Salvador Cayetano Carpio

 

El Partido Marxista Leninista del Proletariado

 

Cuaderno No. 4

 


Escrito: Octubre, 1982.
Publicado por vez primera:  En El partido marxista leninista del proletariado, para uso interno de las Fuerzas de Liberación Popular "Farabundo Martí" (FPL) en El Salvador, 1982.
Versión digital: Centro Histórico Revolucionario Salvadoreño "Salvador Cayetano Carpio - Comandante Marcial".
Fuente del texto actual:  Salvador Cayetano Carpio, Nuestras montañas son las masas, 1999.
Esta edición: Marxists Internet Archive, mayo de 2009.


 

 

Platica del compañero Marcial en unión de miembros de las F.P.L. en el exterior

Introducción y algo mas sobre la nacesidad de que las FPL-Farabundo Martí se transformen en el verdadero patido marxista leninista del proletariado salvadoreño

Es sumamente emocionante para mi estar frente a los compañeros más activos, los cuadros del trabajo en el exterior especialmente en este lugar.

Estamos en un momento en que las fuerzas del pueblo están mostrando gran poderío en la lucha contra el enemigo imperialista y sus títeres. Un momento en que Reagan está tratando de llevar a cabo la regionalización de sus agresiones y especialmente la agresión contra Nicaragua y El Salvador; incluso con la amenaza de sus propias tropas, con la formación de la Comunidad Democrática Centroamericana, con la conversión de Honduras en base de agresión y la conversión de Costa Rica en una situación similar. Nuestros heroicos combatientes que luchan en condiciones bastantes difíciles, de gran heroísmo, de gran abnegación, sacrificios, sin zapatos, casi sin alimentación, debajo de los bombardeos diarios del enemigo, muestran lo invencible de la causa del pueblo, al asestar golpes demoledores y cada vez más crecientes al ejército títere.

En estos días, las fuerzas del Apolinario Serrano, nuestro gran mártir y héroe, ejem­plo de la lucha y de dignidad para todo el campesinado y todo el pueblo salvadoreño, el nombre que honrosamente lleva nuestro frente, ha estado asestando golpes muy fuertes, dando saltos de calidad en la guerra: la destrucción del enemigo en más de una compañía de efectivos atrincherados, la lleva a cabo por primera vez el pueblo Salvadoreño en toda su historia. Hasta hoy habíamos logrado cercar y aniquilar unidades pequeñas, medianas e incluso compañías, pero derrotarlas y aniquilarlas en una posición bien atrincheradas y que durante meses se habían preparado contra el ataque revolucionario, hasta hoy no lo había hecho el pueblo salvadoreño en toda la guerra de liberación.

Esto representa que nuestra guerra va avanzando, porque nuestras fuerzas van adquiriendo tal capacidad, tal destreza, tal poder de fuego, que nuestras queridas Fuerzas Amadas Populares de Liberación se están convirtiendo cada vez mas en una formación militar regular, unidades guerrilleras locales, las milicias populares y el pueblo organizado.

Es verdaderamente emocionante cómo esta unión de pueblo, ejército revolucionario, con su eslabón milicias populares, se expresa en esta lucha. Precisamente este día recibimos un mensaje en el que se nos dice que en las batallas de Chalatenango la población que el enemigo trata de aniquilar, tuvo importante participación en apoyo de las acciones de nuestros combatientes.

Junto a las Fuerzas Armadas Populares de Liberación y en la integración dentro del FMLN, las demás fuerzas populares revolucionarias están llevando a cabo también acciones que en su conjunto conforman, no podríamos decir una ofensiva generalizada, pero si una serie encadenada de golpes contundentes, que hacen que en estos días sea muy grande el número de bajas del enemigo y el debilitamiento de sus fuerzas. Sólo en los últimos 4 o 5 días ya pasa de más de ciento y pico el número de prisioneros, entre los cuales tenemos nosotros un poco de más de 80. El número de armas de guerra ya casi llegando a 200 en.estos 4 o 5 días, habiendo nosotros capturado más de 100 armas en las acciones últimas que hemos realizado en Chalatenango, en Cabañas y en Usulután.

Junto a estos golpes se estructuran cada vez más fuertemente nuestras fuerzas a través de las unidades de vanguardia, de las unidades especiales, de las unidades de apoyo de fuego, o sea artillería y las guerrillas locales adquieren una modalidad de mayor agilidad a través de las columnas guerrilleras en cada una de las subzonas.

Al mismo tiempo tratamos de tender más estrechos lazos en la población con la formación de Poderes Populares y con el fortalecimiento de las milicias populares.

Estamos en un momento de gran entusiasmo revolucionario, pero hay que tomar en cuenta que en todo momento, en momentos de entusiasmo y de auge, así como en los momentos más duros en que se necesita toda la fe puesta en el pueblo y en el triunfo, en momentos duros y complejos, hay algo que tiene que dirigir al pueblo para que dé pasos de avances en su revolución y ese algo es el Partido.

En nuestro caso precisamente, en El Salvador, porque el Proletariado forma la inmensa mayoría de la población, el partido del proletariado es el alma, el orientador y el director de toda la lucha revolucionaria.

Anoche recibimos la noticia de un nuevo golpe al enemigo, al haber derribado los compañeros en Las Vueltas, un helicóptero; la información del enemigo dice que los 4 tripulantes murieron. 1 teniente, 1 cadete y otros dos efectivos, pero todavía no lo tenemos confirmado. Es un nuevo triunfo para nuestras fuerzas, las fuerzas del pueblo, las fuerzas en conjunto, no sólo de las FAPL, sino del FMLN. Es un salto de calidad en la lucha que está dando nuestro pueblo y que esperamos que en los próximos meses logre conducir a un desgaste mucho mayor del enemigo y aun salto de calidad de todas las fuerzas revolucionarias.

