Balance político de participación en elecciones de diputados y alcaldes de marzo de 1974

 

 


Fecha: Abril de 1974.
Fuente: Texto ubicado y digitalizado por el Centro de Estudios Marxistas "Sarbelio Navarrete" (CEM); puesto en internet por el Servicio Informativo Ecuménico y Popular (SIEP), marzo de 2009.
Esta edición: Marxists Internet Archive, noviembre de 2010.  Al citar o reproducir el documento, aparte de marxists.org, favor de mencionar al CEM y al SIEP como las fuentes originales de la versión digital.
Nota: El texto está truncado, aparentemente a causa de algún error en la página del SIEP. Se notará también que no hay indicación respecto a la ubicación de la sección III del texto.


 

 

Balance político de participación en elecciones de diputados y alcaldes de marzo de 1974

 

Pleno del CC del PCS, abril de 1974

 

 

Introducción

Aceptando el método seguido por la C. P., el Comité Central consideró conveniente separar el balance político del balance de la actividad del Partido, porque el proceso electoral puso de manifiesto complejos problemas políticos y organizativos, muchos de los cuales son nuevos, que debemos examinar con la mayor atención posible.

El balance político del proceso electoral reciente tiene una importancia decisiva para elaborar nuestra táctica en el periodo inmediato y trazar objetivos de mediano plazo. Después de llegar a sus conclusiones, a las que dio carácter preliminar la C. P. decidió trasladarlas al Partido y llamarlo a discutirlas, enriquecerlas, y profundizarlas. Para promover esa discusión, acordó organizar Seminarios especiales, los cuales se han celebrado en las últimas semanas. El Secretariado del C. C fue encargado de organizar los seminarios. Después han de realizarse Seminarios abiertos con la participación de los activistas del frente político legal.

He aquí el resumen de los enfoques y conclusiones de la C. P., las cuales fueron aprobadas por el Pleno del Comité Central realizado en abril de 1974.

 

I

Ante todo se consideró necesario tener presentes para este balance los objetivos que nuestro Partido se propuso al decidir su participación en el reciente proceso electoral. Esos objetivos, que conocen todos nuestros organismos, son los siguientes:

1. OBJETIVOS POLITICOS GENERALES:

1. Fortalecer y desarrollar la unidad de los partidos de la UNO y otras organizaciones que aspiran y/o luchan por los cambios.

2. Elevar el actual nivel de combatividad de las masas populares y su grado de organización.

3. Fortalecer y desarrollar las bases de los partidos de la UNO, sin

perjudicarse unos a otros, en el entendido de que el enriquecimiento orgánico y político de cada uno contribuye al fortalecimiento de la lucha de todos ellos.

4. Debilitar la influencia política del Partido oficial y de los otros dos partidos de derecha.

5. Ampliar y profundizar las contradicciones en el seno de las clases dominantes y sus instrumentos de poder.

6. Oponer la alternativa de apertura revolucionaria que ofrece el Programa de la UNO, al desarrollismo económico dependiente que propugna el régimen.

2. OBJETIVOS ELECTORALES PROPIAMENTE TALES:

1. Mantener las Alcaldías actuales controladas por la UNO

2. Aumentar el número de Alcaldías para la UNO, especialmente en la periferia de San Salvador, y en todos aquellos lugares donde tuvo considerable votación en 1972.

3. Ganar por lo menos un tercio de la Asamblea Legislativa para quitar al PCN el control absoluto de la misma.

 

II

¿Alcanzamos o no los objetivos políticos generales que nos propusimos, y en que medida?. Veámoslo a continuación.

1. La unidad de los partidos de la UNO resultó indudablemente reforzada por el reciente proceso electoral, tanto por la base como a nivel de dirección.

Estos pasos de avance se expresaron:

a) En una mayor consecuencia y profundidad en los planteamientos políticos de nuestros aliados. El tema antiimperialista, que estuvo casi ausente en la campaña presidencial de 1971-72, fue ahora objeto de reiterada atención en la propaganda general, (radial, impresa, televisada, oratoria, perifoneo, casa a casa, etc.,), polemizando con el pretendido “nacionalismo” proclamado por el gobierno y su partido.

Este tema estuvo presente incluso en las comparecencias televisadas de los dirigentes nacionales de la D.C. y MNR, incluidos Duarte y Ungo. Sus planteamientos, desde luego, no alcanzaron aún toda la profundidad y la consecuencia deseadas, pero significan pasos positivos hacia la consolidaci6n y desarrollo de la unidad en el frente común.

b) En un mis extenso y eficaz entendimiento a niveles de base y dirección intermedia de los partidos de la UNO para el trabajo durante la campaña.

Se manifestaron algunos focos conflictivos con los aliados, entre los que destacan: Apopa, Zacatecoluca, Santiago Nonualco, y, aunque en medida más atenuada, Mejicanos y otros. Los motivos que en cada caso concreto hacen derivar las relaciones con los aliados hacia la tirantez, son aportados muchas veces por ellos mismos; pero la experiencia que nos deja la reciente campaña en numerosos lugares (como San Vicente, San Marcos, Santa Tecla, etc.,), indico que las actitudes estrechas, y en ciertas ocasiones hasta ofensivas de algunos elementos de los partidos aliados, pueden ser superadas y esos elementos atraídos o neutralizados, si nosotros actuamos sin sectarismo y aplicamos con perseverancia y espíritu creativo y autocrítico la justa línea de alianzas de nuestro partido.

