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Inti Peredo

Mi campaña junto al Che

(1970)

 

 

VII.

Los primeros combates

 

El programa preliminar del Ché, descansar varios días, para reponer energías mientras se entrenaban loa nuevos compañeros, fue bruscamente alterado. El 17 de marzo alrededor de 60 soldados se habían metido por el camino de Algarañaz y se llevaron preso a Salustio. Uno de los reclutas que debutaba como mensajero. En el ataque a la Casa de Calamina, el Lorito había matado a uno de los guardias. Al conocer la noticia, Marcos ordenó la retirada porque estimaba que no se debía defender posiciones. En el Diario del Ché aparece descrito el problema en la siguiente forma:

-Rolando había sido enviado para organizar la retirada de todo, un clima de derrota imperaba. Poco después llegó un médico boliviano recién incorporado con un mensaje para Rolando en el que se le comunicaba que Marcos y Antonio estaban en la aguada, que fuera a entrevistarse. Le mandé a decir con el mismo mensajero que la guerra se ganaba a tiros, que se retiraran inmediatamente al campamento y allí me esperaran. Todo da la impresión de un caos terrible, no saben qué hacer.

Más tarde el Ché me explicó su decisión. El criterio de que la guerra no defiende posiciones es correcto, pero hay que tomar en cuenta una serie de factores que se habían acumulado hasta ese momento.

En primer lugar, nosotros no "defendíamos una posición" puesto que el campamento no tenía ese carácter. Además en el trabajo preparatorio de las acciones militares habían quedado demasiadas huellas por la falta de cuadros para realizar una serie de labores preliminares. Eso nos obligó a "quemar" compañeros. La misma Casa de Calamina se había convertido en un foco de sospecha y Algarañaz incluso nos había enviado un cazador para que nos vigilara constantemente. Retirarse en ese momento, sin dar batalla cuando la guerrilla había sido detectada por los datos que habían entregado los desertores, significa simplemente que se iniciara una persecución contra nosotros por un ejército con energías, fresco, con moral elevada. Por el contrario, combatir significaba foguearse para afrontar con decisión las futuras batallas. Hay que tener en cuenta que de todas maneras, tendríamos que combatir en los días subsiguientes, por los factores ya mencionados. Otra alternativa, aunque parezca extremista, habría sido desaparecer como guerrilla hasta crear las condiciones en la ciudad, tomar contactos nuevamente, reclutar nuevos elementos para recomenzar. Esto era absurdo. Por otra parte, por las penurias que nos ocasionó la marcha de exploración, veníamos con la moral no muy alta, no con buena disposición combativa. El momento táctico se presentaba ahora con todas sus perspectivas favorables para nosotros. Por eso el Ché consideró un grave error retirarse en esos momentos y ordenó a Rolando tender una emboscada río abajo. Enseguida ordenó la defensa en la entrada del campamento y envió a un grupo de compañeros a explorar río abajo.

El día 22 de marzo fue de tensos preparativos. A las 7 de la mañana del 23, mientras Rolando revisaba las posiciones de los guerrilleros emboscados, se sintió un chapoteo por el río. Rápidamente se situó en su lugar y esperó que la tropa fuera avanzando lentamente. Se mantuvieron en silencio hasta que penetró un grupo grande. Rolando, como responsable de esta primera acción nuestra, abrió fuego sorpresivamente. Muchos soldados se desplegaron en posición combativa. Los pocos que hicieron frente fueron abatidos en forma rápida. El resto huyó. El fuego duró aproximadamente unos seis minutos, según informó Rolando al Ché, hasta que las fuerzas enemigas se rindieron.

En estos combates participaron Rolando, Benigno, Coco, Guevara, Pablito, Ernesto, Apolinar y Walter, los que mataron a 7 soldados, hirieron a 6 y tomaron 11 prisioneros. Otros 8 soldados escaparon. Como se puede apreciar las fuerzas enemigas eran cuatro veces más grandes que la nuestra. Nosotros no tuvimos bajas. Además quedaron en nuestro poder 3 morteros de 6O mm, y ocho cajas de granadas, una ametralladora calibre 30 con 500 tiros, 2 ametralladoras BZ, 2 metralletas UZI, 16 Mauser con dos mil cartuchos, 2 aparatos de radio y otros elementos.