De manera que en este momento, cuando nosotros estamos pensando en todos nuestros compañeros combatientes caídos en la lucha por la liberación de nuestro pueblo, cuando estamos conmemorando y recordando por el ejemplo de los compañeros: Eva, Francisco, Toño, de los compañeros que cayeron en el año pasado también en las ofensivas del enemigo, compañero Lucas, compañera Milagro, compañero Toño y otros compañeros más como el internacionalista compañero Horacio (Chileno), que murió en la misma columna donde nosotros íbamos y como estamos conmemorando la muerte de otros compañeros y de los mismos compañeros que han caído en estos combates del Jícaro y de Las Vueltas y del gran Internacionalista Comandante Che Guevara (Ernesto), yo quisiera que nosotros en un momento de recordación, de concientización interna en relación con su ejemplo, quisiera que hicimos un minuto de silencio y que al mismo tiempo sintamos todo el profundo reconocimiento por el heroísmo de nuestros compañeros, de nuestros combatientes en estos días de lucha, así también recordemos el enorme ejemplo que nos han dado nuestros compañeros, que levantando la bandera de las FPL y de las FAPL, incluso con su sangre escribieron en los muros el nombre de las FPL y nos imprimieron una mística profunda, un legado, una herencia hacia el futuro para el engrandecimiento de esta organización. Ellos murieron con la confianza de que nosotros tenemos que levantar su bandera, la bandera de las FPL como la bandera del proletariado; ellos murieron con esa fé y esa mística y en el último momento escribieron con su sangre el nombre de las FPL.

Esa bandera tenemos que agarrarla como propia y seguir ese ejemplo y engrandecer, fortalecer la gran mística y conciencia de nuestra organización y dar nuestra vida si es posible, si es necesario, nuestra vida y nuestra sangre por la causa de convertir a las FPL en el verdaderamente Partido Marxista Leninista del Proletariado y a las Fuerzas Armadas Populares de Liberación en la fortaleza, en la fuerza más grande, en la garantía más grande del proletariado para continuar su revolución hasta el Socialismo. Con ese espíritu les pido que se levanten y que hagamos un minuto de silencio en honor de nuestros héroes mártires. (00.01 minuto hubo silencio).

¡Compañeros Caídos en la Lucha, Hasta la Victoria Siempre!

¡Revolución o Muerte!

¡El Pueblo Armado Vencerá!

Vienen en tres apartados el tema que hoy vamos a conversar:

Primero: Este es un apartado muy rápido de la necesidad histórica de que las FPL se transforman en el verdadero Partido Marxista-Leninista del Proletariado Salvadoreño.

Segundo: Este es un apartado que habla del PC qué y cómo este partido debe estar íntimamente e indivisiblemente enlazado con el pueblo.

Tecero: Este apartado trata de las bases de su funcionamiento interno. El Centralismo Democrático por un lado y luego lo que es la Dirección Colectiva, y bien estrechamente a esto, los métodos de trabajo de Partido.

Vamos a comenzar el primer apartado:

Tengo entendido que Ustedes han leído ya materiales relacionados a este tema, por eso sólo lo voy a casi enumerar.

La Epoca que estamos viviendo

Esta época que estamos viviendo es una época grandiosa; es la época de la transición del capitalismo al socialismo en el sentido mundial. Esta época se inició con el gran triunfo de la revolución socialista de Octubre en 1917 en Rusia, dirigida por el Partido de nuevo tipo, por el Partido del Proletariado, el Partido Bolchevique que fue forjado por Lenin; desde entonces la humanidad está avanzando hacia el socialismo. Lleva a cabo una lucha tenaz contra el sistema capitalista que se va reduciendo irremisiblemente tanto en lo geográfico como en sus capacidades generales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el socialismo se convirtió en un sistema mundial de países socialistas. Es decir, si en 1917 se rompieron las cadenas del capitalismo y se comenzó a construir el primer gran estado socialista, después.de la Segunda Guerra Mundial (1945) se formó el sistema mundial del socialismo con una cantidad de países que fueron liberados de la bota del Nazi-fascismo.

Desde entonces para acá el socialismo ha ido avanzando en todo el mundo, se ha extendido a países de Asia; pero incluso ha llegado a las propias puertas de los Estados Unidos con el gran triunfo de la Revolución socialista de Cuba y los avances en la construcción de esa sociedad. Eso ha estimulado la lucha de todos los pueblos y el movimiento de liberación nacional ha alcanzado grandes éxitos en la lucha contra el colonialismo, el neo-colonialismo, por su independencia en dirección al socialismo en muchas de esos.

En 1975 triunfa el pueblo vietnamita; después de muchos años de guerra popular triunfa contra el imperialismo y sus títeres internos, y hace entrar a la humanidad también en una nueva etapa. Desde entonces varias revoluciones, a pesar de todos los esfuerzos del imperialismo a lo contrario, han triunfado: Yemen del Sur, Etiopía, Angola y otros países mas como Grenada, y-finalmente la historia de América Central se dividió en dos con el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979.

La Revolución de América Central, que es un sólo proceso indivisible, con el triunfo de la Revolución Sandinista dentro de una nueva etapa superior. Y la Revolución del Pueblo Salvadoreño en enero de 1981 pasó a una nueva etapa de su Guerra Popular Prolongada que se inició a partir de lo simple a lo complejo desde 1970, cuando puso en aplicación la estrategia político-militar integral.

Estamos pues en un momento de gran avance de la Revolución en el mundo entero, de gran avance del socialismo, del movimiento de liberación nacional, de la lucha de los pue­blos al interior de los países imperialistas y, dentro de ese contexto, de gran avance de la revolución en Centro América.

En este momento ¿Qué papel está jugando El Salvador en este contexto?

Es un papel de enorme importancia. Los éxitos o derrotas que tenga el movimiento revolucionario Salvadoreño tienen que repercutir no sólo en el desarrollo de la revolución en América Central, sino que también en toda América Latina.