La experiencia demuestra que los elementos anti-unitarios y hostiles son muy pocos entre los miembros de los partidos aliados y que si nuestra conducta es inteligente y sobre todo sin sectarismo, si tenemos en cuenta no solo a tales elementos sino también a todos los miembros del Partido aliado, podemos confiar en que la mayoría de ellos asumirá una actitud positiva y actuará para estrechar la unidad y neutralizar la influencia negativa de sus compañeros anti-unitarios.

En las discusiones de balances no debe faltar la evaluación de nuestra conducta hacia los aliados; las buenas experiencias deben ser divulgadas y generalizadas; el sectarismo debe ser puesto al descubierto en sus manifestaciones concretas en cada lugar y sometido a critica para erradicarlo; esas experiencias negativas también deben ser divulgadas entre el Partido para que no se repitan.

c) A nivel de dirección nacional el trabajo. conjunto durante la reciente campaña ofreció la oportunidad para un conocimiento y comprensión mutuas mayores de parte de los dirigentes de los partidos. Aunque se presentaron ciertas discusiones problemáticas, alrededor de asuntos en las que había que tomar decisiones muy delicadas, ellas pudieron procesarse sin graves amenazas para la unidad y se demostró que, a pesar de las opiniones divergentes surgidas n el debate, siempre hubo de parte de cada uno la actitud de escuchar la opinión de los demás y de reflexionar sobre ella. Al final de esas discusiones, casi en todas las veces, los acuerdos fueron unánimes. Así, nuestras opiniones fueron muchas veces controvertidas, pero también escuchadas y aceptadas en su mayoría.

En las comisiones de trabajo, principalmente en la de propaganda, hubo un alto grado de entendimiento con los aliados. Ciertos errores cometidos en la propaganda (cono aquel de “Rodríguez González, alcalde de Tegucigalpa) no corren por cuenta de esa Comisión, sino que fueron cometidos por otros organismos o personas que abusivamente se entrometieron en la propaganda a espaldas de la Comisión.

Así pues, la experiencia del trabajo conjunto a nivel de dirección nacional ha redundado, sin duda, en un fortalecimiento de la unidad.

2. El objetivo de elevar la combatividad de las masas desde el nivel casi nulo que existía antes de la campaña fue logrado ampliamente, en una medida incluso superior a lo que se esperaba conseguir. A este respecto es necesario que nos detengamos a considerar diversos aspectos:

a) Inicialmente había frialdad y escepticismo en las masas hacia las elecciones y también lo había en nuestras filas; nos encontrábamos todavía dentro del ref1ujo iniciado en marzo de 1972 después de la derrota del alzamiento militar.

La agitación, poco a poco, fue cambiando este estado de animo en las masas y en nuestras filas. Una vez más ha quedado demostrado que nuestro pueblo es muy sensible a la agitación política electoral, que esta es un instrumento movilizador de gran eficacia. Nosotros debemos tenerlo debidamente en cuenta.

b) El desarrollo de la campaña electoral demostró que es muy extenso el descontento popular frente al gobierno y su política. El encarecimiento de la vida, el desempleo, la convicción de que el gobierno agrava todo esto con su política, el convencimiento de que este gobierno tiene un origen fraudulento, la condena de sus acciones represivas de 1972-73 (exilios, asalto de la Universidad, asesinato, etc.) el convencimiento de que todas las promesas de cambio hechas por Molina correrán la misma suerte de las promesas nunca cumplidas de Sánchez Hernández; la opinión generalizada de que el PCN está dirigido a nivel nacional y local por grupos de elementos descalificados, de dudosa moral o abiertamente inmorales y maniobreros, etc., etc., tales juicios y otros parecidos están en la base de este extenso descontento popular.

Quedo demostrado que el “gobierno móvil” no mejoró la imagen del gobierno, ni atenuó el descontento popular y que las actividades de FOCCO y OMCOM, con su reparto de migajas, tampoco lograron conseguir clientela para el oficialismo. El impacto de FIGAPE y el Banco Agropecuario entre la pequeña burguesía, tampoco se dejó ver muy destacadamente en el sentido de aportar mayor basamento al PCN, aunque deberíamos interesamos por precisar esto último de modo más concreto y exacto.