Coco llegó a las 8 de la mañana a nuestras posiciones para dar cuenta del resultado de la batalla. Inmediatamente Ché ordenó que Marcos saliera por el camino de maniobras número 1 con el objeto de cortarle la retirada por detrás al ejército si éste avanzaba por el cañón del río tratando de llegar al campamento y a Braulio lo envió con la retaguardia por el camino número 2 para impedir que saliese del cañón que era una verdadera trampa mortal. El centro atacaría desde las posiciones que ya estaban ocupadas. Ché me ordenó interrogar a los prisioneros y presentarme como jefe. Esta misión la cumplí durante todo el transcurso de la guerra.

El mayor Plata, jefe de las fuerzas prisioneras, lloriqueó largamente mientras los soldados nos pedían que lo fusiláramos por los malos tratos y los abusos que cometía. Por encargo del Ché le dije que todos los prisioneros quedarían en libertad, que le dábamos plazo hasta el 27 a las 12 del día para retirar a sus muertos. Muy asustado manifestó que se retiraría del ejército. Nos dio una serie de datos importantes sobre las operaciones que se estaban realizando. Por ejemplo, nos dijo que ese ataque estaba programado junto con un bombardeo que se iniciaría a mediodía. Ellos debían dejar señaladas sus posiciones, con el objeto de que no sufrieran bajas. La emboscada los hizo perder contacto radial e impidió que la aviación actuara. En realidad, el bombardeo se realizó al día siguiente. El capitán Silva, otro de los prisioneros, también habló mucho informando que había reingresado al ejército por petición del PCB, que tenía un hermano estudiando en Cuba y luego dio los nombres de otros dos oficiales que podían ser colaboradores. Les quitamos toda la ropa a los prisioneros, excepto a los dos oficiales que conservaron sus uniformes, y les dimos nuestras vestimentas civiles que estaban guardadas en las cuevas. También curamos a los heridos y les explicamos a los soldados los objetivos de nuestra lucha. Ellos nos contestaron que no sabían por qué los habían mandado a combatirnos, que estaban de acuerdo con lo que nosotros decíamos y nos reiteraban la petición de fusilar al mayor Plata, oficial que tenía una actitud déspota en la unidad pero que ahora, delante de la tropa, se comportaba como un cobarde. Le explicamos que nosotros no matábamos a enemigos desarmados y tratábamos a los prisioneros como seres humanos, con dignidad y respeto.

Los días siguientes a la emboscada fueron de euforia y presión y alegría porque se iniciaba una etapa histórica con una fuerza combativa, pequeña pero con la moral muy alta. Además el resonante y sorpresivo triunfo revelando la presencia de un foco guerrillero acaparaba el primer lugar de las noticias que escuchábamos por radio. La presión era producto de la presencia de los dos visitantes: Régis Debray y Ciro Bustos (el Pelao). Tania había sido detectada y forzosamente tenía que quedarse con nosotros hasta esperar una oportunidad adecuada para que saliera con la más absoluta seguridad. El Chino, que también había quedado como visitante, decidió quedarse como combatiente. Pero Debray y Bustos debían salir en el menor tiempo posible. En una reunión, realizada el 27 de marzo, Ché planteó que las tareas inmediatas eran:

a) Sacar a los visitantes por un camino seguro, cercano a la ciudad.

b) Esconder todo el armamento y materiales que habían caído en nuestro poder después de la primera emboscada más algunas cosas nuestras para lo cual era necesario abrir otra cueva estratégica, labor que estaría a cargo de Moisés Guevara.

c) Enviar 10 hombres a buscar maíz a la finca, tarea que debían realizar con mucho cuidado para evitar que el ejército los sorprendiera.

Al día siguiente cuando nuestros hombres fueron a la finca a buscar el maíz se encontraron con que la cueva táctica había sido revisada por el ejército. Sorpresivamente llegaron también siete funcionarios de la Cruz Roja, varios soldados sin armas y dos médicos. Más tarde apareció un camión lleno de soldados, pero nuestros compañeros les ordenaron retirarse, cuestión que el ejército cumplió obedientemente.

Estos acontecimientos se producían 24 horas después del plazo que les habíamos dado para que recogieran sus muertos, lo que demuestra la desmoralización que había en sus filas y el respeto a nuestros hombres.

Mientras tanto Debray planteó que para él era un deber moral integrarse en nuestro núcleo guerrillero.