Esa es precisamente la responsabilidad que la historia nos ha planteado.

La Lucha del Pueblo Salvadoreño

Al poner en aplicación las FPL, con su fundación, con la lucha ideológica previa que llevó en contra de las corrientes oportunistas que querían retrancar la marcha de la historia; al formarse las FPL, con una concepción político-militar para hacer avanzar las luchas del pueblo, teniendo como medio fundamental la lucha armada, partiendo de cero; y al irse incorporando el pueblo; y al irse formando otras organizaciones con orientaciones similares y avanzando de lo simple a lo complejo en el dominio de las armas, se llegó a dar el salto en 1981 que significa una nueva fase en esta guerra prolongada: la fase de las bata­llas de las ofensivas militares e insurreccionales cada vez más profundas y más intensas hacia la toma del poder. Ese es el cariz que tomó nuestra guerra prolongada. Es decir, después de 10 años de desarrollo de lo tierno hasta llegar a la altura de acumulación de fuerzas políticas-militares, la Guerra Popular Prolongada pasó a una nueva fase que es la fase de las luchas por la toma del poder. Es necesario recalcar que esta guerra por ser prolongada no debe tomarse como una guerra interminable, ni como una guerra indefinida sino que tiene una característica clara ¿Porqué es prolongada? ¿Porqué fue prolongada? ¿Y porque lo es todavía?

Por la necesidad de incorporar al pueblo a la revolución. Por la necesidad de cambiar la correlación de fuerzas que era muy favorable en ese momento (en 1970) a las fuerzas del enemigo; cambios que sólo podían lograrse a través de la lucha política-militar combinada.

En el momento de iniciar nuestro pueblo el camino de tomar las armas y de iniciar esta guerra, cualquiera grupo aventurero, oportunista de izquierda, militarista, hubiera concebido lo que se llama un puch (o sea la concepción de un sólo golpe) con un pequeño grupo de gente armada, aislada de las masas, hubiera caído en el aventurerísmo. Sí en 1970 se hubiera querido tomar el poder, se hubiera caído o bien en la concepción de unos cuantos héroes aislados del pueblo que tomaban las armas y que salvaran a ese pueblo, y que ahora les clamara el pueblo como sus salvadores, embobadamente aplaudiendo grandes hazañas: concepción aventurerismo y de elitismo, concepción pequeño-burguesa de élite encima del pueblo, encima de las masas, encima del proletariado.

La concepción que adoptó nuestra organización es la concepción Marxista: el pueblo es el que hace la revolución, no es ningún grupo élite, sino que es el propio pueblo el que tiene que incorporarse para conseguir, con sus propias manos y su propia sangre, su liberación. Esa es la concepción Marxista-Leninista de la Revolución.

Esa concepción se comenzó a llevar a la práctica en 1970. La concepción Marxista-Leninista de la lucha de clases y de la revolución es, que es el propio pueblo el que hace su Revolución. Las organizaciones de avanzada, las organizaciones revolucionarias, especialmente su organización, que es la organización del proletariado, lo que hacen es tratar de incorporar al pueblo, de organizarlo y de orientarlo en esta guerra, en esta lucha, en esta revolución.

Con esa concepción Marxista-Leninista, en 1970, no se podía pensar en un sólo golpe al enemigo, dado por los primeros comandos se iba tomar el poder; sino que era necesario lo que se llama desarrollar fuerzas políticas y militares para cambiar la correlación de fuerzas políticas y militares para cambiar la correlación de fuerzas a favor del pueblo. Esta sólo era posible a través de la concepción de la Guerra Popular Prolongada: por eso, cuando hablamos de prolongado, no debemos de sentirnos avergonzados porque se ataque a ese concepto por parte de corrientes que no enfocan bien el proceso revolucionario, sino que debemos de sentimos orgullosos de que, contra todas las opiniones, contra todos los oportunistas, contra todos los dogmatismos, nosotros sostuvimos y llevamos a la práctica el Concepto integral político-militar de la Guerra Popular Prolongada para incorporar al pueblo a su revolución, organizando gradualmente a las grandes masas y con la construcción del Ejército Popular de Liberación, qué no se construye en una semana.

Debemos sentirnos orgullosos de haber levantado esa bandera, bandera que finalmente fue reconocida por todo el pueblo y por todas las organizaciones, incluso aquellas organizaciones que con mas dogmatismo combatieron a los compañeros que se lanzaban a la lucha político-militar. Se trató de atajar a toda costa este proceso, se calumnió a los compañeros que se lanzaron a la lucha, incluso públicamente se les denunció. El compañero José Dimas Alas era Secretario General de la Federación Unitaria Sindical. Cuando con su gran prestigio entre la clase obrera tuvo que retraerse, para forjarse en la lucha revolucionaria armada y política, pues muy seriamente tenía que aprender bien la técnica militar, cuando tuvo que retraerse lanzándose a la clandestinidad más cerrada, más necesaria; sobre el compañero llovieron las calumnias mayores en los locales sindicales, las delaciones, burlas, que sobre esa burla, sobre esos ataques, sobre esas delaciones de los oportunistas y dogmáticos, el grupo inicial que formó las FPL, sabiendo que tenía el arma de la razón en sus manos y que el pueblo necesitaba sus instrumentos de lucha, logró abrirse paso y logró finalmente hacer que la guerra revolucionaría fuere el medio fundamental para alcanzar el poder del país.

El Salto a una Nueva Fase de la Guerra Popular

En 1981 se pudo dar un salto superior a nuestra guerra, como dije: la fase de las batallas cada vez más decisivas. No se trata de una batalla, ni de dos, ni se trata de un día ni de un mes. Se trata de una fase de batallas cada vez más decisivas tanto en el terreno militar como en el insurreccional hacia la toma del poder. Esta es una fase muy compleja, porque de un lado es necesario darle golpes contundentes al enemigo en lo militar, pero también ganar las masas para que las masas puedan llegar hacia la insurrección a través de sus propias modalidades y a través también de la situación dura de represión y terror del enemigo en esta etapa, sobre todo en las ciudades. Es necesario crear en las zonas de control y en los órganos nuevos del pueblo, los umbrales de una nueva sociedad.

