OBRAS COMPLETAS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI

CARTAS DE ITALIA

 

 

ESCENAS DE GUERRA CIVIL1

 

Parece a ratos que reviven fugazmente los tiempos de Güelfos y Gibelinos. Como en esos tiempos, hay en la actualidad en Italia dos ban­dos que se combaten sañuda y truculentamen­te. Y que, aunque no se llamen Güelfos y Gibelinos, sino "fascista" y socialista, renuevan inter­mitentemente, en este sugestivo e interesante país, los días de la Edad Media. Se hallan em­peñados en una lucha de asechanza, de embos­cada, de represalia y de "vendetta".

Ante esta lucha, el Estado se declara impar­cial. Pero ocurre que una de las partes belige­rantes se titula defensora de la autoridad del Estado. Y, por ende, la otra parte beligerante refuta al Estado su aliado y parcial.

Las dos facciones no son igualmente conoci­das fuera de Italia: una de ellas, el "fascismo" es demasiado nueva para los públicos lejanos. Conviene, pues, ilustrar, sus antecedentes.

El "fascismo" fue fundado en 1919 por Beni­to Mussolini y otros elementos de entusiasta fi­guración intervencionista, para preconizar un programa expansionista y nacionalista, contra quienes, a su juicio, desvalorizaban desde el go­bierno la victoria italiana. Y, también, contra quienes había sido opuestos a la intervención. En una palabra, tanto contra el nittismo paci­fista como contra el giolittismo neutralista. Constituyó el fascismo una secuela espiritual de la aventura de D'Annunzio.

La denominación de "fascismo" viene de la palabra "fascio", con la cual fue designado en Italia, durante la guerra, el bloque de fuerzas políticas nacionales que en Francia se llamó "union sacrée". En el Parlamento italiano no hubo "union sacrée" de partidos, sino "fascio" de partidos. Esto es, expresado en español, "haz" de partidos. La palabra "fascismo" tiene, pues, por este origen, un contenido nacionalista y gue­rrero.

Benito Mussolini, el animador del "fascismo", proviene de las filas del partido socialista. Ha sido director del Avanti. Es un disidente del socialismo desde la guerra, a causa de sus ideas intervencionistas que lo llevaron a asociarse a la campaña por la participación de Italia en el con­flicto. Para contribuir a esta campaña, creó en Milán el diario Il Popolo d'Italia que es hoy el órgano oficial del "fascismo". Mussolini es un escritor de brillante talento polémico y un par­tidario elocuente de D'Annunzio "condottiere" y de D'Annunzio político.

En un principio, el "fascismo" operó princi­palmente sobre una plataforma de política externa. Agitó la bandera de las máximas aspira­ciones territoriales. Preconizó la anexión de Fiu­me y la Dalmacia. Glorificó el gesto de D'Annun­zio. Procuró despertar vigorosamente en Italia ese mismo sentimiento de la victoria que en Francia produjo el Parlamento actual.

Más tarde, cuando este programa nacionalis­ta aglutinó alrededor de los "fascios" una mul­titud batalladora y férvida, el "fascismo" inició su ataque armado al socialismo. Situó siempre su acción en un terreno netamente nacionalis­ta. Calificó de agresiva su actividad, como una afirmación del patriotismo italiano contra la doc­trina internacionalista del socialismo y del anar­quismo.

El fenómeno "fascista" ha adquirido, a par­tir de entonces, una importancia mucho mayor. Hoy el "fascismo" es una milicia civil anti-revo­lucionaria. Ya no representa solamente el senti­miento de la victoria. Ya no es exclusivamente una prolongación del ardor bélico de la guerra. Ahora significa una ofensiva de las clases bur­guesas contra la ascensión de las clases prole­tarias. Las clases burguesas aprovechan del fe­nómeno "fascista" para salir al encuentro de la revolución. Cansadas de la nerviosa espera de la ofensiva revolucionaria, abandonan su actitud defensiva. Anticipan la reacción al hecho revo­lucionario. Las fuerzas conservadoras están se­guras de frustrar definitivamente la revolución, atacándola antes de que se ponga en marcha a la conquista del poder político.

Las fuerzas socialistas no participan íntegramente en la contienda. Los socialistas en armas contra el "fascismo" no son todos los militantes en las organizaciones proletarias sino, únicamen­te, su parte más exaltada y marcial. O sea la vanguardia del socialismo.

La mayoría de los elementos socialistas es contraria a este género de escaramuzas que, en su concepto, desangran inútilmente al proletariado. Considera esa mayoría que la violencia armada no debe servir sino para el asalto decisivo al poder.

El Estado, por supuesto, no puede ser ri­gurosamente imparcial. No puede aprobar ni excusar los procedimientos terroristas del "fas­cismo": incendio de las cámaras de trabajo, empastelamiento de las imprentas socialistas, agresión a los organizadores y propagandistas adversarios, etc. Pero tiene que ver en el mo­vimiento "fascista" un movimiento de las clases que quieren conservarlo contra las clases que quieren destruirlo y reemplazarlo. El "fascismo" es la acción ilegal de las clases conservadoras, temerosas de la insuficiencia de la acción legal del Estado, en defensa de la subsistencia de és­te. Es la acción ilegal burguesa contra la posible acción ilegal socialista: la revolución.

Esta identidad de intereses primarios hace que aparezcan reunidos en un mismo campo los "fascistas", esto es, los factores de la interven­ción, con los "giolittistas", esto es, los partida­rios de la neutralidad a ultranza, los que antes de la guerra fueron acusados por aquéllos de traición a la patria y durante la guerra fueron tachados de derrotismo.

La actividad "fascista" en las próximas elec­ciones tendrá en buena cuenta, una fisonomía ministerialista, porque se dirigirá en el sector monárquico, contra Nitti que es, en ese sector, el adversario de Giolitti, el político que prepara desde ahora el asalto al ministerio, pero cuyo programa, así en el orden interno como en el orden externo, no se diferencia distancialmente del programa de Giolitti. Ambos estadistas tie­nen, más o menos, la misma apreciación del ins­tante y poseen idéntica habilidad para afrontarlo.

Mas los "fascistas" no transigen con Nitti. No pueden olvidar que Nitti ha sido para ellos el desvalorizador de la victoria. Prefieren olvi­dar que Giolitti fue el enemigo de la interven­ción.

 


NOTA:

1 Fechado en Roma, en marzo de 1921; publicado en El Tiempo, Lima, 29 de junio de 1921.