El descontento arraigado entre las masas, que resiste la prueba de toda esa demagogia migajera desplegada durante dos años, debe merecer un serio examen de nuestra parte; se trata de una condición muy favorable para que continuemos impulsando el trabajo de movilización y lucha de masas, en gran escala.

c) El regreso de Duarte puso de manifiesto que su liderato se encuentra muy enraizado entre las grandes masas y que su figura tiene una gran fuerza movilizadora. Al analizar la enorme acogida que dieron las masas a Duarte, no debe dejarse de lado el gran trabajo agitativo que precedió a su llegada, el cua1 indudablemente preparó a las masas para recibirlo, pero al mismo tiempo debemos tener claro que su figura aporta una cuota de mucho peso. Este fenómeno. nos deja varias interrogantes que tendremos que respondernos en breve plazo, porque tienen que ver con el trazo de nuestra táctica para el periodo inmediato, que incluye los meses que faltan de l974 y tentativamente los tres años próximos:

¿Puede ser o no positivo este brote de caudillismo?; ¿qué debemos hacer para encauzarlo?; ¿cuál debe ser , a nuestro juicio, el papel de Duarte cuando regrese en junio?; ¿debemos trabajar desde hoy para su candidatura presidencial en 1977.

d) Sin embargo, al mismo tiempo que registramos el brillante logro en el esfuerzo por sacar a la masa del bajón en que estaban antes de la campaña, debemos señalar que la abstención creció en comparación con la elección presidencial . La concurrencia a las urna estuvo alrededor del 45% (hablando dé1a concurrencia real y no de las cifras fraudulentas abultadas), contra un 70% en aquella ocasión. No se trata, pues, de electores que nunca han concurrido a las urnas, en gran medida por su atraso político, sino de una masa que, habiendo concurrido en 1972, decidió ahora no hacerlo.

Las elecciones presidenciales elevaron bruscamente la concurrencia de un 40-42% en 1970, porque la UNO y su candidatura despertaron muchas esperanzas y lograron remover la apatía tradicional de grandes masas que, por su atraso político, se mantenían al margen. Parece que estas masas “nuevas” promovidas entonces, al confrontarse con el fraude y la imposición se desmoralizaron y retrocedieron a sus antiguas posiciones. Pero una parte de este repliegue, sin duda, no corresponde a masas atrasadas, sino a sectores politizados que consideran, en base de la misma experiencia de 1972, que lo mejor es “no hacer el juego electoral.”

En todo caso nosotros debemos hurgar e investigar más en este fenómeno para comprender mejor los mecanismos del comportamiento de las masas.

e) El impacto del fraude electoral en el estado de animo de las masas puede derivar hacia la frustración o hacia la indignación y redoblamiento de la combatividad. Hasta este momento de acuerdo a diversos informes del interior del país y a lo que se puede apreciar en San Salvador, predomina la indignación sobre la frustración. Pero en realidad el curso ulterior de este fenómeno depende en medida decisiva de lo que hagamos, nosotros y nuestros aliados, es decir, de que organicemos la protesta por el fraude y de que promovamos y organicemos nuevas y sucesivas luchas en todas partes, alrededor de los diversos problemas que afectan a las masas.

En general podemos decir que si en 1971-72 las elecciones fueron la culminación del flujo iniciado en julio de 1971 con la huelga de ANDES, ahora las elecciones son el comienzo de un flujo que, habida cuenta del gran descontento preva1eciente y de la continua agravación de problemas muy sensibles como el costo de vida y el desempleo, promete ser mucho más alto y combativo que aquel existente, pues existen las condiciones para que podamos impulsar el sucesivo avance de la movilización y combatividad populares y, por tanto, para cerrar el paso al fenómeno de la frustración, la desmoralización y desmovilización.

El desarrollo de este trabajo en los mases venideros, nos permitirá también avanzar pasos largos en el terreno del crecimiento y desarrollo de las organizaciones populares en general y de nuestro propio Partido y la JC, en particular. Ello será posible a condición de que apliquemos planes concretos y bien fundados en las reales posibilidades que se presentan en cada lugar.

3. Nos propusimos fortalecer y desarrollar las bases de los partidos de la UNO, sin perjudicarnos unos a otros, concientes de que el fortalecimiento de cada uno contribuye a robustecer la lucha de todos.

Bien podemos decir que lo que fue logrado en este terreno esta en este momento mucho más en el campo de las buenas condiciones y posibilidades que la campaña creó y menos en el de las realizaciones efectivas. En dos meses escasos partiendo de los bajos niveles que había, en realidad no podía conseguirse un salto en materia de organización de los partidos pero si, por lo menos, el reagrupamiento de sus actividades y simpatizantes en cada lugar (en buena medida dispersos desde el 25 de marzo de 1972), la reconstrucción de las Directivas locales y el insuflamiento del ánimo de proseguir y perseverar después de las elecciones en la tarea de consolidación y ensanchamiento orgánico. Vistas así las cosas es importante lo conseguido; ahora deben venir los planes y esfuerzos concretos para recoger los frutos de la siembra que se hizo durante la campaña.

Es necesario, sin embargo, que al disponernos a cumplir con esta tarea seamos realistas en reconocer el insignificante nivel de organización en que se encuentran los partidos de la UNO y nuestro propio Partido. El proceso electoral reciente ha ofrecido la oportunidad de medir esta verdad, la cual debemos tener muy presente a la hora de preparar nuestros planes.

Los partidos de la UNO y nuestro Partido demostraron no poseer el nivel organizativo ni la capacidad organizativa adecuadas al enorme apoyo que nos da el pueblo. Empezando porque no pudimos organizar la total cobertura de las mesas electorales con nuestros vigilantes, en todos aquellos lugares donde llevamos candidatos. El hecho de que no presentáramos candidatos en decenas de municipios (algunos de ellos de importancia), revela también esa debilidad. Con algunas excepciones, tampoco pudimos organizar eficazmente la defensa de las urnas contra los asaltos, etc., lo cual es también indicativo de nuestro retraso orgánico.