Es necesario disputar las grandes masas en las zonas en disputa en las regiones de expansión y es necesario también organizar, mover a las grandes masas en el corazón del enemigo, en el corazón político-militar del enemigo: en las grandes ciudades, especialmente en San Salvador y en la zona metropolitana. Es decir, es una fase muy compleja en la cual se puede caer en el error de creer de que con sólo un llamado al pueblo, a la insurrección, el pueblo ya se va a levantar y que vamos a terminar la guerra en uno o dos meses.

En esta fase es necesario tener gran serenidad, una gran frialdad, pero también una gran conciencia de la responsabilidad. Porque también se pueda caer en el aventurerismo, con una concepción inmediatista de que la victoria está, digamos, dentro de una semana o en un mes, o que por esta campaña que nosotros vamos hacer, digamos en esta semana, que ya se desmorona el ejército. Esas apreciaciones inmediatistas hacen caer la lucha O en el aventurerismo y hacen peligrar los avances de la revolución. Por otro lado, se puede caer en no tener habilidad, el olfato, la inteligencia, la orientación revolucionaria, que sólo da el análisis Marxista de clases en las coyunturas. Se necesita mucha agilidad en las coyunturas, pero no una agilidad cualquiera, sino que una agilidad del proletariado, del Marxista que no olvida nunca de que la lucha en los primeros, en los segundos y en los últimos momentos es una lucha de clases.

La Guerra Popular Revolucionaria es la expresión más elevada de lucha de clases. Es cuando el proletariado y sus aliados han tomado las armas junto a los medios políticos, y las armas llegan a ser la expresión suprema, la más aguda, más elocuente de esa lucha de clases. Cuando ya las cosas no se pueden dirimir más que con la sangre y con la desaparición histórica de una de las clases. Pueden pasar situaciones intermedias, gobiernos intermedios, que no son todavía los gobiernos del proletariado y del campesinado, pero en todos esos momentos el hilo rojo que va pasando y que va uniendo las distintas fases del proceso revolucionario, es la lucha de clases.

El que no analiza los procesos con el arma del Marxismo-Leninismo de la lucha de clases, cae en el análisis que favorece los intereses de la burguesía y que no va en desarrollo de la clase obrera de la revolución. Cae en el remolino del maniobrerismo pequeño burgués, o burgués, aparentemente desligado de la „molesta" lucha de clases, pero en realidad instrumento de los intereses de la burguesía.

Si miramos a El Salvador concretamente (para no estar hablando de generalidades), El Salvador se distingue precisamente en Centro América por ser un país en el que el proletariado abarca la inmensa mayoría de la población económicamente activa; es un país proletarizado; incluso se diferencia en ese sentido de sus hermanos y vecinos de Guatemala, Honduras y Nicaragua. Porque resulta que desde el desarrollo del café, luego la caña de azúcar y del algodón, se formó por las necesidades de la producción, por las necesidades de los mismos explotadores de la naturaleza de la agroexportación. Se formó una gran capa de varios cientos de miles de asalariados agrícolas, de jornaleros que no tienen más patrimonio que el salario para poder vivir y el campesinado, precisamente por la falta de tierra, que es mucho más aguda que en otros países centroamericanos, puesto que 20,000 km2 totalmente acaparados por pocos propietarios, han hecho que la tierra sea precisamente una de las cosas más escasas para los trabajadores del campo.

Por esto se formó una gran capa de semi-proletariados, o sea de campesinos pobres que durante un tiempo del año tienen que ganar salario, es decir, que se convierten en asalariados y otra parte del año hacen sus pequeños cultivos para poder sobrevivir. Por eso la mayoría de la población del campo se convirtió en proletaria y semi-proletaria. Esa es una característica. Luego a partir especialmente de 1950, con el desarrollo de la industria ligada a los grandes monopolios, especialmente norteamericanos, japoneses y otros imperialistas, se fue desarrollando también una clase obrera-industrial bastante grande de unos 200.000 obreros y esto, unido a que evolucionaron también la parte de obreros de los talleres, que a fines del siglo pasado y principios de éste eran artesanales, pero que a estas alturas ya no son artesanales, sino que son talleres de obrero cada vez más evolucionados y con mayor conciencia de clases, y cada vez más concentrados. Así pues, en El Salvador lo que domina es el proletariado industrial y agrícola que supera a las demás capas de la población.

Entonces, en todo país es necesario que el proletariado tenga una expresión propia del partido, así como la burguesía y la pequeña burguesía tienen sus partidos que son la expresión de sus intereses de clases.

Si hay un país en el cual el proletariado necesita su propio partido, su propia expresión, ese país es El Salvador. Una necesidad, imperiosa, por que es la expresión de la mayoría de la población, la necesidad de tener un defensor insobornable, identificado absolutamente con sus intereses de clases, de la clase obrera y del campesinado pobre.

Y en El Salvador hasta hoy, fuera de los momentos iniciales cuando Farabundo Martí inspiró la fundación del Partido Comunista de El Salvador de 1930 al 1932, no ha tenido desgraciadamente el proletariado una expresión genuina de sus intereses. Desgraciadamente los círculos dirigentes y de decisión de los que se siguió llamando Partido Comunista después de 1944, cayó en los círculos maniobreros pequeño-burgueses de intelectuales que ya estaban influidos por todas las tácticas y métodos de la burguesía y que precisamente no representaban ni los métodos, ni las costumbres, ni la esencia del proletariado, ni querían representarlo.

