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Partido Comunista de China

 

Del Comunicado de la XI Sesión Plenaria del VIII Comité Central sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria

 

 


Escrito: En 1966.
Primera publicación: Como parte de otro artículo publicado el 6 de junio de 1966 en el diario del Ejercito de Liberación bajo el título de “Mantener en alto la gran bandera roja del pensamiento de Mao Tse-tung y llevar hasta el fin la gran revolución cultural proletaria”.
Versión al Castellano: En K. H. Fan. La Revolución Cultural China, Ediciones Era. México 1970.
Versión Dígital: Frente Revolucionario del Pueblo - Marxista-Leninista-Maoísta de Bolivia.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 1 de junio de 2007.


 

 

 

 

LA GRAN REVOLUCIÓN CULTURAL ES UN ASUNTO DE PRIMORDIAL IMPORTANCIA QUE ATAÑE AL DESTINO, LAS PERSPECTIVAS Y LA FISONOMÍA FUTURA DE NUESTRO PARTIDO Y NUESTRO PAÍS, Y UN ASUNTO DE PRIMERA IMPORTANCIA RELACIONADO CON LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

 

En los últimos 16 años, ha habido una batalla tras otra en los frentes ideológico y cultural, cada una más profunda que la anterior. Lejos de ser fenómenos aislados y accidentales, estas batallas son manifestaciones de la profundización de la lucha de clases en China y en el extranjero. Un puñado de representantes de la burguesía, tratando en forma constante y obstinada de manifestarse, se aferran desesperadamente a su recalcitrante baluarte de ideología burguesa y se entregan a frenéticas actividades anti-partido y anti-socialistas. Provocar disturbios, fracasar, provocar disturbios de nuevo, fracasar de nuevo, y así hasta la ruina: ésta es la lógica de todos los reaccionarios. Este puñado de representantes de la burguesía no es, de ninguna manera, una excepción.

La experiencia histórica de la revolución proletaria nos dice que el problema fundamental de la revolución es el poder. Vencimos al enemigo en todo el país y nos apoderamos del poder con el fusil. El imperialismo, el feudalismo y la clase capitalista burocrática pueden ser todos derrocados; los millonarios, multimillonarios y archimillonarios pueden ser derribados, sean quienes fueren. Y sus propiedades pueden ser confiscadas. Sin embargo, la confiscación de sus propiedades no equivale a la confiscación de las ideas reaccionarias de sus mentes. Todos los días y a cada momento están siempre soñando con su restauración, en el restablecimiento de su “paraíso” perdido. Aunque constituyen una proporción minúscula de la población total, su potencial político es considerable y su poder de resistencia es proporcionalmente mucho mayor que su número.

La sociedad socialista emerge del seno de la vieja sociedad. No es fácil liquidar la idea de la propiedad privada formada durante miles de años de sociedad de clases, ni la fuerza de la costumbre ni la influencia ideológica y cultural de las clases explotadoras asociadas a la propiedad privada. Las fuerzas espontáneas de la pequeña burguesía de la ciudad y del campo engendran constantemente nuevos elementos burgueses. A medida que las filas de los obreros crecen en número y amplitud, se infiltran algunos elementos impuros. Y después de conquistado el poder y viviendo en un ambiente de paz, cierto número de personas en las filas de los cuadros del partido y de los organismos estatales degeneran. Al mismo tiempo, en el plano internacional, el imperialismo, encabezado por los EE.UU., y los reaccionarios de los diversos países se esfuerzan por eliminarnos empleando la doble táctica contrarrevolucionaria: amenazas de guerra y “evolución pacifica”. El grupo revisionista contemporáneo, con la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) como su centro, también procura derrocarnos por todos los medios posibles. Si en estas circunstancias olvidáramos la lucha de clases y abandonáramos nuestra vigilancia, correríamos el peligro de perder el poder y de dejar que el capitalismo se restaure.

Nuestra lucha contra la burguesía es prolongada. El Presidente Mao nos enseña: Cierto es que en China se han concluido ya básicamente las transformaciones socialistas en lo que a la propiedad se refiere; y han terminado, en lo fundamental, las grandes y tempestuosas luchas de masas entre las clases, características de los periodos revolucionarios. Pero, no obstante, perduran aún los restos de las clases derrocadas: los terratenientes y los intermediarios del imperialismo extranjero, existe aún la burguesía y la pequeña burguesía acaba de empezar a reeducarse. La lucha de clases no ha terminado todavía. La lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, entre diferentes fuerzas políticas, y entre el proletariado y la burguesía en el terreno ideológico, será aún larga y tortuosa, y a veces incluso muy aguda.

El proletariado aspira a transformar el universo según su concepción del mundo; la burguesía también tiende a transformarlo según la suya. Aún no ha sido zanjada definitivamente la cuestión de quién vencerá a quién en este terreno: si el socialismo o el capitalismo” Nuestra lucha contra los representantes de la burguesía en los frentes ideológico y cultural no es, de ningún modo, “polémicas en el papel” sin grandes consecuencias, sino una lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, entre el camino socialista y el capitalista. Es una lucha de quien vencerá a quien: el capitalismo o el socialismo; una lucha entre el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Tse-tung, por una parte, y la ideología capitalista y revisionista por la otra; una lucha entre los complots de la burguesía destinados a la restauración del capitalismo y los esfuerzos del proletariado por frustrarlos. Esto no debe ser subestimado en modo alguno ni debe haber la más mínima falta de vigilancia a este respecto.

