Anton Pannekoek

Lenin filósofo

Consideraciones críticas sobre los fundamentos filosóficos del leninismo

1938


Título original: "Lenin als Philosoph. Kritische Betrachtung der philosophischen Grundlagen des Leninismus"
Publicado: en Bibliothek der Rätekorrespondenz, Nº 1. Ausgabe der Gruppe Internationaler kommunisten en Amsterdam, 1938.
Digitalización: Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques
HTML: Jonas Holmgren


Índice de materias:


V. MACH

En la última parte del siglo XX, el mundo burgués se alejó cada vez más del materialismo. La burguesía reforzó su dominación sobre la sociedad al desarrollar el capitalismo. Pero el crecimiento de la clase obrera, cuya posición social era una manifestación permanente de la imperfección del sistema, y cuyo objetivo declarado era la destrucción de éste, llevó a la burguesía a dudar de la perennidad del capitalismo. A la confianza de los comienzos sucedió la inquietud, tanto el mundo futuro como el presente ocultaban una multitud de problemas insolubles. Y como las fuerzas materiales visibles le prometían mañanas desagradables, la burguesía intentó apaciguar sus temores y reafirmar su confianza en sí misma volviéndose hacia creencias en un predominio de las potencias espirituales. Las tendencias místicas y religiosas volvieron a primer plano. Esta evolución se reforzó más en el siglo XX tras la primera guerra mundial.

Los hombres de ciencia pertenecen al mundo burgués; están en contacto permanente con la burguesía y son influenciados por las corrientes ideológicas que la agitan. Pero el desarrollo de la ciencia les ha obligado a ocuparse de problemas nuevos, a hacer frente a contradicciones que salían a la luz en sus conceptos. La crítica de sus teorías, que se veían obligados a hacer, no se derivaba de una concepción filosófica clara, sino de las necesidades directas, prácticas, de su estudio de la naturaleza. Esta crítica tomó la forma y la tonalidad de las corrientes ideológicas anti-materialistas que predominaban en el seno de la clase dirigente. Por esta razón la filosofía moderna de la naturaleza presenta dos tendencias: reflexión crítica sobre los conceptos fundamentales de la ciencia, y crítica del materialismo. Estas concepciones tomaron un aspecto ideológico y místico. Pero esto no quiere decir que carezcan de valor o sean estériles, como tampoco lo había sido el sistema filosófico idealista de Hegel en tiempos de la Restauración.

A finales del siglo XIX y en varios países, aparecieron numerosas críticas de las principales teorías en curso. Citemos, por ejemplo, las de Karl Pearson en Inglaterra, Gustav Kirchhoff y Ernst Mach en Alemania, Henri Poincaré en Francia. Todos estos críticos, aun siguiendo caminos diferentes, representaban una misma tendencia. Pero, sin ninguna duda, son las obras de Mach las que han ejercido la mayor influencia.

Según él, la física no debe partir de la materia, de los átomos, de las cosas, pues éstos son conceptos derivados. Lo que conocemos directamente es la experiencia, y los componentes de toda experiencia son las sensaciones, las impresiones sobre los sentidos (Empfindung). Bajo la influencia de nuestro sistema de conceptos adquirido en el curso de nuestra educación y heredados de nuestros hábitos intuitivos, explicamos cada sensación como el efecto de un objeto sobre nuestra persona en tanto que sujeto: por ejemplo, yo veo una piedra. Pero si nos liberamos de este hábito, constatamos que esta sensación es un todo en sí misma, dado directamente sin distinción de sujeto u objeto. A través de la experiencia de un cierto número de sensaciones yo llego a distinguir los objetos y, además, lo que yo conozco de mí mismo no lo sé más que por un conjunto análogo de tales sensaciones. Como el sujeto y el objeto se construyen, a fin de cuentas, a partir de sensaciones, es preferible evitar la palabra sensaciones, que se refiere a la persona que las percibe. Por eso, continúa Mach, preferimos utilizar una palabra más neutra, "elemento", para designar la base más elemental del conocimiento. (Posteriormente se utilizará con frecuencia una palabra colectiva: lo dado.)