Y de esa manera el Partido Comunista de El Salvador, aún cuando tenía en su seno cuadros obreros que tenían grandes luchas de la clase obrera dirigiendo sus huelgas, las grandes manifestaciones populares de todo gremio, sus reivindicaciones, sus intereses fundamentales revolucionarios; a pesar de que el Partido Comunista tenía en su seno esta parte del proletariado, los órganos de decisión, de dirección y de orientación de la organización, sin embargo estaban en manos de gente no proletarizada, no sólo por no ser de procedencia proletaria, sino sencillamente no proletarizada y cuyas líneas de dirección no estaban encaminadas a hacer avanzar la Revolución hacia el Socialismo, sino que a establecer la democracia burguesa y el reformismo burgués y, por consiguiente, estaban empapados de los intereses de la burguesía en esta etapa y se olvidaron de los intereses del proletariado hacia el socialismo.

Pero en este momento el pueblo Salvadoreño, el proletariado Salvadoreño y el campesinado han avanzado y han evolucionado enormemente. Después de 1970, la historia ha marchado aceleradamente, y en ese momento nos encontramos en la fase que hemos entrado al periodo de las batallas cada vez más intensas por la toma del poder, con un poderoso Ejército Popular de Liberación y otras fuerzas armadas con una profunda experiencia de luchas de masas y con nuevos terrenos de desarrollo de la lucha de masas y de la lucha política y de la lucha diplomática y de solidaridad.

Y en este momento, como en todo, es necesario tener presente una cosa: La lucha de clases impregna todas las instancias de la lucha revolucionaria en su proceso, en su desarrollo y en su futuro.

Y nosotros tenemos que analizar esta revolución y esta guerra en todas sus instancias, frente al enemigo, en el desarrollo de la Organización del Pueblo y en las contradicciones que se dan en el interior del pueblo. Tenemos que analizarlo con el arma del Marxismo y de la lucha de clases.

El Marxismo-Leninismo es el método científico del proletariado para analizar y transformar, para analizar los procesos y transformar la sociedad. El que se aparta o dogmatiza el Marxismo, sencillamente se vuelve cada vez más incapaz y menos ágil para interpretar cada día los acontecimientos que es necesario interpretar y para preveer hacia el futuro el desarrollo, para poder desarrollar la sociedad, porque el Marxismo no es sólo un arma para interpretar y analizar, no es un arma de catedráticos o burócratas discutidores de teorías despegada de las masas y por las clases. El Marxismo es el transformador de la sociedad, por eso el que se aparta del análisis Marxista, que comienza a adoptar posiciones de análisis burgués o pequeño burgués, se priva de la capacidad de dirigir al proletariado y al pueblo y lo conduce hacia los intereses de la burguesía, hacia el retroceso o estancamiento de la Revolución o, en último caso, se va convirtiendo en una pobre cola de los oportunistas y de la burguesía, de los maniobreros „Pragmáticos burgueses". ■'

Durante muchos años, la dirección del Partido Comunista de El Salvador (PCS), antes de la formación de las FPL, era simplemente una cola de la burguesía. Todo el mundo lo veía, era claro: la política burguesa era la única que lo impulsaba utilizando el rótulo de Marxismo-Leninismo y del Proletariado.

Porque o bien conscientemente atendía los intereses de la clase burguesa, o bien se olvida que la lucha de clases es el motor y es el elemento que impregna todos los terrenos y los fenómenos de la sociedad. ¿Porqué?

Porque la lucha de clases es el motor del desarrollo de la historia, por tanto es el motor de desarrollo de la revolución hacia adelante.

Y en esta época de transición del Capitalismo al Socialismo, ése adelante se llama SOCIALISMO, aunque tengamos que pasar todavía por algunas etapas intermedias, y la lucha de clases es la que precisamente hace avanzar ese desarrollo hacia el futuro de la Revolución. Incluyendo la lucha de clases en el seno del pueblo. Es decir, que en el seno del pueblo hay necesidad de unir a las amplias masas y a las organizaciones más afines, más revolucionarias. En un país donde hay varias organizaciones, se establece un primer círculo de unidad que es revolucionaria y el más amplio círculo hacia los más amplios sectores del pueblo. Este círculo revolucionario, y el circulo de unidad amplia del pueblo tiene que ser asentado firmemente sobre una base: Sobre la alianza obrero-campesina.

Toda alianza, toda unión, todo frente, que se forma en nuestro país, si no está basado sobre la sólida alianza obrero-campesina es una alianza con retroceso, una alianza todavía muy reversible, una alianza de vaivenes.

La Lucha de Clases en las Alianzas

Es que los cimientos tienen que ser sólidos como un edificio. Si nosotros sembramos un edificio sobre la arena, en cimientos de arena, es natural que este edificio pronto va a desplomarse, a irse a un lado, o lo que sea, pero no va a cimentarse firmemente para construirse con verdadera solidez. Pero si nosotros le ponemos cimientos sólidos e inconmovibles, entonces ese edificio no se desploma ni se hace de un lado para otro.

Es lo que pasa con los frentes: tanto el Frente Revolucionario como el Frente Amplio tiene que estar basado en la Alianza Obrero Campesina. En nuestro país eso es una ley, una ley del desarrollo. Si no está basado sobre esos intereses, sobre esa base sólida combativa, entonces ese Frente, por más aspiraciones que tengamos de hacerlo avanzar, tenemos que profundizar los cimientos para poder construirlo bien firme.

