Indice

JAMES P. CANNON
(1942)

Historia del Trotskismo norteamericano

 

 

Conferencia VI
La ruptura con la Comintern

 

 

 

 

Hemos tenido hasta ahora cinco conferencias en este curso. Con la quinta conferencia la semana pasada, como ustedes recordarán, cubrimos los primeros 4 años de la Oposición de Izquierda, la Liga Comunista de América -1928 a 1932. Esa fue la época, como he remarcado la semana pasada, del más terrible aislamiento y de las dificultades más grandes para nuestro movimiento.

La semana pasada enfaticé -quizás sobre-enfaticé-, los aspectos negativos del movimiento en aquel período: la parálisis, la pobreza de fuerzas y de medios materiales, las inevitables dificultades internas inherentes a ese tipo de circunstancias, y los lunáticos extravagantes que nos plagaban como plagan a todo movimiento radical nuevo. Ese aislamiento junto con sus males fue impuesto sobre nosotros por factores objetivos, fuera de nuestro control. No podíamos prevenirlos, ni aún con los mejores esfuerzos, la mejor voluntad. Era la condición de la época. El mas importante de esos factores que hacían casi absoluto nuestro aislamiento era el resurgir del movimiento stalinista como resultado de la crisis en todos los países burgueses, al mismo tiempo en que la Unión Soviética avanzaba bajo el primer Plan Quinquenal de industrialización. El prestigio creciente de la URSS, y del stalinismo que parecía ser su legítimo representante a los ojos de la gente acrítica -y las grandes masas son acríticas- hacía aparecer a nuestro movimiento oposicionista como algo bizarro, no realista. Junto a esto, había una gran inmovilidad en el movimiento obrero en general. No había huelgas. Los obreros estaban aquietados. No estaban interesados en ninguna cuestión teórica. Ni siquiera estaban interesados en ninguna acción en ese momento. Todo esto actuaba contra nuestro pequeño grupo empujándolo a un rincón.

Nuestra tarea en esa época difícil era mantenerse, clarificar las grandes cuestiones, educar a nuestros cuadros preparándonos para el futuro cuando las condiciones objetivas abrieran las posibilidades para la expansión del movimiento. Nuestra tarea era también probar hasta el fin las posibilidades de reformar a los Partidos Comunistas y a la Internacional Comunista, que para ese momento había englobado prácticamente a todos los obreros de vanguardia en este país y en todo el mundo. Los eventos que comenzaron a estallar en todo el mundo en la primera parte de 1933 mostraron que habíamos triunfado magníficamente en nuestra tarea principal. Cuando las cosas se empezaron a mover, cuando las oportunidades vinieron a romper nuestro aislamiento, estábamos listos. No perdimos tiempo para atrapar las oportunidades que se nos presentaban en los comienzos de 1933, y especialmente en 1934.

Nuestro movimiento había sido educado en una gran escuela bajo la dirección y la inspiración del camarada Trotsky, la escuela del internacionalismo. Nuestros cuadros habían sido forjados tanto al calor del estudio como en las disputas sobre las grandes cuestiones mundiales. La gran debilidad del movimiento comunista norteamericano en el pasado, como ya he mencionado en las conferencias previas, era su estrechez nacionalista, no en la teoría sino en la práctica, su ignorancia de los hechos internacionales y su apatía hacia ellos; su carencia de una instrucción real y de un interés serio en la teoría. Esos errores fueron corregidos en nuestro joven movimiento. Educamos a un grupo de gente que procedía en todas esas cuestiones desde las consideraciones fundamentales de la teoría, desde la experiencia internacional, y aprendía a analizar los eventos internacionales. Los misterios del problema ruso fueron resueltos por nuestro movimiento. En artículo tras artículo, folleto tras folleto, libro tras libro, el camarada Trotsky abría para nosotros una visión internacional de todas las cuestiones. Nos dio una clara explicación de las complejidades de un estado obrero en un cerco capitalista, un estado obrero degenerado y dirigido por una burocracia retrógrada pero que aún mantenía sus bases fundamentales.