El famoso autor de "Revolución en la Revolución", conocido entre nosotros por Dantón, quería demostrar que no era un simple teórico, sino también un hombre de acción. Ché nos explicó que en esas circunstancias el filósofo francés era más necesario afuera que dentro. Dantón podría servir para dirigir un gran movimiento de solidaridad con nuestro foco, obtener declaraciones de intelectuales, reunir dinero, hacerse cargo de la propaganda, etc. Por lo escueto y personal, el Diario del Ché no refleja la opinión cabal que tenía sobre Debray, hombre al que estimaba mucho y le concedía gran valor intelectual, Ché le dijo que en ese momento debería salir y que más tarde tendría suficiente tiempo para realizar su experiencia guerrillera.

Con el objeto de sacar a los visitantes y cambiar nuestra zona de operaciones, conforme a los planes trazados previamente por Ramón, nos dirigimos a Gutiérrez porque el camino a Muyupampa, según nuestras primeras informaciones, estaba cortado por el ejército; sin embargo en Pirirenda nos enteramos de que en Gutiérrez también había tropas, por lo que decidimos regresar a Ñancahuazú, luego de la fuga de uno de los pobladores que, supusimos, informaría de nuestra presencia al ejército.

En Iripítí nos juntamos con la retaguardia que estaba al mando de Rolando y con el personal enfermo en el que estaba Joaquín. Ahí acampamos y se iniciaron las exploraciones para dirigirnos nuevamente a Gutiérrez, lugar que parecía más indicado para evacuar a los visitantes, Iripití fue el escenario de nuestro segundo combate y la tumba de nuestro primer compañero, el Rubio, José Suárez Gayol, un hombre de magníficas condiciones humanas, excelente compañero, con una moral sencilla y valiente, Vice-Ministro del azúcar, dejó todo, familia, honores para incorporarse a nuestra lucha.

A las 10 de la mañana del 10 de abril, nuestra retaguardia que estaba emboscada avistó una patrulla del ejército de varios hombres. La dejó avanzar hasta una distancia prudente. Veinte minutos más tarde comenzaba el combate con un saldo de tres muertos, un herido y siete soldados capturados. En nuestro poder cayeron también 6 fusiles Garand con una carabina M-1 y 4 fusiles mausers. Por nuestra parte perdimos al Rubio.

Cuatro soldados escaparon. Por esta razón, Ché ordenó adelantar la emboscada, esperando que el ejército enviara refuerzos de tropas a investigar lo ocurrido.

Nuevamente me tocó interrogar a los prisioneros. Nos dijeron que formaban parte de una compañía, que estaba río arriba, en Ñancahuazú, que había atravesado el cañón, recogido sus muertos y tomado el campamento.

Tal como se pensaba, una compañía de aproximadamente 120 hombres al mando del mayor Sánchez, entró en nuestra emboscada. A las 17:10 empezó de nuevo el combate con una victoria para nosotros, y un saldo negativo para el enemigo de 7 muertos, 6 heridos y 13 prisioneros, incluyendo al jefe de la columna. Además ocupamos una Browning, un mortero, 15 garands, 4 M-3, 2 M-1 y 5 mausers. Inexplicablemente, esta columna entró confiada a nuestra emboscada, sin tomar ninguna medida de seguridad. Cuando se les abrió fuego trataron de buscar protección. Como no encontraron dónde cubrirse se dispersaron y el resto de la tropa huyó internándose en el monte. Comenzamos entonces una persecución con tiros esporádicos contra los soldados. En ella Coco apresó al mayor Sánchez, al que Rolando. que estaba cerca, lo conminó a que diera la orden de rendición a su tropa. Sánchez ordenó a su gente que se retirara.

El mayor Sánchez pensó que lo íbamos a fusilar y cuando lo interrogué me pidió por favor se le permitiera enviar un recado a su esposa con uno de los soldados. Como lo había hecho anteriormente con el cobarde mayor Plata, le dije al mayor Sánchez que era norma nuestra respetar al enemigo vencido, garantizarle su vida, curar a sus heridos y permitirle llevarse a sus muertos junto con sus efectos personales. Le pregunté enseguida por qué había entrado tan confiado en el cerco y contestó:

-Veníamos a buscar a nuestros muertos y a investigar lo ocurrido. Como nos han enseñado que el guerrillero da un golpe y se retira no nos imaginamos que ustedes estaban aquí de nuevo esperándonos.