Entonces también al interior del pueblo se dan contradicciones, al interior de los frentes: del frente amplio del pueblo, por estar compuesto por diversas capas, sectores y clases y al interior de la alianza revolucionaria político-militar. Porque también allí adentro juegan los intereses de clases, porque también la burguesía tiene interés en hacer penetrar sus intereses a través de una ideología y de una política al interior de estas instancias de unidad y entonces, también aquí hay que analizar la unidad no en forma idealista, no en forma abstracta, generalizada, sino que dentro del contenido de la lucha de clases allá adentro y ver cómo la lucha de clases del proletariado puede, con buenos métodos, hacer que esos frentes puedan avanzar por el camino que corresponda a los intereses de la revolución y no a los intereses del imperialismo. Por eso es necesario establecer al interior de los órganos de unidad la lucha de clases del proletariado, es necesario que los intereses de la clase del proletariado y del campesinado pobre sean los fundamentales en esta revolu­ción, formados por distintos intereses de clases.

Una de las cosas fundamentales de línea que las FPL tiene como parte estratégica es, que es necesario forjar la unidad del pueblo para alcanzar el triunfo definitivo de la Revolución.

Y otra cosa es que nosotros no podemos analizar desde el punto de vista idealista bur­gués nuestra participación y la lucha en el seno de la unidad, sino desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera: o. sea, desde el enfoque clasista Marxista-Leninista de nuestra sociedad, para poder hacerla avanzar. Si no nos engañamos nosotros mismos, creyendo que estamos construyendo una gran unidad y cuando sentimos, vemos que todo es bofo, que todo está desmenuzado allá adentro, de esa blandenguería caemos en un proceso de entrega de los intereses del proletariado y de su ideología y nos ponemos a la cola de todos „para no estar peleando". Es decir que comenzamos por calificar de „pleito" la lucha ideológica para desacreditarla y ya después nos vamos acomodando dulcemente a los intereses de la burguesía dentro de esa alianza, con lo cual le hacemos el peor daño a esa misma alianza, y el peor daño a la revolución y a los intereses de la clase obrera.

Unidad es un binomio: está integrado por dos elementos inseparables en el interior del pueblo: unidad, acompañada de lucha ideológica, de defensa indeclinable de los intereses proletarios.

Ahora bien, es distinta la lucha y los medios de lucha contra el enemigo, que la lucha de clases en el seno del pueblo. Contra el enemigo tenemos la estrategia político-militar de guerra popular. Es decir las armas y todos los otros medios combinados. Dentro del seno del pueblo y en los órganos de los frentes de unidad, nosotros lo que usamos es la lucha ideológica en forma correcta, consecuente, pero firme e indeclinable. . Es la única forma de hacer prevalecer los intereses del proletariado en todo momento y de imprimirle su sello a la Revolución, y eso tiene que hacerse mayormente en un país en donde el proletariado todavía no tiene su verdadero partido Marxista-Leninista. Si eso no se hace, entonces la Revolución tiene por fuerza que inclinarse a caer en manos de los sectores pequeño-burgueses y burgueses de la revolución y así se escamotearían los intereses del proletariado y se detendría la marcha de la Revolución hacia adelante, hacía el socialismo, al llegar la victoria de su etapa actual, si en manos de las clases burguesas queda la hegemonía. A pesar de tanta sangre y tantos muertos del proletariado y del campesinado y de sus sectores más cercanos en las alianzas, como son el estudiantado, los maestros, las capas medias más avanzadas, la Revolución no profundizaría lo suficiente en sus conquistas para ir avanzando hacia el socialismo.

Por eso es indispensable la lucha de clases en todo momento. Enfocar todos los fenómenos con el instrumento científico del proletariado que es el Marxismo-Leninismo y llevar a cabo consecuentemente la lucha ideológica en el seno de los órganos del pueblo.

Tenemos el ejemplo de decenas de Revoluciones de Liberación Nacional en el mundo: en África, en Asia especialmente, en donde los gobiernos burgueses han conducido la independencia de esos pueblos hacia el fortalecimiento de la burguesía y nuevamente hacia el acercamiento del imperialismo y no sólo han relegado los intereses de proletariado, sino que han llevado a cabo las represiones más bestiales contra el proletariado para que éste no haga avanzar la Revolución hacia el socialismo. Tenemos el ejemplo de Indonesia dónde más de 400.000 obreros y campesinos fueron asesinados para poder definitivamente hacer retroceder la Revolución de Liberación Nacional. Tenemos el ejemplo de Egipto, Sudan, Siria, Irak, Irán en donde precisamente por no ser el proletariado el que marca el proceso, esas Revoluciones a pesar de que son Revoluciones de Liberación Nacional, se convierten en verdugos, en tiranía, en dictaduras feroces, opresoras contra los intereses de la clase que fue la que generosamente derramó su sangre: la clase obrera y el campesinado.

Nuestra Revolución no es una excepción, si nosotros no defendemos los intereses del proletariado en esta revolución, si no estamos tan claros en eso, si nos metemos en el endulzamiento pequeño burgués y nos acomodamos a el, esta Revolución no va a conducir a que el proletariado le imprima su sello. Nosotros estamos conscientes, desde el principio estuvimos conscientes, desde los primeros órganos de dirección, de las FPL en 1970, conscientes de que nosotros nos debemos al proletariado, que estamos comprometidos hasta la muerte con los intereses del proletariado y que es el proletariado el que debe imprimirle el sello a nuestra organización, y nuestra organización, impulsando consecuentemente la estrategia político-militar de Guerra Popular y con su estructura y funcionamiento interno de verdadero Partido del Proletariado, para conducir esta Revolución hacia adelante. Si nuestra Organización se afloja en eso, la Revolución se convierte en un fenómeno amorfo que finalmente la dirige la clase que estaría más preparada y con gran experiencia, y esa clase es la burguesía. Entonces se convertiría esta Revolución tan gloriosa, tan heroica, en una revolución como muchas de Liberación Nacional que han sucedido en países de Asia y Africa.