Para el pensamiento corriente ahí hay una paradoja. ¿Cómo podría una piedra, "cosa" sólida por excelencia, dura, inmutable, componerse o "consistir en" sensaciones, cosas tan subjetivas como efímeras? Pero si se mira más de cerca, se da uno cuenta rápido que lo que caracteriza a una cosa es precisamente esto y nada más. Su dureza, por ejemplo, no es nada más que la experiencia de un cierto número de sensaciones, frecuentemente dolorosas; en cuanto a su carácter inmutable, éste resulta de una serie de experiencias que muestran que cada vez que nos encontramos en la misma situación, vemos repetirse las mismas sensaciones. Por eso contamos con un orden fijo en el desarrollo de nuestras sensaciones. En nuestra concepción de una cosa no hay nada, pues, que no tenga en definitiva la forma o el carácter de una sensación. Un objeto no es más que la suma de todas nuestras sensaciones experimentadas en diferentes momentos y que, porque admitimos cierta permanencia de lugares y de lo que los rodea, son combinadas conjuntamente y designadas con un mismo nombre. Un objeto no es nada más. No hay ninguna razón para suponer, con Kant, la existencia de una "cosa en sí" (Ding an sich) fuera de esta masa de sensaciones; y ni siquiera nos es posible expresar con palabras lo que hay que entender por la existencia de una cosa en sí. Por consiguiente, no solamente el objeto está construido sólo a partir de sensaciones, sino que no se compone más que de sensaciones. Y Mach expresaba así su oposición a la física tradicional de su época:

"No son los cuerpos los que producen sensaciones, sino los complejos de elementos (complejos de sensaciones) los que forman los cuerpos. Y si el físico considera que los cuerpos son una realidad permanente y los "elementos" una apariencia pasajera y efímera, es porque no se da cuenta de que todos los "cuerpos" no son más que los símbolos mentales de complejos de elementos (complejos de sensaciones)."[1]

Lo mismo ocurre con el sujeto. Lo que llamamos el "yo" es un complejo de recuerdos y de sentimientos, de sensaciones y de ideas pasadas y presentes ligados entre sí por la continuidad de la memoria y vinculados a un cuerpo particular, pero que no son más que parcialmente permanentes.

"No es el "yo" el primario, son los elementos (...)Los elementos forman el "yo". Los elementos de la conciencia de un individuo dado están fuertemente ligados entre sí pero, por el contrario, ligados muy débilmente y sólo ocasionalmente a los de otro individuo. Por esta razón cada cual cree no conocer más que a sí mismo en tanto que unidad indivisible, independiente de todas las otras."[2]

"La naturaleza se compone de elementos suministrados por los sentidos. El hombre primitivo primero aprehende entre ellos ciertos complejos de estos elementos que se reproducen con cierta constancia y que para él son los más importantes. Las primeras palabras, las más antiguas, son nombres de "cosa". Pero aquí se hace abstracción del entorno, de las pequeñas modificaciones que estos complejos sufren sin cesar y que, debido a que son menos importantes, no son recordadas. No hay en la naturaleza cosa invariable. La cosa es una abstracción, el nombre es un símbolo de un complejo de elementos cuyos cambios no tenemos en cuenta. Y si designamos el complejo en su conjunto con una sola palabra, con un solo símbolo, esto se debe a que experimentamos la necesidad de despertar de una sola vez todas las impresiones que van ligadas a este complejo (...) Las sensaciones no son "símbolos de las cosas". Por el contrario, la "cosa" es más bien un símbolo mental para un complejo de sensaciones de una estabilidad relativa. No son las cosas o los cuerpos, sino los colores, los sonidos, la presión, el espacio, el tiempo (lo que llamamos corrientemente las sensaciones) los que son los verdaderos elementos del mundo. Todo el proceso tiene un sentido económico. Al describir los hechos, comenzamos por los complejos más estables, los más habituales y corrientes, y a continuación añadimos lo que es inhabitual como corrección."[3]

En la obra que acabamos de citar, y en la que trata del desarrollo histórico de los principios de la mecánica, Mach está muy próximo al método del materialismo histórico. En efecto, para él, la historia de la ciencia se resume en la de una serie de grandes hombres cuyo genio ha permitido los grandes descubrimientos. Por el contrario, muestra cómo los problemas prácticos son resueltos primero por los métodos de pensamiento de la vida cotidiana y después acaban por encontrar su expresión teórica más simple y adecuada. Y por ahí mismo insiste en el papel "económico" de la ciencia.