La respuesta del mayor Sánchez es una lección para las fuerzas guerrilleras. No debemos regirnos por esquemas, debemos crear siempre, desconcertar al enemigo. En la mañana siguiente pusimos en libertad a los prisioneros y les permitimos llevarse a los muertos y heridos de ambas batallas. También les concedimos una tregua de 24 horas.

El interrogatorio hecho a los prisioneros nos había llevado a la conclusión de que las tropas que cerraban el Ñancahuazú arriba eran las que se habían desplazado hasta la Casa de Calamina. Por lo tanto, el camino a Muyupampa estaba expedito. Como ya estábamos detectados en la zona de Iripití, Ramón cambió de itinerario y en lugar de partir hacia Gutiérrez iniciamos la marcha hacia Muyupampa, siempre con el objetivo de sacar con seguridad a Debray y a Bustos.
Emotivo acto por la primera sangre caída, cubana...

La muerte de Rubio conmovió a todos. Yo había visto que ocupaba una mala posición, pues era visible desde el río. Por eso le sugerí que la corrigiera. Cuando lo fueron a ver luego del tiroteo de la emboscada de la mañana, tenía una bala en la cabeza y murió a los pocos instantes. Fue su primer y único combate. Ché hizo un emotivo acto de recordación resaltando que la primera sangre caída era cubana, por lo que era necesario más que nunca integrarse con afecto y eliminar cualquier tendencia chauvinista.

El 17 de abril nos quedamos esperando que avanzara el ejército, después que un campesino se escapó. No sucedieron acontecimientos guerreros. Ese mismo día "El Pelao" habló con Pombo y le planteó que estaba muy inquieto por sus hijos, que no les había dejado recursos económicos para subsistir y tenía que cumplir otra serie de misiones en Buenos Aires. Le solicitó también que la salida no se realizara por un lugar donde la guerrilla hubiese operado para no llamar la atención del ejército. Pombo le contestó que no había por qué agitarse y esperara tranquilo el momento oportuno. Ya se notaba en él los primeros síntomas de desesperación.

En lo sucesivo es necesario mencionar una serie de fechas, pues se producen hechos que tienen una secuela de consecuencias posteriores. Ese mismo día Ché dio orden a Joaquín que se quedara con cuatro hombres considerados "resacas" y agregó al grupo de Moisés Guevara, Alejandro y Tania, pero estos últimos en calidad de enfermos. Moisés había sido afectado por un fuerte cólico hepático y Tania junto con Alejandro tenían el cuerpo hinchado y fiebre que oscilaba entre los 38 y 39 grados. Joaquín debía esperar por la zona, maniobrar pero sin chocar frontalmente contra el ejército. Como se puede apreciar se preveían dos cuestiones: nuestro pronto regreso (3 a 5 días) después de evacuar a los visitantes y la posibilidad de reintegro a la escuadra del centro que mandaba el Ché, de cuatro compañeros: los tres enfermos más el médico -Negro- que se había quedado con ellos. Éste fue, sin embargo, el último contacto que tuvimos con la retaguardia por una serie de factores que narraremos más adelante. Debemos destacar que siempre, en toda oportunidad, tratamos de ubicar a estos compañeros: incluso pensamos que Joaquín iría al Rosita, región que habíamos explorado en febrero-marzo y que era uno de los lugares de maniobra que el Ché había dado a conocer al jefe de la retaguardia. Nosotros sabíamos que Joaquín no tenía fuerza combativa con cuatro hombres/resacas, tres enfermos de consideración y sólo 10 compañeros que tenían que llevar todo el peso de las operaciones, de manera que nuestro afán por contactar con él fue permanente.

El 18 fue de caminata y exploración. Además detuvimos a algunos campesinos para que nos vendieran alimento y nos entregaran información. Al día siguiente se produjo otro acontecimiento novedoso: llegó hasta nosotros el periodista anglo-chileno George Andrew Roth, guiado por unos muchachitos del lugar por donde se había quedado operando Joaquín. El periodista nos pareció sospechoso. Su pasaporte tenia tachada la profesión de estudiante y cambiado por la de periodista, aunque él decía ser fotógrafo profesional que trabajaba como "free-lancer" para algunas publicaciones extranjeras. También tenia documentos como instructor dé los Cuerpos de Paz, visa de Puerto Rico. Además en su libreta de apuntes traía un cuestionario de preguntas que, según él, tenían por objeto confirmar los rumores difundidos por el ejército de que el Ché estaba con nosotros con el nombre de Ramón, además de la presencia de Tania y Debray. Estos informes los habían entregado los delatores.