Tenemos que tomar en cuenta que no tiene todavía la clase obrera ese partido que le ayude a imprimir el sello a esta Revolución, hay que hacerlo con toda claridad, el FMLN no es un partido: es un Frente y hay que tomar en cuenta que las características de los Frentes son distintas a los de Partido. Se forma un frente cuando hay distintas organizaciones que necesitan unirse y aliarse en determinada plataforma de lucha; pero es Frente precisamente porque todavía no puede convertirse en Partido. El Partido necesita centralización, no sólo centralización orgánica, eso es bien fácil decir „vaya pues, que se una el Partido Comunista y las FPL. Formemos una sola Comisión Política. Que se unan todas las 5 organizaciones del FMLN y entonces que se nombre el Secretario General, el Secretario General de Organización y tales otros, y mezclemos los organismos que tenemos en cada frente y formemos direcciones de Zona o Comités departamentales". Decir eso es fácil, pero esto es cosa de estructuras, no es cuestión simplemente orgánica.

Se trata sencillamente de que al interior de los' Frentes existen distintas ideologías, que conducen a distintos enfoques políticos y a distintos enfoques de la guerra. No podemos obligar a que otra organización piensa igual que nosotros: tienen su enfoque propio y están pensando que la guerra es necesario terminarla, digamos ya dentro de un mes y que la guerra prolongada es dañina y están pensando de que la prolongación de la guerra va a debilitar nuestra fuerza. Es su enfoque. No se basa en la realidad de que mientras más comba­timos, más nos fortalecemos y que es necesaria la ofensiva contínua.

Nosotros tenemos otro enfoque, nosotros tenemos fe en la incorporación del pueblo a la guerra. Sabemos de que cuando el pueblo se incorpore, se designa y entonces nosotros tenemos el enfoque de que el enemigo lo vamos a llegar a derrotar y vamos a llegar a tener una acumulación de fuerzas superior y decisiva a base de lucha. Nosotros tenemos el lema solo luchando, solo combatiendo nos fortalecemos, ese es nuestro lema y sabemos por la propia experiencia de esta guerra que a medida que combatimos, es el enemigo al que vamos desgastando, derrotando, y somos nosotros lo que nos vamos fortaleciendo. Es un enfoque distinto: ¿que vamos a hacer? No les podemos quitar de la cabeza a los otros, el deseo de tirar los fusiles, porque creen que ya es mucho. No. Allí no puede haber en este momento un Partido Único. Incluso, aunque no se mezclaran mecánicamente las estructuras, desgraciadamente nosotros caímos en ese error del idealismo en 1980: pensar que a base de unir estructuras y entregar nuestros cuadros y entregar nuestras redes y nuestros bienes a la DRU, se iba a formar la verdadera Dirección Central Unificada. Caímos en ese error y tenemos que decirlo, fue un error de idealismo, un error de no análisis Marxista, de no análisis de clases respecto a la unidad.

Entonces podríamos formar nominalmente estructuras incluso partidarias, pero sí existen tres o cuatro ideologías, ese no es un Partido, no es el Partido de la Revolución, no es el Partido mucho menos de la clase obrera. Porque el Partido de la clase obrera necesita una sola ideología. Pero real, no sólo en palabras, no sólo en teoría, sino también teoría y práctica: la ideología del Proletariado, la ideología del Marxismo-Leninismo. Ya ahora esa ideología no está bien asentada en tanta corriente que pulula entre los aliados, aún cuando de palabras nosotros estamos ya cansados de oír, durante decenios la gente que se dice Marxista-Leninista. Por eso precisamente nosotros luchamos contra los Marxistas del cafetín, que antes, cuando había alguna tolerancia por parte de los orejas, se ponían a gritar al calor de las cervezas en los cafetines, los intelectuales de nuestro partido (digo „nuestro" porque yo era Secretario General del PCS). Entonces se ponían a gritar los intelectuales, haciendo y deshaciendo la revolución, cuando salían del cafetín la Revolución ya estaba hecha.

Por eso, no es cuestión sólo de teoría, sino que el Partido del proletariado necesita un sólo pensamiento, centralizado, una sola ideología y la ideología aplicada a las realidades, a las condiciones del país, de una línea política y una línea estratégica. Entonces el Partido Marxista verdadero requiere tener una sola ideología, un solo pensamiento, basado en la aplicación del Marxismo a la realidad concreta; es decir, una sola estrategia político-militar y de allí, las líneas tácticas y las líneas políticas en cada coyuntura determinada.

Por allí se comienza, y luego por una dirección centralizada en la cual haya supeditación de los organismos inferiores, a los superiores y del individuo al colectivo. El FMLN no es eso y no puede serlo en mucho tiempo. Hay diversas ideologías, incluso que chocan entre sí. No podemos hacernos los tontos, tratando de ignorar que entre el FMLN hay influencia de la democracia cristiana, de la social democracia, y la social democracia viene luchando contra el Marxismo desde finales del siglo pasado. Precisamente la social democracia se ha convertido, junto con la democracia cristiana, en los dos pilares fundamentales del sostenimiento del imperialismo Germano, del imperialismo Francés y el Imperialismo Italiano. La Social Democracia fue la sostenadora de los herrendos regímenes colonialistas que esclavizaban a Asia y a África.

La social democracia es la teoría de la burguesía que trata de endulzarse para poder engañar y subir a su carro burgués al proletariado. Y como nosotros no somos una isla privilegiada y aislada de todo el mundo, el movimiento revolucionario Salvadoreño está abierto también por fuerza a todos los vendavales y vientos que venga de fuera, desde la burguesía, de adentro y de afuera. Por eso, esto es un Frente y no un Partido.

Y por eso la marcha hacía la construcción del Partido Único a través del FMLN es sumamente compleja. Si nosotros consideramos que no debemos de organizar el Partido del Proletariado a partir de las FPL, porque ya hay un FMLN, nosotros estamos cayendo en el más grave error y la más grave interpretación de lo que debe de ser la lucha de clases para hacer avanzar los intereses del proletariado. Esa meta errónea nos la trazamos en 1980. Por suerte vimos que era idealista, utópica, infantil.