"Toda ciencia tiene como fin reemplazar o economizar experiencias, representando y previendo los hechos mediante el pensamiento; pues estas reproducciones están a disposición más fácilmente que las experiencias mismas y, en gran medida, pueden reemplazarlas."[4]

"Cuando nos representamos hechos por medio del pensamiento, jamás los reproducimos como son exactamente, sino que retenemos sólo los aspectos que son importantes para nosotros. Al actuar así, perseguimos un fin surgido directa o indirectamente de preocupaciones prácticas. Nuestras representaciones son siempre abstracciones. Aquí también se encuentra la tendencia a la economía."[5]

En esta concepción, la ciencia, tanto la más especializada como el conocimiento más común, está ligada a las necesidades de la vida, es un medio de existencia.

"La tarea biológica de la ciencia consiste en dar al hombre en plena posesión de sus sentidos una orientación (Orientierung) tan perfecta como posible."[6]

Para que el hombre pueda reaccionar eficazmente en cada situación de la vida, frente a cada impresión creada por el entorno, de ningún modo se necesita que traiga a su memoria todos los casos anteriores en que se ha encontrado en una situación análoga, y lo que ha resultado de ello; le basta conocer las consecuencias en el caso general para decidir su conducta. La regla, el concepto abstracto, son instrumentos siempre listos a ser utilizados que nos evitan tener que considerar mentalmente todos los casos anteriores. Las leyes de la naturaleza no suministran una previsión de lo que debe o va a ocurrir en la naturaleza, sino aquello que esperamos; y ése es precisamente el fin mismo que deben cumplir.

La elaboración de conceptos abstractos, de reglas, de leyes de la naturaleza, sea en la vida cotidiana o en el ejercicio de las ciencias, es un proceso que desemboca en economizar la actividad cerebral, en economizar el pensamiento. Mach muestra con un cierto número de ejemplos tomados de la historia de las ciencias que los progresos científicos se reducen siempre a acrecentar esta economía, es decir, a condensar dominios de experiencia cada vez más grandes, de manera cada vez más concentrada, de suerte que para hacer predicciones se pueda evitar repetir las mismas operaciones mentales.

"La vida del hombre es corta y su memoria es limitada, y no se puede adquirir un número de conocimientos apreciable más que con la ayuda de la economía del pensamiento más extremada (...) (Así la tarea de la ciencia consiste) en representar los hechos tan completamente como sea posible con el mínimo esfuerzo cerebral."[7]

El principio de la economía de pensamiento determina, según Mach, el carácter de la investigación científica. Lo que la ciencia presenta como propiedades de las cosas, las leyes de los cuerpos, de los átomos, no son en realidad más que relaciones entre sensaciones. Por ejemplo, los fenómenos entre los cuales la ley de la gravitación establece relaciones se componen todos de un cierto número de impresiones visuales, táctiles y auditivas. La ley nos dice que estos fenómenos no tienen lugar al azar, y predice los que podemos esperar. Por supuesto, las leyes no podrían enunciarse de esta manera, demasiado complicada para poder ser apropiada y aplicable en la práctica. Pero, desde el punto de vista de los principios, es importante constatar que todas estas leyes sólo expresan relaciones entre fenómenos. Si en nuestra concepción del éter o de los átomos surgen contradicciones, no son contradicciones de la naturaleza sino que provienen de la forma que hemos elegido para expresar nuestras abstracciones y leyes, con el único fin de utilizarlas de la manera más práctica. La contradicción desaparece cuando presentamos los resultados de la investigación en forma de relación entre magnitudes observadas, es decir, en última instancia, entre sensaciones.