Nuevamente me correspondió interrogar al prisionero. Contó que había estado con el ejército en nuestro campamento, y que incluso se había encontrado un diario de Braulio, donde se decía que Ramón era el Ché. Roth y los muchachitos guías relataron luego que el ejército estaba en Lagunillas y conocía nuestra presencia.

Le entregué a Roth una entrevista conmigo -el "Jefe" de la guerrilla- que había sido redactada por Ché y contenía un apretado relato de las acciones que habían ocurrido los días anteriores y los objetivos de nuestra lucha.
Ché se quedó con Pombo, Tuma y Urbano, cerca de Muyupampa. Al llegar cerca del pueblo dejamos al Pelao, Debray y Roth. Régis me pidió encarecidamente que le dijera al Ché que él salía en ese momento sólo por no dejar abandonado a Bustos, el que se encontraba muy desesperado y con bastante miedo. A esas alturas el Pelao ya mostraba lo que sucedería en el futuro. Por eso no nos sorprendió mucho que se convirtiera en eficiente colaborador del ejército, identificara a los cadáveres de nuestros compañeros muertos e hiciera dibujos de nuestros rostros, además de entregar una serie de datos característicos.

El objetivo nuestro y la petición de los visitantes estaban cumplidos. Esa noche no quisimos tomar Muyupampa porque nos informaron que el ejército nos estaba esperando en el pueblo.

El día 20 fue de agitación, "parlamentarismo" y bombardeo. En nuestro viaje de regreso para juntamos con Joaquín tratamos de conseguir alimentos, que ahora se convertía en un serio objetivo.

Llegamos a la casa de Nemesio Caraballo, un hombre que la noche anterior nos había ofrecido café y había tenido una actitud amable con nosotros. Ahora no estaba. Se había ido dejando solo a unos trabajadores que estaban muy temerosos. Les compramos algunos víveres y organizamos el almuerzo. Pasado el mediodía apareció una camioneta con una bandera blanca en la que venía un sacerdote, un médico y el subprefecto de Muyupampa. El cura era alemán. Nos traían en señal de buena voluntad, algunas golosinas y cigarros. La delegación nos ofreció "paz de tipo nacional" y nos rogó que no atacáramos Muyupampa porque el ejército estaba atrincherado. "No queremos derramamiento de sangre", reiteró.

Les contesté que no queríamos una "paz nacional" a menos que nos entregaran el poder, que era el objetivo de nuestra lucha como vanguardia del pueblo. Les pregunté cómo vivían los campesinos de los alrededores, la forma como los explotaban y al médico le exigí datos sobre la mortalidad infantil. Como en toda Bolivia, el cuadro era allí deprimente. Les dije: ¿Encuentran justa esa situación? Nosotros estamos peleando para que los pobres no sean más pobres y los ricos más ricos. Nosotros estamos combatiendo por el progreso del pueblo, para que no haya tanta hambre, tanta miseria. Especialmente el cura, contestó en forma de crítica que con nosotros estaban participando extranjeros. Le repliqué que los pobres, que los revolucionarios de todos los países, teníamos derecho a unirnos para luchar contra un enemigo común que estaba unido antes que nosotros y que era cruel y fuerte que esta situación daba carácter internacional a la lucha y que por eso nuestro ejército tenía abiertas las puertas a los patriotas de cualquier parte del mundo que quisieran participar con nosotros en la gran empresa de libertar a Bolivia. (Por instrucciones expresas del Ché, yo no debía desmentir categóricamente la presencia de compañeros de otras nacionalidades, aunque tampoco había de confirmarla, pues él sabia que este diálogo sería publicado y difundido Internacionalmente.)