Alemania se estaba transformando ya en el centro del problema mundial. Trotsky ya en 1931 escribió un folleto que se llamaba "Alemania, la clave de la situación internacional". Antes que nadie percibió la amenaza creciente del fascismo y la inevitabilidad de un enfrentamiento fundamental entre fascismo y comunismo. Antes que nadie, y más claramente que nadie, analizó lo que se avecinaba en Alemania. Nos educó para una comprensión de esto e intentó preparar al Partido Comunista Alemán y a los obreros alemanes para esa prueba fatal.

La revolución española, que estalló en diciembre de 1930, también fue estudiada y comprendida por nuestro joven movimiento, ante todo con la asistencia de los escritos teóricos y las interpretaciones del camarada Trotsky.

Nos tomamos tiempo en esos días de aislamiento para estudiar la cuestión china. Yo mencioné la semana pasada que durante ese difícil período nuestro movimiento, a pesar de toda su pobreza y debilidad, publicó un libro "Problemas de la Revolución China". Ese libro contenía tesis censuradas, artículos y exposiciones de la Oposición Rusa, escritos en los días decisivosde la revolución china, 1925, 1926 y 1927. Esa gran batalla histórica mundial se había desarrollado, se podría decir, a espaldas de los ciegos miembros de la Comintern, a quienes no se les había permitido conocer lo que los grandes maestros del marxismo en la Oposición de Izquierda rusa tenían para decir acerca de estos eventos. Publicamos los documentos suprimidos. Nuestros camaradas fueron educados en los problemas de la revolución china. Esa fue una de las razones importantes -de hecho, es la razón importante de por qué nuestro partido tiene una clara y firme posición sobre la cuestión colonial hoy; por qué no perdimos la cabeza con la defensa de China y la lucha de independencia de la India. El significado que este gran levantamiento de los pueblos asiáticos tiene para la revolución proletaria internacional es entendido claramente por nuestro partido. Esa es parte de su herencia de aquellos días de aislamiento y estudio.

En la primera parte de 1933 comenzamos a intervenir más activamente en el movimiento obrero. Después de una larga preparación propagandística, comenzamos nuestro giro a un trabajo de masas. Ya les he contado sobre la pelea que tuvimos en nuestra organización con algunos impacientes que querían comenzar con un trabajo de masas, dejando para el futuro la educación de nuestros cuadros, la definición de nuestro programa y nuestro trabajo propagandístico. Eso era poner las cosas patas para arriba. Elaboramos nuestro programa, formamos nuestros cuadros, hicimos nuestro trabajo propagandístico preliminar, primero. Después, cuando se presentaron las oportunidades para la actividad en el movimiento obrero, estábamos listos para darle a nuestra actividad un objetivo. No nos embarcamos en la actividad solamente por la actividad en sí, lo que alguna vez fue descripto como todo movimiento hacia ningún objetivo. Estábamos preparados para entrar en el movimiento dc masas con un programa claramente definido y con métodos calculados para llegar a los máximos resultados para el movimiento revolucionario con la mínima cantidad de actividad requerida.

Leyendo los volúmenes de The Militant, que contienen un registro cronológico de nuestras actividades, planes y expectativas, se informa que el 22 de enero de 1933 había una conferencia de desocupados en New York. Había sido llamada, por supuesto, a iniciativa de la organización stalinista pero había una pequeña diferencia con algunas de sus conferencias previas de las que habíamos sido excluidos. En ese momento, en sus idas y venidas de la derecha a la izquierda, comenzaron a amenazar con un frente único, tratando de interesar a algunas organizaciones no stalinistas en un movimiento general de desocupados. Para tal fin, imprimieron un llamado invitando a todas las organizaciones a la conferencia. Comentamos en nuestro periódico que ese era un giro en la dirección correcta hacia el frente único, al menos un medio giro. Yo escribí un artículo señalando que al invitar a "todas las organizaciones" finalmente nos habían abierto una pequeña brecha por la cual la Oposición de Izquierda podría entrar a ese movimiento, podíamos hacernos camino por esa brecha y hacerla más amplia. Aparecimos en esa conferencia -Shachtman y Cannon- preparados para decirle a todo el proletariado cómo debía llevarse adelante la lucha contra el desempleo. Y esto no era una broma. Nuestro programa era el correcto, y lo explicamos extensamente. The Militant publica un reporte completo de nuestros discursos llamando a un frente único de partidos políticos y sindicatos para la ayuda a los desocupados.