Las actividades anti-Partido y antisocialistas de los representantes de los representantes de la burguesía en los frentes ideológico y cultural tienen por objeto abrir el camino a la restauración del capitalismo.

La experiencia histórica del proletariado nos enseña que la burguesía utiliza invariablemente dos tácticas para procurar su restauración contrarrevolucionaria. Una es la represión armada de la revolución proletaria. La primera dictadura del proletariado en el mundo, establecida en 1871 por el proletariado de Paris, fracasó al final debido a la represión armada contrarrevolucionaria. Después de la victoria de la Revolución de Octubre, Rusia fue sometida a un ataque conjunto de catorce países imperialistas capitalistas y a las contraofensivas de la Guardia Blanca de los terratenientes y la burguesía del país, que intentaban su restauración, y sólo al cabo de tres años de guerra, el recién nacido régimen logró ser salvaguardado.

Los contraataques armados de la burguesía, sean aislados o en colusión con las fuerzas reaccionarias internacionales, son una obvia forma militar de realizar una restauración. Es relativamente fácil verlo y observarlo, y la gente esta más alerta frente a esto. La otra forma de realizar la restauración es la “evolución pacífica”. Comienza por operar en la esfera ideológica a fin de preparar la opinión pública para la restauración, la subversión y el golpe de Estado contrarrevolucionario. Cuando las condiciones estén maduras, ellos tomarán el Poder y restablecerán la dictadura de la burguesía. A menudo la gente no percibe esta forma, no la nota y no está vigilante contra ella.

El papel de vanguardia en el incidente contrarrevolucionario de 1956 de Hungría fue jugado precisamente por un grupo de hombres de letras revisionistas del Club Petofi. La camarilla de Tito de Yugoslavia se dejó arrastrar hace mucho mediante la “evolución pacifica”. El grupo revisionista jruschovista utilizó el mismo método para realizar la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Jamás debemos olvidar estas lecciones históricas pagadas con sangre.

Métodos similares empleó también el puñado, ahora descubierto, de representantes de la derrocada burguesía de China. Se empeñaban en tomar en sus manos la ideología, la superestructura, el trabajo teórico y académico, la literatura, el arte, etc. Se esforzaban en el frente cultural para que en la escena predominaran los emperadores y reyes, generales y ministros, letrados y beldades, para que predominaran los ídolos extranjeros y los muertos, y hacían una propaganda anti-Partido y antisocialista. Utilizando la táctica de roer, trataban de ir devorando parte por parte nuestras posiciones en lo ideológico. Mediante sus tácticas de infiltración querían contaminar de a poco nuestras mentes con la ideología burguesa. Usaban triquiñuelas extremadamente encubiertas y astutas. Durante largo tiempo controlaron cierto número de medios de propaganda del Partido y levantaron la bandera roja para oponerse a la bandera roja. Bajo el disfraz de relatar cuentos, comunicar conocimientos y efectuar investigaciones académicas, lanzaban desenfrenados ataques al Partido. Corrompían a la juventud con la idea burguesa de “hacer su propio camino” y de lograr fama y carrera individuales, a fin ganarse a las masas y a la joven generación arrebatándolas a nuestro Partido. Usurpando el nombre del Partido, atraían a los monstruos de la sociedad a sus guardias gangsteriles y realizaban frenéticas actividades contrarrevolucionarias.

Lo que hacían era preparar el terreno político, ideológico y organizativo para la restauración del capitalismo. Los medios que empleaban, aunque diferentes en los aspectos secundarios, fueron en lo esencial los mismos que los del Club Pedofi de Hungría y los que había usado Jruschov. Sería muy peligroso si no viéramos esto.

En consecuencia, con respecto a los artículos y folletos anti-Partido y antisocialistas y las malas piezas teatrales y películas anti-Partido y antisocialistas hechos por los “eruditos”, “especialistas” y “escritores” burgueses, que estaban apoyados y protegidos por manipuladores entre bambalinas, no debemos adoptar la actitud de que “cuando los letrados planean una rebelión, no pueden tener éxito aunque se esfuercen durante tres años”, o “unos cuantos pececillos no pueden agitar grandes olas no volcar las embarcaciones”. Tampoco debemos considerar que, después de tomar el Poder, todo marcha bien y podemos dormir a pierna suelta. Si sólo prestamos atención a la construcción, la producción, la cultura y la educación, si sólo pensamos en enfrentar a la pandilla de Chiang Kai-sek y al imperialismo norteamericano y pasamos por alto el hecho de que la burguesía aún puede empeñarse en la restauración y subvertirnos desde dentro, y si nos embrollan las ideas y dejamos que los arribistas burgueses logren éxito en sus maquinaciones, entonces la historia nos juzgará como criminales.