Un partido único de la revolución tendrá que ser una aspiración y una meta, tratando de dar pasos graduales y realistas a través de la práctica revolucionaria coordinada, pero ese partido y la Revolución si podrían llegar a ser dirigidos por la social democracia, o por cualquier otra tesis, corriente que defienda los intereses de la burguesía o de la pequeña burguesía. Mayormente cuando el proletariado se encuentra en este momento sin ni una expresión verdadera partidaria.

El Partido Comunista de El Salvador, a pesar de que ha adoptado en los últimos tres años el camino de la formación de unidades militares, es decir se ha incorporado a la lucha armada, no representa realmente los intereses del proletariado y desgraciadamente continúa con métodos, con formas de trabajo, con enfoques que principalmente lo convierten en un instrumento de la clase pequeño burgués y peligran convertirlo en cada coyuntura, en un instrumento claro de la burguesía, en calidad de „oportunismo armado". De manera que no es garantía para el proletariado, aún cuando se llame Partido Comunista.

El nombre no es realmente lo que caracteriza una organización, ya viéndolo desde el punto de vista Marxista. Y tenemos que decir que las FPL tampoco todavía es el verdadero Partido Marxista-Leninista. Y eso lo podemos ver en lo colectivo y en lo individual, examinándonos cada uno de pies a cabaza nuestras debilidades, nuestra forma de trabajar, nuestros conceptos, nuestra disciplina. Podemos llegar a la conclusión de que realmente el Proletariado no ha calado profundamente todavía en este partido. Y no ha calado no sólo por el hecho de que no hay una base grande proletaria, sino por el hecho de que su gran base y su gran dirigencia, aquí no hay excepción, su gran dirigencia a pesar de lo duro, de lo heroico, de las hambres, a pesar de eso, todavía no está integralmente proletarizada. Nuestro cuerpo y dirección y todo nuestro Partido no está integralmente proletarizado de manera Marxista-Leninista.

Las FPL no son todavía el Partido Marxista-Leninista del Proletariado. De allí es donde debemos de partir para saber lo enorme de esa tarea histórica. Tiene estructuras, tiene bases funcionando y tiene la base ideológica fundamental para convertirse en el Partido Marxista-Leninista, pero se necesita un gran esfuerzo y una gran conciencia de su dirección y membresía para realmente cumplir esta tarea.

Prioridades señaladas por el Co-Cen

Por eso el Comando Central en agosto 1981 llegó a conclusiones bien básicos; el compañero que presentó esta reunión dijo las tres tareas prioritarias para el avance real de la Revolución, y no se trata de estar viendo para adentro en forma de egoísmo, como privilegio, en un compromiso ineludible con la clase obrera y la Revolución.

• Bueno, las tres grandes tareas son:

Convertir a las FPL en el verdadero Partido Marxista del Proletariado. Y eso es porque para ser el verdadero Partido Marxista del Proletariado no se trata de cualquiera, de un Partido Comunista más o de un Partido Marxista más, sino del verdadero Partido Marxista. Sin el verdadero Partido Marxista en realidad, la revolución no puede ser bien dirigida. Esa es la gran enseñanza de Viet-Nam, que pudo construir su verdadero Partido del Proletariado, Partido Marxista-Leninista, que se convirtió en el dirigente único de la Revolución y así pudo también construir la gran unidad del pueblo sobre esa base y sobre la base de la firme alianza obrero-campesina.

Por eso, en las condiciones de El Salvador, donde el proletariado forma la inmensa mayoría del pueblo dentro de los órganos de unidad, donde hay posibilidades inmediatas de construir el Partido Único, porque el proletariado sí nece­sita de lo inmediato su partido para hacer avanzar la Revolución e incluso para hacer avanzar por caminos mejores, más firmes. El Co-Cen consideró que la tarea histórica principal en este momento para hacer avanzar la Revolución es la construcción de las FPL como Partido Marxista-Leninista del Proletariado.

La construcción de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación (FAPL) para que se convierten en poderosas fuerzas que inciden en la revolución en su avance y en su triunfo, de las cuales no se pueda prescindir y que sean la garantía de los intereses del proletariado en la Revolución.

Ganar las masas, reganar las masas, retomar las masas, ganar nuestra influencia organizada sobre ellas. Tanto en las ciudades como en las demás zonas de la república.

En función de esto viene la cuarta tarea que sólo puede ser realizada efectivamente sí cumplimos las tres primeras y prioritarias. Esta cuarta tarea es la construcción de la unidad. Sí no resolvemos los 3 primeras tareas eficazmente, nos convertiríamos en simples maniobreros pequeño-burgueses, tratando de resolver las cuestiones vitales en la mesa, porque como no somos lo que debemos de ser, trataríamos entrar a la maniobreria barata. No, me estoy refiriendo a la maniobra revolucionaria que deba hacer el proletariado, que debe ser hábil como decía Lenin; sino en la maniobreria barata que a veces hasta da lástima, se siente indigno de estar uno en una mesa de burócratas, que cada vez se van alejando más de los intereses del pueblo y de sus combatientes, queriendo imponérselo a sus propias bases. En eso caeríamos.

Entonces la Unidad sobre la base de la construcción del verdadero Partido Marxista Leninista y unas verdaderas fuerzas armadas populares y de la reconquista de nuestra influencia sobre las masas, la unidad entonces es una unidad que nosotros tenemos que impulsarla porque somos absolutamente conscientes de que solamente con la amplia unidad del pueblo se puede llegar en definitiva a la Victoria de la Revolución. Entonces tenemos que impulsar los terrenos de la Unidad desde decisiones reales y con análisis Marxista-Leninista, con el análisis de clase.

Tales fueron las cuatro tareas fundamentales trazadas por el Comando Central: tres prioridades y la otra derivada de éstas.

Podríamos decir que este es el primer tema.