Por otra parte, esta bien claro que el fraude fue mayor allí donde la organización de la UNO es más débil, casos de la Unión, Morazán, Usulutan.

Este es sin duda el talón débil de este potente proceso de la lucha política de masas en nuestro país. Esto es lo que no le permite asestar golpes decisivos

El desarrollo orgánico de nuestro Partido y de la JC, son el eslabón clave para superar este lado débil del movimiento popular salvadoreño. La experiencia de numerosos lugares durante la última campaña demuestra que allí el Partido y/o la JC tienen mejor nivel orgánico y realizaron mayor actividad, contagiaron con su entusiasmo a los aliados y los motivaron a reagruparse y funcionar.

Si pretendemos ganarlos .para que realicen un trabajo permanente y no sólo en períodos electorales, debemos saber que ello puede ser logrado si las Células de nuestro Partido y la J.C. son activas, crecen y se multiplican, si ellas y los organismos intermedios realizan un trabajo correcto hacia los aliados, sin sectarismo. Pero nuestro P. y J., no podrían cumplir esta tarea de impulsar el desarrollo orgánico de las bases de los partidos aliados, si no organizan y fortalecen las bases del frente político legal.

Sobre este tema habremos de volver más adelante, al puntualizar las tareas que pasan a la orden del día.

Resta decir aquí, que seria un grave error, sumamente peligroso para la unidad y por consiguiente para el avance de todo el movimiento popular, el que nosotros fuéramos a cumplir esta tarea con el ánimo de “desplumar” a los partidos aliados “sonsacándoles” militantes de sus filas. De lo que se trata es estimularlos a fortalecer orgánicamente sus bases y sus convicciones progresistas y unitarias, incluso de ayudarlos a vencer prejuicios ideológicos y dar pasos adelante en su pensamiento político-social.. esto es lo que fortalecerá al movimiento popular y su unidad, cuantitativa y cualitativamente, lo otro lo dividiría y debilitaría.

4. Nos propusimos debilitar al PCN y a los demás partidos de derecha.

Para constatar el grado en que fue cumplido este objetivo hay que analizar dos aspectos, que son como las dos caras de una misma moneda: Por una parte, hay ciertos hechos que nos hablan del fortalecimiento de la UNO, lo cual significa sin duda el debilitamiento de aquellos; por otro lado hay hechos que nos hablan en forma recta del franco debilitamiento de los partidos derechistas.

Las cifras de la votación podrían ilustrar con mucha exactitud el debilitamiento o el fortalecimiento de los diversos partidos en nuestro país, pero todos sabemos que tales cifras no pueden ser utilizadas para mediciones exactas puesto que son ampliamente adulteradas por el fraude, el cual alcanzó esta vez las más grandes proporciones. No obstante la ausencia de cifras, el fraude mismo y su tamaño constituye pues, un hecho de mucha utilidad para formarse una idea de la desmoronada fuerza política del Partido oficial.

A continuación se destacan algunos aspectos del proceso electoral que no ayudaran a reflexionar sobre el estado de la fuerza política de los partidos y a apreciar el grado en que cumplimos el objetivo propuesto en este terreno:

a) Ante todo debe destacarse el enorme respaldo que dio el pueblo a la UNO. No hay cifras definitivas (aún hoy a mes y medio de la votación) y además las cifras han sido sustancialmente modificadas por el descarado fraude que ha tenido lugar en los escrutinios; pero la votación a favor de la UNO aún con fraude, esta no es inferior a 270 mil votos , lo cual significa, con una concurrencia a las urnas que en realidad no pasó de un 45% [1] corro promedio, un poco más del 40% de la votación ( no puede decirse limpia, porque allí están los votos por presión, la “rueda de caballitos”, etc.)

Los datos oficiales le atribuirán al PCN, a juzgar por las muestras que se conocen (departamento de la Unión, Usulutan Morazán), más de cuatrocientos mil votos, en los que van incluidos no menos de cien mil votos metidos por el “relleno” y otros procedimientos del fraude posterior a la votación.

En San Salvador, en Santa Ana, en La Libertad, el nivel de la votación a favor de la UNO fue similar al de la elección presidencial. La derrota del PCN en San Salvador y Santa Ana fue más profunda que entonces.

b) Fueron prácticamente liquidados el PPS y el FUDI como fuerzas electorales. Así ha quedado polarizada la controversia entre PCN y UNO.

La UNO es pues la alternativa política para nuestro país; la posibilidad de que la UNO llegue al gobierno tiene así una sólida base objetiva. Esto nos plantea serias responsabilidades a nosotros, abre interrogantes, sobre cuestiones cardinales; ¿Cómo puede la UNO conseguir el gobierno? ¿Cual será el papel de las elecciones en el esfuerzo de la UNO por alcanzar el gobierno? Cual será el papel de las elecciones en el esfuerzo de la UNO por alcanzar el gobierno? ¿Cómo defenderá la UNO su eventual triunfo electoral?

c) En esta ocasión ha tenido lugar un fraude electoral más extenso, y mucho más complejo que los anteriores. El gobierno y su partido han necesitado recurrir a la anulación de planillas, a la rueda de caballitos, al relleno de urnas, al robo de urnas y al manoseo de las escrutinios, en una escala y una combinación no utilizadas antes. Esto refleja indudablemente que el PCN es ahora mucho más débil que antes, que necesita hoy en mayor medida que antes del fraude para conservar su dominio sobre los órganos del Estado.

