evaluación de la realidad objetiva, y no por aplicar fórmulas abstractas a la realidad (“estrategia de lucha armada”, construcción del “Ejército Revolucionario” y tantas otras) como éstas a que nos tiene acostumbrados la mayoría.

Hoy, cuando en Bolivia se da una situación parecida a la que existió bajo Barrientos, los camaradas bolivianos y de todo el mundo pueden sacar provecho de las distintas posiciones del camarada Moreno y de las que ha asumido la mayoría. ¿Cuál de los consejos que dio Moreno a la sección boliviana fue el correcto? ¿El que coincide con la resolución del IX Congreso de hacer la guerrilla y entrar a la OLAS? ¿O el que planteó que no había que esperar nada de los guerrilleristas, ni preparar guerrillas, que había que volcarse a trabajar en el movimiento de masas, dentro de las organizaciones existentes, utilizando todos los resquicios legales, y, de esa manera, —no de otra— organizar a las masas para la lucha política y armada?

Son los hechos los que dan la respuesta más categórica. Después de ocho años la guerrilla boliviana no ha logrado nada y la OLAS está disuelta. Las grandes batallas armadas las han dado las masas, en las ciudades, con sus organizaciones tradicionales, los partidos y los sindicatos.

Por eso no podemos menos que recordar la autocrítica de Moreno que confirma que el mayor acierto de un bolchevique es reconocer cuándo debe cambiar una caracterización y una línea política que los hechos han demostrado equivocadas.



[1] Maitán, Livio; “Experiences and perspectives of the armed struggle in Bolivia”, en Intercontinental Press, vol. 6, N° 28, septiembre de 1968, 706.

[2] Idem, pág. 706.

[3] Frank, Pierre, “Letter to the 1971 SWP Convention”, en International Internal Discussion Bulletin, 26 de julio de 1971.

[4] Germain, Ernest y Knoeller, Martine; “La orientación estratégica de los revolucionarios en América Latina”, en Boletín de Informaciones Internacionales ( edición en español del Socialist Workers Party), N° 6, enero de pág. 4

[5] “Declaración de la Cuarta Internacional sobre el golpe de estado reaccionario en Bolivia”, en Quatriéme Internationale, año 29, N° 51, septiembre de 1971, pág. 11.

[6] Volante dirigido al Congreso Minero por el POR(C), publicado en Intercontinental Press, vol. 8, No. 18, 11 de mayo de 1970, p. 434.

[7] “Declaración del Comité Ejecutivo del POR(C)” del 11 de octubre de 1970, aparecido en Combate No. 3, primera quincena de noviembre de 1970.

[8] Combate, No. 3.

[9] Trotsky, León: “Kornilov y stalinistas en España”, 20 de septiembre de 1932, en La revolución española, Fontamara, Barcelona, 1977, vol. 1, PP. 244 y 246-7.

[10] Declaración del CE del POR(C), ob. cit.

[11] Trotsky, León: “Los ultraizquierdistas en general y los incurables en Particular”, 28 de septiembre de 1937, en La revolución española, ob. cit., vol. 2, p, 177 y The Spanish Revolution, Pathfinder Press, Nueva York, 1973, p. 296. (Citamos ambas versiones porque la frase entre corchetes no figura en la inglesa).

[12] Declaración del CE del POR(C), ob. cit.

[13] González, Hugo: “An interview”, en Intercontinental Press, vol. 9, No. 23, 16 de junio de 1971, p. 544.

[14] “Manifiesto del lo. de mayo de 1971 del POR(C)”, que cita Germain en “En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional”, en Boletín de Informaciones Internacionales del PST(A) No. 7, p. 12.

[15] González, Hugo: “An Interview”, ob. cit.

[16] Combate, No. 1, 2a. quincena de junio de 1970.

[17] Combate, No, 2, 2a. quincena de julio de 1970.

[18] Trotsky, León: “El viraje en la Internacional Comunista y la situación en Alemania”, 26 de septiembre de 1930, en La lucha contra el fascismo en Alemania, Pluma, Buenos Aires, 1973, vol. I, pp. 34-35.

[19] Trotsky, León: “Waht next?”, en The Struggle Against Fascism in Germany, Pathfinder Press, Nueva York, 1971, p. 172.

[20] Combate, lo. de noviembre de 1970.