El espíritu no comprometido en la actividad científica se turba fácilmente por el hecho de que una concepción adaptada a un fin particular pueda ser tomada como base de todo el sistema de la investigación científica. Es el caso, dice Mach, de aquel que considera

"todas las experiencias (...) como efectos del mundo exterior sobre la conciencia. De ello resulta entonces una confusión aparentemente inextricable de dificultades metafísicas. Pero este fantasma desaparece cuando consideramos las cosas bajo su forma matemática y nos damos cuenta de que para nosotros no tiene valor más que el establecimiento de relaciones y funciones, y la única cosa que deseamos conocer realmente son las relaciones mutuas entre las experiencias."[8]

Se podría creer que Mach manifiesta aquí dudas acerca de la existencia de un mundo exterior independiente del hombre y que actúa sobre él. Pero en muchos otros lugares habla de la naturaleza dentro de la cual debemos organizar nuestra vida y que debemos explorar. Lo que quiere decir es que el mundo exterior tal cual es comprendido por la física y por la opinión corriente, es decir, el mundo de la materia y de las fuerzas que engendran los fenómenos, nos conduce a contradicciones. Estas contradicciones sólo pueden ser resueltas si volvemos cada vez a los fenómenos y en lugar de discutir sobre palabras expresamos nuestros resultados en forma de relaciones entre nuestras observaciones. Es lo que a continuación se llamó el "principio de Mach" [que se puede enunciar así: Cuando nos preguntamos si una afirmación tiene sentido o no y, en caso afirmativo, cuál, debemos buscar qué experiencia puede confirmarla o invalidarla.] Este principio ha jugado un papel importante en nuestros días, por un lado en las controversias sobre el tiempo y el espacio que acompañaron a la teoría de la relatividad y, de otro, en la comprensión de los fenómenos atómicos y de la radiación. Para Mach mismo, se trataba de encontrar un campo de interpretación más amplio de los fenómenos físicos. En la vida cotidiana, los cuerpos sólidos son los complejos de elementos más evidentes [y por esta razón la mecánica, es decir, la ciencia que trata de los movimientos de estos cuerpos, ha sido el primer dominio de la física en desarrollarse.] Pero eso no es una razón para hacer de la disposición de los átomos y de la teoría atómica el esquema de base de todo el universo. En lugar de querer explicar todos los fenómenos, el calor, la electricidad, la luz, la química, la biología, por el movimiento de estas partículas microscópicas, valdría más desarrollar conceptos apropiados a cada dominio.

Sin embargo, hay cierta ambigüedad en lo que Mach dice del mundo exterior, ambigüedad que revela una inclinación segura hacia el subjetivismo correspondiente a las tendencias generales del mundo burgués hacia el misticismo y que debía ir reforzándose. Más tarde, Mach se complacerá en descubrir por todas partes corrientes emparentadas con sus ideas, y se apresurará a aprobar en términos aduladores las filosofías idealistas que dudan de la realidad del mundo material. Tampoco hay que buscar en Mach un sistema filosófico homogéneo y coherente llevado hasta sus últimas consecuencias. Lo que le parecía más importante era hacer observaciones críticas destinadas a estimular la aparición de ideas nuevas, que él expresaba con frecuencia en forma de paradojas, de rasgos punzantes contra las concepciones admitidas generalmente, pero sin preocuparse demasiado de eliminar toda contradicción en sus afirmaciones o de resolver todos los problemas. Su intención no es la del filósofo que construye un sistema sin fallo, sino la del sabio que presenta sus ideas como una contribución parcial al conjunto del trabajo de la colectividad científica, seguro de que otros corregirán los errores y completarán lo que ha quedado inacabado.

"La suprema filosofía del sabio consiste precisamente en darse por satisfecho con una visión incompleta del mundo (Weltanschauung) y preferirla a un sistema filosófico completo aparentemente, pero insatisfactorio."[9]