E1 29 de enero de 1933 estaba citada en Gillespie, Illinois, una conferencia de "Progressive Miners Union" (Sindicato Minero Progresivo) y otras organizaciones obreras independientes para considerar la cuestión de una nueva federación obrera. Yo fui a la conferencia por invitación de un grupo de los "Progressive Miners", y hablé allí. Esa fue la primen vez en 5 años que pude salir de New York. Fue también la primera vez que un representante de la Oposición de Izquierda Norteamericana tenía una oportunidad para hablar a trabajadores, fuera del pequeño círculo de intelectuales radicales. Aprovechamos la oportunidad. Fui enviado por la Liga, pasé unos pocos días con los mineros, y establecí algunos contactos importantes. Se sentía muy bien estar una vez más en contacto con el movimiento vivo de los trabajadores, del movimiento de masas. De regreso en el ómnibus de Gillespie a Chicago -lo recuerdo claramente- leí en un diario la noticia de que el Presidente Hindenburg había nombrado a Hitler canciller. Tuve la sensación entonces, en ese momento, que las cosas empezaban a explotar. La parálisis, la inmovilidad en el movimiento obrero mundial comenzaba a abrirse. Las cosas se movían hacia un enfrentamiento. Nosotros estábamos completamente listos para tomar parte en la nueva situación. Mientras revisaba los informes el otro día, preparando mis notas para esta conferencia, me pareció que esa acción de nuestra Liga alcanzar por primera vez a participar en un mitín obrero de masas en Gillespie, Illinois, era el símbolo de nuestra puesta a tono con el nuevo período. Nuestra acción fue inconcientemente sincronizada con la ruptura del impasse en Alemania. Reaccionamos muy enérgicamente ante este nuevo desarrollo, a los comienzos de nuevas sacudidas en el movimiento obrero aquí y especialmente a la situación en Alemania. Éramos como atletas, entrenados y con ganas de entrar en acción, pero limitados por dificultades externas e imposibilitados de avanzar. Entonces, de pronto, se abrió una nueva situación y nos zambullimos en ella.

Nuestra primera reacción ante los eventos alemanes fue llamar a un mitín de masas en New York. Por un largo tiempo habíamos abandonado la idea de mitines de masas porque las masas no vendrían. Lo mejor que podíamos hacer era llamar a pequeños foros, conferencias, reuniones de círculo, etc. Esta vez probamos un acto de masas: Stuyvesant Casino, 5 de febrero de 1933, "El significado de los hechos alemanes" con Shachtman y Cannon como oradores. El informe de The Militant cuenta que 500 personas fueron a ese mitín.

Hicimos sonar la alarma del inminente enfrentamiento entre fascismo y comunismo en Alemania. Después, mientras los acontecimientos eran más agudos, con hechos nuevos todos los días en Alemania, hicimos algo absolutamente sin precedentes para un pequeño grupo como el nuestro. Transformamos nuestra prensa. The Militant -que por aquella época era un semanario- lo sacamos tres veces a la semana, cada edición agitaba el mensaje del trotskismo sobre los eventos de Alemania. Ustedes podrían preguntarme cómo lo hicimos y yo no sería capaz de responderles. Pero lo hicimos. No era posible, pero hay un lema entre los trotskistas que en tiempos de crisis no se hace lo que es posible, sino lo que es necesario. Y nosotros pensábamos que era necesario salir de nuestra rutina de discusiones y críticas a los stalinistas, para hacer algo que golpeara a todo el movimiento obrero, que se diera cuenta de qué fatales eran para el mundo entero los sucesos en Alemania. Queríamos llamar la atención a todos los obreros y especialmente a los trabajadores comunistas. Apuramos los ritmos. Comenzamos a gritar, a sonar la alarma. Nuestros camaradas corrían a cada mitín que pudieran encontrar, a la más insignificante reunión de obreros, con fardos de The Militant bajo sus brazos, gritando con lo más fuerte de su voz: "Lean The Militant". "Lean la verdad sobre Alemania". "Lean lo que dice Trotsky".

Nuestra consigna durante los sucesos alemanes era: Frente Unico de las Organizaciones Obreras y lucha hasta la muerte! Frente Unico de lucha de todas las organizaciones obreras contra el fascismo! Los stalinistas y los socialdemócratas rechazaron el frente único en Alemania. Ambos fingían que esto no era cierto, después de los eventos, tratando de acusarse unos a otros, pero eran los dos unos mentirosos, culpables y traidores. Dividieron a los trabajadores y ninguno de los dos tenía voluntad de pelear. A través de esa división la plaga monstruosa del fascismo llegó al poder en Alemania y extendió su sombra oscura por todo el mundo.