[21] Combate, No. 3, la. quincena de noviembre de 1970.

[22] Trotsky, León, “La revolución española y los peligros que la amenazan”, 28 de mayo de 1931, en La revolución española, ob. cit., vol. I, pp.

[23] Informe del CC ampliado del POR(C) de abril de 1971, aparecido en Intercontinental Press, vol. 9, No. 25, p. 599.

[24] Combate, No. 6.

[25] Germain, Ernest, “En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional”, Boletín de Informaciones Internacionales, No. 7, pp. 27 y 28.

[26] “La universidad y el Comando Político de la COB” del POR(C), Revista de América, No. 6/7, octubre de 1971, p. 50.

[27] “An interview”, artículo citado.

[28] “The replacement of Siles”, Intercontinental Press, rol. 7, No, 41, 8 de diciembre de 1969, pp. 1100-1.

[29] “El gobierno Ovando y la situación boliviana”, ediciones Lucha Obrera, febrero de 1970, pp. 10 y sig.

[30] Volante al Congreso Minero ya citado.

[31] Combate, Nueva Época, No. 1, 15 de mayo de 1970.

[32] Combate, No. 2, del 15 de julio de 1970.

[33] Combate, No. 3, lo. de noviembre de 1970.

[34] Idem.

[35] Intercontinental Press, No. 25, 28 de junio de 1971.

[36] Idem, p. 599.

[37] Pág. 3.

[38] Idem.

[39] “El gobierno Ovando y la situación boliviana”, ob. cit.

[40] “Our rol in battling against the military coup”, Intercontinental Press, No. 38, vol. 9, l° de noviembre de 1971.

[41] Declaración del Comité Ejecutivo del POR(C) ya citada.

[42] “El gobierno Ovando y la situación boliviana”, ob. cit.

[43] “Tesis sobre la estructura, los métodos y la acción de los partidos comunistas” del III Congreso de la Internacional Comunista, en Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, Pasado y Presente, Buenos Aires, 1973, T. 2, pp. 100-101.

[44] Trotsky, León: El Programa de Transición, Pluma, Bogotá, 1977, p. 24.

[45] Trotsky, León: “¿Adonde va Francia?”. octubre de 1934, en ¿Adónde va Francia?, Pluma, Buenos Aires, 1974, p. 37.

[46] Idem, pp. 37-38.

[47] Declaración del CE del POR(C), ob. cit.

[48] Trotsky, León: “Una vez más, ¿Adónde va Francia?”, en ¿Adónde va Francia?, ob. cit., p. 91.

[49] “Our rol in battling against the military coup”, ob. cit.

[50] Declaración del SU, en Intercontinental Press, No. 32, septiembre de 1971.

[51] “An interview”, ob. cit.

[52] Intercontinental Press, vol. 9, No. 24, del 21 de junio de 1971.

[53] Idem.

[54] La Verdad, 30 de mayo de 1971.

[55] Combate, No. 2.

[56] Combate, No. 9, enero de 1972.

[57] Germain, Ernest: “En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional”, ob. cit., p. 12.

[58] Combate, No. 3.

[59] Germain, Ernest. “En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional”, ob. cit., p. 13.

[60] Idem.

[61] Trotsky, León, “Francia en la encrucijada”, 28 de marzo de 1936, en ¿Adónde va Francia?, ob. cit., p. 130.

[62] Intercontinental Press, No. 32, 20 de septiembre de 1971, p. 799.

[63] Combate, número especial de agosto-septiembre de 1972, p. 5.

[64] Revista de América, No. 8/9, mayo-agosto de 1972, p. 21.

[65] Combate, número especial citado.

[66] Germain, Ernest: “En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional”, ob. cit., pp. 30 y 31.

[67] Idem.

[68] Combate, No. 9, enero de 1972, p. 14.

[69] Idem, p. 13.

[70] Idem. p. 14.

[71] Documento del FRA, Ediciones Liberación, Bolivia, noviembre de 1971, p. 6.

[72] Idem, pp. 7 y 8.

[73] I dem, p. 6.

[74] Moreno, Nahuel: “Carta a Hugo González”, reproducida por Revista de América, No. 6/7, pp. 40-43.

[75] Idem.

[76] La Verdad, No. 254, de marzo de 1971.

[77] Moreno, Nahuel: La revolución latinoamericana y argentina.

[78] Archivos del PST.