Mach tiene tendencia a hacer resaltar el lado subjetivo de la experiencia. Esto se manifiesta cuando describe como sensaciones los datos inmediatos del mundo (los fenómenos). Ciertamente, este comportamiento se basa en un análisis más profundo de los fenómenos. El fenómeno de una piedra que cae implica toda una serie de sensaciones visuales que se suceden y que están ligadas al recuerdo de sensaciones visuales y espaciales anteriores. Se podría decir, pues, que los elementos de Mach, es decir, las sensaciones, son los constituyentes más simples de los fenómenos. Cuando Mach dice: "Es exacto que el mundo se compone de nuestras sensaciones."[10] [él quiere poner el acento en el carácter subjetivo de los elementos del mundo, pero no dice: mis sensaciones propias] como tampoco dice: el universo está formado por mis sensaciones. El solipsismo le es totalmente extraño y es completamente incompatible con su sistema de pensamiento - para Mach el "yo" es asimismo un complejo de sensaciones - y además él rechaza el solipsismo expresamente. Detrás de la palabra "nosotros" se ocultan las relaciones entre los hombres (pero Mach no va más allá de esta manera de expresarse). Cuando examina la relación entre el mundo construido a partir de sus sensaciones y los otros hombres, es muy impreciso:

"De la misma manera que yo no considero el rojo y el verde como pertenecientes a un cuerpo particular, tampoco hago distinción esencial - desde el punto de vista de esta orientación general - entre mis sensaciones y las de otro. Los mismos elementos se encuentran reunidos bajo forma de puntos nodales (Verknüpfungspunkte) en numerosos "yo". Aparecen, desaparecen y se modifican constantemente."[11]

Se podría objetar aquí que si el rojo y el verde pertenecen a varios cuerpos a la vez, ya no son sensaciones, esos elementos constitutivos de la experiencia, sino ya conceptos abstractos, "el rojo" y "el verde", extraídos de impresiones parecidas llegadas de fenómenos diferentes. Nosotros encontramos ahí una renovación de las bases de la ciencia, la que consiste en reemplazar conceptos, como los de cuerpo y materia, por otros conceptos abstractos, por ejemplo, el color, a los que llamamos propiedades de los primeros. Pero cuando Mach dice que su sensación y la de otro son el mismo elemento (el "yo" y el otro son ambos puntos nodales) la palabra "elemento" es tomada en un sentido diferente, y toma el carácter de un fenómeno que va más allá del individuo.

La tesis de Mach según la cual el mundo se compone de nuestras sensaciones contiene la verdad fundamental de que sólo conocemos el mundo a través de nuestras sensaciones. Ellas son el único material con el que podemos construir nuestro mundo. Sólo en este sentido, el mundo, comprendido el "yo", se "compone" únicamente de sensaciones. Pero para Mach esta tesis contiene algo más y él pone el acento en el carácter subjetivo de las sensaciones, revelando así la misma tendencia ideológica burguesa que encontramos en los otros filósofos de la misma época. Esta tendencia es todavía más manifiesta cuando señala que sus concepciones son capaces de hacer desaparecer el dualismo, ese eterno antagonismo filosófico entre los mundos de la materia y el espíritu. Según Mach, el mundo físico y el mundo psíquico se componen de los mismos elementos, pero combinados de modo diferente. La sensación de "verde" que experimento al ver una hoja, ligada con todas las sensaciones que yo u otros hemos podido experimentar frente a las hojas, es un elemento de la hoja "material"; esta misma sensación ligada esta vez a mi retina, mi cuerpo y mis recuerdos se convierte en un elemento de mi yo y, junto a otras impresiones que he tenido antes, un elemento de mi espíritu.

"Yo no veo ninguna oposición entre lo físico y lo psíquico sino, por el contrario, una identidad profunda en lo concerniente a los elementos. En la esfera sensorial de mi conciencia, cada objeto es a la vez físico y psíquico."[12]

"No es el contenido, sino la dirección de las investigaciones lo que difiere entre los dos dominios."[13]

Así desaparece el dualismo; el mundo entero es una unidad y se compone de elementos idénticos que no son los átomos, sino las sensaciones.