Hicimos todo lo que pudimos para despertar, levantar y educar a los obreros comunistas norteamericanos en aquellas semanas fatales. Tuvimos una serie de mitines de masas -no sólo el que he mencionado. Tuvimos una serie en Maniatan y por primera vez nos extendimos a Boroughs. Nos habían cercado y aislado tanto que nunca habíamos podido salir de la Fourteenth Street (la calle Catorce) en los primeros tiempos. Teníamos sólo una rama porque no teníamos mucha gente para dividir; todo estaba concentrado alrededor de la pequeña área de la Fourteenth Street y de la Union Square donde se congregaban los obreros radicales.

Pero en esta crisis de Alemania nos extendimos y tuvimos mitines en Brooklyn y en el Bronx. Por todo el país, informa The Militant, eran citados mitines de masas por las ramas locales de la Liga Comunista de Norteamérica. Hugo Oehler -en ese momento miembro de nuestra organización- fue enviado en un tour a hablar sobre Alemania. Éramos extremadamente agresivos en nuestro acercamiento con los stalinistas. Estábamos decididos a toda costa a llevar nuestro mensaje a aquellos que quisieran escucharnos. Llegamos a invadir un acto masivo de los stalinistas dándoles vuelta las mesas. Shachtman y yo, flanqueados por unos pocos camaradas, entramos a la reunión stalinista y pedimos la palabra. La audacia del pedido dejó anonadados a los burócratas y hubo demandas desde abajo: "¡Déjenlos hablar!" Hablamos y dimos nuestro mensaje al mitín stalinista.

Con la nueva vida que comenzaba a sacudir al movimiento obrero en general, no desaprovechamos ninguna oportunidad para tomar parte en las nuevas actividades. En Marzo de 1933 los stalinistas auspiciaron una conferencia a nivel nacional de desocupados, en Albany, con alrededor de 500 delegados. Las mismas regulaciones que nos permitieron aparecer en la conferencia local de New York, también nos permitieron enviar delegados a Albany. Yo aparecí en la conferencia, tomé la palabra e hice un discurso para los 500 delegados sobre la concepción marxista del frente único en el movimiento de desocupados. Aquel discurso está impreso en The Militant del 10 de Marzo de 1933. Los hechos nacionales e internacionales estaban coordinados. Al mismo tiempo que estábamos gritando con lo más fuerte de nuestras voces por Alemania, tuvimos tiempo para participar en una conferencia de desocupados en el estado de New York.

Ustedes saben que los consejos, las explicaciones, las advertencias de Trotsky no fueron oídas. El Partido Comunista Alemán, bajo la dirección y el control de Stalin y sus gangsters en Moscú, capituló en Alemania sin una batalla. El fascismo triunfó sin siquiera una semblanza de guerra civil, sin siquiera un enfrentamiento en las calles. Y esa, corno Trotsky ha explicado muchas veces, y Engels antes que él, es la peor y la más desmoralizante de las derrotas -la derrota sin dar batalla, porque aquellos que son derrotados así pierden la confianza en ellos mismos por un largo tiempo. Un partido que pelea puede ser derrotado por fuerzas superiores. Sin embargo, deja detrás una tradición, una inspiración moral que puede ser un factor tremendo para galvanizar al proletariado para levantarse de nuevo más tarde en una coyuntura más favorable. Un rol así jugó en la historia la Comuna de París. El movimiento socialista internacional se levantó en su gloriosa memoria.

La revolución de 1905 en Rusia fue inspirada por la heroica lucha de la Comuna de París de 1871. De manera similar, la revolución rusa de 1905, que fue derrotada después de dar batalla, se transformó en el gran capital moral del proletariado ruso y tuvo una tremenda influencia en desatar la revolución proletaria que triunfó en 1917. Los bolcheviques hablaban siempre de 1905 como el ensayo general de 1917.