Finalmente les ofrecí una paz para Muyupampa con la condición de que nos trajeran antes de las seis de la tarde una camioneta con víveres y medicinas que necesitamos.. Por los mismos personajes nos informamos que Dantón, Roth y Bustos habían sido detenidos.
La delegación se retiró, pero en lugar de medicinas y alimentos llegaron los aviones a bombardearnos. Tres AT-6 dejaron caer sus cargas mortíferas cerca de la casita donde estábamos ubicados y una esquirla hirió levemente en un pie a Ricardo.
Esa noche salimos rumbo a Ticucha. Desde ese momento tratamos de ubicar a Joaquín y al mismo tiempo proveernos del máximo de alimentos. El 22 tuvimos un breve choque con el ejército. En la mañana habíamos sorprendido al chofer de una camioneta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) que estaban examinando nuestras huellas acompañado por un campesino que habla delatado nuestra presencia. Los apresamos. Enseguida nos emboscamos para detener otros vehículos y golpear al ejército si se acercaba hasta nuestras posiciones. Sólo logramos conseguir alguna mercancía y plátano de un camión que cayó más tarde. A las 8 de la noche, cuando estábamos listos para partir, se sintió un breve tiroteo. Era Ricardo que sorprendió a un grupo de soldados y a un guía que llegaban a un firme para enseguida caer sobre nosotros. No supimos si habíamos ocasionado bajas al enemigo. En esa oportunidad se nos perdió el Loro Vázquez.

Nuestros hombres estaban emboscados y Rolando había dado orden de abandonar las posiciones a las 18.30 horas. Después de ese plazo, le esperaron un largo rato pero no apareció. Días más tarde la radio anunció que había sido capturado herido. Luego difundió su "fuga" del hospital de Camiri. Algunos periodistas han divulgado la idea de que el Ché lo envió en una misión solitaria. Esto es absolutamente falso.

Nunca supimos qué había pasado con él. El mismo Ramón explica en su Diario que el saldo es "negativo" entre otros factores, por la "pérdida" (aunque espero que transitoria) de un hombre...". Antecedentes que hemos recogido con el tiempo nos permiten conocer, sin embargo, que Loro murió como un valiente. Herido, fue bestialmente torturado por los esbirros del presidente Barrientos. Como no le pudieron sacar ni una sola confesión que nos delatara, se lo llevaron en un helicóptero y lo tiraron vivo, en medio de la selva. Lorito fue un hombre valiente, audaz, leal. Fue uno de los cuatro que trabajó incansablemente en la preparación previa al foco.

Al día siguiente de ese pequeño choque. Ramón envió a Benigno y Aniceto a una misión de cuatro días para buscar a Joaquín. Mientras tanto nosotros seguimos en los alrededores, esperando el cumplimiento de esa misión. El 25 de abril tuvimos otra pérdida sensible: la de Rolando. Mientras estaban de posta Pombo y Eustaquio descubrieron una columna del ejército de aproximadamente 30 soldados. Luego regresó Eustaquio diciendo aun no eran 30 sino 60 los soldados. Ché dispuso ocupar posiciones en forma rápida, pero nos vimos obligados a luchar en un lugar no apto para la emboscada. Rolando, que era un hombre de gran coraje, se puso en la posición más difícil a la salida de una curva y tuvo que enfrentarse directamente con un ametralladorista que le disparó varias ráfagas. Un balazo le partió el fémur y todo el paquete vásculo nervioso. A pesar de los esfuerzos que se hicieron para salvarlo, se desangró rápidamente. Rolando, comisario político, hombre de apenas 24 años de edad, tenía un porvenir brillante. Era el más desarrollado política y militarmente de todos los compañeros que allí habían.

Ésa fue la emboscada que dirigió personalmente el Ché y que relata de la siguiente manera:

"Al poco rato, apareció la vanguardia que para nuestra sorpresa estaba integrada por tres pastores alemanes con su guía. Los animales estaban inquietos pero no me pareció que nos hubieran detectado, sin embargo siguieron avanzando y tiré sobre el primer perro, errando el tiro, cuando iba a darle al guía se encasquilló el M-2. Miguel mató otro perro, según pude ver sin confirmar, y nadie más entró en la emboscada. Sobre el flanco del ejército comenzó un fuego intermitente. Al producirse un alto, mandó a Urbano para que ordenara la retirada pero vino con la noticia de que Rolando estaba herido, lo trajeron al poco rato ya exangüe y murió cuando se empezaba a pasarle el plasma."

La retirada fue lenta y nos preocupamos de salvar todas las cosas y enterrar a Rolando. Por la tarde nos encontramos con Benigno y Aniceto que habían perdido las mochilas después del breve tiroteo con el ejército. Eso determinó una nueva situación. Entre nosotros y Joaquín se interponían ahora los soldados y nuestras salidas naturales estaban bloqueadas. Por lo tanto había que tirarse hacia las montañas abriendo sendas y alejándonos un poco de Joaquín para tratar de llegar hasta su posición por otro lado.
Hasta ese momento el triunfo era neto para nuestras fuerzas. Debíamos lamentar la muerte de Rubio, Rolando v la desaparición de Loro. La moral estaba muy alta y la disposición combativa excelente. Sólo se hacían denodados esfuerzos para tomar contacto con Joaquín y con ese propósito estábamos operando.