"No hay dificultad alguna en representar todos los elementos físicos a partir de las sensaciones, que son al mismo tiempo elementos psíquicos pero, por el contrario, es imposible representar un fenómeno psíquico cualquiera a partir de los elementos en uso en la física moderna, como la masa o los movimientos (...) Hay que darse cuenta de que nada puede convertirse en objeto de una experiencia o de la ciencia si no puede, de una manera u otra, ser parte de la conciencia."[14]

Es en esta nota de una obra de 1905 donde sale a la luz el espíritu anti-materialista del mundo burgués. El método, que sirve para caracterizar los elementos, hasta ahí prudente, meditado y neutro, es abandonado bruscamente, y los elementos mismos calificados de "psíquicos". Así el mundo físico se encuentra enteramente integrado en el dominio psíquico. Pero, para nosotros, aquí no se trata de hacer la crítica de las ideas de Mach, sino de exponer una corriente de pensamiento y, más particularmente, en sus relaciones con la sociedad. Por eso no discutimos la tautología de la frase final según la cual lo que es consciente no puede ser más que lo que se encuentra en la conciencia, es decir, que el mundo no puede ser más que espiritual.

Si admitimos difícilmente que los elementos constituyentes del universo son las sensaciones es, dice Mach, porque en nuestra juventud hemos asimilado sin espíritu crítico la imagen totalmente acabada del mundo que la humanidad ha elaborado intuitivamente en el curso de los milenios de su evolución. Mach expone entonces cómo, con ayuda de un razonamiento filosófico, se puede llegar a describir conscientemente y con espíritu crítico todo este proceso. Partiendo otra vez de las experiencias más simples, es decir, de las sensaciones elementales, podemos reconstruir paso a paso el universo: nosotros mismos, el mundo exterior, los diferentes cuerpos que forman parte del mundo exterior, pero ligados a lo que experimentamos, a nuestras acciones, a nuestros recuerdos personales. Así, por analogía, nos damos cuenta de que los otros hombres son nuestros semejantes, de la misma naturaleza que nosotros y que, por consiguiente, sus sensaciones, de las que tenemos conocimiento por sus testimonios, son materiales parecidos a los nuestros, que podemos utilizar en nuestra construcción del mundo. Mach se detiene aquí y antes de la etapa que le llevaría a la concepción de un mundo objetivo. No es una laguna accidental, sino una concepción fundamental. Por lo demás, esto se encuentra, y más acentuado aún, en Carnap, uno de los principales portavoces de la filosofía moderna de la naturaleza. En La construcción lógica del mundo se fija el mismo objetivo que Mach, pero lo persigue de una manera todavía más rigurosa: si se elige como punto de partida la ignorancia total pero la plena posesión de las facultades espirituales, ¿cómo se llega a reconstituir el mundo con todo lo que contiene? Partiendo de "mis sensaciones" yo establezco un sistema "de enunciados" y "de objetos" (Carnap designa con la palabra Gegenstand todo lo que puede dar lugar a un enunciado), y así la existencia de "objetos" físicos y psíquicos, con los cuales yo construyo el "mundo" en forma de un sistema ordenado de mis sensaciones. La cuestión del dualismo entre el cuerpo y el alma se resuelve de la misma manera que en Mach; lo material y lo espiritual se componen de los mismos materiales, las sensaciones, y no difieren más que por su combinación. Las sensaciones de los otros hombres conducen, si se cree su testimonio, a un mundo físico que corresponde exactamente al mío. Es el mundo "inter-subjetivo", común a todos los sujetos, el mundo del que tratan las ciencias de la naturaleza. Y Carnap se detiene igualmente ahí, satisfecho de haber eliminado todo dualismo y de haber mostrado que toda cuestión sobre la realidad del mundo no tiene sentido puesto que la "realidad" no puede ser probada más que por nuestras experiencias, nuestras sensaciones: aquí se detiene el encadenamiento de la constitución del mundo.