Precisamente por esta razón, la lucha actual posee un gran significado profundo y de largo alcance.

Primero: La gran revolución cultural proletaria tiene por objeto defender la dictadura del proletariado.

Si no realizamos esta revolución y permitimos a los representantes de la burguesía poner en práctica sus complots para la restauración del capitalismo, ocurrirá algún incidente de tipo húngaro o algún golpe de Estado contrarrevolucionario del tipo Jruschov. En tal momento surgiría la posibilidad de que la pandilla de Chiang Kai-shek regresara al continente, que gran número de terratenientes, tiranos locales y sus bandas armadas nos lanzaran un contraataque de venganza, que nuestro Partido y nuestro país se arruinaran, que nos mataran y retrocediera drásticamente la historia. Estarían perdidos los frutos de las luchas revolucionarias libradas por el pueblo chino desde hace más de cien años, años en los cuales nuevas fuerzas avanzaron continuamente para tomar el lugar de aquellos que cayeron derramando su sangre y sacrificando sus vidas. El pueblo chino se convertiría una vez más en la bestia de carga del imperialismo, la burguesía y la clase feudal.

Como ha señalado el Presidente Mao, “si se dejase surgir a los terratenientes, campesinos ricos, contrarrevolucionarios, elementos nocivos y otros monstruos, y frente a esto nuestros cuadros cerraran los ojos e incluso, en muchos casos, no distinguieran entre los enemigos y nosotros, sino que colaboraran con ellos y quedaran corrompidos y desmoralizados; si con ello nuestros cuadros fueran arrastrados al campo del enemigo o el enemigo lograra colarse en nuestras filas, y si muchos de nuestros obreros, campesinos e intelectuales fueran dejados indefensos ante las tácticas blandas y las duras del enemigo, entonces no haría falta mucho tiempo, tal vez sólo algunos años o una década, o varias décadas a lo sumo, para que se produjera inevitablemente una restauración contrarrevolucionaria en escala nacional, el partido marxista-leninista se transformara en partido revisionista o fascista, y toda China cambiara de color”.

Segundo: La gran revolución cultural proletaria está ejerciendo y ejercerá un incalculable efecto profundo y de largo alcance en el mundo de nuestro tiempo y del futuro.

El primer país socialista, la Unión Soviética, fue arrastrado por el revisionismo jruschovista al camino de la restauración del capitalismo. Ahora, todos los pueblos y naciones oprimidos del mundo ponen sus esperanzas en la revolucionaria Nueva China. Bajo la dirección del Comité Central del Partido, enarbolando la gran bandera roja del marxismo-leninismo, del pensamiento de Mao Tse-tung, persistiendo en su firme posición contra el imperialismo, el revisionismo contemporáneo y los reaccionarios de los diversos países, aplastando recientemente la arrogancia del enemigo y elevando en gran medida la moral popular, el pueblo chino ha establecido un brillante ejemplo para los pueblos del mundo entero. Nuestro país se ha convertido en la base de apoyo de la revolución mundial. Nuestro Partido se ha hecho el abanderado de la revolución mundial. El pensamiento Mao Tse-tung es el faro de la revolución mundial. Si esos elementos anti-Partido y antisocialistas hicieran cambiar de color a China, quién sabe cuantas personas más tendrían que sufrir y cuantos años más demoraría la victoria de la revolución mundial.

En sus actividades anti-Partido y antisocialistas, el puñado de representantes de la burguesía actuaban de manera coordinada, en el plano internacional, con el imperialismo, el revisionismo contemporáneo y los reaccionarios de diversos países. Su desenmascaramiento fue un serio golpe al enemigo de clase en el extranjero; removió una bomba de tiempo escondida dentro de nuestro Partido. Con la profundización de la gran revolución cultural de China, la maquinaria de propaganda de los imperialistas, los revisionistas contemporáneos y todos los reaccionarios se ha puesto a trabajar bombardeándonos con maldiciones. Como ejemplo negativo, esto prueba el gran significado de esta lucha nuestra.

Tercero: La gran revolución cultural proletaria es para cada uno de nuestros camaradas un adiestramiento práctico en la lucha de clases.

Esta lucha nos quita, una vez más, la tierra de los ojos y nos da una comprensión aún más profunda de que la sociedad socialista es una sociedad con clases y lucha de clases. La revolución socialista en el frente económico y la transformación socialista de la propiedad de los medios de producción no bastan por sí solos, ni dan solidez; debe llevarse a cabo también una revolución socialista total en el frente político e ideológico. Y se requerirá un largo, pero muy largo tiempo –décadas o incluso siglos- para solucionar el problema de quien vencerá a quién en la lucha entre el socialismo y el capitalismo en el campo político e ideológico. Cuando una línea negra sea eliminada, podrá aparecer otra. Algunos representantes de la burguesía han sido puestos al descubierto, mientras otros, que no han sido desenmascarados, aún se anidan entre nosotros. Puesto que el enemigo usa medios sumamente solapados y arteros para restaurar el capitalismo, su desenmascaramiento por parte nuestra nos desarrolla la capacidad para realizar la lucha de clases y nos hace comprender la complejidad de esta lucha.