Pero ¿qué rol en la historia puede jugar la capitulación miserable de los socialdemócratas y los stalinistas en Alemania? Aquí estaba el proletariado más poderoso de Europa Occidental. Los socialdemócratas y los stalinistas juntos han sacado más de 12 millones de votos en las últimas elecciones. Si los obreros alemanes hubieran sido unidos en la acción podrían haber desparramado a los canallas fascistas a los cuatro vientos de un solo golpe. Ese poderoso proletariado, desunido y traicionado por la dirección, fue conquistado sin lucha. El régimen más horrible, más bárbaro fue impuesto sobre ellos por los fascistas. Antes de los hechos, Trotsky dijo que la falta de pelea sería la peor traición de la historia. Y así fue. Diez insurrecciones sin éxito, dijo Trotsky, no podían desmoralizar al proletariado ni en un 1% de lo que lo que lo haría una capitulación sin batalla que lo privaría de la confianza en sí mismo. Después de esta capitulación, este trágico final de la situación alemana, mucha gente comenzó a pensar sobre cada cosa que Trotsky había dicho y hecho en el esfuerzo por ayudar a los trabajadores a evitar esta catástrofe. Lo que finalmente ocurrió comenzó a aparecer para mucha gente como una completa verificación, aunque en un sentido negativo, de todo lo que había dicho y explicado. El prestigio y la autoridad de Trotsky y del movimiento trotskista comenzaron a crecer enormemente, aún hasta en esos círculos que se habían inclinado a descalificarnos por sectarios y divisionistas.

En el Partido Comunista, sin embargo, aquí como en otros países, en la Comintern de conjunto, no hubo una reacción profunda. Se hizo claro entonces que esos partidos se habían vuelto tan burocratizados, tan corruptos desde adentro, tan desmoralizados, que ni siquiera la traición más cruel de la historia fue capaz de producir un levantamiento real en sus filas. Se hizo claro que la Internacional Comunista estaba muerta para la revolución, había sido destrozada por el stalinismo.

Y entonces, en la dialéctica implacable de la historia, comenzó a manifestarse un desarrollo contradictoriamente particular. En 1914-18, la Internacional Socialdemócrata traicionó al proletariado en apoyo a la guerra imperialista. Los partidos socialdemócratas renunciaron al internacionalismo y se pusieron al servicio de sus propias burguesías. Fue esa traición la que impulsó a los marxistas revolucionarios a formar la nueva Internacional, la Internacional Comunista, en 1919. La Internacional Comunista surgió en lucha contra los traidores con el programa del marxismo regenerado como su bandera y Lenin y Trotsky como sus dirigentes. Pero, en el curso de los hechos desde 1919 a 1933 -unos breves 14 años- esa misma Internacional se había convertido en su mismo opuesto; se había convertido en el mayor obstáculo y en el mayor factor retardatario en el movimiento obrero internacional. La Internacional Comunista de Stalin traicionó al proletariado aún más vergonzosamente que lo que lo había hecho la Segunda Internacional de los socialdemócratas en 1914.

Los obreros revolucionarios de la nueva generación eran repelidos por el stalinismo. En el curso futuro del desarrollo, bajo la terrible presión de los eventos internacionales y, particularmente, el surgimiento del fascismo en Alemania, los partidos socialdemócratas comenzaron a desplegar tendencias izquierdistas y centristas de todo tipo. Había muchas razones para este fenómeno. Los partidos comunistas estaban tan bloqueados por la burocracia para un pensamiento independiente o una vida revolucionaria que los obreros radicales eran repelidos de ellos. En la búsqueda de una expresión revolucionaria muchos de ellos encontraron su camino en los partidos de la Socialdemocracia construidos más libremente. También la generación más joven de socialdemócratas, que no tenían sobre sus hombros la carga de las traiciones de 14 años atrás, y que no eran parte de esa tradición o mentalidad, estaban creciendo sostenidamente bajo la terrible presión de los hechos y buscando una solución radical. Así, comenzaron a desarrollarse grupos del ala izquierda dentro de la Socialdemocracia, particularmente en las organizaciones juveniles. Y esa tendencia mundial también se reflejaba en los Estados Unidos como un resurgir del Partido Socialista. La ruptura de 1919 y una segunda ruptura en 1921 había dejado al Partido Socialista en la ruina. Nada quedaba más que un esqueleto vacío. Los jóvenes rebeldes, todo lo vivo y vital, era empujado a la organización comunista. El Partido Socialista languideció por años con unos pocos miles de miembros apoyados principalmente por el diario judío Forward y los burócratas de los sindicatos textiles en New York que necesitaban al Partido Socialista como una cobertura seudo- radical y una protección contra sus obreros del ala izquierda. El Partido Socialista fue por años sólo una horrible caricatura de un partido. Pero a medida que el Partido Comunista se volvía más y más burocratizado expulsaba a más y más obreros honestos y les cerraba las puertas a otros, el Partido Socialista comenzó a experimentar un reavivamiento. Su estructura laxa y democrática atraía a todo el nuevo estrato de trabajadores que nunca antes había estado en ningún movimiento político. Miles de ellos, radicalizados por la crisis económica, corrían al Partido Socialista. Este experimentó un resurgimiento y un crecimiento de su militancia; hacia 1933, los miembros enrolados en sus filas no eran menos de 25.000. También como resultado de su nueva sangre y del desarrollo de la nueva generación, el partido comenzó a mostrar un poco de vigor, una tendencia izquierdista, centrista, comenzó a perfilarse en sus filas.