Es fácil descubrir los límites de esta concepción de las estructuras del mundo. Tanto para Mach como para Carnap, el mundo, así constituido, es un mundo instantáneo, que se supone inmutable. Se deja de lado el hecho de que el mundo esté en evolución perpetua. Tenemos que ir más allá del punto en que Carnap se ha detenido. Sabemos por experiencia que la gente nace y muere. Cuando mueren los hombres, cuyas experiencias han servido para constituir el mundo, no por eso el mundo deja de seguir siendo el mismo. Yo sé que cuando mis sensaciones, mi "experiencia", desaparezcan con mi muerte, el mundo continuará existiendo. Las experiencias científicas admitidas por todos nosotros han permitido llegar a la conclusión de que hace miles de años no había hombres en la tierra, ni siquiera seres vivos. El hecho de la evolución, que descansa en nuestras sensaciones agrupadas en la ciencia, demuestra que ha existido un mundo del que estaba excluida la sensación. Así se pasa de un mundo inter-subjetivo, común a todos los hombres, a un mundo objetivo independiente del hombre. La concepción del mundo ha cambiado totalmente. Una vez constituido este mundo objetivo, todos los fenómenos son considerados como independientes del observador y se convierten en relaciones entre las diversas partes del mundo total. El mundo es el conjunto de estas innumerables partes que actúan unas sobre otras. Cada parte consiste en la totalidad de sus acciones y reacciones con el resto del mundo; todas estas acciones mutuas forman los fenómenos que la ciencia estudia. El hombre también es una parte del mundo: nosotros no somos más que la totalidad de nuestras acciones y reacciones con el mundo exterior. Nuestras sensaciones aparecen ahora bajo una nueva luz. Representan las acciones del mundo sobre nosotros mismos, pero no son más que una parte ínfima de todas las interrelaciones que constituyen el universo. Por supuesto, son la única realidad que nos es dada directamente. Cuando el hombre construye el mundo a partir de sus experiencias personales, reconstruye en su espíritu un mundo objetivo que ya existe. Nuevamente nos encontramos frente a una doble imagen del mundo y de nuevo se plantean los problemas de la teoría del conocimiento. El materialismo histórico ha mostrado cómo se las puede resolver sin recurrir a la metafísica.

Se puede uno preguntar por qué dos filósofos de la naturaleza tan eminentes no han dado el paso que les hubiese llevado a la constitución de un mundo objetivo, mientras que la lógica de sus razonamientos hubiese debido llevarlos allí. No se lo puede uno explicar más que a partir de su concepción del mundo. Su modo instintivo de abordar los problemas es anti-materialista. Al detenerse en un mundo subjetivo o inter-subjetivo construido a partir de la experiencia personal, llegan a una concepción monista del mundo en la que el mundo físico se compone de elementos psíquicos, y refutan el materialismo. Se tiene aquí un ejemplo especialmente significativo del modo como una concepción de clase llega a determinar la orientación de la ciencia y de la filosofía.

En resumen, podemos decir que hay que distinguir dos fases en las concepciones de Mach. En la primera, reduce los fenómenos de la naturaleza a las sensaciones, mostrando así su carácter subjetivo. No intenta utilizar estas sensaciones para construir, por medio de deducciones precisas, un mundo objetivo. Este mundo objetivo lo acepta como algo evidente, que cae de su peso, pero impulsado por su deseo de no ver la realidad inmediata más que en las sensaciones consideradas como elementos psíquicos, le da un vago carácter místico. Viene después la segunda fase, el paso del mundo de los fenómenos al mundo de la física. Lo que la física, y también el sentido común, convencido por la vulgarización científica, consideran como la realidad del mundo (materia, átomos, energía, leyes de la naturaleza, formas del espacio y del tiempo, el yo) no son más que abstracciones a partir de un grupo de fenómenos. Mach reúne las dos etapas en una sola diciendo que las cosas son complejos de sensaciones.

La segunda fase nos lleva de nuevo a Dietzgen. La similitud es aquí manifiesta. Las diferencias entre Mach y Dietzgen provienen de sus concepciones de clase. Dietzgen se ha basado en el materialismo dialéctico y sus concepciones eran una consecuencia directa del marxismo. Mach, influenciado por la reacción que surgía en la clase burguesa, consideraba que su tarea era una crítica fundamental del materialismo naturalista bajo una forma que asegurase la supremacía sobre la materia a cualquier principio espiritual. Además hay una diferencia en sus actitudes personales y sus fines específicos. Dietzgen era un filósofo de amplias miras que ha intentado explicar el funcionamiento del cerebro humano. La experiencia práctica, tanto en el dominio de la vida cotidiana como en el de la ciencia, le ha servido de material para conocer el conocimiento. Mach era un físico que sobre todo ha intentado mejorar la manera como operaba hasta entonces el espíritu humano en la investigación científica. El fin de Dietzgen era hacer aparecer claramente el papel del conocimiento en la evolución social para que la lucha del proletariado se aprovechase de ello. El fin de Mach era mejorar la práctica de la investigación científica para que las ciencias de la naturaleza se aprovechasen de ello.