En mayo hubo tres batallas mientras dábamos vueltas por la zona realizando nuestro trabajo de persuasión campesinos y la denodada búsqueda de Joaquín. Todas fueron victorias, resonantes para nosotros, a pesar de las radios y los partes oficiales que inventaban "grandes bajas guerrilleras". La primera fue el 8 de mayo. Ché había dispuesto una emboscada en Ñancahuazu, en nuestro campamento, que lo habíamos retomado. Estaba e cargo de Pacho. A las 10.30 de la mañana herimos a dos soldados que se internaron descuidadamente. Luego de curarles sus heridas los dejamos prisioneros. A las 12 detuvimos a otros dos que venían desarmados bajando por el Ñancahuazu. Los cuatro eran unos mentirosos redomados. Trataron de desinformarnos diciendo que habían salido a cazar pero a su regreso la compañía había desaparecido. Ahora la andaban buscando. Todo era falso, la compañía estaba situada más arriba.

La emboscada siguió en su puesto hasta que a las 7 de la tarde, cuando ya estaba oscureciendo, el ejército se asomó tomando muchas medidas de seguridad. Llegó hasta la entrada del cañón y se retiró, al parecer probando si se les disparaba o no. En una de estas oportunidades se internaron y cayeron en la trampa. El combate fue breve. En la acción cayó muerto el subteniente Laredo junto con dos soldados. Tomamos seis prisioneros más, pero el resto del pelotón huyó. El saldo fue: tres muertos, 10 prisioneros (2 de ellos heridos), siete M-1, cuatro mausers, equipo personal, parque y un poco de comida.

El subteniente Laredo tenía un diario de campaña y una carta de su mujer que nos causó tremenda sorpresa. En el diario en la fecha mercada de 1º de mayo se refería a los trabajadores como holgazanes y otros adjetivos despectivos. En cuanto a su tropa hablaba de la falta de moral combativa, mencionando a soldados que lloraban cuando se enteraban de la presencia cercana de los guerrilleros. La carta de la esposa se refería a la preocupación que ella tenía por Laredo. pero luego hacía un agregado en el que más o menos decía lo siguiente: "Nuestra amiga te pide que nos traigas una cabellera de guerrillero y yo te pido lo mismo para adornar el living de la casa".

Este episodio nos hace recordar los tristes y siniestros días del nazismo y la profunda brecha que existía entre la conducta o el animo del ejército respecto a los guerrilleros, que contrastaba con el trato digno y humano que nosotros dimos a los prisioneros.

El respeto del Ché por la persona humana, independientemente de la conducta que ésta observara, se puso de manifiesto una vez más al decidir esperar una oportunidad adecuada para devolver el diario del teniente Laredo a la madre de éste, puesto que el oficial enemigo así lo hacía constar. como un deseo expreso, si llegaba a morir en combate o era capturado por nosotros. El diario de Laredo permaneció en la mochila del Ché hasta la emboscada de Yuro el 8 de octubre.

El segundo combate del mes de mayo fue el día 30. Habíamos llegado hasta la línea del ferrocarril a Santa Cruz buscando el Michuri, siempre con el pensamiento puesto sobre Joaquín que, al parecer, se había movido hacia el norte. En un camino petrolero Ché dejó una emboscada mientras se realizaba una exploración en un jeep que se había requisado a YPFB. A las tres de la tarde se produjo el choque.

Nuevamente dimos un golpe: tres soldados muertos y un herido. Al día siguiente cerramos el mes de mayo con otro triunfo, aunque menor de lo que esperábamos. Dos camiones del ejército que avanzaban por el camino fueron atacados por nosotros. Uno huyó, pero destruimos otro. Pudimos provocar grandes bajas en sus filas si el Ñato en su apresuramiento, no dispara una granada con bala de guerra en lugar de hacerlo con bala de salva. Este incidente provocó una gran explosión que asustó a los militares. Afortunadamente el Ñato resultó ileso, aunque destruyó el tromblón del fusil.