De igual manera, aquí como en otros países, había también un desarrollo por fuera del Partido Comunista, de grupos independientes de trabajadores que hasta el momento no habían sido conectados con los partidos radicales, pero se habían radicalizado como resultado de su propia experiencia. La "Conference for Progressive Labor Action" (Conferencia por la Acción Obrera Progresiva) era la expresión de tal movimiento en el país. Estaba dirigida por A. J. Muste. La CPLA comenzó como un movimiento progresivo en los sindicatos. Bajo el impacto de la crisis se radicalizó más y más. Hacia fines de 1933 el movimiento de Muste estaba discutiendo seriamente el problema de transformarse de un grupo laxo de activistas en los sindicatos, en un partido político.

Con la capitulación de la Comintern en Alemania, Trotsky les dio la señal a los marxistas revolucionarios del mundo: "La Comintern está en bancarrota. Debemos tener nuevos partidos y una nueva Internacional". La larga experiencia, los largos años de esfuerzo como fracción para influenciar al Partido Comunista, aún expulsados de él, habían terminado su curso. No fue un decreto nuestro el que hizo irreformable al Partido Comunista. Fue una demostración de la historia misma. Nosotros simplemente reconocimos la realidad. Sobre esas bases cambiamos completamente nuestra estrategia y tácticas.

De una fracción de la Internacional Comunista nos anunciamos como los heraldos de un nuevo partido y una nueva Internacional. Comenzamos a apelar directamente a esos trabajadores radicalizados, sin afiliación política o experiencia. Durante los largos años de esfuerzo -manteniendo nuestra posición como fracción de la Comintern- habíamos reclutado de las filas de la vanguardia comunista a los preciosos cuadros del nuevo movimiento. Ahora, comenzábamos a girar nuestra atención a los Partidos Socialistas, grupos independientes y a los grupos centristas y de izquierda dentro de ellos. En aquel período The Militant publicaba numerosos reportes y análisis del desarrollo del Ala Izquierda en el Partido Socialista. Había artículos sobre la CPLA y su plan de transformarse en un partido político. Había acercamientos a la Young Peoples Socialist League (Liga de jóvenes Socialistas). Y, lo que hicimos aquí, siguiendo la línea de Trotsky, fue hecho a escala internacional. Los grupos trotskistas en todas partes comenzaron a establecer contacto con la recientemente desarrollada y aparentemente viable Ala Izquierda de la Socialdemocracia.

Había llegado el momento de transformar toda nuestra actividad, de dar un giro al trabajo de masas. Así como en nuestros primeros días habíamos rechazado la demanda prematura de que -con nuestro pequeño puñado de gente- abandonáramos todo y saltáramos al movimiento de masas, ahora, hacia fines de 1933, habiendo completado nuestro trabajo preliminar y habiéndonos preparado, adoptamos el slogan: "Girar de un círculo de propaganda a un trabajo de masas".