Cuando habla de la aplicación práctica de sus concepciones, Mach se expresa de diferentes maneras, a veces de manera extravagante. Aquí piensa que es inútil emplear las abstracciones corrientes:

"Conocemos únicamente sensaciones, toda hipótesis sobre los núcleos (es decir, sobre las partículas que componen la materia) y sobre sus acciones recíprocas que originarían las sensaciones es enteramente vana y superflua."[15]

Por el contrario, allí no quiere desacreditar el sentido común, el realismo "ingenuo" que presta los más grandes servicios al hombre en su vida cotidiana. Este realismo es un producto de la naturaleza que se ha desarrollado poco a poco, mientras que todo sistema filosófico no es más que un producto artificial y efímero que pone la mira en fines temporales. Necesitamos, pues, comprender

"por qué y con qué fin adoptamos durante la mayor parte de nuestra vida tal punto de vista y por qué, con qué fin y en qué dirección debemos abandonarlo temporalmente. Ningún punto de vista tiene validez eterna; todo principio sólo tiene importancia para un fin determinado."[16]

En la aplicación práctica de sus concepciones a la física, Mach encontró poco eco. Dirigió sus ataques sobre todo a la materia y los átomos tal como eran presentados en la física de su época. Sin duda, no son más que abstracciones y deben ser considerados como tales:

"Nadie vio nunca átomos en ningún lugar ni los verá nunca; como todas las otras sustancias, son productos del espíritu."[17]

Pero no es la única razón para rechazarlos. De hecho son abstracciones desprovistas de práctica que representan un intento de explicar todos los fenómenos físicos por la mecánica, por el movimiento de pequeñas partículas. Ahora bien,

"Está claro que las hipótesis mecánicas no permiten llegar a la verdadera economía de pensamiento científico."[18]

Pero cuando desde 1873 presenta su crítica de la explicación del calor por la agitación de los átomos y de la electricidad por la circulación de un fluido, no encuentra ningún eco entre los físicos. Muy al contrario, éstos continuaron desarrollando este tipo de explicaciones, cuyas consecuencias siempre han sido confirmadas. En el caso de la electricidad, por ejemplo, el descubrimiento del electrón y de su carga elemental condujo a una teoría de tipo corpuscular que permitió a la teoría atómica extenderse con un éxito cada vez mayor. La generación de físicos que ha sucedido a la de Mach, si tenía algunas simpatías por sus concepciones filosóficas, no lo ha seguido por el camino de las aplicaciones prácticas. Sólo en el siglo XX, cuando la teoría atómica y la del electrón hubieron adquirido un desarrollo notable y la teoría de la relatividad hizo su aparición, salieron a la luz graves contradicciones internas en la física. Los principios de Mach se revelaron entonces los mejores guías para vencer estas dificultades.

 

VI. AVENARIUS

 


Notas:

[1] Mach: Análisis de las sensaciones, p. 23. Las citas de Mach están hechas del texto alemán.

[2] Id., p. 19.

[3] E. Mach: El desarrollo de la mecánica, 1883, p. 454. Hay una traducción francesa con el título: La mecánica. Hermann, 1925.

[4] Id., p. 452.

[5] Id., p. 454.

[6] E. Mach: Análisis de las sensaciones, op. cit., p. 29.

[7] E. Mach: El desarrollo de la mecánica, op. cit., p. 461.

[8] E. Mach: El desarrollo de la mecánica, op. cit., p. 461.

[9] E. Mach: El desarrollo de la mecánica, op. cit., p. 437.

[10] E. Mach: Análisis de las sensaciones, op. cit., p. 10.

[11] Id., p. 294.

[12] Ibíd., p. 36.

[13] Ibíd., p. 14.

[14] E. Mach: Conocimiento y error, 1905, nota p. 12.

[15] E. Mach: Análisis de las sensaciones, op. cit., p. 10.

[16] Id., p. 30.

[17] E. Mach: El desarrollo de la mecánica, op. cit., p. 463.

[18] Id., p. 469.