Nosotros debemos analizar en concreto la verdadera situación y fuerza política del PCN, no sólo porque ello es importante en si mismo, sino también porque el debilitamiento del PCN trae consigo su descrédito entre la oficialidad de la Fuerza. Armada. Pero a este tema volveremos mas adelante.

d) La votación en los lugares donde nos anularon las planillas de candidatos ( principalmente Santa Ana y San Marcos), demostró el alto nivel de politización de las masas y su gran identificación con la dirección política de la UNO. Ya en 1972 las masas en el Departamento de San Salvador dieron muestra de ese elevado nivel político al votar nulo, de acuerdo a las orientaciones impartidas por la UNO, alcanzando la mayoría absoluta de toda la votación. Ahora los santanecos, los de San Marcos, y otros lugares concurrieron a votar a sabiendas de que no usarían el voto para elegir acaldes, pero que era indispensable utilizarlo para dar apoyo a la UNO y hacer patente su repudio de la política de este gobierno y su partido.

5. Al participar en las elecciones nos propusimos ampliar y profundizar la contradicciones en el seno de las clases dominantes y sus instrumentos poder. ¿Qué se consiguió en este terreno?

Para analizar esta cuestión es conveniente que enfoquemos aparte las contradicciones entre las clases dominantes propiamente tales y las contradicciones en sus instrumentos de poder.

En cuanto a las contradicciones entre la gran burguesía oligárquica y el gobierno, pudo apreciarse que llegaron bastante atenuadas al proceso electoral, a diferencia de las elecciones presidenciales y de ciertos momentos de 1973 (principalmente agosto-septiembre, cuando se aprobó la Junta Monetaria y estaban en marcha preparativos, prácticos para proceder a una reforma agraria) La atenuación de estas contradicciones tiene su causa en el abandono del gobierno de Molina de su disposición inicial a emprender el camino de las reformas económicas, trazadas por el “Plan Quinquenal” y la consiguiente reorganización de su Gabinete con cuadros fieles a la oligarquía.

En realidad la oligarquía tomada en conjunto parece haberse reagrupado alrededor del gobierno de Molina aunque no pueden considerarse totalmente liquidadas sus contradicciones con este, y ellas tenderán a volverse agudas cuando se complique más la situación económica del país, o cada vez que el gobierno bajo la presión de las masas o/y de las corrientes reformistas que hay en las filas militares, haga cualquier amago de volver al camino desechado, o si no fuera suficientemente enérgico para reprimir y contener las luchas de masas que han de arreciar.

No obstante la atenuaci6n de las principales contradicciones que venían activas entre las clases dominantes y el gobierno, y entre ciertos agrupamientos de industriales y terratenientes, persisten las inconformidades y los descontentos en torno de asuntos secundarios, que también pueden tomar virulencia como efectos de la agravación de la situación general del país. Son ejemplo de esto lo que pueda ocurrir con la producción de granos básicos y los controles para su exportación, los amagos para frenar el alza de precios, la eventual elevación de los salarios mínimos, etc., etc.

Esta vez el PPS y el FUDI no pasaron de ser expresión de los pequeños grupos de oligarcas que los dirigen y no reflejan , como en 1972 los agrupamientos amplios de la gran burguesía industrial y agraria.

Pero la atenuación de las contradicciones entre la oligarquía y el gobierno del PCN, conseguida a costa de aplazar las reformas, creó la posibilidad de que se agudizaran las contradicciones del gobierno y su partido con la mayoría de la oficialidad de la Fuerza Armada, donde las ideas reformistas han echado algunas raíces. La campaña electoral de la UNO, el enorme respaldo de masas logrado por ésta, influyeron para que esa posibilidad se haya concretado y para que tales contradicciones entraran, como ha empezado a notarse, en un periodo de agravamiento.

Son indicios bastante claros de la disconformidad prevaleciente en el cuerpo de oficiales, la conducta observada por la Fuerza Armada durante el proceso electoral. Hablando en general puede decirse que durante la última campaña, a diferencia del cuadro a que estábamos acostumbrados, no se hizo sentir la: presión contra los activistas, ni las consabidas presiones de la Guardia Nacional sobre el electorado rural.

El PCN se vio así orillado a intensificar sus maniobras tinterrillescas, a utilizar en mayor escala al CCE, a las Juntas Electorales Departamentales y Municipales para “ganar” diputaciones y alcaldías en los escritorios y a forzar desesperadamente la participación de las Patrullas, utilizando para ello el resorte de la ORDEN que se mueve desde Casa Presidencial.