Esa propuesta precipitó una nueva crisis interna. EI "giro" sacó a luz los fundamentos del sectarismo. Había que combatirlo. La política es el arte de hacer los movimientos correctos en el momento correcto. La impaciencia de algunos por escapar del aislamiento impuesto por circunstancias objetivas había causado una crisis y un conflicto interno en los primeros tiempos de nuestra organización. Ahora la situación era la inversa. Las condiciones objetivas habían cambiado radicalmente. Se nos presentó la oportunidad de entrar al movimiento de masas, de establecer contacto con los obreros, de penetrar profundamente en el fermento de la izquierda socialista y los movimientos independientes. Era necesario valorar la oportunidad sin dilación. Nuestra decisión de hacerlo encontró una resistencia decidida en los camaradas que se habían adaptado al aislamiento y crecían confortablemente con él. En esa atmósfera algunas personas habían desarrollado una mentalidad sectaria. El intento de empujar al movimiento trotskista fuera de su aislamiento hacia las aguas frías y turbulentas del movimiento de masas causaba escalofríos por sus espaldas. Esos escalofríos eran racionalizados como "principios". Esto marcaba el comienzo de la pelea contra el sectarismo en nuestra organización, una pelea que fue llevada hasta el fin en una forma clásica.

Comenzamos a captar más rápidamente. Atraíamos gran atención con nuestra propaganda sobre los eventos alemanes. La gente empezó a venir hacia nosotros de una manera inesperada, gente desconocida, para obtener nuestra literatura. "¿Qué dice Trotsky?", "¿Qué escribió sobre Alemania?"

Dimos un gran salto: hacia fines de nuestro quinto año de lucha habíamos construido la rama en New York con un total de 50 personas. Recuerdo esto porque había una regla en la constitución de nuestra organización que limitaba el tamaño de las ramas a 50 miembros. Una rama que alcanzaba este tamaño debía dividirse en dos. Escribimos esto en nuestra primera conferencia en 1929. En aquellos días podíamos poner a toda la militancia nacional en dos ramas, pero estábamos esperando que llegara nuestra hora. Recuerdo la cuestión que surgió en 1933 por primera vez contra este punto de la constitución, y tuvimos una disputa sobre cómo serían divididas las ramas.

El 1 y 2 de Mayo de 1933, fue organizado por los stalinistas en Chicago el gran Congreso Nacional de Mooney, con la participación de algunos sindicatos. Enviamos una delegación a ese Congreso y yo tuve la oportunidad de hablar ante varios miles de personas. Fue una experiencia refrescante después del prolongado confinamiento en el limitado círculo de debate interno. Allí comencé una colaboración política con Albert Goldman que estaba aún en el Partido Comunista pero en camino de romper con su línea. Su discurso y el mío en el Congreso de Mooney sobre el frente único fueron ataques directos a la política stalinista. Esto preparó el terreno para la expulsión de Goldman y su posterior afiliación a nuestro partido. Fue el comienzo de una colaboración extremadamente fructífera.

Desde Chicago, informa The Militant, partí en un tour para hablar de dos temas: "La tragedia del proletariado alemán" y "El camino de América a la revolución". Un grupo de intelectuales stalinistas en New York, que o bien pertenecían al partido, o trabajaban en su periferia, comenzaron a irritarse ante la falsedad manifiesta de la línea stalinista, como había sido revelada por los eventos alemanes. Eventualmente rompieron con el PC y vinieron a nosotros. Esa fue nuestra primera adquisición en bloque. Hasta entonces, la gente se había unido a nosotros uno a uno. Ahora un grupo se unía a nosotros, un grupo de intelectuales. Eso era significativo. Los movimientos de intelectuales deben ser estudiados atentamente como síntomas. Ellos se mueven un poco más rápido en el reino de las ideas que los trabajadores. Como las hojas en la cima de un árbol, se sacuden primero. Cuando vimos un grupo de intelectuales bastante serios en New York rompiendo con el stalinismo, tuvimos que concluir que ese era el comienzo de un movimiento que pronto se manifestaría en los cuadros y que más obreros stalinistas vendrían hacia nosotros.

Un desarrollo importante en los últimos meses de 1933 fue la acción tomada por la CPLA. Bajo el impulso de la creciente radicalización en las filas de los obreros que habían captado, y sabiendo sin ninguna duda que el Partido Comunista se había vuelto menos atractivo para los obreros radicales, la CPLA citó una conferencia en Pittsburgh y anunció tentativamente la formación dc un nuevo partido político. Tentativamente significa que eligió un comité provisional encargado de la tarea de organizar el "American Workers Party".