La excepción fueron algunos lugares donde participó la Guardia y la Policía de Hacienda, en las tareas de presión sobre los ciudadanos, en la expulsión de los vigilantes de oposición de las mesas receptoras, en el relleno y robo descarado de urnas, etc. Donde los Comandantes departamentales son especialmente reaccionarios, como en Santa Ana, pudo verse contingentes de soldados realizando patrullajes intimidatorios el 10 de marzo (en Chalchuapa, Metapan y otras localidades); en La Unión, donde el Comandante (Cnel. Larios Guerra)

es gangsteril, además de reaccionario recalcitrante, el aparato militar fue empleado el día de la votación para el más escandaloso y burdo de todo los fraudes: allí aparece votando el 96% del electorado inscrito, mientras que en el vecino Dep. de San Miguel, con mayor politización, sólo concurrió el 55% -incluido el fraude- y en el país el promedio oficial dudosamente pase del 60%. Algo parecido ocurrió en el Departamento de Morazán.

En Quezaltepeque donde el puesto de Guardia se mantuvo en expresa actitud neutral, el Alcalde pecenista un verdadero pandillero lanzado a su reelección, recurrió a emplear la Policía Municipal en las tareas represivas, en el robo de urnas, etc. La llegada al día siguiente a las elecciones de fuertes contingentes de la Guardia Nacional provistos con armamento pesado (ametralladoras y tanquetas), fue conseguida por los pecenistas con el informe falso de que allí “los de la UNO estaban fuertemente armados y a punto de levantarse en insurrección.” Sin embargo esos refuerzos se mantuvieron realizando patrullajes intimidatorios únicamente, durante los días 11, 12, y 13 de marzo.

Desde luego, no puede considerarse esta lista de ejemplos como un inventario completo de todos los casos en los que la Fuerza Armada tuvo una participación coactiva directa en las elecciones y el fraude, pero de todos modos sí estamos en condiciones de afirmar que este vez, a diferencia de las elecciones celebradas durante los últimos 14 años, la Fuerza Armada no actuó uniformemente y, en su mayoría, simplemente no se inmiscuyó directamente en el proceso electoral.

¿Cual o cuales fueron las causas de esta conducta?; ¿Temor de la alta jefatura que se produjera una nueva quiebra de la unidad de la institución, como el 25 de marzo de 1972? ¿presión concreta y expresa de la oficialidad que se resiste a seguir siendo involucrada en operaciones burdamente sucias, como el fraude electoral?; ¿resistencia de los militares a continuar jugándose por y para un partido desacreditado como el PCN?; ¿actitud consciente de sectores militares que tienen mando decisivo para dejar al PCN expuesto a la derrota con el fin de favorecer otros proyectos políticos?; ¿rechazo a la política

comprometida con la oligarquía que este gobierno aplica, descontento porque dio la espalda a sus promesas reformistas que llevó Molina de cuartel en cuartel por medio de reuniones con la oficialidad? ¿búsqueda de un camino nuevo? etc., etc. Estas y muchas otras son las interrogantes que surgen y que debemos investigar y analizar. Seguramente hay algo de cada uno de estos motivos, aunque no podemos decir cual de ellos predominó.

En todo caso, la conducta de la Fuerza Armada en el reciente proceso electo es altamente indicativo, de que la. oligarquía y la reacción en general han comenzado a enfrentar dificultades para manejarla a su gusto y sabor.

Esto que ocurrió en el reciente evento eleccionario, más otros hechos e informaciones en igual sentido, revisten una importancia grande para el futuro proceso político en nuestro país y tanto nosotros, como todas las fuerzas populares que quieran actuar con seriedad y responsabilidad debemos plantearnos sin rodeos y sin prejuicios, el problema de nuestra actitud, de nuestra línea hacia la Fuerza Armada.

¿Es fatal que la lucha por un gobierno de transición como el que plantea el programa de la UNO tenga que desarrollarse contra la Fuerza Armada y que sólo podría instalarse si ella fuera derrotada? ¿Puede aspirarse a contar, para el logro de ese objetivo, con una parte e incluso con la mayoría de la Fuerza Armada?. Estas son interrogantes que han madurado objetivamente en nuestro país y a las cuales debemos dar sin evasivas una respuesta concreta, porque no podemos seguir adelante sin adoptar definiciones en este asunto del cuál depende tanto de nuestra estrategia y táctica, de nuestro estilo y formas de acción.

Los grupos ultra-izquierdistas han definido ya su respuesta: ellos consideran que la revolución sólo puede avanzar y triunfar derrotando a la Fuerza Armada. ¿Es esto correcto-? ¿apoyará el pueblo salvadoreño ese camino?.

Al analizar este problema debemos tener el cuidado de no guiarnos por afirmaciones o negaciones dogmáticas, que no tengan por base los hechos de la vida de nuestro país, sino que transforman’ en “verdades” lo que en realidad solamente son frases altisonantes, “revolucionarias” por sus adjetivos. Además, el análisis de este problema no puede hacerse al margen de la experiencia latinoamericana de nuestros días, que es tan rica y tan ilustrativa, porque el proceso histórico que vive nuestro país es en esencia el mismo que vive la América Latina. Tampoco debe hacerse el análisis fuera del contexto mundial, donde la correlación de fuerzas favorece de continuo al socialismo contra el capitalismo.

La Dirección ha comenzado a elaborar su pensamiento a este respecto, y llama a todo el Partido a dar el aporte de las opiniones de sus militantes, en especial de sus cuadros experimentados.

6. Nos propusimos oponer la alternativa de apertura revolucionaria que ofrece el Programa de la UNO, al desarrollismo económico dependiente que enarbola el gobierno.

Para medir los logros respecto a este objetivo, ya hemos anotado hechos y elementos de juicio a lo largo de las páginas anteriores.

En efecto, el mayor relieve que adquirió el tema anti-imperialista en la propaganda de la UNO y, sobre todo, la polarización alcanzada entre ésta y el PCN, son hechos que nos hablan precisamente de que, no sólo opusimos la alternativa programática de la UNO al desarrollismo pro-imperialista oficial, sino que además obtuvimos en ese esfuerzo un resultado práctico, incluso mayor de que se esperaba. Al decir esto nos referimos al enorme respaldo que recibió la UNO contra una campaña intensa de propaganda oficialista en la que se presentaba al gobierno como “un equipo eficiente de trabajo”, (“hombres de acción”), empeñado en realizaciones prácticas desarrollistas y “nacionalistas” (Hidro-Eléctrica del “Cerrón Grande”, Aeropuerto Internacional de Comalapa, Ingenio Jiboa, Banco Agropecuario, FIGAPE, Fondo Social de la Vivienda, FOCCO, OMCOM, etc. )

Durante la campaña reciente, como todos recordamos, fue concentrada la propaganda de la UNO en desenmascarar el falso nacionalismo pregonado por el régimen y descubrir ante los ojos del pueblo el verdadero fondo de entreguismo a los monopolios internacionales yanquis que impregna su política.

La propaganda de la UNO se centró asimismo en demostrar el carácter superficial de simples parches que tienen las medidas ya mencionadas, las que el gobierno presenta como’“cambios” trascendentales. A1 mismo tiempo durante los dos meses de campaña se hizo un nuevo esfuerzo por acrecentar y fortalecer la conciencia popular acerca de que la única salida para dar solución a los graves problemas que agobian al país y ponerlo en la ruta del desarrollo independiente, está en las radicales transformaciones anti-oligárquicas y anti-imperialistas.

La liquidación de la base política del PPS y el FUDI, y la polarización total entre PCN y UNO expresa precisamente que, en términos generales y globales, ha sido culminada con éxito la tarea de convertir la alternativa anti-oligárquica y anti-imperialista en la única opción que tiene el país, detrás de la cual se alinea la mayoría de la parte políticamente activa del pueblo salvadoreño.

Desde luego, no está hecho todo en este terreno. Habrá que trazarse ahora planes de trabajo que permitan consolidar y profundizar el pensamiento político de las masas. Lo que se ha logrado, al alinear a tan extensas masas populares tras el programa de cambios de la UNO, ha sentado premisas para que podamos proponernos nosotros los comunistas, objetivos de mayor alcance en cuanto a radicalización del pensamiento de amplios sectores.

Desde luego, no se trata de que hagamos a un lado el programa de la UNO y nos dediquemos a trabajar por uno más radical. Eso sería un grave error que conduciría a romper el frente único y o frustrar la posibilidad de su victoria, más o menos cercana. Se trata de otra cosa: llevar a las masas, principalmente a los sectores políticamente más activos de la clase obrera, la ideología revolucionaria del proletariado, la conciencia revolucionaria de la lucha por el socialismo, como la meta a alcanzar después de cumplir las tareas del programa de “Democracia, Independencia, Cambios y Progresos’ es decir , después de realizar las tareas anti-imperialistas y anti-oligárquicas.

Como sabemos, entre una y otra etapa de la revolución no hay un abismo de separación, ambas forman parte de un mismo proceso revolucionario, y en esta época de paso a escala mundial del capitalismo al socialismo, esta es una verdad que cuenta a su y favor con una tremenda fuerza histórica.

Así, comprender a la meta socialista y luchar por alcanzarla, no debe conducirnos a contraponer la lucha por el socialismo a la lucha por los cambios democráticos, anti-imperialistas y anti-oligárquicos postulados por la UNO, sino todo lo contrario: la conquista de un gobierno que realice ese programa es lo que nos acercara decisivamente a la meta socialista.

Únicamente los ultra-izquierdistas contraponen la lucha por el socialismo a las metas democráticas y anti-imperialistas, intentando conducir el proceso revolucionario por un camino voluntarista y caprichoso, que no toma en cuenta el estado real de nuestro país en el que, habiendo madurado objetivamente, para la inmensa mayoría del pueblo, las tareas anti-oligárquicas y anti-imperialistas, no han madurado sin embargo las tareas anti-capitalistas totales, las tareas socialistas. Los ultras no comprenden , ni quieren comprender, el intimo y total vinculo histórico que une a estas dos etapas de la revolución en nuestro país y por eso acusan a la UNO de “burguesa” y a nuestro partido de “oportunista de derecha.”

La vida, sin embargo, esta demostrando que nosotros y no ellos, tenemos la razón. No es casualidad que el pueblo se agrupe en torno de la UNO y su Programa; ello indica, precisamente, que esas son las tareas maduras, que la revolución puede avanzar efectivamente en la práctica, desplazar a las clases dominantes del poder y crear un gobierno popular, precisamente alrededor de ese programa y no de otro. Mientras, los ultras se ven relegados a un trabajo de pequeños grupos, aislados de las grandes masas, cuyas acciones son también incomprendidas por la mayoría del pueblo.