La ruptura de Benjamin Gitlow y su pequeño grupo de los lovestonistas ocurrió en ese momento. Ese período vio también un gran resurgimiento de la centrista ala izquierda en el Partido Socialista, y una posición más y más radical tomada por la Young Peoples Socialist League. En todas las organizaciones obreras había fermento y cambio. Quien tuviera un ojo político podría ver que las cosas estaban ocurriendo realmente ahora, y que ese no era el momento de sentarse en una biblioteca a rumiar principios. Ese era el momento para actuar sobre esos principios: era el momento de estar a la altura de las cosas, de aprovecharse de cada oportunidad presentada por los nuevos desarrollos en las otras organizaciones y movimientos.

Debo decir que ni una se nos escapó. No esperamos ninguna invitación. Nos acercamos a ellos. Imprimimos un manifiesto en la portada de The Militant llamando a la formación de un nuevo partido y una nueva internacional. Invitamos a todos los grupos, no importa lo que pudieran ser, que estuvieran interesados en formar un nuevo partido revolucionario y una nueva internacional para discutir con nosotros las bases del programa. Dijimos, nosotros tenemos un programa, pero no lo presentaremos como un ultimátum. Es nuestra contribución a la discusión. Si ustedes tienen otras ideas para el programa pongámoslas sobre la mesa y discutámoslas de una forma pacífica y de camaradas. Intentemos resolver las diferencias sobre el programa y unamos las fuerzas para construir un nuevo partido unificado.

Hicimos campaña por el nuevo partido. Nuestra gran ventaja sobre los otros grupos -la ventaja que nos aseguraba la hegemonía- era que sabíamos lo que queríamos. Teníamos un programa claramente definido y eso nos daba una cierta agresividad. Los otros elementos de izquierda no estaban lo suficientemente seguros de sí mismos para tomar la iniciativa. Eso nos sobrecargó. Nos pasábamos insistiendo toda la semana, de hecho todo el tiempo, sobre el nuevo partido, escribiendo cartas a esa gente, e informes críticos pero amigables de sus prensas y todas sus resoluciones. Nuestros cuadros y camaradas de base fueron instruidos para establecer conexiones con los miembros de esos otros grupos, para interesarlos en la discusión por todos los costados y de arriba a abajo, y así preparar el camino para la fusión con los elementos revolucionarios serios y honestos en un solo partido. Mientras tanto, nuestra propia organización estaba creciendo, atrayendo más atención y ganando más simpatía y respeto. En todos esos círculos radicales había respeto por los trotskistas como honestos comunistas y por Trotsky como el gran pensador marxista que había comprendido los eventos alemanes cuando nadie lo había hecho. Estábamos admirados por el modo en que disparamos nuestros rifles y defendimos nuestro terreno a pesar de la persecución y la adversidad. Nuestra organización era respetada en todo el movimiento obrero. Ese fue un capital importante para nosotros cuando llegó el momento de promover la fusión de los varios grupos de izquierda en un partido.

Después de cinco años de lucha, nuestros cuadros se habían consolidado sobre firmes bases programáticas. Habían sido educados en las grandes cuestiones de principios, habían adquirido facilidad para explicarlas, y para aplicarlas a los hechos actuales. Estábamos listos, preparados por nuestra experiencia pasada. En muchos aspectos aquella experiencia había sido funesta y negativa. Pero fue precisamente aquel período de aislamiento, dificultades, discusión, estudio y asimilación de las ideas teóricas el que preparó a nuestro joven movimiento para esta nueva época de florecimiento en la que el movimiento estaba abierto en todas direcciones. Entonces estuvimos listos para un giro táctico muy agudo. Nuestros militantes en aquellos días estaban envueltos con nuevas expectativas y con una gran ambición. Hacia fines de 1933 sentíamos confianza en que estábamos en camino para la reconstitución del genuino Partido Comunista en este país. Estábamos seguros de que el futuro nos pertenecía. Nos esperaban una gran cantidad de batallas pero sentíamos que estábamos en la cima de la colina, que estábamos encaminados. La historia ha probado que estábamos acertados en esta suposición. Después las cosas se movían rápida y continuamente a nuestro favor. Nuestro progreso de ahí en más ha sido prácticamente ininterrumpido.

 

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