Por eso mismo es que la consigna de los ultras de abstenerse en las elecciones no fue acatada por las masas que son activas políticamente en nuestro país. Todo lo contrario, allí donde hay más politización (departamentos de San Salvador, Santa Ana, La Libertad y ciertos lugares de otros departamentos, como algunos de San Vicente, La Paz, Cuscatlan, Usulutan, etc.,) la UNO obtuvo un altísimo respaldo en la votación; en algunos casos por encima del nivel alcanzado en 1972.

Debe destacarse que los éxitos que los ultras consiguieron en los primeros días entre agrupamientos de elementos avanzados (del movimiento de “los cristianos por el socialismo” y los maestros), en el. sentido de que no debía participarse en el proceso electoral, fueran rápidamente revertidos por el empuje de nuestro trabajo ideológico y político de réplica dentro de esos mismos grupos; de manera que al final eran muy pocos los que se mantuvieron en las posiciones abstencionistas recomendadas por los ultras y por los directivos magisteriales que les son adictos.

Esto nos dice dos verdades: la primera es que el peligro de la desviación “izquierdista” debe considerarse seriamente; la segunda es que podemos vencer ese peligro si trazamos una táctica acertada, si nos lanzamos a su decidida aplicación práctica y si, al mismo tiempo (y sin dejarnos arrastrar a convertir nuestro trabajo en una maratón de discusiones), desarrollamos una lucha ideológica sistemática y ágil en contra de tales concepciones erróneas, en defensa de la línea de nuestro Partido.

 

BALANCE DE LOS OBJETIVOS ELECIORALES PROPIAMENTE TALES

El balance del cumplimiento de éstos objetivos no pudo realizarlo la C. P., porque no se disponía de los datos definitivos a causa del lento y mañoso escrutinio que aún no terminaba tres semanas después de la votación, cuando se realizo una reunión dedicada al análisis de la experiencia electoral.

Sin embargo, al momento de imprimirse este informe, parece que el número diputados de la UNO quedará en 15 ( 8 anteriormente) y dentro de ellos nuestro Partido consiguió plenamente el número de diputados que se propuso.

Nada podemos decir en cuanto a un balance general relativa a las alcaldías. Los casos concretos que se conocen son ya del dominio general.

En los seminarios abiertos de cada lugar podrá abordarse este tema con más conocimiento de la situación concreta y profundizarse en el balance critico y autocrítico respecto a los respectivos objetivos electorales.

 

IV

He aquí algunas de las tareas más importantes que se nos plantean después del proceso e1ectoral reciente:

1. Ampliar y consolidar el frente único: determinar bien cuáles son las nuevas fuerzas que deben y pueden ser atraídas a formar parte de él y determinar para cada una, una política concreta y método concreto de relación.

Resolver los problemas orgánicos que esto plantea, partiendo del principio de que las incorporación al frente único democrático, anti-imperialista y anti-oligárquico quiere decir en todos los casos y necesariamente la incorporación a la UNO.

2. Conseguir un crecimiento numérico sustancial del Partido y la Juventud Comunista y un notable mejoramiento de su eficiencia, lo mismo que un mayor dominio de la línea general y táctica; para lo cual es condición decisiva consolidar ideológicamente nuestras filas, defendiendo la línea del Partido de los ataques “ultra-izquierdistas” y de las desviaciones economistas.

3. Impulsar el ensanche del movimiento sindical y de la organización de los trabajadores agropecuarios y campesinos; adelantar decisivamente hacia la unificación del movimiento sindical y el desarrollo de la alianza obrero-campesina.

4. Convertir nuestro frente político legal en una organización política permanente, impulsar su organización y desarrollo en el mayor número de lugares que nos sea posible; hacerlo participar activamente en las luchas de masas.

5. Intensificar los esfuerzos y promover ampliamente la lucha a favor de una solución pacífica al conflicto con Honduras, de acuerdo a la orientación trazada por la declaración conjunta con el PCH, teniendo en cuenta que este conflicto puede agravarse de modo brusco , entre otros factores, (que se agrega a los ya señalados en el documento en que analizamos el problema), por el fuerte debilitamiento político y la agudización de sus contradicciones internas que el régimen sufre en nuestro país a consecuencia del reciente revés electoral.

6. Definir las tareas y el estilo de trabajo de nuestros Diputados y, en general de la fracción parlamentaria de la UNO en relación con el fomento y desarrollo de la lucha de masas y de las demás tareas políticas.

7. Definir nuestra táctica frente a las elecciones de 1976 y la perspectiva para las presidenc[2]

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[1] Las Cifras oficiales de las elecciones de marzo de 1974, no fueron publicadas, próximamente para no presentar la imagen del gigantesco fraude y del hondo debilitamiento del PCN; pero informaciones obtenidas recientemente (mayo de 1975) indican que el Estado Mayor y otros organismos de alto nivel del gobierno, manean para sus análisis el dato de que la. UNO obtuvo a su favor un poco más del 60% de la votación total en las mencionadas elecciones.

[2] Por alguna razon el texto en la pagina del SIEP se interrumpe aqui. (N. de marxists.org)